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domingo, 26 de abril de 2020
Capitulo 965: Cuarenta y cuatro días después.
Cuarenta y cuatro días han tenido que pasar para que los peques hayan podido volver a salir a la calle. Y los que tenemos alguno a nuestro alrededor ha sido una buena noticia para ellos y para sus familias.
Como si de la noche de reyes se tratara así se han levantado esta mañana. En sus rostros la ilusión y el nerviosismo convivían juntos; después de tanto tiempo sin tener prisas para hacer prácticamente nada, hoy si la había y el desayuno ha sido devorado en un tris, para seguidamente vestirse sin saber muy bien que ropa ponerse. Parece mentira que una vez que se rompe la rutina diaria, los cuerpos salen de su monotonía y olvidan pronto sus quehaceres.
La ruta elegida la tenía clara, subir a por el pan y pasar por las casas de sus abuelos. Es muy duro saber que los tienes prácticamente al lado tuya y no puedes abrazarlos. Esta pandemia es dura en todos los aspectos y no entiende ni de parentescos ni de cariños. A pesar de ello Daniel quería verlos fuera de las benditas tecnologías, que por lo menos, nos mantienen a todos en contacto.
No tiene nada que ver, me dice, ver a la gente cara a cara es mucho mejor que verlos por una pantalla.
Comprendo que no se pueda pero son cuarenta y cuatro días sin poder dar un beso y un abrazo a mis abuelos y abuelas, que por suerte puedo presumir de tener a mi lado y en mi pueblo, y eso duele mucho. Ya sabemos que hay niños mas cariñosos en su forma de ser que otros y este sin duda, siempre ha sido de los que le sobran besos y abrazos para dar a diario.
El aire apenas se mueve, con su mascarilla puesta y sus guantes pronto le nota en su rostro . Va caminando nervioso y pronto se da cuenta que por las calles apenas hay nadie. Ni un coche ha pasado, tenemos toda la calle para ir caminado tranquilamente y me dice en tono jocoso que no voy a tener que reñirle para que se arrime a la pared.
El color de su cara es pálido y con su mascarilla de color verde resalta mas sin duda. Con el primer paisano que nos cruzamos tiene palabras para él. !Que bien que os dejen salir ya!, le dice. Una sonrisa es la respuesta, aunque con la mascarilla, el paisano se queda sin verla.
Andamos ligero como si su tiempo tuviera fecha de caducidad en plena calle y suspira por llegar pronto a la puerta de sus primeros abuelos, los cuales ya están avisados de que su nieto les hará hoy una visita, corta, pero menos es nada.
No para de hablar, de preguntar y sigue flipando de la soledad que reina por todas las calles del pueblo. Llegamos y su abuelo le recibe tras el cristal, se le nota también nervioso y lucha contra sus ganas de salir y abrazarle hasta que este le diga que le está haciendo daño.
Su abuela le piropea y ambos coincide en que tiene un color de cara que parece mas de los Países Bajos que de Extremadura. Yo sigo todo los acontecimientos sin pestañear sin perder detalle de este emocionante encuentro. Cuando apenas llevamos cinco minutos de conversación es Él mismo el que dice que tenemos que irnos. Lleva en su cabeza el cronometro y sabe que quiere repartir su tiempo por partes iguales con sus abuelos.
Con sus otros abuelos la conversación es la misma, el color de cara, que le ven mas alto y que si se pudiera estos también se le comerían a besos y abrazos. Es emocionante pensar donde hemos llegado por culpa del bicho y lo bien que los mas pequeños saben como tratar. Sin duda que gracias a ellos saldremos antes de esto porque ponen mucho mas interés que los adultos a la hora de cumplir ordenes y recomendaciones.
Media hora mas tarde andábamos por el resbaladero, donde tenía puesta su hoja de ruta y era allí donde había que hacerse la primera foto. Si nos dejaran jugar, esto estaría lleno y sería peligroso para todos, me dice. Se que tardaremos muchos días en poder disfrutar de ello, pero ahora lo importante es que esto pase y que se cure toda la gente.
Al llegar a casa su cara era otra, tenía tantas ganas de contar a su madre todo lo acaecido, que los nervios apenas le dejaban hablar.
Cuarenta y cuatro días en casa, seguro que jamás olvidará el día de hoy.
Todos juntos saldremos de esto y un día lo recordaremos como una anécdota mas.
Respetad las leyes por favor, es la única manera de acabar con el bicho.
martes, 5 de marzo de 2019
Capitulo 937: Otro día más en la oficina.
El olor a estaño fundido te recuerda que el fontanero ya tiene resuelta la avería. Tía Isabel y tío Manuel esperan sentados al brasero la llegada del albañil que vuelva a dejar la casa como estaba. Cada año que vamos cumpliendo da mas pereza y nos agobiamos más cuando tenemos que realizar alguna obra, y mira que lo soléis dejar medio limpio todo, pero no puedo evitar el agobio de ver todo patas arriba.Que pena de lotería para cambiar todas las instalaciones, tanto de agua como de luz y dejar la casa en perfecto estado por si alguno de nuestros hijos quisiera quedarse con ella... pero me temo mucho que estando los tres viviendo fuera, pasarán de tener otra casa abierta en el pueblo. Aunque a Merche, la pequeña, el pueblo la tira mucho y en cuanto tiene dos o tres días de vacaciones no duda en montarse en el coche y venirse.
Llamo al timbre y al otro lado se oyen los pasos renqueantes de tío Manuel, el ictus que le dio hace poco le afectó tanto a una de sus piernas, como al habla. Su cara de alegría al verme al otro lado de la puerta lo dice todo. Por fin!! trato de entender que dice el buen hombre. He venido lo antes que he podido, respondo aun sabiendo que dicha respuesta ya no sirve de nada.
Nos encaminamos hasta el lugar de trabajo y allí pronto veo la obra que tengo que hacer, no es mucho pero será entretenido, hay trabajos que aparentan poco tiempo y cuando te dedicas a hacerlos el tiempo vuela.
Tía Isabel se levanta del sillón y se acerca a saludarme. Con una sonrisa me pregunta que tal y la siguiente pregunta es que si acabo pronto.Uno que ya está curtido en mil batallas tiene la respuesta preparada para estos casos y a respondo que antes de las doce de la noche. Ella ríe a carcajadas y vuelve hasta el salón donde la voz de alguna actriz sudamericana me indica que hay una telenovela en la televisión.
Tío Manuel después de preguntarme por lo que me va a hacer falta y traérmelo también se vuelve al salón, el rato de después de la comida es sagrado y ni siquiera un inoportuno albañil lo va a estropear.
Mientras coloco los azulejos correspondientes oigo al otro lado de la pared a Tía Isabel explicándole a Tío Manuel quien es el asesino de Carlos Alfredo, a lo que tío Manuel menea la cabeza sin entender nada. Como levante los hombros en plan desafiante hacia su mujer seguro que se relame la bronca... Y no me da tiempo de poner otro azulejo cuando la conversación sube de tono como me temía, tío Juan no se entera de que María del Perpetuo es la asesina. Tú que vas a saber si cada vez que te miro tienes los ojos cerrados, que duermes más que las mantas, le dice la mujer. Yo me lo paso bien escuchando al matrimonio y hay ratos en que me imagino con su misma edad, sentado en el sillón y rezando para que termine pronto la telenovela y si puede ser, que termine antes el albañil...
Limpio todo y recojo los bártulos que hacen falta para tan poca cosa, pero es que este oficio es así, cada obra una herramienta distinta y un producto diferente.
Cuando estoy barriendo los últimos restos de cascote se oye la música que anuncia el final de la telenovela y tío Manuel suspira aliviado y no puede evitar decir a duras penas, "Menos mal".
Nos despedimos dándonos la mano y le guiño un ojo a la vez que le digo, la asesina es Luisa Fernanda....
Otro día más en mi oficina donde puedo decir que soy feliz.
lunes, 5 de marzo de 2018
Capitulo 898: 22 Héroes Cacereños. (Kobba-Darsa)
Este libro recién salido del horno y escrito por Miguel Ángel Rodríguez Plaza cuenta la historia poco conocida, de como en la guerra de Marruecos un puñado de valientes soldados, todos ellos de remplazo, defendieron la posición a la que habían sido encomendados.
Da la casualidad que 22 de aquellos soldados eran extremeños y entre ellos estuvo mi abuelo Remigio al cual no tuve la oportunidad por desgracia de conocer. Seguramente le hubiera cosido a preguntas acerca de tal hecho aunque me dice mi padre que abuelo Remigio no le gustó nunca hablar de este tema. Lo pasaron tan mal que ese puñado de extremeños quedaron marcados de por vida y a pesar de haber pasado a la historia militar por su valentía, muchas personas ni siquiera conocen tal hecho.
Mientras leí el libro tuve sensaciones contradictorias, por un lado sentí orgullo de ser nieto de este hombre tan valiente y por otro lado sentí mucha pena e impotencia de no haber tenido la suerte de oír de su boca tal historia.
El libro cuenta todos los datos que el autor ha ido recogiendo de periódicos y archivos militares, además de entrevistarse con familiares de los soldados involucrados en la historia.
El caso es que mi abuelo fue uno de ellos.
D. Remigio Suero Solano
Nace en Huertas de Ánimas el 16 de febrero de 1.902. Hijo de Manuel Suero Julián, de Ibahernando, jornalero que vivía en el barrio del obispo y su madre, Elvira Solano, natural de Romangordo.
Por su hoja de servicio conservada en el Archivo Militar de Guadalajara, podemos conocer que su incorporación al regimiento Serrallo n. 69, fue el 8 de febrero de 1924. El día 23 de marzo presta juramento de fidelidad a la bandera en Ceuta y el 28 del mismo mes, marchó a Wad-Lau. Al día siguiente con una sección de su compañía al mando del Teniente Francisco Pueyo, se incorpora a la posición de Kobba-Darsa.
Con fecha 1 de Mayo de 1925, es ascendido a Cabo por elección. ( Este detalle ni padre le supo nunca)
Contrae matrimonio el 17 de junio de 1929 en la iglesia de San José de Huertas de ánimas con Victoria Solís Bravo con la que tuvo tres hijos y dos hijas.
Fallece el 7 de octubre de 1968. Está enterrado en Madrid donde vivía con un hijo.
En un principio trabajó en el campo. Fue después de contraer matrimonio cuando ejerció de Policía Municipal de Trujillo.
En el libro el autor cuenta lo que mi padre le comentó acerca de mi abuelo:
Me cuenta un hijo suyo que era de carácter serio, y que de su gesta africana no contó prácticamente nada. Sin embargo ya de mayor, le hizo alusión a que en la guerra civil española, cuando los nacionales se hicieron fuerte en el Monasterio de Guadalupe hasta su liberación, se ofreció voluntario con otra persona a llevarles munición con un camión a los sitiados.
En mi casa la historia que oí siempre contar es que las pasaron canutas en la guerra y que fueron muchos días racionando el agua, incluso tuvieron que beber sus propios orines para sobre vivir hasta que los liberaron.
Si ya escuchando esta historia siempre tuve a mi abuelo como un hombre valiente y audaz, una vez leído el libro debo de coronarlo en lo mas alto del escalafón que un nieto pueda encumbrar a su abuelo.
A él y a todos sus compañeros extremeños que no dejaré caer en el olvido mientras pueda y que desde este humilde blog quiero hoy ensalzar defendiendo la memoria histórica.
A nuestra familia siempre le quedará el orgullo de conservar la medalla con la que fue distinguido mi abuelo, eso y la satisfacción de que gente como el escritor Miguel Ángel Rodriguez Plaza no deje que estos valientes extremeños, caigan en el olvido.
Muchas gracias.
sábado, 3 de marzo de 2018
Capitulo 896: Abuelo, ¿Tu tienes miedo?
No había hecho nada más que dar de comer a su mujer cuando sonó el timbre de la puerta. Era su nieto que como todas las tardes venía a su casa mientras su madre iba a limpiar una oficina cobrando una verdadera miseria y su padre andaba cogiendo fruta; eso ahora, que otras veces andaba a lo que caía y últimamente caían pocos trabajos. Demasiada gente parada para tan poco que hacer en un pueblo que envejecía a pasos agigantados.
El primer beso se lo da siempre a su abuela, aunque esta lleva bastantes meses que no devuelve beso ni caricia alguna, pero a su nieto le da igual. El siguiente beso acompañado de un abrazo va para su abuelo, sin duda que ante la falta de contacto con sus padres, su abuelo era su mayor ejemplo a seguir. Siempre le echaba un cable en las tareas aunque este buen hombre no pudo matricularse nada mas que en la universidad de matar el hambre, esa que tanto costó aprobar el máster.
Antes de hacer otra cosa el abuelo va a la cocina a preparar un buen bocadillo a su nieto. Le gusta verle comer con tanto apetito, todo lo contrario que su mujer, la cual se hace la remolona para masticar y cada vez es mas difícil hacerla comer algo. Esta maldita enfermedad va acabar con los dos por delante, susurra cada vez mas veces a lo largo del día.
Una vez que termina de comer, el niño saca sus deberes y sin que nadie le obligue, comienza a hacerlos. Sabe que su futuro pasa por los estudios y se lo han recordado tantas veces sus padres y abuelo, que tiene la lección bien aprendida. Ademas mientras los hace, enseña a su abuelo las cosas que este no sabe, además de preguntarle por si le puede ayudar en algo.
Abuelo, hoy nos han preguntado en clase que es el miedo y si le sufrimos. Yo he contestado que sí, sobre todo a la oscuridad, pero después de escuchar a todos mis compañeros, nos hemos dado cuenta que tenemos miedo a mas cosas. Unos a los perros, otros a los gatos. Algún amigo ha dicho que le daba miedo ir solo por la calle y otro que le daba miedo montar en bici. La profesora lo iba apuntando en la pizarra y sabes, casi la llenamos de cosas que nos dan miedo.
¿A ti que te da miedo abuelo?
_ ¿Miedo? Cuando era niño como tú me daba miedo que mi padre me mandara solo a la huerta a espantar pájaros, los cuales les gustaba comerse las sandías que mi padre tenía sembradas. Y no era de noche, pero como si lo fuera, porque allí no había nadie.
Me daba miedo llegar el ultimo a la mesa y quedarme sin comer. Tenía miedo a la zapatilla de mi madre cuando liaba alguna por el pueblo y llegaba a sus oídos.
Cuando fui creciendo me daba miedo no rendir en el trabajo que me buscó mi padre y que él se enterara. Me daba miedo que me pillaran fumando a escondidas y me sacudieran por ello. Me daba miedo llegar a casa un poco mareado por culpa de los tres vasos de vino que me había bebido con mis amigos y que se diera cuenta mi madre.
Al cumplir los dieciocho años, tuve pánico al entrar en quinta y que me tocara hacer el servicio militar en África, y como si estuviera escrito en algún lugar, allí acabé. Tuve miedo a no saber vivir lejos de mis padres casi dos años que fue lo que estuve en el ejercito. Me dio miedo el barco y las las que había. Me dio miedo el tren que se caía a pedazos que es el mismo que seguimos teniendo.
Tuve mucho miedo el día que declaré mi amor a tu abuela a que me mandara a freír espárragos y no quisiera ser mi novia. Me dio miedo el día que me presenté en aquella finca a pedir trabajo y que el señorito me dijera que no.
Una vez dentro de ella, comencé a tener miedo todos los fines de semana, justo cuando el dueño venía con sus amigos a cazar y a hacer todo lo que les venía en gana. Me daba miedo no saber aguantar las ganas de meterle un puñetazo a mas de uno de aquellos babosos que le acompañaban.
Me dio miedo no poder llegar a tiempo el día que nació tu padre, pero estábamos con la "pariera" en la finca y no pude ir.
El miedo mas grande por aquellos años era el no llegar a fin de mes, menos mal que tu abuela se licenció en economía y supo llevar las cuentas de la casa magistralmente. Tuve mucho miedo cuando tu tía vino al mundo anticipadamente y el médico nos dijo que poco podía hacer por ella. Pero tu abuela hizo la carrera de medicina en un curso acelerado y la sacó adelante.
Tuvimos miedo el día que el dueño de la finca murió y esta pasó a sus herederos. Cuando te creías que no se podía ser peor persona, te das cuenta de lo mucho que íbamos a echar de menos al viejo.
Tuve miedo de venir al pueblo y que no discutieras con alguien por culpa de los extremos en política.
Tuve miedo de que tu padre y tu tía no estudiaran una carrera y tuvieran un futuro mejor y distinto al mio. Tuvimos tu abuela y yo mucho miedo a no disponer de dinero para pagar dichas carreras, pero es que cobrábamos una miseria y tu padre se dio cuenta de que hacía falta echar una mano en la finca.
El miedo le fui perdiendo según fui cumpliendo años y fuisteis naciendo vosotros. Nos llevamos palos por exigir lo que nos pertenecía. Fuimos capaces de vivir un poco mejor y que se reconociera nuestros trabajo y los años que llevábamos en ellos. Fuimos capaces aunque sin alardes, de llegar a final de mes e incluso ahorrar algo para las bodas de nuestros hijos. Conseguimos que las jubilaciones no fueran una verdadera miseria aunque muchos no tuvieron esa suerte, todo esto a base de salir a las calles y unir nuestras manos, aunque también nos dieron los grises palos.
_ Abuelo, tu solo has llenado la pizarra con tus miedos. Creía que era yo solo el único que tenía.
_ Ahora me están volviendo aquellos miedos al ver la dejadez de la gente. Al ver que han vuelto los abusos de los que siempre estuvieron por encima de nosotros. Al ver que a tu abuela la tengo que cuidar yo por culpa de los recortes en sanidad, esto si que me da miedo.
_ ¿Y como se quita ese miedo abuelo?
_ Saliendo a las calles, exigiendo lo que es nuestro. Quitando privilegios a los que mas tienen y juntando nuestras manos.
_ Pero eso no es difícil de hacer abuelo, ¿por qué no se hace?
_ Porque la gente tiene MIEDO, demasiado miedo...
¿A ti que te da miedo abuelo?
_ ¿Miedo? Cuando era niño como tú me daba miedo que mi padre me mandara solo a la huerta a espantar pájaros, los cuales les gustaba comerse las sandías que mi padre tenía sembradas. Y no era de noche, pero como si lo fuera, porque allí no había nadie.
Me daba miedo llegar el ultimo a la mesa y quedarme sin comer. Tenía miedo a la zapatilla de mi madre cuando liaba alguna por el pueblo y llegaba a sus oídos.
Cuando fui creciendo me daba miedo no rendir en el trabajo que me buscó mi padre y que él se enterara. Me daba miedo que me pillaran fumando a escondidas y me sacudieran por ello. Me daba miedo llegar a casa un poco mareado por culpa de los tres vasos de vino que me había bebido con mis amigos y que se diera cuenta mi madre.
Al cumplir los dieciocho años, tuve pánico al entrar en quinta y que me tocara hacer el servicio militar en África, y como si estuviera escrito en algún lugar, allí acabé. Tuve miedo a no saber vivir lejos de mis padres casi dos años que fue lo que estuve en el ejercito. Me dio miedo el barco y las las que había. Me dio miedo el tren que se caía a pedazos que es el mismo que seguimos teniendo.
Tuve mucho miedo el día que declaré mi amor a tu abuela a que me mandara a freír espárragos y no quisiera ser mi novia. Me dio miedo el día que me presenté en aquella finca a pedir trabajo y que el señorito me dijera que no.
Una vez dentro de ella, comencé a tener miedo todos los fines de semana, justo cuando el dueño venía con sus amigos a cazar y a hacer todo lo que les venía en gana. Me daba miedo no saber aguantar las ganas de meterle un puñetazo a mas de uno de aquellos babosos que le acompañaban.
Me dio miedo no poder llegar a tiempo el día que nació tu padre, pero estábamos con la "pariera" en la finca y no pude ir.
El miedo mas grande por aquellos años era el no llegar a fin de mes, menos mal que tu abuela se licenció en economía y supo llevar las cuentas de la casa magistralmente. Tuve mucho miedo cuando tu tía vino al mundo anticipadamente y el médico nos dijo que poco podía hacer por ella. Pero tu abuela hizo la carrera de medicina en un curso acelerado y la sacó adelante.
Tuvimos miedo el día que el dueño de la finca murió y esta pasó a sus herederos. Cuando te creías que no se podía ser peor persona, te das cuenta de lo mucho que íbamos a echar de menos al viejo.
Tuve miedo de venir al pueblo y que no discutieras con alguien por culpa de los extremos en política.
Tuve miedo de que tu padre y tu tía no estudiaran una carrera y tuvieran un futuro mejor y distinto al mio. Tuvimos tu abuela y yo mucho miedo a no disponer de dinero para pagar dichas carreras, pero es que cobrábamos una miseria y tu padre se dio cuenta de que hacía falta echar una mano en la finca.
El miedo le fui perdiendo según fui cumpliendo años y fuisteis naciendo vosotros. Nos llevamos palos por exigir lo que nos pertenecía. Fuimos capaces de vivir un poco mejor y que se reconociera nuestros trabajo y los años que llevábamos en ellos. Fuimos capaces aunque sin alardes, de llegar a final de mes e incluso ahorrar algo para las bodas de nuestros hijos. Conseguimos que las jubilaciones no fueran una verdadera miseria aunque muchos no tuvieron esa suerte, todo esto a base de salir a las calles y unir nuestras manos, aunque también nos dieron los grises palos.
_ Abuelo, tu solo has llenado la pizarra con tus miedos. Creía que era yo solo el único que tenía.
_ Ahora me están volviendo aquellos miedos al ver la dejadez de la gente. Al ver que han vuelto los abusos de los que siempre estuvieron por encima de nosotros. Al ver que a tu abuela la tengo que cuidar yo por culpa de los recortes en sanidad, esto si que me da miedo.
_ ¿Y como se quita ese miedo abuelo?
_ Saliendo a las calles, exigiendo lo que es nuestro. Quitando privilegios a los que mas tienen y juntando nuestras manos.
_ Pero eso no es difícil de hacer abuelo, ¿por qué no se hace?
_ Porque la gente tiene MIEDO, demasiado miedo...
sábado, 4 de marzo de 2017
Capitulo 814: Cuando salimos de la caverna.
Por hacer un favor, simplemente eso, esta mañana dejé de ejercer mi profesión antes de lo que tenía pensado. Corriendo tuve que realizar alguna de las tareas previstas y a las once y media estaba en la puerta del pabellón polideportivo de Huertas de Ánimas. El cual necesita una reforma urgente, pero eso da para otro capitulo.
Se median el equipo local, Atlético San José, contra el Zurbaran. En el partido de la primera vuelta me comenta mi hijo, que juega en el San José, el resultado fue de 3-3, me cuenta emocionado que empataron en el ultimo segundo.
Por lo visto no había arbitro y el partido estaba condenado a suspenderse. Me fastidia mucho que la gente se desplace tan lejos de sus pueblos para tener que regresar sin jugar. Solo por eso me ofrecí rápidamente para arbitrar el encuentro. La federación por lo visto no podía mandar a ningún arbitro que ejerciera su oficio.
Los niños que se enfrentaban tienen entre nueve y diez años y no es difícil arbitrarles, siempre y cuando los familiares no estén muy cerca de ellos.
Hoy no fue el caso y desde el pueblo de Zurbarán, vinieron con los chavales un buen numero de padres, madres y abuelos.
Después de conversar amigablemente con el entrenador visitante y comentarle que yo no era arbitro profesional, me comentó que mejor jugar con un arbitro voluntario que viajar para no jugar.
Es cierto que ya me ha tocado arbitrar alguna que otra vez mas y que no me disgusta hacerlo, soy un amante del deporte y sobre todo del fútbol sala el cual he practicado muchísimos años, jugando sobre todo de portero.
El partido comenzó muy bonito, de poder a poder y demostrando los dos equipos que saben jugar a este deporte. Pronto me di cuenta que el entrenador visitante era de los típicos entrenadores que últimamente me encuentro en varios pueblos que voy a ver a mi pequeño (pocas veces voy), que vive el fútbol demasiado apasionado, para mi gusto dando demasiadas voces a los niños y no acatando las decisiones arbitrales, cosa que parece ser normal dentro de cualquier deporte. Yo soy el primero que mas de una vez no estoy de acuerdo en algún partido con las decisiones arbitrales e insulto alegremente al colegiado. Intento hacerlo cada vez menos, eso si.
Después de reprocharme alguna decisión en algún que otro saque de banda, he tenido un roce con él en una decisión de un mal saque de portero de puerta, al hacerlo con el pie sin poder ser así. Me ha dicho que no tenia ni idea del reglamento y se ha quedado tan a gusto.
Al pitar el final del primer tiempo al cual se ha llegado con empate a cero en el marcador, me he ido derecho hacia él para decirle que si seguía con esa aptitud, dejaría de arbitrar, que yo lo único que estaba haciendo era perder tiempo en mi trabajo. Desde la grada alguna madre y padre me han dedicado piropos mientras discutía con el entrenador rival, que seguía sin venirse a razones. De nuevo me reprochaba el saque de puerta y le he vuelto a decir que lo mirara esta semana en el reglamento.
Otros dos adultos acompañaban a este señor en el banquillo, cosa que no se puede hacer y que yo he pasado de reprocharles. Uno de estos dos me daba la razón al comentarle yo, que a los niños no se les podía enseñar estas cosas y que había que animarles a divertirse y punto. Ninguno de ellos sacaran de pobres a sus acalorados padres, ni mucho menos a sus abuelos.
El segundo tiempo ha estado mas fácil de arbitrar, el entrenador no ha vuelto a decirme nada y solo un par de faltas pitadas en contra del equipo visitante, han desatado de nuevo la furia del respetable...Respetable???? juassss, me descojono de la palabra.
Un par de abuelos se han encarado conmigo pidiéndome que pitara el final, cuando todavía quedaban tres minutos, al haber estado detenido el tiempo para atender al portero visitante (porterazo) que se había hecho daño en una magnifica intervención.
No he podido callarme y les he plantado cara, seguro que mal hecho por mi parte, pero es que no es justo que por hacer un favor a estas mismas personas, encima puedan venir a desahogarse y ponerte a caldo tan alegremente, como si uno se ganara la vida arbitrando.
Al pitar el final (1-1), el entrenador visitante me ha saludado y punto. Los abuelos, padres y madres aplauden a sus familiares y como si se hubieran quitado un peso de encima, vuelven caminando a sus coches para volver a su pueblo, con el deber cumplido de haber puesto a caldo al arbitro que en todo momento ha intentado hacer disfrutar a sus nietos e hijos, enseñándoles lo que se puede hacer y lo que no, dialogando siempre e intentando enseñar a disfrutar, que es de lo que se trata a los pequeños.
Ya en el coche mi pequeño me ha preguntado que me había pasado con el entrenador visitante, él sin duda que no ha disfrutado del partido escuchando como cualquier personaje puede poner a parir a su padre, sin conocerle de nada y sabiendo que yo lo único que estaba haciendo, era un favor.
Cuando estos partidos se celebren sin publico, luego, os acordaréis de cuando salíais de vuestras cuevas, a desahogaros de vuestras historias cotidianas....
Firmado: El arbitro de hoy, un orgulloso albañil que no cambia su profesión por esta, ni por todo el oro del mundo.
Fotografías: María Luisa Vega.
lunes, 26 de diciembre de 2016
Capitulo 794: La asignatura mas importante.
Y es que la vida va tan deprisa que casi no hay tiempo para estar a solas con tus hijos. Cara a cara con el aire calmado después de una buena helada que ayudará en la cura de la cecina. Escuchar sus preocupaciones y de vez en cuando soltar algún consejo que deberá seguir para ser una buena persona en la vida. Esa asignatura no se estudia ni tampoco se examina, no por ello dejando de ser sin duda, la asignatura mas difícil de todas.
Las demás pasan a un segundo plano, incluso los suspensos de estas otras duelen mucho menos. Si, me ha quedado alguna, pero mis padres me han dicho que he pasado con nota la asignatura de buena persona. Nosotros nos preocupamos demasiado por las notas, puede ser lógico o no, depende de lo que tengamos previsto para ellos. Luego la vida seguirá rotando y pondrá a tus hijos en algún lugar que seguramente no será el que teníamos todos previsto.
Por ello no dejaran de ser tus hijos, ni podrás decir a nadie que no estas orgullosos de ellos. Yo no lo estaré si suspenden la asignatura anteriormente mencionada y en la que nos estamos volcando tanto su madre como yo. También serán necesarios abuelos, tíos y primos en esta asignatura y entre todos seguro que logramos que la aprueben. Las demás las pasaran con mejor o peor notas. Ciencias o matemáticas, tecnología o dibujo. Quien sabe cual sera la que mas falta les hará para posicionarse en la vida tan exigente que les espera.
Sigo diciendo que si apruebas la asignatura de buena persona, las demás no sobran, pero no son tan importantes.
Así que en días de descanso y relax como el de hoy, nada mejor que hacer un repaso por lo que llevamos de curso, contestando sus preguntas y volviendo a explicar las veces que haga falta, las dudas que en esta vida les van surgiendo.
En este colegio no sobra nadie y mucho menos los padres y familiares. Junto a los profesores, entre todos, seremos capaces de poner a nuestros hijos en el lugar que merecen y que todos deseamos. No lo dejéis todo en manos de los maestros, nosotros también formamos parte de esta gran escuela.
viernes, 28 de marzo de 2014
Capitulo 574: Aquel Jueves Santo.
Nervios, ilusión, acojono, intranquilidad, ganas de que pase todo y si puede ser rápido, mucho mejor.
El desconocimiento de primerizos llega hasta tal punto que la rotura de aguas nos pone en evidencia. Que haríamos sin las madres o suegras, siempre están ahí, en su sitio. Sabiendo que en esos momentos son mas necesarias que nunca. Teléfono en mano no tardamos en hacer la llamada. Torpemente intento marcar sin conseguirlo, estos nervios traicioneros cada vez van a mas. Parece mentira que lo tengas todo preparado y estudiado y cuando llega el momento, se te olvida prácticamente todo, de nuevas a primeras.
Montados todos en el coche ponemos rumbo a la capital, intentando que los nervios no te estorben para conducir. Lo mejor sin duda es pensar en lo que se te viene encima. El cambio de vida será a partir de este día brutal. Por mucho que te cuenten no se acerca nada a vivir lo en tus propias carnes.
Sala de espera fría y desamparada. Pocos compañeros de espera y miedo a salir a fumar y perderte el momento. Como si eso fuera llegar y besar el santo.
Entras a acompañar en lo posible en el sufrimiento. Ese maldito pitido se mete en los oídos y duele. Aunque mas duele ver sufrir a tu pareja y no tener el remedio para combatir dicho dolor. La comadrona me vuelve a invitar a que me salga y la verdad es que en cierta medida lo agradezco. No tardo en fumarme un cigarro desesperadamente, como si en una de esas caladas me fueran a venir a buscar.
Pasan las horas y el ritual es el mismo. Pitido tras pitido las fuerzas de mi mujer empiezan a flaquear y la maldita maquina no se calla. Las enfermeras para no perder la costumbre tienen poco agrado. La experiencia de mi madre y suegra es una buena ayuda e intentan animarte y relajarte en la espera. Difícil papeleta según se van sumando horas a la tensa espera.
A punto de producirse el cambio de guardia nos animan diciéndonos que la espera toca a su fin y que en breves momentos la practicaran la cesárea. Lo que sea con tal de acabar con este sufrimiento que seguramente no es nada comparable con el dolor maternal.
En la sala de espera no podemos mas. La veteranía en ese momento se iguala a la novatada. Todos a una y en el fondo de la sala de espera el llanto de un bebé hace que casi sin quererlo, nos abracemos como si estuviéramos celebrando un gol de nuestro equipo.
Tiene que ser ella, tiene que ser ella, repetimos cada vez mas alto. ¿Que cara tendrá?. ¿Estarán bien las dos? ¿Cuando me dejaran verlas?
La tensa espera casi hace que mis nervios se conviertan en lágrimas. Sin saber porque me niego a llorar y me aguanto tontamente las lagrimas, como si estuviera mal visto que un padre novato pudiera llorar.
Un poco mas relajado nos invitan a esperar en la habitación. Muy tarde los abuelos deciden regresar a casa y allí solo en la habitación, me entregan a mi hija. La miro y la vuelvo a mirar. Respira, si respira. La vuelvo a mirar y la madre sumida en la anestesia, intenta descansar después del sufrimiento. Siento un poco de miedo al pensar que estoy yo solo al cargo de la criatura. La vuelvo a mirar e intento memorizar su cara. No soy capaz. Cierro los ojos y no me quedo con su cara. Repito el ritual varias veces y nada. No hay manera. Desisto en el intento y trato de descansar pero no puedo. No me atrevo a cerrar los ojos mas de un minuto.
Doce años después escribo esto como si estuviera en aquella habitación donde aquel día un veintiocho de marzo, cambió nuestra vida para siempre.
Feliz cumpleaños Andrea, no cambies nunca.
jueves, 28 de noviembre de 2013
Capitulo 540: Ni frío, ni leches.
Hacia tiempo que me había fijado en él. Su forma de resolver los auto definidos y algún que otro sudoku, no me habían dejado indiferente. Apenas veía bien y con sus gafas irrompibles, que veinte años atrás había comprado, seguía apañándose para leer y también, ver un poco la televisión.
Tío Manolo me decía al verme trabajar con este frío y quejarme de ello, que se acordaba mucho de cuando fue pequeño. Su padre antes de tiempo, le quitó de estudiar, aunque a él se le daban fenomenal las matemáticas de por aquellos años, es decir, sumar, restar y multiplicar. Dividir era para gente mas super dotada. La necesidad hizo que tuviera que ayudar a su padre en las tareas que este, tenia asignadas. Durante esta época, el trabajo era hacer picón, entre otras cosas. Por eso cuando daban las siete de la mañana, tio Manolo y su padre, salían rumbo a una de las fincas donde los amos, les habían dado permiso para cortar o podar, como prefieran llamarlo. El permiso era muy relativo, puesto que el acuerdo era que la leña quedaba en la finca y ellos, podían hacer el picón con las "taramas". De dicho picón, un porcentaje también era requisado por los dueños de dichas fincas, por lo que a tío Manolo y su padre, les quedaba poco que agenciar al acabar el día.
Tirando de las riendas de un par de burros que tenían, se desplazaban hasta el lugar. Tío Manolo prefería hacer el camino andando. Decía que montado en la bestia hacia mas frío todavía si cabe.
Su padre sin embargo, era un hombre recio y fuerte y según su hijo, aguantaba el frío como nadie ha llegado a conocer jamas en la vida. Salia de casa montado en el burro y llegaba a la finca montado en el. No le asustaban las heladas caídas ni el aire que mas de una mañana se levantaba de forma desagradable y les acompañaba casi todo el día.
Lo peor de aquel trabajo sin duda, eran las grietas que nos salían en las manos, me contaba tío Manolo. Era imposible lavártelas con aquel agua hecha carámbano, y si lo intentabas hacer algún día, el dolor era insoportable durante el viaje de vuelta. Menos mal que mi padre se apenó de mi y me dejó llevarme una especie de cazuela, donde en una de las piconeras, me atrevía a calentar una poca de agua para poder lavarme antes de venirnos a casa.
Mi padre sin embargo tenia otro remedio mas eficaz. En la primera meada del día, ponía las manos y se las mojaba con la orina. Sin duda para él, aquello era mano de santo y pocas veces le vi quejarse de alguna grieta en sus manos. A mi no me quedó mas remedio que con el paso de los días, imitarle y hacer lo mismo que el hacia, por lo menos conseguí entre esa acción y el calentar algo de agua, que mis jóvenes manos no envejecieran antes que yo.
Para comer aprovechábamos que alguna de las piconeras estuviera apunto de ser apagada. De esa forma la lumbre no era molesta y ese rato estábamos calientes al lado de ella. El cuscurro de pan con el trozo de tocino añejo de la matanza del año pasado, me sabia a gloria. Mi padre siempre me partía el trozo mas grande que el suyo. Decía que yo estaba en edad de crecer y que a el no le hacia falta comer tanto.
Poco rato después de habernos sentado a comer, estábamos de nuevo en pie para apagar la piconera antes de que se nos pasaran las brasas. Creo que ni siquiera parábamos media hora, la noche en este tiempo se echaba pronto encima y teníamos que tener cargados los burros con el picón, antes de que dejara de verse.
Si por la mañana habíamos pasado frío camino de la finca, por la tarde una vez que caía el sol, no te quiero ni contar como se quedaba el cuerpo. El camino de vuelta se hacia interminable y se juntaba el cansancio de todo el día trabajando, con el cansancio de ir andando y tirando de los burros que mas de una vez, tozuda mente se paraban sin querer seguir andando.
Al llegar a casa la cena estaba preparada. Con mis manos llenas de grietas apenas era capaz de coger la cuchara para comerme aquel caldo que llamaban sopas y que sabían a gloria a pesar, de tener agua caliente y poco mas.
No tardaba mucho en acostarme, puesto que al día siguiente había que repetir la misma operación. Lo único que pedía a Dios, era que no hiciera tanto frío como el que ese día había hecho. Pero al día siguiente cuando mi padre me llamaba para levantarme y recién vestido me asomaba a la puerta de casa, me volvía a dar cuenta que el día amanecía igual de frío que el anterior. Con lo que toda la penuria pasada el día anterior, volvía a ser la misma en el nuevo día. Y así un día tras otro, en aquellos inviernos largos como ya no existen.
Al acabar dicha conversación, me di cuenta de que tío Manolo tenia los ojos brillantes y a mi, por arte de magia, se me había quitado el frío que todo el día me había acompañado. Sin duda alguna que me sentí avergonzado de quejarme de frío, ante una persona que tiene la piel curtida por los duros años que le tocó vivir, como si fuéramos nosotros los únicos que hemos pasado algo de frío trabajando...
jueves, 21 de noviembre de 2013
Capitulo 538: Con los primeros hielos.
Matías se levantó sabiendo que la helada estaba asegurada. La
noche anterior el cielo brillaba como hacia tiempo que no pasaba y eso era sinónimo,
de que el hielo haría acto de presencia. La primera tarea del día, después de
un poco de café negro, era la de cambiar el agua a las aceitunas. Las primeras
que había cogido ya las tenia guisadas, y eran reservadas para el día de la
matanza. Estas otras, serian mas tarde guisadas y degustadas en fechas
posteriores. En fechas navideñas, no estaba de más un buen plato de aceitunas
con un mendrugo de pan. Muchas noches era su cena preferida.
El hielo cubría las aceitunas, no era una capa muy gruesa,
pero si le fue difícil de romper. Esto es bueno para dicho manjar, pensaba
mientras rompía el hielo y con agua del pozo, volvía a rellenar los cubos de
aceitunas.
La siguiente tarea era ir al corral de las gallinas, donde
estas esperaban ansiosas a que tío Matías les quitara la “alcotana” para poder
salir. En estas fechas no ponen las muy jodías, lo mejor será ir desviejando y
uno de los gallos, caerá para el arroz del día de la matanza. Las liebres están
caras de conseguir, por eso lo mejor será cambiar el menú y comer ese día un
buen arroz con gallo de corral.
Tía Juana ya estaba levantada cuando Matías entró por la
puerta de casa. Se le veía nervioso, aunque su mujer sabia que todos los años
le pasaba igual en vísperas de la citada matanza. Son muchas cosas las que hay
que preparar y uno tiene siempre miedo de olvidarse algo para ese día. Pero su
salvo conducto mejor para que eso no ocurriera, era sin duda su mujer.
Tía Juana ya tenia
todo comprado, las artesas lavadas, la maquina de llenar estaba deseando de ser
usada. El caldero de las migas, esperaba al pie de la chimenea a entrar en acción.
Que ricas me quedaron las migas del año pasado, pensaba tía Juana en voz baja. Son
trabajosas, pero al ver comer a la gente con ese apetito, una piensa que merece
la pena dicho esfuerzo. El arroz del mediodía le preparará su hermana Catalina,
tiene mucha mejor mano que Juana para darle el toque justo. Tanta cantidad es difícil
de preparar y quedarle bueno.
Tío Matías se acerca al comercio de Eloy, donde este último
apura las ventas matanceras. Tiene de todo para dicho oficio. Desde las tripas,
pasando por las pimientas dulces y picantes, hasta la arroba de vino importada
desde Cañamero y que Matías cargada con ella al hombro, se lleva hasta su casa.
A punto de entrar de nuevo en casa se acuerda de que no ha comprado el hilo
para atar. Algo queda del año pasado pero es mejor que sobre, que no tener que
andar el sábado buscando hilo por las casas de las vecinas.
Al volver al comercio, recuerda que no estaría de más
llevarse también una botella de anís, dado que la coñac no se acaba en su casa.
El anís es mas para las mujeres. Mientras atan y no, entre cogujón y cogujón,
una copita las alegra el día y seguro que como viene siendo habitual años atrás,
acabaran cantando aquella canción interminable que decía en su estribillo: “Que
toma las tres borrachas, que toma las otras tres…” Catalina será la encargada
de comenzar el concierto. Es una mujer muy juerguista a la cual el cante en días
de matanza, la gusta más si cabe. Tía Magdalena con su risa contagiosa, pedirá
que la echen otro poquito de anís, mientras tía Encarna, a la cual el cante no
la gusta demasiado, protestará por lo poco que calienta el brasero que tío Matías,
las ha colocado justo debajo de la mesa en la que las patateras y chorizos, son
embasados.
Antonio, baja escaleras abajo con un tubo preparado para
poner los embutidos en el y luego poder transportarlos con mayor comodidad. Él
es el encargado de colgar en la “enramà”. Que bonita está quedando la habitación
de la cecina. Con los tocinos ya encima de las camas echas de escobas, que con
anterioridad arrancó Matías para la ocasión, casi no coge nada mas en dicho
lugar. Los jamones este año son muy grandes, sin duda que a tío Matías le queda
mucho trabajo por delante, hasta que dentro de un par de años, la familia les
meta el cuchillo, allá para cuando la
Virgen del Rosario, aparezca por la plaza del pueblo.
Cuando la matanza toca a su fin y las mujeres casi han
terminado de llenar, queda lo mejor del día que no es otra cosa que sentarse
todos alrededor de la lumbre, donde tía Petra empezará a contar esos chistes
verdes de la época, que hoy en día los cuentan hasta los niños de seis años y
que por entonces, estaban casi prohibidos.
Entre risas y algún que otro susto por algún “añurgo”
involuntario, el día toca a su fin. Los más pequeños, llenos de patatera hasta
los pelos, son requeridos por sus madres para el posterior baño, los invitados
y ayudantes van saliendo con algún trozo del guarro y algo mas de alcohol en
las venas que cualquier día normal.
Tía Juana y Tío Matías marchan para su casa, cansados y con
la satisfacción del deber cumplido, a pesar de que la matanza para los dueños
no acaba ese día ni mucho menos…
Abuelos, como se os echa de menos...
lunes, 21 de octubre de 2013
Capitulo 529: Dos extraños.
Tarde, esto me llega tarde pensaba Sonia mientras hacia su
cama. Esa cama que jamás había recibido hasta la fecha, a ningún extraño. Desde
que Martín ha vuelto, ella no tiene ojos para nadie. Un gusanillo le recorre el
estomago cada vez que se cruza con el. Ha perdido el apetito y la barra de
labios se consume más deprisa que años atrás. Los coloretes también son
habituales en su rostro a diario y pasa más rato delante del espejo. La peluquería
la frecuenta cada vez mas a menudo y aunque no quiere que nadie se de cuenta de
que está enamorada de Martín, son varias las voces que recorren el pueblo
pregonando que a Sonia le pasa algo.
Martín enviudó bastante joven y ahora recién jubilado, ha
optado por vender lo poco que tenía en la ciudad y venirse al pueblo de donde
no le quedó más remedio que salir, cuando apenas había cumplido dieciséis años.
Toda una vida lejos de sus raíces no le impidió dejar de acordarse de ella. Nunca
renegó de su tierra y fueron varios los enfrentamientos que tuvo, tan solo por
defenderla.
Sus hijos nacieron en tierra extraña y allí seguían
viviendo. Ellos no echaron raíces en el pueblo y era difícil el verlos por el
mismo. Tenían asumido que su padre, volvería algún día a su casa y no pusieron
mucho reparo el día que con la maleta ya echa, se lo comunicó. ¡Me marcho! Espero
que no se os olvide donde esta el pueblo y vayáis a visitarme alguna que otra
vez. Esa fue su ultima frase antes de montarse en el tren que ponía rumbo a
donde, hacia sesenta y muchos años, que una mañana fría y lluviosa vio por
primera vez la luz.
Sonia intentaba provocar el verse mas a menudo con él, así
ella creía que algún día Martín, se fijaría en ella. Todavía recordaba
perfectamente aquel beso que el le dio en la mejilla, la noche antes de partir
hacia la ciudad. A pesar de sus intentos de convicción, no logró que el se
quedara y allí quedó truncado para siempre, aquel amor juvenil.
Ella siempre le siguió esperando, a pesar de los muchos
pretendientes que a lo largo de su vida, había tenido. Pero a ninguno hizo el
suficiente caso, como para quitarse de la cabeza a su querido Martín.
Martín empezaba a darse cuenta, de que Sonia seguía igual de
guapa que años atrás, donde él una tarde en el baile, fue capaz de declararla
su amor. Aunque aquello duró poco tiempo por culpa de la emigración.
¿Y si la invito a
cenar y recordamos viejos tiempos? Pensaba aquel hombre esbelto y corpulento,
con no demasiado cabello en la cabeza.
Comprando el pan se dirigió
a ella y con la voz entrecortada, fruto de la vergüenza, logró invitarla a
cenar en el único restaurante que existía en el pueblo. Ella sonrojada y
extasiada ante aquel ofrecimiento, estuvo a punto de contestar que no. Pero no
porque no quisiera, sino que la vergüenza casi logra hablar por medio de ella.
Hoy es el día, y mientras él se arregla poniéndose su mejor
camisa y su mejor corbata, ella ha desempolvado uno de los vestidos más bonitos
que tiene en su armario. La verdad que está preciosa y ver su sonrisa,
contamina al mas serio que pueda pasar a su lado.
Son felices y lo merecen, el tiempo no puede ser un obstáculo
en el amor. Ahora les toca vivir mas deprisa si cabe, tienen tanto que contarse
que piensan que los días deberían de tener treinta y ocho horas como poco. Y
aunque algunos comentan por el pueblo la palabra boda, ellos no piensan si
quiera en ello. Siguen viviendo a tope intentando abarcar todo lo que estos años
no pudieron.
¿Quién dijo que el amor tiene edad y fecha en el calendario?
viernes, 6 de septiembre de 2013
Capitulo 519: Ley de vida.
Noto
oscuridad en mi habitación, además tengo un poco de frio. ¿Dolor?, que va, no
siento dolor ninguno, más bien siento pena. Es verdad que sé que esto es el
final, pero me da pena irme. Me da pena a la vez que alegría, poder ver y
sentir a mis hijos, nietos y biznietos jugar en la calle. Pobre de ellos que no
saben nada de muertes. Ojala y no lo sepan hasta que sean bastante mayores.
Se
vuelve a nublar en la calle y el frio se apodera de mí. Intento agarrar las
manos de mis hijos y les miro entre la oscuridad de la habitación. Que años
aquellos, duros como nadie sabe, que trabajo nos costó sacarles adelante. Si no
hubiera sido por mis vecinas, me hubiera sido imposible criarlos. Me voy
sabiendo que les tengo a todos aquí. Eso para una madre, es lo más grande que
le puede pasar.
Tengo
ganas de reunirme con mi marido, hace tanto tiempo que no le veo, que le hecho
mucho de menos. ¿Seguirá fumando? A lo mejor lo ha dejado, aunque me cuesta
trabajo creerme eso. Ahora en cuanto llegue, buscare a mis vecinas y amigas y
rezaré con ellas el rosario, cuanto las echo de menos también. Aunque si siguen
estos nublados, a lo mejor lo que tendremos que hacer será rezar por las
tormentas, como lo hacíamos aquellos años atrás en casa de alguna vecina, que
era la excusa que buscábamos para no estar solas en mitad de una tormenta de
aquellas.
El frio
de momento se está convirtiendo en calor, pero un calor cómodo y soportable. Me
siento bien, no me duele nada, soy feliz. En la calle suenan las campanas,
seguro que por mi alma. Que alegría me dio ver a Don José en mi cabecera, que
gran cura para un gran pueblo, espero que tarde mucho en reunirse con nosotros,
hace mucha falta todavía en la tierra, más que nosotros.
Me
tengo que ir, lloro y no es de dolor, me da pena quedaros atrás, pero es ley de
vida mi marcha. A lo lejos veo a mi marido Agustín, allí esta con el cigarro en
la boca, sabía yo que no lo dejaría.
Adiós
hijos míos, rezar mucho por mí, yo desde donde vaya, también lo haré por
vosotros. Gracias por estar todos aquí despidiéndome, ha sido muy bonito…
Hasta
siempre abuela Magdalena, una gran mujer que sin duda deja huella en su familia
y en el pueblo.
martes, 13 de agosto de 2013
Capitulo 511: Guarros sin patas.
El domingo pasado en una cena familiar, de las cuales nos
dimos cuenta de que no solemos hacer muchas últimamente, salieron varias
conversaciones que, por lo menos para mí, fueron bastante entretenidas y
gratificantes.
Desde que suelo escribir, he cambiado un poco mi forma de
ser, aunque ya antes era de los que dejaban hablar a mi oponente y me dedicaba
a escuchar. Ahora eso lo hago cada vez más y luego de esas conversaciones, me
suele venir la inspiración para rellenar hojas en blanco.
Bien, una de las conversaciones que salió tiene que ver con
el título del artículo, que aunque parezca ofensivo, nada más lejos de la
realidad. Y como aquí en Extremadura al cochino se le puede llamar de diferentes
formas, prefiero llamarles como siempre escuché hacerlo a mis mayores, los
guarros.
Según ellos, todos los años criaban varios y era a mi padre
y a mis tíos, quien les tocaba sacarlos para que comieran en campo abierto. Era
la comida que por aquellos años podían acarrear dichos animales para ser
cebados, más aun, cuando en casa de sus dueños dicha comida escaseaba hasta
para ellos, contra más para cebar guarros.
Después de estar más de diez meses con ellos por cordeles y
callejas, intentando que se hicieran guarros de provecho y poder darse un festín
después de sacrificarlos para consumo propio, decían en aquella conversación,
que jamás vieron las paletas y jamones de dichos guarros. Daba igual si criabas
dos o criabas cuatro, dichas extremidades, lo más exquisito por cierto del
animal, en lugar de ir a parar a la mesa de mis abuelos, para que sus hijos en
posteriores días vieran de cerca lo que era un jamón o una paletilla, estaban
adjudicados a los dueños de tiendas y comercios, los cuales hicieron una labor importantísima
en pueblos pequeños, para que sus habitantes no pasaran hambre. Que puede ser
que más de uno abusara de aquellas condiciones, seguro que sí. Pero estoy
seguro, además dicho por varios de aquellos dueños de tiendas y comercios, que
mucha gente se fue de este mundo dejándoles a deber bastante dinero.
El caso de mis abuelos paternos no fue ese, puesto que el
convenio que tenían, era ir apuntando a cuenta, hasta que los guarros fueran
sacrificados. En ese momento, los jamones y paletillas pasaban a ser del
comerciante y la cara de tontos que se les quedaba a mi padre y hermanos era
digna de ver, según ellos, al saber que un año más, de aquellos guarros, solo podrían
comerse las patateras y algún chorizo en época pastoril. Según mi padre en
aquella conversación, los lomos también eran requisados por el dueño de aquella
tienda donde ellos, mandados por sus padres, iban día si y día también en busca
de lo poco que les hacía falta para ir sobre viviendo. Seguramente que ante
tantas cosas apuntadas, las cuatro patas del guarro no eran suficientes para
pagar dicha deuda contraída a lo largo del año y por eso los lomos de dichos
animales, sumaban para paliar aquel débito.
Pues esta fue una de las conversaciones que mantuvimos en la
última cena familiar, en la cual pude contemplar como los más pequeños, asistían
igual que yo con la boca abierta a dichas conversaciones, que ellos
seguramente, solo han visto en televisión y no piensan que jamás les pudiera
pasar a sus abuelos.
Por eso hoy en día, aquellos niños porqueros, se merecen más
que nadie un buen jamón, una buena paletilla y un señor lomo. Seguramente que
aunque hayan partido a lo largo de sus vidas varios de ellos, no dejan de
acordarse de aquellos guarros que ellos criaban a lo largo del año, los cuales perdían
las cuatro patas, de la mesa a la artesa, como por arte de magia.
lunes, 20 de mayo de 2013
Capitulo 485: Soledad, mala compañera.
Un día mas se levantó con la pretensión de hacer lo mismo
que el día antes, es decir, prácticamente nada. Desde que había perdido casi
toda la facultad de ver, su vida era un calvario. Muchas personas le habían aconsejado
el irse a una residencia, donde sin duda alguna, estaría mucho mejor que en su
casa, donde cada día le era más difícil el sobre vivir.
Hoy ha sido el último día que se ha vuelto a caer. Sus
rodillas no están ya para más caídas y la de hoy, le ha dejado marcado para algún
tiempo. Además de perder la visión, ha perdido el sentido de la culpabilidad y
cada vez que se cae, nunca es culpa suya según él. Siempre achaca sus caídas al
primero que acude en su ayuda, aunque dicha persona tan solo pasara por allí
por un casual. Muchos que ya le conocen, ante la más que posible bronca al ir
en su ayuda, prefieren dejarle en el suelo y esperar a que se levante el solo.
Sin duda es la mejor decisión si no quieres llevarte un buen rapa polvo.
Cuando le he visto de rodillas me he acercado a él, a
sabiendas de lo que me podía ocurrir. Al escucharme llegar, se ha asustado, no
me esperaba. Le he cogido por debajo de los brazos y le he levantado. Sus
rodillas no aguantaban su peso y ha estado a punto de volver a caer. Aguantando
su peso, le he ayudado a incorporarse muy despacio. Hoy en lugar de la bronca
de siempre, no ha dicho nada. Se ha limitado a preguntar por el que había cortado
la calle. La calle no está cortada, le he contestado. Se ha metido usted en una
huerta, que tenia la puerta abierta. La calle está libre de obstáculos. Le he
tendido la mano a la vez que le ordenaba que me agarrara de la misma.
Titubeando me ha hecho caso y he logrado sacarle de donde él solo se había metido.
He sentido lastima
por él, pero haciendo de tripas corazón, me he atrevido a reñirle, no es normal
que todos los días tenga que pasar por lo mismo. Yo no soy quién para decirle
esto, pero, ¿no cree que ya está bien de hacerse la víctima y de no dejarse
ayudar nunca?
Esperándome una respuesta con algún insulto, le he soltado
el brazo por donde aun le tenía agarrado. En lugar de contestarme, se ha
limitado a seguir su camino, que una vez más, no era el que debía de seguir.
Creo que por ahí no es, pero haga usted lo que quiera, al
fin y al cabo es lo que hace siempre. Mañana se volverá a caer y alguien le levantará,
como he hecho yo hoy, pero esto no son apaños. Piénselo bien y hágame caso,
usted necesita ayuda, déjese ayudar y será más feliz.
Dándose la vuelta y andando en dirección a mí, he visto como
sus ojos se humedecían. He sentido lástima de nuevo por él, y le he vuelto a
susurrar: Déjeme ayudarle.
Apartándome con un brazo de su camino, tan solo ha logrado
decirme: La soledad es mala compañera, déjame morir con ella.
Al doblar la esquina, un coche ha estado a punto de
atropellarle. Sí, estoy convencido de que se irá a la tumba con su soledad y su
mala uva, si es lo que él quiere, no podemos hacer nada mas, tan solo
lamentarnos el día que eso ocurra y esperar, que no haga a nadie un
desgraciado.
sábado, 6 de abril de 2013
Capitulo 462: La mejor defensa es un buen ataque.
Y les
pisotearon día si, día también, pero nunca agacharon la cabeza. Los mismos que
ellos un día criaron. Muchos no podían creerlo, les costó mucho hacerlo. La verdad
que les dieron motivos para creerles, motivos y ejemplos de cobardía. Nunca
vinieron de frente, quizás porque nunca les enseñaron a hacerlo. Los que muchos
días habían comido en sus mismos platos, de la noche a la mañana dejaron de
hacerlo, y salieron corriendo detrás de unas promesas imposibles de cumplir.
Ellos
no pensaron lo mismo y les creyeron a pies juntillas. Con el paso de los años,
muchos volvieron en busca de aquellos platos donde años antes habían comido
muchas veces. Creyeron que esos platos volverían a estar llenos para que ellos
comieran, pero los que debían de llenar dichos platos no estaban dispuestos a
hacerlo. Con el paso de los años habían ido perdiendo el poco miedo que les
quedaba en sus cuerpos. A pesar de que a base de palizas y de muertes, se habían
empeñado en no dejarles olvidar aquello. Pero lo hicieron, desafiando a todos
sus opresores a los cuales les empezó a entrar el miedo que sus oprimidos
fueron soltando.
Hoy en día
quedan algunos de aquellos que se fueron y que años más tarde han venido en
busca de aquellos platos que dejaron llenos de alimentos. Su sorpresa ha sido
que dichos platos no existen y si los quieren ver llenos, tendrán que buscar
ellos dichos alimentos. Porque los descendientes que quedamos de aquellas
buenas personas que nunca negaron a nadie comer de aquellos platos, hemos
despertado. Si, hemos perdido el miedo y nadie nos tapará nuestras bocas ni nos
dirán lo que debemos de hacer y qué decir.
Claro,
eso duele. Por eso aquellos traidores que salieron corriendo y que ahora
vuelven con el rabo entre las patas están molestos. Se creen que pueden volver
a llevarnos a su terreno. Explotarnos como a nuestros antepasados. Oprimirnos
todo lo que puedan y más, y hacer con nosotros todo lo que se les antoje.
Lo
sentimos pero ya es tarde, lo mejor para vosotros es salir corriendo de nuevo
como ya hicisteis por aquellos años, donde la miseria casi acabó con nuestros
abuelos. Pero lejos de eso, les hizo más fuertes y esa fortaleza la hemos heredado
los nietos, que no estamos dispuestos a volver a pasar por lo mismo.
No
pasaran.
sábado, 23 de marzo de 2013
Capitulo 456: Operación puerto.
Hoy me
vino a la memoria aquellas vueltas ciclistas a España, Tours de Francia o Giros
de Italia que con tanta expectación seguía de pequeño. A pesar de no ser un
ciclista activo, siempre me encantó este deporte; y sobre todo seguir aquellas
retransmisiones que se hacían casi siempre en etapas de montaña. Recuerdo
aquellos años de Marino Lejarreta. De Peio Ruiz Cabestany, del equipazo Orbea, Teka o del gran equipo Reynolds. Luego el Kelme, el Zor, Once y muchos más que ahora
mismo no recuerdo.
Por
aquellos años yo disfrutaba muchísimo viendo las escapadas en etapas de
montaña, todos los corredores eran valientes y no esperaban a ninguna orden de
nadie para atacar. Sabían perfectamente que el momento ideal era cuando las cámaras
conectaban en directo, de esa manera se aseguraban el salir en televisión y que
se hablara de él. Eran tiempos duros de cobrar muy poco, pero demostraban amor
por ese deporte tan sufrido y poco remunerado.
Recuerdo
como si fuera ayer una de aquellas vueltas ciclistas a España, la cual se
celebró por el mes de abril. Lo recuerdo porque por aquel entonces falleció mi
abuelo materno. Como por aquellos años la iglesia obligaba a guardar luto, la televisión
quedaba prohibida de encender como mínimo un mes, eso en algunas casas. Otras
se tiraban tres meses y algunas incluso un año. Como si no encendiendo el
televisor, guardaras mejor el luto por tu ser querido fallecido.
Ese año
la vuelta estaba muy emocionante y mi tío Paco, gran aficionado como yo a este
deporte, estaba negro al saber que no podíamos ver aquellos finales de etapa,
donde Arroyo, corredor del Reynolds, se jugaba el triunfo final. Estaba claro
que en casa de mi abuela la televisión nos iba a ser imposible de ver. En casa
de mis padres tampoco, así que acordándonos de la casa de mi tía Catalina, allí
nos refugiamos bajo llave, con aquella televisión de pocas pulgadas que por lo
menos ya era en color.
Gracias
a aquel “zulo” que encontramos, pudimos esquivar el rezo que nueve días después
de la muerte de mi abuelo, debían celebrar en casa de mi abuela. Mientras, mi tío
y yo, disfrutábamos de aquellos ciclistas que nos hacían sentir un verdadero
amor por ese deporte, los dos allí sentados, con los visillos de la puerta
bajados para no ser vistos, nos poníamos nerviosos al ver las escapadas de unos
y otros. Las estrategias consistían en esperar a tu jefe y llevarle lo más
lejos posible. No había “pinganillos” ni nada que se le pareciera. Era ciclismo
puro y duro, el deporte que enamoraba a todos sus seguidores.
Con el
paso de los años alguien se empeñó en cargarse este bello deporte y tengo que
decir que lo consiguió. Por lo menos en mi persona sí. Día tras día nos enterábamos
de algún caso de dopaje más. Ciclistas ilustres los cuales teníamos todos en
pedestales, dada su gran profesionalidad que nosotros nos tragábamos sin saber
nada.
El caso reciente de Angstrom fue el que colmó mi vaso de la paciencia por intentar seguir amando
este deporte, ese día se me cayó un mito y me vine abajo al escuchar las
palabras de aquel tramposo ciclista. Reconociendo las artimañas que había estado
usando a lo largo de los años. Y pensar que para algunos fue fuente de inspiración
a la hora de superar canceres como el suyo. Una verdadera pena el que nos
engañen como a chinos entre unos y otros.
Seguramente
que el ciclismo no sea el único deporte en el que el doping está a la luz del día.
Quizás otros deportes como el fútbol sean intocables en estos casos y no
interese saber nada de la verdad que existe bajo las sabanas de los clubes. Algún
día seguramente que todo saldrá a la luz y se nos volverán a caer mitos a todos;
y volveremos a sentir pena y lástima por los que nos han engañado tantos años.
Volverá a ser duro el encontrarnos con estas realidades que harán un daño en
nuestros sentimientos muy grande como ya hizo estos años atrás, el dopaje en el
ciclismo.
Como echo
de menos aquellos años de ciclismo puro y duro en el que todos los participantes
se dejaban la piel sin aprovechar sustancias prohibidas…. O quizás no fuese así,
pero por lo menos no lo sabíamos.
martes, 29 de enero de 2013
Capitulo 428: Si la envidia fuera tiña.
Desde bien pequeña, siempre quiso ser la protagonista de su
familia. Era la mayor de tres hermanos y hasta que nacieron ellos, fue feliz
.
Una vez que los ojos de sus padres, miraron para los más pequeños de la casa,
su odio y envidia fue creciendo a medida que pasaban los días. En ese momento
fue cuando quizás un par de cachetes, la hubieran hecho reflexionar sobre aquello,
pero esas tortas, no vinieron a su debido tiempo. Y un día por otro, sus padres
la fueron toreando como buenamente pudieron. Aprendieron a convivir con ella, a
pesar de sus enfados y su mal humor cuando ella, no era la principal
protagonista de cualquier cosa.
Los años fueron pasando y sus dos hermanos la iban
conociendo mejor. Sabían como enfadarla y como hacerla sentirse mal. Por eso
durante muchos días, esa era la forma que tenían de jugar con ella. Todo
acababa siempre con ella llorando y sus padres riñendo a sus dos hermanos.
En el colegio lo pasaba igual de mal. No era buena estudiante
y cuando les daban las notas y sus compañeros de clase las sacaban mejores que
ella, llegaba llorando a casa. En los recreos muchas veces acababa sola en un rincón,
cuando sus compañeros y amigas, no jugaban a lo que ella decía y así poco a poco,
se fue encerrando en su mundo del cual a día de hoy, no ha sido capaz de salir.
Después del colegio, llegó el instituto y aunque parecía que
su estado de envidia había remitido un poco, nada más lejos de la realidad.
Llegaron nuevas amistades que al no conocerla bien, la dieron una tregua para
ganarse su amistad. Pero con el paso de los años, todos acababan por darla de
lado, según la iban conociendo mejor.
En el tema de los amores, siempre la pasó lo mismo. Acabó
mezclando la envidia con los celos y aunque es verdad que era atractiva, su
forma de ser acababa por catalogarla ante los ojos de los chicos, como un cardo
borriquero, como decían ellos. El primer chico con el cual empezó a salir, tan
solo la aguantó un par de meses, aunque ella creía que sería el chico de su
vida. Un par de encontronazos y muchas preguntas absurdas, bastaron para que
aquel chico se hartara de ella.
Cuando acabó sus estudios, estuvo un tiempo en casa sin
hacer nada, sin duda fueron los peores meses que sus padres pasaron. Todo era
mal carácter, malas contestaciones y siempre la envidia detrás de todo. Su
padre por medio de un buen amigo, logró encontrarla un trabajo, que aunque no
era de lo que ella había estudiado, podía defenderse bien. De esa manera,
lograron quitársela de encima las horas que su trabajo la requerían.
Con el paso de los años, conoció a un chico. También era de
su mismo pueblo y aunque no compartía el mismo carácter que ella, supo llevarla
todo lo bien que pudo. Sin duda, mucha culpa tuvo el ver cómo los años pasaban
y ese hombre, no encontraba a su media naranja. Así que aguantó los arrebatos
que a su chica le daban a menudo, cuando las cosas no salían como ella querían.
Después de algunos años de noviazgo, decidieron contraer
matrimonio. En la lista de invitados se pudo comprobar que la mayoría venían por
parte del novio. Ella, casi no conservaba ningún amigo de la infancia y los
pocos que tenia, se inventaron alguna excusa para no ir a dicha boda. Sin duda
ese día fue uno de los más felices en la vida de sus padres, que sabían el
hueso que se quitaban del medio.
Muy pronto tuvieron familia, un niño que vino al mundo sano
y fuerte. Su madre desde muy temprana edad, le fue malmetiendo los mismos
defectos que ella tenía y pronto los resultados no se hicieron esperar. Los
amigos de su hijo no eran buenos compañeros según ella. Le escogía con quien debía
de juntarse y no era nada raro verle muchas veces jugando solo, como hacia
algunos años la paso a su madre. Aunque su padre impedía muchas veces que a su
hijo le pasara lo mismo. Le apuntaba a todo donde hubiera más niños. Futbol,
baloncesto, ingles, cursos de música, etc. Pero todo era inútil, en todos los
sitios iban conociendo a su hijo y le iban dando de lado.
Su padre lejos de ocultar el problema, logró hablar con los
profesores de su hijo, a escondidas de su mujer y todos coincidieron en lo
mismo. El carácter del niño no era el más apropiado para su edad. Así que le
recetaron la medicina que a su mujer no dieron de pequeña, las dos tortas.
El primer día, aparte de dárselas a su hijo cuando se las mereció
en casa por una mala contestación, estuvo a punto de dárselas a su mujer también.
Aquello le costó estar sin hablarse con ella bastantes días, pero poco a poco
su hijo fue cambiando su carácter, eso sí, ayudado de su padre y de los
maestros y a escondidas de su madre.
Hoy en día, hay veces que por culpa de su madre pierde algún
amigo, porque ella sigue con el mismo problema de siempre. Así que no es muy
raro verla enzarzada con alguna otra madre que se queda asombrada al ver dicha reacción,
la cual hubiera tenido una cura bastante barata y sencilla en su día y que hoy
cuesta mucho mas.
Esperemos que ese niño siga los pasos de su padre y no se
fije mucho en su madre, pues le puede costar acabar de la misma forma que ella
y todo, por no darle dos guantazos a tiempo.
Si la envidia fuera tiña…cuanto mejor nos hubiera ido a
todos.
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