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miércoles, 29 de julio de 2026

Capítulo 1036: Finde en Peniche y Las Islas Berlengas.

 












A pesar de que el calendario marcara el mes de julio, saliéndonos de nuestros meses de viaje, nos animamos a ir a tierras portuguesas donde nos esperaba un finde diferente al que normalmente planeamos cuando vamos de rutas senderistas.

Esta vez la aventura mas que en tierra, era navegando por el atlántico. Y dicha novedad es cierto que nos animó a apuntarnos para vivir otra experiencia nueva.


La hora de salida era a las tres y cuarto de la madrugada, la verdad que nos dio tiempo a echar un picón antes de ponernos en ruta. A pesar de venir muchos viajeros nuevos, el buen rollo siempre está presente en este autobús y los más veteranos siempre nos gusta estar pendientes de ellos para que se sientan a gusto todo el fin de semana.

Una parada en Miajadas para recoger algún viajero más y ponemos rumbo a Badajoz, donde haremos la primera parada para estirar piernas y hablar un rato con los viajeros que nos caen un poco mas lejos en el autobús. Se nota en el ambiente las ganas que hay de barco y la inquietud que existe entre quien se suele marear, deseando que no ocurra nada de eso.

La llegada a Peniche es la hora de desayunar y uno es cuando se da cuenta de que estamos en Portugal, puesto que sin animo de ofender, sus gentes viven y trabajan con el freno de mano echado, que seguro que para la salud es buenísimo, pero nos cuesta comprender a los que vivimos siempre acelerados.



Como buenamente podemos vamos tomándonos el café y algún dulce típico de la zona mientras esperamos la salida del barco. A simple vista el mar no parece muy cabreado, pero todo parece cambiar una vez que todos estamos acoplados en nuestros asientos. Salir a mar abierto te hace darte cuenta lo insignificante que somos y cuando el barco comienza su pelea con el mar, a más de uno se le pone el café y los dulces en la garganta y ya no serán capaces de que se baje de ahí en todo el viaje. Varios tienen que tirar de bolsas y otros ríen y chillan con las olas que nos llegan a mojar, por no llorar.

El viaje son unos cuarenta y cinco minutos, pero estoy seguro que a muchos se les hizo mucho mas largo en el tiempo. Cuando llegas a la isla te das cuenta de lo bonita que es el agua gracias al color de la arena y las rocas. Tienen limitado los visitantes puesto que la zona no da para más. Una playa pequeñita y un par de bares donde no te puedes recostar mucho tiempo si quieres volver con euros en el bolsillo.

Una vez allí nos queda dar el paseo en barca para enseñarnos los túneles que el agua se ha encargado de ir generando y la fortaleza, desde donde arranca un paseo que te lleva hasta el faro y baja de nuevo al lugar de partida. Nos da tiempo todavía a darnos un baño e ir nadando hasta otro de los túneles que el agua a escarbado. Es impresionante lo que uno siente allí metido además de disfrutar de la buena temperatura del agua.

Toca volver y para la suerte de los mareados en la ida, el mar se muestra super calmado y el viaje es mucho más rápido que en la ida aunque mucho mas aburrido...






La vuelta hasta el hotel la hacemos en bús, puesto que hay un cuarto de hora andando desde el puerto hasta nuestras habitaciones. La gente busca sitio para comer a pesar de que no son horas para muchos garitos y si consigues que te den algo eres afortunado.

Un rato de descanso para unos y otros aprovechan el tener la playa enfrente del hotel, aunque el aire se ha vuelto a apoderar de la playa y las olas vuelven a cabrearse y consiguen colocar la bandera amarilla en todo lo alto de Peniche.

Quedamos pronto para poder cenar en algún restaurante donde abunde el pescado, que hay varios en el pueblo pero se nota que están en ferias y la gente hace cola en muchos de ellos.






En la feria abundan los puestos de churros, aunque los hacen distintos de los nuestros y muchos los rellenan con multitud de ingredientes. Un puesto enorme de zapatos nos anima a feriar algo visto los precios y la calidad del calzado. 

Los cacharritos hacen las delicias de los más jóvenes del lugar y el fresco de la noche portuguesa hace abrigarse a mas de uno. Cuando miras las temperaturas que dan para los siguientes diez días y ves que no subirán de 23 grados, la pena y envidia se apoderan de nosotros sabiendo lo que nos espera en nuestro pueblo.

El domingo unos lo saludan viendo amanecer en la playa y otros con un buen desayuno entre pecho y espalda para poder aguantar el día de turismo que nos queda hasta las cinco de la tarde donde nos volvemos a montar en el bús para regresar a tierras extremeñas.





Un finde de diez donde hemos disfrutado de un tiempo excelente que nos ha hecho olvidar nuestras calores, hemos degustado la buena cocina portuguesa y nos ha dejado hasta bañarnos en aguas atlánticas, a pesar del fresquito.

Gracias a nuestra ángel de la guarda que nos ha brindado un viaje espectacular donde hemos conocido una de las islas portuguesas mas bonitas que existen.

Nos vemos en las callejas o en el mar, quien sabe.




 

domingo, 30 de octubre de 2022

Capítulo 1001: Fin de semana en el Algarve.



Había ganas de volver a la carretera después de varios meses de espera y es que llevamos ya más de seis años aprovechando y conociendo lugares, que si no es por culpa de nuestras ganas de caminar, jamás hubiéramos conocido.
El grupo que hemos hecho sigue más vivo que nunca y es raro no encontrarte con alguien con la que has compartido autobús y no recordar alguna de las muchas batallas que llevamos compartidas.








El viaje previsto era por tierras lusas, las cuales nos gusta patear por lo menos una vez al año y así seguir conociendo pueblos y ciudades de nuestros vecinos portugueses.
El famoso Algarve era nuestro destino, un lugar que en veinte años ha cambiado tanto que si fuisteis por entonces y vais ahora seguro que no conoceréis la mitad.









El viaje como siempre si no te lo montas bien, suele ser un poco pesado, pero los habituales de estas rutas sabemos perfectamente que una vez en tu sillón, comienza la aventura. Intentamos no aburrirnos y rara vez alguno logra pegar una cabezada, a no ser que te "drogues" con algún barbitúrico que te haga dormir más de la cuenta. Nosotros solemos escuchar cantar algún que otro difunto que nos recuerda algún cumpleaños o donde perdió el carro, incluso la "Morita" que es la banda original de cada excursión.
Pepe Domingo nos despierta de nuestro letargo con su voz radiofónica y hace lo posible para que no duerma nadie, aunque siempre hay alguien que no es capaz de abrir los ojos y se sumerge en un bonito sueño.
Josefa Antonia se une junto a Venancia en nuestros cantes nocturnos y pronto el bus hace una de las paradas acordadas.












La primera parada es pronto y poca gente se queda sin bajar del bus, sabemos que va a ser difícil volver a parar en tierras portuguesas antes de llegar a nuestro destino, por eso estamos avisados de llevar algo para desayunar por si nuestro conductor no es capaz de encontrar nada abierto, lo cual vemos que es lo habitual por carreteras portuguesas.

Llegamos de noche al lugar de inicio de la ruta así que no queda otra que esperar a que amanezca para poder contemplar bien los acantilados que nos ofrecerá esta preciosa ruta. Cada uno aprovecha para comisquear lo que ha llevado y sin prisas nos vamos colocando el calzado adecuado para comenzar la ruta con las primeras luz del día.
La ruta se puede hacer por varios caminos y puede ser de nueve kilómetros si no la haces entera o de quince si la haces entera para terminar en el cabo de San Vicente.

Los acantilados son espectaculares y las luces del amanecer se envuelven con las piedras para dejarnos hacer unas fotografías muy guapas.
Da un poco de respeto los desniveles que nos vamos encontrando y es mejor hacer las fotos desde lejos para evitar algún accidente imprevisto.

El muerdino decidimos comérnosle al terminar, puesto que aunque no hace mal tiempo, el aire que sopla es un poco incómodo para parar a comer. Los que no han hecho la ruta, llegan en el bus en busca nuestra para desde allí encaminarnos hasta La Albufeira, lugar donde tenemos el hotel.






Al llegar no nos dan la habitación aun por lo que decidimos irnos a comer cada uno por donde le parezca, lugares hay a montones y me sorprende la cantidad de sitios de comida rápida que hay sin duda que influidos por la cantidad de turistas ingleses que acampan por la ciudad.

Nosotros acertamos en el lugar escogido para comer, un lugar con comida portuguesa, donde la cantidad va de la mano con la calidad y el precio. El bacalao sigue siendo el plato por excelencia portugués aunque los arroces también están para mojar pan, aunque los lusos son de hacer poco uso de el mismo.


Después de probar los orujos para hacer bien la digestión decidimos conocer la ciudad por sus calles repletas de gentes y de tiendas las cuales venden sobre todo recuerdos, con el cuero y el corcho por encima de todas las cosas.
Algunos decidimos irnos en busca de la habitación donde es necesaria la ducha que nos relaje y espabile al mismo tiempo, justo antes de cenar en el hotel donde nos alojamos. La noticia de la cancelación de nuestro viaje en barco hasta las cuevas famosas de la ciudad nos entristece a todos y nos hace cambiar los planes para el domingo.
Pero primero antes de la cena pateamos otro poco la ciudad para tomarnos alguna cerveza del lugar la cual saboreamos tranquilamente justo antes de entrar al comedor donde nos espera un extenso bufet para elegir lo que te apetezca cenar, aunque la comida todavía anda arañando los estómagos.






La gente que no ha acudido en toda la tarde por el hotel deciden irse a la cama, otros volvemos en busca de alguna que otra cerveza antes de caer rendidos en la cama.

Despertarse y bajar a desayunar, ya no hay prisa para ir en busca del barco así que degustamos de nuevo un amplio bufet de desayuno donde algunos dan buena cuenta de varios huevos, fritos, cocidos y en tortilla, de todas las maneras les vienen bien. 

Una vuelta por la ciudad en el tren turístico nos alegra la mañana aunque algunos esperábamos descubrir algún lugar nuevo de la ciudad, pero solo nos lleva por la zona más turística la cual habíamos pateado el día de antes.

Una visita por la playa donde ante tal temperatura la gente aprovecha para bañarse, a pesar de estar a últimos de octubre.


A las tres y media hay que estar en el bus para volver al pueblo, así que antes de esa hora nos da tiempo a refrescarnos con alguna que otra cerveza y hay quien prefiere comer antes de emprender la vuelta, otros pillamos un bocata para dar cuenta del más adelante, cuando montados en el bus del 52 hacia atrás, volvemos a comenzar la rutina ( Bendita) de cantar, bailar y reírnos de todo lo vivido durante el fin de semana, el cual ha estado de diez como todos los que organiza la "jefa" Paqui, que sabe que los asientos del 52 hacia atrás, donde van siempre los malotes, tienen nuestros nombres puestos en todos los viajes que se organicen de senderismo, que fue el principal culpable de que a día de hoy sigamos juntos aquellos y aquellas que apostaron por montarse en aquel primer viaje que nos llevó a conocer el "Caminito del Rey" y que seis años después nos sigue permitiendo conocer lugares impresionantes y preciosos para hacernos salir de la habitual rutina.


Nos vemos en el bus allá para marzo, donde volveremos a juntarnos si no pasa nada.
Se os quiere.











Capítulo 1036: Finde en Peniche y Las Islas Berlengas.

  A pesar de que el calendario marcara el mes de julio, saliéndonos de nuestros meses de viaje, nos animamos a ir a tierras portuguesas dond...