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sábado, 25 de febrero de 2023

Capítulo 1006: En los barrios de abajo.




 Cuando a uno por motivos laborales le toca trabajar por los barrios de abajo de Huertas de Ánimas, no puedo dejar de acordarme del respeto que teníamos los muchachos de los barrios de arriba a dicho territorio. En épocas donde todo se arreglaba a base de guerra de piedras y algún que otro puñetazo entre los muchachos de ambos barrios, uno sabía de sobra que terreno no frecuentar si querías no tener problemas con nadie. Por eso estos lugares uno los conoce menos que donde me he criado.

De los habitantes de dichos barrios van quedando pocas mujeres mayores y muchas de las viviendas están cerradas a cal y canto con el dichoso cartel de "se vende" que adorna medio pueblo. Como hay poca gente joven es difícil que muchas de esas casas se lleguen a vender y el sino de la mayoría de ellas será dar con los tejados en el suelo. Serán un simple recuerdo en las memorias de sus familiares y de los vecinos que logren arraigarse en sus casas sin tener que abandonarlas.

Es cierto que las construcciones de plantas solares alrededor del pueblo ha logrado que algunos de sus trabajadores forasteros hayan podido alquilar algunas de estas casas que incluso dueños o herederos jamás pensarían que podrían sacar redito de ellas. En alguno de los casos ese dinero del arriendo será invertido en las mejoras de dichas viviendas con lo que poder sostenerlas otros cuantos de años mientras esperan que algún alma caritativa se encapriche de ella y logren venderla.

Los hijos de los moradores de estas casas ya echaron raíces donde les tocó emigrar y sus hijos, muchos de ellos ni han conocido el pueblo. Quizás en algún caso poco frecuente se ha visto racear algún nieto en busca de las raíces de sus abuelos o bisabuelos queriendo investigar sobre sus raíces, pero al ver el estado de las herencias y el dineral que hay que invertir en ellas para adecentarlas un poco, desisten pronto.

Mientras en la radio se escuchaba la canción de "norit el borreguito", las vecinas de los barrios de abajo sentadas en sus sillas de madera con el culo de mimbre que "Barrante, el sillero" había reparado una mañana de verano, con sus gafas de culo de botella que pocas veces se limpiaron y que a él no le hacían mucha falta para trenzar aquellos juncos que el mismo recogía en las orillas del rio.

Entre risas y alguna cancioncilla que otra, las vecinas esperaban al consultorio de Elena Francis, donde los guionistas eran verdaderos héroes a la hora de mantener en antena tantos años un programa tan sencillo y a la vez tan escuchado en toda España.



Una tal Juana que escribía a Doña Elena para preguntar si hacía bien al esperar a su marido a la hora de comer con la mesa puesta y su copa de soberano para que "su" hombre entrara en calor, o por lo contrario si debía esperar sin ella puesta y que le ayudara su marido a ponerla y se echara el mismo el "gurguruto" de coñac.

Antes de escuchar la respuesta, las mujeres que andaban zurciendo calcetines y calzones largos se manifestaban a viva voz diciendo "como la va a poner él", ponla tú que te llevas alguna hostia como esté el hule sin poner. Otras decían "que la ponga él" no te jode con el señorito...

Elena, con aquella voz que convencía a todo el mundo empezó diciendo: "Querida amiga Juana: Es de buena esposa querer a tú marido y por supuesto tenerle siempre contento, por lo que además de tener la mesa puesta y su copa llena, deberías de acercarte al estanco a comprar tabaco y tenerle cerca de la botella de "soberano".



Las risas de aquellas mujeres eran escandalosas, pues sabían que ningún marido andaba cerca para mandarlas callar al oír aquella respuesta, que por otro lado, todas cumplían al pie de la letra, incluso más de una aparte de todo eso, iban al comercio con el casco vacío de la botella de vino del día anterior y se llevaban otra para que a su marido no le faltase el vino comiendo aquellos garbanzos que eran el menú de lunes a domingo y que unas veces estaban mas duros que las piedras que sus maridos colocaban en los cientos de paredes que les tocó arreglar.



Hoy Tía Pepa, la única mujer que queda con vida de aquella generación, anda de su casa al corral mas de treinta veces al día, a pesar de que la calle es la misma que existía en los años treinta. El ultimo porrazo le ha dejado la cara como un cristo pero a pesar de ello, no pierde su sonrisa y las ganas de canturrear, aunque cuando la preguntas por la canción que canta, ella te dice que no está cantando....








lunes, 25 de febrero de 2019

Capitulo 936: Un pedacito del barrio.


Llegué de la escuela antes de que el reloj marcara la una, eso de tener que volver al colegio por la tarde no nos acongojaba y la media hora larga no había quien no la quitara en el camino.
Los días iban siendo mas largos y la primavera iba asomando. Mi madre era feliz en su patio con sus flores y plantas, hoy muchos años después sigue con su afición. Pipo mi perro, movía el rabo al verme llegar, sabía que con un poco de suerte le tocaba salir un rato mientras la comida terminaba de cocer en el fuego.

_Me voy un rato con los amigos a las traseras, me llevo al perro, le dije a mi madre.
_No tardes que a las dos en punto comemos, que luego da la hora rápidamente de volver al colegio.
_ Vale, hasta luego.

En las traseras estaban ya Vito, Alberto, Isidro, Jorge y Angel Luis. Ese rato siempre le aprovechábamos para planear lo que íbamos hacer por la tarde después de terminar el colegio.
Decía Isidro a los demás que las urracas ya tenían que estar poniendo y que había que ir pronto a dar una batida por la dehesilla para ver los nidos; los hermanos Muñoz seguían dando un duro o un cartucho por cada huevo que les lleváramos. Quedamos todos de acuerdo en acercarnos esa tarde, siempre y cuando doña Cati o doña Elena no nos pusieran muchas tareas, cosa mas que presumible que sucediera. Si era así habría que acelerar el paso camino de casa, sentarse rápidamente en la mesa y hacer todos los ejercicios, para que las horas que quedaban de sol nos diera tiempo de ir hasta la dehesilla.
Mi madre me decía que si no merendaba y yo que no podía perder tiempo, la decía que luego cuando terminara, me llevaba el pedazo de chusco de pan con un par de pastillas de chocolate, las cuales uno intentaba condurar hasta que quedaba poco pan, eso si tenías hambre, si no te comías el chocolate y el pan salía zumbando para la boca de alguno de nuestros perros. Aunque a Pipo el pan decía que te le comieras tú.

Las dos menos cuarto y tocaba acercarse al barrio, seguro que mi madre me mandaba a casa de Vizcaíno a llamar a mi padre, que a esas horas andaba por allí bebiéndose algún "botellin" de mirinda que Ignacio llenaba de vino. Había vino blanco, vino tinto y envuelto con una poca de casera, este ultimo era el que bebía mi padre. Encima de la botella de mirinda un vasito pequeño dado la vuelta y cuatro aceitunas en un plato pequeño de acero inoxidable. De la barra a la mesa donde le esperaban ya sentados el "Padre Pan", Manolo Pesicolo y Tío Juan Pulga, que acababa de cerrar la carpintería para ir a tomarse un "frasquete".

_"Siéntate aquí fonta", le dijo Antonio el Berza, que vamos a hablar del gobierno.
En la barra Demetrio apuraba su frasquete pues el siempre paraba a la una y a la hora que el bar se ponía mas lleno de gente, él se iba.
_Ahí os quedáis contando mentiras, así vamos a levantar el país.
_ Adiós maestro, le contesta mi padre, esta tarde me paso por la obra para marcarte las rozas.
_ No te descuides que estamos sin corte.
Manolo les cuenta una de sus muchas aventuras conduciendo alguno de los autobuses de Auto-res, de los cuales es conductor desde hace muchos años. Antonio le suelta algún taco cuando Manolo le dice que ha estado apunto de atropellar con algún vehículo viniendo de Madrid. Cago en Dios, dice tío Antonio, si cojo yo un autobús de esos no me para nadie, acostumbrado a su 4L que le tenia lleno de bollos y roces.

Tio Juan Pulga se levanta a por otro frasquete y cuando yo entro en el bar mi padre se apura a pedir otro, antes de que yo le diga que le estamos esperando para comer. Me gusta quedarme allí escuchando aquellas conversaciones, cuando Tio Juan me dice que quedan pocos meses para sacar los cabezudos a mi no me cabe la sonrisa en la cara. Que ganas, le contesto. Tío Antonio me da un trozo de melocotón que tiene encima de la mesa y que el mete dentro del vaso de vino, esas costumbres de antiguamente que ahora no vemos.
Manolo Pesicolo me arrima el plato de aceitunas y a mi me saben a gloria las cuatro que quedan. Pronto Tía Petra se asoma por la puerta de la cocina donde se pasa horas y horas para poder sacar el bar "palante". Me llama y yo voy hasta la cocina puesto que sé que alguna presa de algo que tiene en el fuego voy a probar. Que tal el colegio, me pregunta Tía Petra, a lo que yo levanto los hombros como diciendo que como siempre. Ese trozo de pan con una presa de carne encima me acaba de quitar la poca hambre que tengo, encima he visto que había lentejas para comer en casa.
Tío Ignacio me da en el hombro para que le deje paso y a la vez me dice que si quiero una poca de agua no me vaya a "añurgar". Los refrescos solo tocan los domingos y no todos.

Cuando dan las dos, la mitad del bar se levanta y se acerca a la barra a pagar los frasquetes consumidos. Algunos porfían con Ignacio por la cantidad. !Que me bebio dos!, ! que no, que son tres! Y entre risas de algunos y tacos de otros vamos saliendo de la taberna cada uno para su casa, donde les esperan sus mujeres para comer y a tío Ignacio y Tía Petra les queda menos rato para cerrar y hacer lo mismo, aunque luego a media tarde toque abrir otro vez para los frasquetes de la noche y las partidas de cartas a la subasta o la cuatrola, donde algunos se juegan las consumiciones y donde mas de dos veces hubo alguna trifulca a cuenta de las trampas que algunos aventajados solían hacer.

Camino de casa con el brazo de mi padre por encima pienso en lo que me gusta vivir en los barrios de arriba y lo bien que toda la gente se lo pasa con apenas nada.

Hoy al despedir a Ignacio he suspirado pues he visto pasar delante mía fugazmente, una cantidad de recuerdos que jamas podré olvidar mientras viva y aquí lo reflejo hoy.

Descanse en Paz Ignacio, que la tierra te se leve.







martes, 6 de septiembre de 2016

Capitulo 758: Desde mi andamio.



Y uno tiene la suerte de trabajar en lo que me gusta, aunque en este tiempo tan caluroso, tantos días seguidos, mas de una vez maldecimos la suerte que nos ha tocado vivir. Pero sabemos que hay gente en peores situaciones y pronto se nos pasa.

Cuando toca montar el andamio en un lugar conocido la obra pasa a ser mucho mas amena. Si la obra es en tu barrio de siempre, prefiero dejar mi vieja radio en el coche y escuchar los sonidos que tantos años he podido escuchar, desde que vine al mundo. Los primeros en dar los buenos días son los cientos de vencejos y golondrinas que pronto emigraran. Sus cantos me hacen recordar muchas mañanas que estando de fiesta se nos hacia de día, era cuando mas nos fijábamos en estos preciosos pájaros y también mas nos molestaban para poder conciliar el sueño después de tanta fiesta.

Los primeros vecinos empiezan a dejarse ver, algunos aprovechan el poco fresco de la mañana para ir andando hasta los corrales donde el que mas y el que menos tiene alguna gallina la cual le proporciona los huevos para el posterior consumo. Aunque todo el mundo se queja que con estas calores los huevos escasean. Otros salen a pasear un rato aunque sea poco, puesto que saben que les es necesario el hacer ejercicio para sus pertrechados y cansados huesos.

Es el caso de tío Joaquin y tío Ignacio, vecinos desde hace ni se sabe y que todas las mañanas comienzan con el mismo ritual. Se dan los buenos días justo cuando Ignacio abre la verja del bar que tantos años regentó y que ahora lleva su hijo. Al mismo tiempo tío Joaquin entre algún que otro lamento, comienza a dar su paseo de todas las mañanas, el cual según él, cada día que pasa le cuesta mas hacer. Me da los buenos días al pasar junto al andamio y me aconseja que aproveche la sombra, antes de que el sol me empiece a calentar. Voy a la tarea diaria, antes de que la calor me quite las pocas ganas que tengo de andar. Que pena me da hacerme mayor y no poder caminar lo que antes, no hace tanto tiempo, hacia a diario.

Por la otra calle de al lado pasea Ignacio, que ya no logra separarse de su bastón, a paso mas lento que su vecino comienza el mismo ritual del paseo. De aquí para allá hasta que al pasar por el andamio, me da los buenos días. Su afán es el mismo que el de tío Joaquin, date prisa que hoy viene el sol bueno otra vez. Y así, esta buena gente, logra andar el máximo que pueden antes de sentarse a tomar el poco fresco de la mañana. Su próxima misión, será salir a la furgoneta del pan, la cual conduce Ángel y suele dar un buen bocinazo para que todos se enteren. Creo que al verme en el andamio el pitido es aun mas fuerte...

Las vecinas salen a la compra del pan y alguna aprovecha para acercarse hasta el comercio de Ismael, y comprar lo que les hace falta para pasar el día. Ismael otro aventurero autónomo con ganas de comerse el mundo, ojala y tenga suerte y le vaya bien. Somos varios los que aprovechando el precio de las cervecitas, de vez en cuando nos pasamos a por alguna.

La alegría en el barrio la pone tía Petra, ella a pesar de los años no pierde el humor y aunque tiene muchos achaques a causa de los años, siempre tiene una palabra graciosa acompañada de su contagiosa sonrisa. Tía Josefa la "Mochuela" pasa a hacer la compra y me saluda como siempre, me he criado entre ellos y eso no se olvida. "Soli"la "Cascarilla" vine de dar alguna peonada, en este mundo hay que ganarse la vida como buenamente se pueda. Sigue igual de graciosa que siempre y es raro que no nos riamos juntos de algún cotilleo o alguna historia de la que nos hayamos enterados los dos. Mari, la madre de Isma pasa también de las primeras y se acerca a preguntar a sus padres, para ver que tal han pasado la noche, justo cuando su hermana Juli viene a echar una mano con la limpieza.

Mi vecina Fermina pasa antes de que yo me suba al andamio y nos damos los buenos días las veces que haga falta. Bromeamos sobre ello y decimos los dos que es gratis el dar los buenos días o decir un adiós y cada vez la gente joven, los da menos. Me enfada cuando alguna de estas jóvenes pasa y me ignora, como si no me conociera y estoy a punto de decirla a voces que es una estúpida, pero a ultima hora me arrepiento y no la digo nada, rezo por dentro...

Y así vamos trabajando con alegría y muchos recuerdos, alegría que es doble cuando uno de los pocos niños del barrio, Guillermo, sale a la calle. Se nota que a nuestros mayores les hace falta ver mas niños por el barrio, puesto que al verlos se les quitan a todos los dolores y las penas. Por eso Guille es el mas mimado de todos los vecinos, todos tienen que ver con el y siempre les alegra el alma emparejar cuando el vecino mas joven les dice algo. Se sabe el nombre de todos y algunas veces los hace de rabiar al no quererles dar el beso que todos le piden.

Tío Manolo pasa andando con paso lento, tiene a su muer enferma y todas las mañanas al pasar me lo recuerda. La pena le rompe el alma y tan solo acierta a levantar su garrote para saludar a tío Joaquin y tío Ignacio, que están a punto de recogerse dentro de casa, al llegar el sol hasta sus sillas...

Desde mi andamio me encanta trabajar en mi barrio y volver a recordar a todos mis vecinos, aunque cada vez van faltando mas. Ley de vida.




jueves, 5 de noviembre de 2015

Capitulo 692: Que le den todas las medallas.!!!!



Que le den ya la medalla al merito, a ese vestido de traje.

Que le den ya la medalla de la Ciudad de Trujillo.

Que le den ya la medalla al trabajador mas cualificado.

Que le den ya la cruz laureada de San Fernando.

Que le den ya una paga vitalicia.

Que le den todas las palmadas en la espalda, que nadie le dio en su infancia.

Que le den...culo ya y deje vivir a la gente.

Gracias por hacer las cosas mas difíciles, por si no lo están ellas ya. Dios te lo pagará seguramente en otra vida, porque en esta no tienes nada mas que enemigos. Eso ahora que ejerces, que el día que entregues los "achiperres" a lo mejor alguien tiene memoria histórica todavía y te lo recuerda de alguna forma no grata.

No se como tenemos tanta paciencia, de verdad, no lo se, ni me lo llego a explicar.

Podía ser una canción de la polla récord tranquilamente, basada en hechos reales. Y seguro que a ti,  a quien va dirigida esta carta, sabes de sobra porque la escribo. También se de sobra que te la pasaras por el forro y seguirás con tu inquina hacia todos los habitantes de la muy noble y leal que no bailen a tu son.

Que triste tiene que ser esa forma de vida. Aunque te cuelguen medallas por todas las costuras de tu chaqueta.

En el fondo me das pena.

Un saludo.

Firmado: Ciudadano hasta las pelotas.

domingo, 26 de julio de 2015

Capitulo 669: Que las volvamos ha asar.

 Y un año mas volvimos a celebrar la fiesta del barrio, como la llaman los mas peques que por aquí abundan por suerte, en mayoría. Son los que mejor se lo pasan y hacen ellos también posible con sus juegos e inventos, que este fin de semana no decaiga de un año para otro. Y es que es una tontería el juntarse quizás, pero ellos empiezan a ponerse nerviosos desde principio de la semana con los preparativos previos. Globos de agua, sprays para pitarse o cualquier cosa que se les pueda ocurrir, en este barrio se realiza este fin de semana.

Nosotros, los mas mayores, sabemos que cada año le toca ir a comprar los trastes a dos vecinas del barrio. Esta tradición lleva ya varios años. Siete en concreto y aunque a lo mejor durante el año el trato entre los vecinos no es muy allegado, es cierto que no he visto ningún mal rollo entre nosotros desde que llevo viviendo en este lugar. Y eso se agradece, saber que tienes a gente cercana para lo que te pueda hacer falta es importante. La algarabía de los niños que cada noche visitan nuestro tranquilo barrio animan el lugar. Los coches no existen en nuestra calle y el que pasa por ella sabe que dicho lugar está plagado de niños y por lo tanto debe de tener cuidado.

La barbacoa famosa volvió a echar humo y el olor a carbón cubrió todo el barrio. El maestro cocinero Antonio, volvió a sudar la gota gorda y con su temple habitual consiguió de nuevo que la carne estuviera exquisita. Un plato mas de cada casa demostró a todos lo buenas cocineras que existen en el lugar y entre cerveza y cerveza y algún aperitivo mas, fuimos pasando la noche comentando los días veraniegos calurosos que llevamos y como nos la ingeniamos todos para ir sobreviviendo.

Los calambucos no faltaron y con la media noche alcanzando el reloj, el tan deseado fresco hizo acto de aparición y allí se estaba en la gloria. Risas, chistes y niños de aquí para allá nos fuimos acompañando hasta altas horas de la madrugada, donde en un santiamén quedó todo recogido como si nada hubiera ocurrido en el lugar.

Y esta mediodía las "sobras", por lo que es ya tradición que sobre para poder de nuevo comer juntos el domingo.

Y así es mi barrio y sus gentes, y bien contento yo de pertenecer a el. Saber que estas historias no se hacen casi en ningún lugar del pueblo nos hace persistir en que no decaiga nuestra fiesta y si el tiempo lo permite y estamos todos bien de salud, el año próximo el ultimo fin de semana del mes de julio volveremos a encender la barbacoa para que ese aroma a carne asada no se nos vuelva un extraño.

Gracias a todos en especial a Juana Mari y Miguel por cargar con casi toda la ceremonia cediendo el lugar.

Fotos: Juana Mari.









miércoles, 3 de junio de 2015

Capitulo 654: Ya no se canta en el "Calvario".


A pesar de que es ley de vida e intentamos estar preparados para cuando llega, el momento de perder seres queridos es tan fuerte que uno nunca está dispuesto para ello.

Repasando las ultimas perdidas de personas en el pueblo, me paro en uno de los barrios mas famosos que existen dentro de el  mismo y vuelvo la vista atrás en el tiempo cuando dicho lugar, estaba poblado de vecinos y todos hacían piña para la mejor convivencia posible de todos ellos.

Hoy en día nos faltan muchos de aquellos moradores y el mejor homenaje que podemos hacerles a todos ellos, es tenerlos presentes en nuestros recuerdos y que estos jamas caigan en el olvido.
Antonio "Figura" "el enterrador", ha sido el ultimo en dejarnos después de una larga enfermedad.
Es curioso como una persona de oficio enterrador, viviera en el barrio del Calvario. Este hecho sin duda le marcó para siempre entre sus vecinos, los cuales siempre hablaban de esta casualidad de forma jocosa y divertida.

Un servidor que tuvo la suerte de trabajar varias veces a su lado, le recuerda como una persona bromista y a la vez seria, en su trabajo. Los chistes dentro del cementerio cuando emparejábamos allí trabajando, no faltaban nunca. Y eso que mas de alguna de aquellas historias lo único que conseguían dentro de mi las primeras veces, era acojonarme un poco mas de lo que yo, por aquellos años, un chaval, estaba dentro de aquel inhóspito lugar.

El barrio del Calvario uno le recuerda en Huertas por ser uno de los mas concurridos siempre, a cualquier hora del día y cualquier día de la semana. Nadie me podrá negar que dentro del mismo el buen humor nunca faltaba e incluso vecinos de barrios anexos al mismo, siempre acababan en el, puesto que era donde se "cocinaba" todo. Las mejores ranas siempre se han comido allí. De lagartos no hace falta que hablemos, las "criaillas", espárragos, cardillos y todo lo relacionado con el campo era allí donde nunca faltaban.

De pequeño cuando jugábamos por las calles de nuestro pueblo, pasar por el barrio del Calvario era una obligación, no se si era para chinchorrear lo que andaban haciendo o para ver si una de esas tardes-noches veraniegas, andaban fabricando algún pisto con los tomates frescos y cebollas de huertos cercanos, y teníamos la suerte de que "Popi" o algunos de sus hermanos, nos invitaran a probar dicho manjar. O con un poco de suerte, también podíamos probar alguno de aquellos chorizos picantes, hechos con carnes, que según los mentideros, no habían sido conseguidas en ningún matadero, pasando los pertinentes certificados que ahora, de forma abusiva, exigen a todos los carniceros.
Aquellas invitaciones tenían luego alguna que otra "consecuencia". Lo mas normal era que "Rubi" o "Lolete" te mandaran a comprar tabaco. Si, aunque hoy nos parezca mentira, no era necesario tener dieciocho años ni mucho menos. Valentin te vendía el tabaco aunque no llegaras al mostrador.

Si de tabaco andaban bien, a lo mejor tocaba ir con el casco de una botella de vino vacía, en busca de que te la llenara Galvez en el bar o si estaba abierta, lo hacia su mujer en la tienda. Si no llevabas el casco vacío, te cobraban veinte pesetas mas el litro de vino, por lo que uno iba con dicha botella entre las manos, con mas miedo que vergüenza, puesto que el dinero para el vino uno lo llevaba siempre justo. Y eso que los habitantes del Calvario eran de los pocos que nos "convidaban" cuando hacíamos los recados, que otros vecinos mas cercanos con darte las gracias (si acaso), iban despachados.

Sin duda que si ibas a buscar a alguien al Calvario y no estaba, podías ir de cabeza a buscarle al bar de Galvez, donde alguna que otra vez desde las escaleras, ya se oía cantar a alguno de los hermanos "colorados", acompañados a las palmas o con el vaso pegando en la mesa, de alguno de los habituales clientes de aquel famoso bar, del cual me gustaría escribir no tardando mucho.
La taberna de Bidón, al lado de la de Galvez también era frecuentada por muchos de los habitantes de este barrio y allí sin duda es donde yo de pequeño, emparejaba mas con ellos, puesto que mi padre era uno de los clientes habituales de dicho bar.

Gracias a la buena relación de mi padre con ellos, de pequeño puede ir mas de dos veces de caza a su lado, cuando abundaban por nuestros campos los conejos, liebres y perdices. Su manera de cazar era sin ningún arma de fuego y con buenos perros y algún que otro garrote, les bastaba para traer algo colgado del cinturón y ademas, ninguno de los acompañantes corríamos peligro.

Los veranos como casi en todo el pueblo, el barrio del Calvario se multiplicaba de gente. Muchos emigrantes volvían con sus hijos pequeños y estos alegraban mas aun dicho lugar. Ellos jugaban a sacar por "las pintas", a los padres de los niños que por allí corríamos jugando al escondite o a "rescate", demostrando a los venidos de la capital, que era imposible que corrieran mas que nosotros. Niños de pueblos acostumbrados a correr sin coches que interrumpieran nuestros juegos. Ellos sin embargo aleccionados en la capital, se frenaban en cualquier cruce de callejas, esperando por si algún vehículo por allí pasara.

Cuando los coches empezaron a ser habituales en el pueblo, los habitantes del Calvario cambiaron los días de campo en la dehesilla, por irse un poco mas lejos. Allí junto a la puerta de "Torregua", al lado del río Merlinejo, montábamos el campamento. Y digo montábamos porque mis padres también solían ir y a la vez nos llevaban con ellos a pasar los domingos al lado de todas estas buenas personas, que siempre presumieron de compartir lo poco o lo mucho que poseían, sin importarles quien estuviera comiendo del plato suyo. Entre trago y cucharada pasábamos los días festivos en aquel lugar. Los pequeños disfrutábamos del río y los mayores después de coger los primeros lagartos de la temporada, acababan contando chistes, hablando de sus largas peonadas de trabajo y como no, cantando. Al lado de la lumbre de encina aquellas peculiares voces que alguna vez todos los huerteños hemos intentado imitar, (alguno de ellos con bastante éxito), sonaban mejor y para que no salieran aquellos inoportunos "gallos", la bota de vino iba de mano en mano, sin que nadie se preocupara de guardias ni globo luego en la vuelta, cuando la noche se empezaba a comer el día.

Y así se fue pasando la vida y hoy muchos de aquellos hombres nos han abandonado, pero nos han dejado su esencia y sus recuerdos. Porque las personas buenas nunca mueren y siempre perviven en el recuerdo de los que se quedan. Por eso hoy, a pesar de que no oigo cantar en el Calvario, cada vez que pase por el, mi recuerdo será para todos ellos.

Y si sus progenitores quieren, dicho barrio perdurara en el tiempo siendo uno de los lugares mas famosos de Huertas, de donde estoy seguro que se podrían escribir miles de historias allí ocurridas o allí contadas, en aquellas noches calurosas de verano donde sentados al fresco, las mujeres esperaban a que acudieran sus maridos.

P.D: Fotos de la pagina oficial de Huertas de Animas.

















Capítulo 1036: Finde en Peniche y Las Islas Berlengas.

  A pesar de que el calendario marcara el mes de julio, saliéndonos de nuestros meses de viaje, nos animamos a ir a tierras portuguesas dond...