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lunes, 7 de febrero de 2022

Capítulo 994: A la sexta fue la vencida.

Día 1.
Uno que creía según iban pasando los meses y las olas, que era inmune al virus. Y no es que me cuidara más o menos que nadie, pero tenía la ventaja de trabajar solo y la verdad que cada vez me rozo menos con la gente, aunque alguna vez hayamos pasado de las medidas de seguridad sobre todo por no olvidarnos de lo que era vivir y vivir bien como lo hacíamos antes.

Casi dos años después de que saltará todo por los aires me uno al club de los positivos, a pesar de mi vacuna de autónomo que siempre creí que fuera infalible al dichoso virus.
Según íbamos sumando olas y perdiendo familiares y conocidos, uno dejó de tener miedo, aunque en el fondo siempre jugaba a imaginar cómo sería mi confinamiento y recuperación.

La sexta ola llamada omicron nos acechaba y cada día era más cercano el o la contagiada nueva que conocíamos y que nos hacía pensar si lo habríamos podido pillar nosotros. Solo me había hecho un test en toda la pandemia y no fue por tener síntomas ninguno, pero por culpa de otra dolencia empezaron por descartar otras dolencias.
Pero esta semana pasada a pesar de ser un portador de mocos todos los inviernos gracias a la oficina donde trabajo, me empezó a mosquear que eran cantidades más industriales de lo normal y las alarmas saltaron en mi cabeza a pesar que siempre soy de los que lucho contra la gente hipocondriaca que no son de mi agrado.
Son imaginaciones tuyas, me repito según lo pienso. Estoy bien y no me duele nada, mocos y alguna que otra tos mezclada con algún estornudo.
Dejo pasar algún día para ver cómo evoluciona la cosa pero cuando pierdo el gusto ya no hay duda y toca palo y blasfemia al mismo tiempo que el algodón atraviesa lugares prohibidos normalmente. Y el líquido mágico rápidamente nos confirma la sospecha. Positivo y encierro en una celda de castigo ( modo ironía). 
Lo demás ya lo sabéis los que lo habéis pasado. Confirmación de positivo, rastreadores, un poco de miedo por mis mayores que ojalá y no les haya pegado nada y conversaciones con amigos y compañeros que se preocupan por mi. De vez en cuando le das vueltas a la cabeza como si fueras a ser capaz de averiguar dónde cojones has pillado al sexto de la tarde, cuando supuestamente la corrida estaba a punto de terminar siempre y cuando no le devuelvan a los corrales y tengamos que torear también al sobrero, esperemos que no.
Cuidarse y cuidad a vuestros mayores.

domingo, 3 de octubre de 2021

Capitulo 990: Sí, pero no.



 Luchando contra el insomnio que desde hace un tiempo me acompaña como a tanta gente, me dispongo a expresar en voz alta mis sentimientos, que en mi cabeza incluso, son contradictorios.

Fuera se escuchan las ultimas voces de los mas rezagados que buscan los coches unos y otros, caminan tambaleantes hasta sus casas para intentar dormir la juerga de la noche anterior. No hace tanto tiempo que yo era uno de esos, de los que deseaba ver la hoja del mes de octubre en el calendario y olvidarme de todo para en esos diez días, reponer fuerzas, acaparar besos y abrazos de amigos y paisanos que solo por entonces podíamos darnos. Son tan necesarias en esta vida las relaciones humanas que ha tenido que venir una pandemia para que nos diéramos cuenta de la falta que nos hace para seguir viviendo.



La verdad que el mes de octubre en Huertas de Ánimas es el culmen a todo un año de preparos. Siempre se ha presumido en el pueblo de que las fiestas, para ser mas nuestras, debe de estar la mayoría de vecinos implicados en ellas. Unos colocando hierros, otros decorando escenarios, los que cobran los bonos mes a mes para saber del dinero que disponemos y un largo etcétera que no tendría papel para escribir. A la cabeza los cuatro o cinco cabezas visibles que sobre sus espaldas se cargan de una responsabilidad que si no has mamado en Huertas, no sabrás de lo que te hablo. 

Y el año pasado fue el primero que todo se fue al traste por el famoso virus que nos metió a todos en casa, como aquella madre que ante el peligro cogía a sus crías y las ponía a buen recaudo. Tiene que ser así pensaban todos los habitantes del pueblo y poníamos los ojos ante la imposibilidad de celebrarlo en el dos mil veinte, en el siguiente año donde hasta los mas negativos decían que ya todo habría pasado.

La gente intentaba quedarse con la parte positiva de no haber tenido fiestas, eso si, siempre con la boca chica. Podías escuchar a la gente decir que habíamos ahorrado dinero, que los cuerpos estaban bien descansados sin tener que haber soportado varios días de atracones de comida y bebida que hasta el mas cuidadoso alguno de los días descuidaba.

Para el huerteño trabajador sabe que como mínimo un fin de semana hay que guardar de vacaciones para visitar el pueblo en sus fiestas y a pesar de no haber fiestas, se pudo ver varios forasteros que habían guardado esos días por el pueblo deambular por sus calles como extraños que no conocían el pueblo sin sus fiestas.

Había cambiado tanto la película que incluso muchos autóctonos para el veintiuno dejaron de subrayar octubre en sus vacaciones y cambiaron esa semana por otra del verano, no se confiaba viendo los datos y el devenir de la pandemia, que se pudieran celebrar las fiestas y por lo menos en verano las playas estarían deseando de recibir a todos los huerteños que en época normal, sacrifican la arena de la playa, por la arena de la plaza, que por segundo año consecutivo, no cubre el suelo.



Pero este virus es tan hijo puta que cuando te crees que lo tienes controlado te vuelve a sacudir y a llevarse con el a personas conocidas, familiares y amigos que no pudieron defenderse de sus garras. Y eso ha puesto en alerta a mucha gente, a las cuales ha conseguido hacer desconfiadas, poco sociables e incluso solitarias, puesto que es la manera de intentar saber si lo has pillado tú o te lo han pegado, esa puta y asquerosa duda que nos acompaña este año y medio largo, eterno diría yo.


Y después de meses en los que unas veces te permiten hacer de todo y al siguiente te lo vuelven a prohibir, se levantan todas las restricciones y nos abren las puertas por donde todos deberíamos de haber salido tapándonos los ojos, como quien sale de una cueva después de haber estado año y pico metido en ella...

No, hay gente que ante el temor prefiere quedarse en la cueva porque ahí se ve protegida, porque fuera teme que cuando mejor esté y mas cerca vea lo que fue su anterior vida, vuelvan a venir los de siempre a empujarnos de nuevo hacia la cueva.

 Desde ella, se asoman para ver que tal les va a los de fuera, con el temor en sus rostros y con la angustia que está presente a diario y le oprime su pecho, ojala y no vuelvan a venir todos hacía nosotros piensan, mientras ni siquiera se han planteado ellos, el ir saliendo poco a poco de su escondite.


Se va a tardar en recuperar la normalidad, unas lo harán antes y otros les costará un mundo hacerlo. Debemos de ser pacientes con estos últimos e intentar ayudar yendo hasta cada una de esas cuevas y tender nuestras manos para que los mas desconfiados se agarren a ellas y vuelvan a caminar a nuestro lado, pero sin prisa, cada uno tomándose el tiempo que haga falta.





Por eso veo bien por un lado, que ante el levantamiento de restricciones la gente quiera volver a recuperar el tiempo perdido. Pero por otro lado, mis pies caminan derechos a la cueva desde donde estoy mucho mas cómodo a día de hoy. Quien sabe, quizás mañana sea el día en que me agarre a una mano amiga y decida salir de ella. Mientras tanto, vamos a respetarnos los de dentro y los de fuera, que esto sirva de aprendizaje y sin atreverme a poner fecha, podamos volver a disfrutar nuestras fiestas como eran siempre, sin experimentos ni prohibiciones, donde algunos cargábamos las pilas para todo el largo año que teníamos por delante.


Un saludo a todos y feliz vida, tanto dentro como fuera de las cuevas.



















jueves, 31 de diciembre de 2020

Capitulo 980: El año que dejamos atrás.

 



Puede que haya vivido el año mas largo de mi vida por culpa de lo que todo sabemos. Puede que haya sido el año que mas cosas me ha enseñado la vida o el año que mas interés he puesto en aprender. Ha sido un cambio tan brusco en nuestra forma de vivir que todavía uno mira hacia atrás para ver de donde venimos y me siguen dando escalofríos.

No dejo de acordarme de aquellos días duros de confinamiento donde en el pueblo las calles estaban vacías de personas, los que pudimos seguir trabajando nos era duro el concentrarnos en nuestra labor. El aparato de radio solo daba malas noticias y confieso que mas de dos veces no fui capaz de contener las lagrimas al pensar en la que teníamos encima. En lo profesional creo que ha sido el mejor año desde que soy empresa y aprovecho para dar las gracias a todos mis clientes y pido perdón a todos los que no he podido atender como merecen, el tiempo que no nos dejaron entrar en las casas a trabajar lo llevamos de rastra y los planes para que las obras salieran en tiempo y forma se fueron todos al garete haciendo esperar mas de lo deseado a todos los clientes.

Creo también que ha sido el año que mas días he trabajado puesto que al no haber nada que celebrar fui aprovechando días de puentes y fiestas para ir recortando trabajo y también porque para mi era un refugio para desconectar de la dichosa pandemia.

Fue duro el ir viendo como se iban suspendiendo las fiestas de cada pueblo, comuniones y todo tipo de celebración que cualquier otro año hubiéramos disfrutado todos. Sin duda que cuando se pueda nos hará darnos cuenta de lo importante que es divertirse en esta vida.


Pero una de las imágenes que jamás olvidaré mientras viva fue el primer día de apertura de colegios, esa avenida de Huertas llena de niños con sus mascarillas puestas y caminando mezclando en sus pasos la ilusión y el miedo. La ilusión de volver a las aulas y el miedo al encontrarse con un mundo nuevo. Sin duda han sido los mas fuertes y los que mas lecciones han dado ha todos, no quiero dejar pasar la oportunidad de felicitar a los profesores que han demostrado saber amoldarse a los nuevos tiempos, que gran labor.

Los trabajadores esenciales tendrán siempre mis respetos. Fue duro ir a comprar alguna que otra vez y ver sus ojos tristes y llenos de preocupación sin saber hasta cuando duraría esto.


Y por lo demás, viendo que en mi familia estamos todos bien, creo que es sin duda una victoria en la que mucha culpa tenemos nosotros por haber hecho las cosas bien, cosa bastante difícil el renunciar a los abrazos y besos habituales que de golpe y porrazo han desaparecido de nuestras vidas.

Nos quedan varios meses duros en los que no debemos bajar la guardia, cosa que ya hemos hecho en las fiestas navideñas, donde podemos ver como mucha gente ha antepuesto la diversión a la salud de sus propias familias. El anuncio de la esperada vacuna parece haber sido un misil en los contagios y en Extremadura hemos registrado la mayor cifra de toda la pandemia. Un día de descuido y ya la tenemos liada....

Espero que cada uno saque lo mejor del año vivido y sepamos acoplarnos a la nueva vida que nos espera de la mejor manera posible.

Quiero mandar mis condolencias a todos los que nos han abandonado por culpa de la maldita pandemia y mandar muchos ánimos a los familiares que han vivido en sus carnes, la peor manera de despedir a nuestros difuntos.

Feliz año nuevo y no bajéis la guardia por favor.








 

domingo, 26 de abril de 2020

Capitulo 965: Cuarenta y cuatro días después.


Cuarenta y cuatro días han tenido que pasar para que los peques hayan podido volver a salir a la calle. Y los que tenemos alguno a nuestro alrededor  ha sido una buena noticia para ellos y para sus familias.

Como si de la noche de reyes se tratara así se han levantado esta mañana. En sus rostros la ilusión y el nerviosismo convivían juntos; después de tanto tiempo sin tener prisas para hacer prácticamente nada, hoy si la había y el desayuno ha sido devorado en un tris, para seguidamente vestirse sin saber muy bien que ropa ponerse. Parece mentira que una vez que se rompe la rutina diaria, los cuerpos salen de su monotonía y olvidan pronto sus quehaceres.

La ruta elegida la tenía clara, subir a por el pan y pasar por las casas de sus abuelos. Es muy duro saber que los tienes prácticamente al lado tuya y no puedes abrazarlos. Esta pandemia es dura en todos los aspectos y no entiende ni de parentescos ni de cariños. A pesar de ello Daniel quería verlos fuera de las benditas tecnologías, que por lo menos, nos mantienen a todos en contacto.
No tiene nada que ver, me dice, ver a la gente cara a cara es mucho mejor que verlos por una pantalla.
Comprendo que no se pueda pero son cuarenta y cuatro días sin poder dar un beso y un abrazo a mis abuelos y abuelas, que por suerte puedo presumir de tener a mi lado y en mi pueblo, y eso duele mucho. Ya sabemos que hay niños mas cariñosos en su forma de ser que otros y este sin duda, siempre ha sido de los que le sobran besos y abrazos para dar a diario.

El aire apenas se mueve, con su mascarilla puesta y sus guantes pronto le nota en su rostro . Va caminando nervioso y pronto se da cuenta que por las calles apenas hay nadie. Ni un coche ha pasado, tenemos toda la calle para ir caminado tranquilamente y me dice en tono jocoso que no voy a tener que reñirle para que se arrime a la pared.

El color de su cara es pálido y con su mascarilla de color verde resalta mas sin duda. Con el primer paisano que nos cruzamos tiene palabras para él. !Que bien que os dejen salir ya!, le dice. Una sonrisa es la respuesta, aunque con la mascarilla, el paisano se queda sin verla.
Andamos ligero como si su tiempo tuviera fecha de caducidad en plena calle y suspira por llegar pronto a la puerta de sus primeros abuelos, los cuales ya están avisados de que su nieto les hará hoy una visita, corta, pero menos es nada.

No para de hablar, de preguntar y sigue flipando de la soledad que reina por todas las calles del pueblo. Llegamos y su abuelo le recibe tras el cristal, se le nota también nervioso y lucha contra sus ganas de salir y abrazarle hasta que este le diga que le está haciendo daño.

Su abuela le piropea y ambos coincide en que tiene un color de cara que parece mas de los Países Bajos que de Extremadura. Yo sigo todo los acontecimientos sin pestañear sin perder detalle de este emocionante encuentro. Cuando apenas llevamos cinco minutos de conversación es Él mismo el que dice que tenemos que irnos. Lleva en su cabeza el cronometro y sabe que quiere repartir su tiempo por partes iguales con sus abuelos.

Con sus otros abuelos la conversación es la misma, el color de cara, que le ven mas alto y que si se pudiera estos también se le comerían a besos y abrazos. Es emocionante pensar donde hemos llegado por culpa del bicho y lo bien que los mas pequeños saben como tratar. Sin duda que gracias a ellos saldremos antes de esto porque ponen mucho mas interés que los adultos a la hora de cumplir ordenes y recomendaciones.

Media hora mas tarde andábamos por el resbaladero, donde tenía puesta su hoja de ruta y era allí donde había que hacerse la primera foto. Si nos dejaran jugar, esto estaría lleno y sería peligroso para todos, me dice. Se que tardaremos muchos días en poder disfrutar de ello, pero ahora lo importante es que esto pase y que se cure toda la gente.

Al llegar a casa su cara era otra, tenía tantas ganas de contar a su madre todo lo acaecido, que los nervios apenas le dejaban hablar.

Cuarenta y cuatro días en casa, seguro que jamás olvidará el día de hoy.

Todos juntos saldremos de esto y un día lo recordaremos como una anécdota mas.

Respetad las leyes por favor, es la única manera de acabar con el bicho.


























Capítulo 1036: Finde en Peniche y Las Islas Berlengas.

  A pesar de que el calendario marcara el mes de julio, saliéndonos de nuestros meses de viaje, nos animamos a ir a tierras portuguesas dond...