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martes, 12 de septiembre de 2017

Capitulo 856: Entrenar en los recreos.




Cuando era pequeño nunca me importó que llegara el temido mes de septiembre, mes que volvíamos al colegio. Muchos decían que les gustaba volver porque se reencontraban con los compañeros después de casi tres mese sin verlos. Yo no era de esos, a mi me gustaba volver porque sabía que en dos semanas estábamos corriendo delante de los gigantes y cabezudos y luego, delante de las vaquillas de por la mañana, Cuando todo era normal y apenas había ningún percance. Hoy se han empeñado entre unos y otros en quitar esa ilusión a los chavales que entrenan estos quince días muy duro en sus recreos, saben que tienen que estar en forma para estas carreras a pesar de que a muchos de ellos no los dejarán ni asomarse a la plaza. Me da pena de ellos.

Las leyes están para cumplirlas, eso está claro, pero todas las leyes, porque llegado este mes el pueblo no huele a flores, huele a una planta que para unos debería ser legal y para otros muchos no. Como de momento es ilegal, los que deben de hacer cumplir la ley y el orden, deberían poner el mismo empeño o más en estas cosas, que no en bobadas y tonterías.

Me asusto de tener que volver a escribir de nuevo de este tema, pero lo de Huertas con el tema de drogas pasa ya de castaño oscuro y cuando uno está criando como se dice por aquí, su deber es preocuparse de la educación de sus hijos. Me importa tres cojones que los de siempre vuelvan a recriminarme mis escritos, no me pienso callar hasta que vea que mi pueblo es un lugar seguro para mis hijos. Y por desgracia hoy en día no lo es.

Uno piensa muchas veces que si los que trapichean con este tema son bien vistos por la fuerza del orden y les dejan hacer, porque mas claro no lo pueden tener.

Ya vale, hagan algo (su trabajo) de una puta vez y limpien este pueblo de camellos, dromedarios y animales que nos son autóctonos de aquí.

Mis hijos y sus amigos seguirán entrenando para correr delante de las vaquillas y mucho mas deprisa, delante de los gigantes y cabezudos, mientras corran delante de estas cosas sus padres estaremos contentos, pero viendo como está el pueblo no dudamos que algún día delante de quien corran puedan ser las fuerzas del orden y ese día por lo menos yo estaré tranquilo con mi conciencia, sabiendo que puse todo lo que estaba de mi parte por buscar y construir un pueblo mejor. Lo demás está en vuestras manos.






sábado, 15 de octubre de 2016

Capitulo 771: La tercera capea.


Probablemente muchos de los que no estáis en edad de estar criando, no sabéis que una vez se escucha el cohete que da por recogido el ganado toreado por la tarde, comienza en el ruedo de la plaza la tercera capea. Los peques que deben de esperar al ruido del cohete para bajarse (no todos lo hacen), llaman a los padres para que los bajen de la grada, esto el que no sabe, que muchos de ellos tienen una especial agilidad adquirida con el breve paso de los años y se deslizan por los barrotes como verdaderos profesionales.

Es en este momento donde se reparten los puestos que hay que ocupar. Unos son los que sueltan las vacas, otros hacen de recortadores y normalmente los peques que no son del pueblo, les toca hacer de vacas o de toros. Otros se dedican a jugar con la abundante arena de la plaza y el agua del pilar, estos suelen ser "los pequeños anti taurinos"...

Una de estas capeas, sentado en una de las farolas esperando a que mi peque se cansara de jugar, puede asistir a una conversación muy emocionante entre dos niños. Uno de ellos es del pueblo y el otro había venido a pasar el fin de semana y disfrutar de las fiestas junto a sus padres. El niño local le explicaba al de fuera que debía de ser vaca y meterse dentro de los "cuasiles", para que los del pueblo torearan. El niño de fuera se negaba a aceptar el puesto que le ofrecían dentro de dicha capea y a voces decía que el era recortador. El niño nativo de Huertas le explicaba de la mejor manera posible a su amigo que el puesto de recortador se iba ganando con la cantidad de veces que uno asistía a estas capeas y que si al día siguiente volvía, seria ya otro recortador mas en la plaza, pero ese día tenia que ser vaca.

A regañadientes el niño forastero se metió dentro de los chiqueros, no sin antes decir que mas que vaca, el sería uno de los toros que ese día habían subido a la plaza....
En eso quedaron justo antes de que el encargado de abrir la puerta, diera un par de golpes en la chapa para que los recortadores estuvieran al loro para cuando saliera el toro de los cuasiles.

Yo, encima de la farola asistía entretenido a esta capea y la verdad que el tiempo se me pasó volando cuando mi peque de forma voluntaria, vino a decirme que nos íbamos para la carpa.
Cuando me disponía a bajar de mi asiento para alcanzar el ruedo, los niños que anteriormente me habían entretenido con su conversación, habían vuelto a entablar otra. Yo frené en seco mi huida y volví a prestar atención a lo que estos hablaban de nuevo.

El niño local le estaba prometiendo al visitante que al día siguiente, este seria otro de los recortadores en el ruedo. Contento con la noticia nuestro pequeño amigo alzó la voz para preguntar al niño autóctono, que a cuantas capeas debía de asistir para ser uno de los que abrían las puertas de los cuasiles. Para eso debes de quedarte las fiestas enteras, le contestaba el niño local.
Buff, le diré a mis padres, que al año que viene quiero estar en las fiestas desde el primer día hasta el ultimo, para de esta manera ser un Huerteño más. No creo que me dejen, ni quieran, y eso que los he escuchado decir que quieren arreglar la casa de los abuelos, que está muy vieja y no podemos quedarnos en ella.
Les diré que cuando rompa mi hucha, el dinero no lo querré para ningún capricho y si para arreglar mi habitación y de esta manera, poder venir toda la semana.

Con un emotivo abrazo estos dos amigos se despedían hasta el día siguiente, donde el niño de fuera sería un poco mas huerteño que el día anterior, gracias a la experiencia del primer día.
Y yo, agarrando fuerte la mano de mi pequeño, me fui caminando despacio a la vez que me vinieron a la memoria recuerdos exquisitos de cuando el niño que toreaba, repartía los puestos o abría los cuasiles, era yo...

Pequeños detalles que a uno le emocionan el doble cuando los protagonistas, son los niños.


Fotografias: Miguel Villa.
Todas las fotos de las fiestas aqui.






lunes, 10 de octubre de 2016

Capitulo 767: Un japones en los encierros.


Una vez concluidas las fiestas y con los dedos de mis manos, mejor que mi garganta, quiero comentar algunas de las cosas en las que me he podido fijar estas fiestas y a las que he prestado mas atención que otros años.
Sabiendo como todos, que el buen tiempo nos ha acompañado todos los días, esto ha hecho sin duda que venga mas gente que otros años en los que la climatología, hace echarse para atrás a los visitantes. El ultimo fin de semana ha sido espectacular y cuentan los mas viejos del lugar, que nunca antes vieron la plaza tan llena como este año, y no me refiero solo a la parte de arriba, sino que abajo los allí habituales, nos vimos sorprendidos ante la magnitud del personal que poco a poco se fue acumulando.

La catedral de la capea como bien ha sido nombrada este año en su cartel anunciador de los eventos taurinos, recibió gente de todos los pueblos de alrededor. A los ya habituales amigos y algunos familiares de Almaraz y Miajadas, se han ido uniendo gente de Cañamero, Zorita, Herguijuela, Madroñera, Moraleja, Coria y a lo largo de las fiestas hemos tenido la suerte de acoger a visitantes internacionales, como ingleses, alemanes y ayer un Japones nos sorprendió a varios huerteños en la subida, con la suerte de poder hablar algunas palabras con él.

Fue por pura casualidad su presencia y no pudo evitar las ganas de correr el encierro para sentir, según palabras suyas, la sensación de estar delante de un animal bravo, aunque bien es cierto que corriendo a mi lado, poco cerca estuvo en todo el recorrido.
Nos preguntaba que si no teníamos nervios justo antes de escuchar el ultimo cohete que tiran, para anunciar la salida de los astados. Al contestarle que si, el Japones (tac) o algo así, se quedó mucho mas tranquilo. Sin perder su sonrisa en ningún momento, corrió todo lo deprisa que pudo e incluso antes de entrar en la plaza, dio las voces que todos damos fruto del miedo que llevamos, diciendo la típica frase de que ya están aquí, o corre y no mires atrás que nos pillan. Eso si, sus palabras no había dios que las entendiera y eso que hablaba el español de manera admirada por todos los que pudimos hablar con él, ese breve espacio de tiempo.

El encierro

Me hubiera gustado poder verle después de la subida, pero no lo conseguí. Me preguntó que si podía torear conmigo alguna de las vacas que subieron, aunque pronto me quité el marrón de encima al ver a mi amigo Gustavo, el cual se ofreció encantado en poder ayudarle a lograr algún pase.
Lastima que no pudiera cumplir su sueño....

Pues otra anécdota mas para contar a nuestros nietos.

sábado, 9 de julio de 2011

Capitulo 170 : De Huertas a Pamplona.





Siempre que llegan los San Fermines no puedo dejar de acordarme de las fiestas de mi Pueblo; si, está claro que hablo de esto salvando las distancias, como no, nunca se podrán comparar unas fiestas con otras, pero si te pones a analizar ambas, se pueden encontrar algunas coincidencias.

Me encantaría que en Huertas, instauráramos algún cante como hacen los mozos en Pamplona antes de cada encierro, podía ser a la altura de “borde” más o menos, una hornacina en la pared, la estampa o replica de la Virgen del Pueblo, o lo que decidiéramos entre todos y si el encierro es a las seis de la tarde, pues ya sabemos que tenemos que cantar tres veces antes de que tire “Miguel Curita” el chupinazo.

Tengo la sensación últimamente, que no sabemos vender fuera de aquí las fiestas que tenemos, quizás tampoco sea bueno un exceso de gente, puesto que sería casi imposible de controlar tal como hacemos ahora a todo el que nos visita, pero los encierros que tenemos, tal y como se está poniendo el tema de los festejos taurinos, donde cada día hay más gente enfrentada entre los que lo apoyan y los que quieren que desaparezcan, sería bueno intentar arreglar todos los papeles para poder declarar nuestras fiestas de interés turístico, además de ese primer paso, deberíamos entre todos de publicitar todo lo referente a ellas, sobre todo en lo que respecta a los encierros, somos de los pocos pueblos que cuentan con uno de estas características, por lo tanto hay que agarrarse a ellos para poder crecer más como Pueblo, para intentar que vengan más visitantes a nuestras fiestas, aunque solo sea para correr los encierros.

De la cordialidad del pueblo de Huertas nadie puede negarlo, el que mas y el que menos se ha traído a las fiestas a algún amigo de muy lejos. Cuando se hacia el servicio militar, era una cosa normal el ver como militares del Pueblo, se traían algún compañero de cuartel, yo por ejemplo me traje a dos, ambos de Madrid, nunca antes habían estado en nuestro Pueblo y la verdad que se fueron encantados de la acogida de la gente, del nivel de las fiestas a pesar de ser un “Arrabal “de Trujillo, ellos, me acuerdo que se creían que las fiestas las organizaban desde el ayuntamiento de Trujillo, según se iban enterando de cómo se recaudaba el dinero del presupuesto, se iban quedando mas fascinados.

A partir de aquel fin de semana, mi pueblo paso a llamarse “Pamplona la chica” en mi cuartel, aquellas dos voces que presenciaron las fiestas aquel fin de semana, fueron los pregoneros del cuartel. Los demás compañeros solo sabían hacer preguntas y más preguntas, como es esto, como es aquello, de verdad que corren los encierros como en Pamplona??, pues claro, no son solo toros, hay vacas que es mas difícil de aguantarlas y hay mucha gente luego toreando en la plaza, tienen mucha afición en Huertas a los festejos taurinos.

Muchos de aquellos compañeros, si aquellos días después, se hubiera organizado un viaje al Pueblo, se hubieran montado en aquel autobús, sin saber nada mas que había encierros y que se parecían a los San Fermines.

Por eso creo que es deber de todos, el publicitar nuestras fiestas por donde quiera que vayamos, estar orgullosos de seguir “vivos” a pesar de todos los impedimentos que nos van poniendo año tras año, para intentar que estos festejos desaparezcan, pero ante eso, tenemos y debemos de sacar pecho y dar un puñetazo en la mesa para que se nos escuche, que no todo el mundo está en contra de ello ni mucho menos.

Quiero mandar un saludo desde aquí, a todos los Huerteños desplazados a Pamplona, tened cuidado que en octubre hay que correr por las calles de “Pamplona la chica”.

Capítulo 1036: Finde en Peniche y Las Islas Berlengas.

  A pesar de que el calendario marcara el mes de julio, saliéndonos de nuestros meses de viaje, nos animamos a ir a tierras portuguesas dond...