VIERNES DE CHULETAS
Siempre se
dice que las fiestas de un pueblo para que merezcan la pena, tienen que ser
organizadas y vividas por la mayoría del pueblo y de esta manera, con todo el
mundo en la calle disfrutando y viviendo cada acto que se organice, las fiestas
siempre triunfaran sea el pueblo que sea.
Huertas de
Ánimas de eso sabe un montón quizás porque la mayoría o una buena parte de sus
habitantes, han pasado por las distintas comisiones que se han encargado de
programar dichas fiestas.
Pero este
año quiero mirar un poco más allá y ensalzar la labor que hacen muchos y muchas
huerteños y huerteñas celebrando ya sea con sus peñas, o con amigos diversos o
con compañeros de trabajo alguna reunión, cena o comida antes de comenzar las
fiestas, como por ejemplo la que quiero exponer a continuación que nació después
de una de las frases más famosas que se pueden decir para hacer cualquier cosa
que no es otra que la que dice; “A que no hay huevos”-
Veinticinco
años atrás una cuadrilla de albañiles nativos de Huertas comienzan el último
día de trabajo, antes de pillar la semana de vacaciones en la que transcurren
las fiestas. Viernes y en el cuerpo ese cosquilleo de saber que no queda nada y
que además de vacaciones, toca cobrar el mes y encima trabajando a destajo hay alguna”perrina”
más que otros meses.
Un poco de
limpieza en la obra, colocar unas herramientas, aparcar otras y a las diez y
media toca parar y comerse el bocadillo. Ese día sin duda que dicho momento
toca regarle con algo de vino y alguna que otra cerveza. Por aquellos años el
alcohol se llevaba mejor con los trabajadores que hoy en día, que está
prohibido hasta asomarse por las ventanas, no vaya a ser que venga un poco de
aire y te lleve.
El bocata es
de media hora escasa pero es viernes y vísperas de fiestas por lo que hay que
estirarle un poco más. Total el jefe sabe que ese día los de las Huertas van a
arriesgar poco trabajando, no vaya a ser que un puto dolor de lumbago estropee
las fiestas a alguno.
Hora de
comer y antes de volver una copichuela en alguno de los bares del pueblo que
huelen ya a fiestas, donde los forasteros que han cogido vacaciones se van
dejando ver.
Vámonos que
nos liamos y no aparecemos por la obra dice el oficial al mando, es verdad que
con la boca chica pues es el primero que está deseando de liarse ya de fiestas…
Esta noche podíamos
hacer algo, cuando dejemos de trabajar, una cena o algo. Unas chuletas o un
poco de carne para los tres.
Ahora mismo
la encargo y ni corto ni perezoso Manolo, encarga seis kilos de chuletas de
cordero porque con uno por barba a lo mejor se quedan con hambre los tres
compañeros.
Y allí se
presentan un rato después de trabajar y de visitar algún que otro bar de la
ciudad, esperando a que el jefe lleve la “morterá”. Había chuletas allí para medio
pueblo, unas asadas y otras rebozadas, mitad y mitad fue el encargo de Manolo y
así fue. Una vez sentados a la mesa y algo perjudicados por el exceso de líquido
peligroso los tres artistas se volvían cada vez que sonaba la puerta y entraba
alguien nuevo al bar, su interés porque alguien les echara una mano ante tal
fuente de chuletas fue tal que ya optaron por salir a la puerta del garito en
busca de algún conocido que anduviera cerca y sin cenar todavía y así fue como
veinticinco años después, aquel grupo de personas que ayudaron a los albañiles
a terminar con las chuletas, se siguen juntando cada viernes de la tuna para
empezar las fiestas del mismo modo.
Este año
faltará el oficial principal, el que soltó la famosa frase antes escrita y que
nos ha dejado después de luchar contra su enfermedad como un guerrero que nunca
tuvo miedo a nada ni a nadie. En tu honor el viernes de la tuna brindaremos y
seguiremos con esta joven tradición que cumple las bodas de plata como el que
no quiere la cosa.
Felices
fiestas.
FONTA
















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