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miércoles, 22 de septiembre de 2021

Capitulo 989: De Madroñera a Guadalupe.



 Y aunque siempre digo que no vuelvo, aquí estoy otra vez escribiendo de nuevo mi aventura que el domingo pasado nos llevó de nuevo a Guadalupe.

Si me permitís, diré que esta vez sin duda ha sido la mas especial de todas ellas, aunque las otras tres veces que fui, siempre hubo de todo. Sin duda muchos ratos buenos y otros de sufrimiento, como es esta aventura de ir andando hasta Guadalupe.

Después de no haber podido ir el año anterior por todo lo que sabemos, este año había puesto poco interés en ir, tanto es así que apenas había entrenado, pero lo que es peor, que psíquicamente ni me lo había planteado.



En el grupo que tenemos ya se puso fecha un mes antes, pasaban los días y no lo echaba en cuenta. En mi cabeza había solo preocupaciones de trabajo, de virus y de intentar hacer las cosas bien para no pillarlo. Lo último de lo que me acordaba era del viaje a Guadalupe.




Y llega la semana antes que es cuando se prepara todo en una cena bien organizada y allí me presento sin tener todavía claro, si voy o lo dejo. No sé que tendrá esta ruta, si es su dureza, su cantidad de horas alrededor de gente buena o que, pero al final la cabeza siempre me dice que tire hacia delante y lo vuelva a intentar.

El día antes es sin duda cuando mi cabeza se pone en modo preparativos y ya solo atiendo a la deseada (o no) ruta. Preparar mochila, comida, bebida, medicina, ropa y las ganas de andar que no aparecen por ningún lado. Sin duda alguna que si me animo a ir es porque de nuevo volvemos a tener coche de apoyo, en el que Marigel y Tito vuelven a hacer de ángeles de la guarda, para que nuestro peso sea menor y no nos falte un lugar donde quedarnos en caso de que las piernas no respondan.

Los que han realizado alguna vez esta ruta sabe de sobra lo verdaderamente importante que son los que nos acompañan con el coche, porque además ellos aunque no realicen la ruta, se pegan toda la noche sin dormir y eso también cansa tanto o mas que ir caminando.




Como novedad y ante la poca preparación de todo el grupo, decidimos salir de Madroñera, así, nos quitamos unos diez kilómetros de ruta y sobre todo una de las cuestas mas duras de todo el recorrido, donde años atrás ya se quedó mas de algún senderista medio grogui.

Este año vamos ocho valientes, con tan solo nuestra amiga Charo de mujer, que forma física la suya y que voluntad tiene siempre a la hora de apuntarse a estas rutas. La otra compañera habitual de todos los años,(Merche) no puede acompañarnos por culpa de una lesión producida en uno de los dedos del pie, que la hace comerse las uñas al no poder acompañarnos, seguro que la próxima no te quedas atrás.



Un acompañante nuevo se une este año, yo creo que es el mas preparado de todos los que vamos, se nota que la promesa que tiene hecha se la ha tomado en serio. Juan Domingo se le ve alegre en el caminar y sin duda cuando me queda flipado es al llegar la noche y ver como se orienta sin luz y sin apenas saber el camino.



Los demás somos los de siempre, Carlos "el serpa", que volvió a hacernos dudar en alguna parte del recorrido (jejeje). Andrés el que nunca está preparado según él y siempre llega sin apenas quejarse a Guadalupe. Antonio, el casi jubilado del grupo que probó las mieles de la ruta la vez anterior y ya no se apea del carro de ir todos los años. Tomás y Toño que este año les hicimos el honor de salir desde su pueblo, Madroñera. Charo y un servidor, que por cuarta vez se plantó en Guadalupe aunque todavía, tres días después, no se, ni como lo conseguí.



Y podía seguir escribiendo elogios hacia los compañeros, pero los lectores habituales ya saben de otros años como son. Imposible describir lo que se vive en las 15 horas que nos pegamos andando juntos, compartiendo nuestras inquietudes, contándonos nuestras penas y sobre todo ayudándonos a completar este reto que sin duda nos llena la moral para varios meses.



Este año no hubo casi problemas en ningún senderista para llegar, alguna boja que otra, que no tuvo suficientes agallas para atacar las ganas de llegar. Los demás dolores con el reflex y algún que otro analgésico se camuflan y cuando menos iras estás en Berzocana con los pies metidos en su fuente que como novedad, este año, o tenía su agua muy fría.

La noche había sido espectacular, un cielo raso, con la luna al 92% y la "berrea" en pleno apogeo. ¿Qué mas se puede pedir? Pues aunque parezca que todos los años es lo mismo, este año tumbados en el pasto al lado de un castaño milenario, pude contemplar el cielo mas hermoso que han visto mis ojos. El silencio solo interrumpido por los ciervos era espectacular y las estrellas parecían que iban a caer encima nuestra, a todo esto le añades que en las piernas llevas un porrón de kilómetros y si te digo la verdad, me hubiera quedado allí hasta que el alba me hubiera despertado de aquel magnifico sueño...


Y vuelves a ver Guadalupe y la sensación vuelve a ser indescriptible, con los pros que hemos vividos los últimos meses seguro que las lagrimas me vuelven a acompañar y ya es que ni me importa que aparezcan por mis ojos, cuando cruzo el arco que me deja delante de aquel majestuoso lugar. Este año llevo la agenda cargada de peticiones para la patrona de toda la familia y amigos y aunque como yo la digo a "la Morena", aquí te dejo todo esto de parte de toda esta buena gente, como yo no creo, solo quiero que me dejes volver al año siguiente para volver a traerte en la mochila, todas las plegarias de los que no puede venir, con eso me basta y me sobra...



Gracias de nuevo a mis compañeros de ruta, es un verdadero placer caminar con vosotros. A Tito y Marigel, daros las gracias al cuadrado porque sin vosotros esto no hubiera pasado y a todos los que andan año tras año pensando en venir y no se deciden, no os lo penséis mucho, la vida son cuatro días, dos han pasado, el tercero está lleno de virus y el cuarto es mañana. Si llego yo, llega cualquiera.

Nos vemos por las callejas.






martes, 17 de septiembre de 2019

Capitulo 954: Del Rosario a la Morena.



Por tercer año consecutivo y con una satisfacción que no me cabe dentro del pecho todavía en estos momentos intento describir una nueva aventura que he tenido la suerte de vivir con los mejores compañeros de ruta que uno puede tener en este fantástico mundo del senderismo, que a la vez de lograr que hagamos ejercicio, nos hace practicar y unificar un montón de valores más que sin duda nos hacen a todos mucho mejores personas.

Este año y como me prometieron mis compañeros el año anterior, la salida sería desde el atrio de la iglesia de Huertas De Ánimas para desde allí, lograr el objetivo de alcanzar la lejana villa de Guadalupe.
Sin duda lo mas gratificante de este año entre otras cosas, era saber que seríamos mas compañeros de aventura y eso te anima mucho más para hacer de veterano ante las numerosas preguntas que una vez un servidor, también realizó tres años atrás cuando decidí embarcarme en esta gran aventura.

Después de una semana de mirar todo tipo de paginas meteorológicas donde todas coincidían en que algo de agua nos esperaba durante el camino. Otra nueva experiencia que no había tenido la suerte de vivir en las anteriores veces que fui, donde sin duda el calor fue el verdadero protagonista, esto nos hacía cambiar totalmente de planes a la hora de preparar equipaje y ropas de viaje.

Sin duda la gran novedad de este año era que volvíamos a contar con coche de apoyo,una gran labor que este año ha corrido a cargo de nuestros ángeles de la guarda Tito y Ruben, los cuales han realizado una magnifica labor que solo pueden saber lo importante que es, quienes hemos participado en la ruta. La diferencia que existe entre tener coche de apoyo y no tenerlo es tal, que la ruta cambia totalmente a la hora de la tranquilidad que nos supone saber que tenemos alguien ahí durante toda la ruta, aunque es cierto que durante muchas horas no nos llegamos a ver, la alegría que nos iba suponiendo el ver de lejos el coche, hacía que nos cambiara la cara cada pocos kilómetros, además de ir con bastante menos peso encima

Con todo esto, nos dimos cita en el atrio a las cuatro y media de la tarde. Cuando llegué me di cuenta que este año la ruta estaría mucho mas animada viendo que había caras nuevas que junto a los mas veteranos, harían buenas migas para poder disfrutar todos de esta aventura.

Después de cargar los equipajes en el coche de apoyo y hacernos las fotografías para el recuerdo, nos pusimos a las ordenes de nuestro serpa, Carlos, el mejor guía que uno puede tener a cualquier hora y en cualquier lugar, es tal su nivel para orientarse que no deja de sorprendernos cada año. Los nueve valientes nos pusimos a caminar por las calles de Huertas buscando el cordel que nos pusiera dirección Madroñera. Con los ánimos de nuestras familias y amigos de fondo comenzamos a caminar.

Las nubes cada vez eran mas negras y nuestras sospechas de que nos caería lluvia encima pronto se cumplieron. Algunos se apañaron con paraguas y otros tuvimos que colocarnos los chubasqueros momentáneamente puesto que el agua no era muy fuerte y se podía soportar bien. Después de saltar varias paredes de piedra y alguna que otra alambrada nos pusimos en el cordel que justo un año antes íbamos recordando la calor que pasamos aquellos cinco "locos" que hicimos el camino.

Las conversaciones van y vienen unos con otros, son tantas horas juntos que nos da tiempo de arreglar el país, Europa y el mundo si fuera necesario. Las preguntas de los nuevos nos entretienen y nos hacen recordar el año nuestro de quintos, bromeamos echando algunas mentirijillas para mosquearles pero todo dentro del buen rollo que se respira dentro de este estupendo grupo que se formó muchos años atrás y que nunca ponen ningún impedimento a quienes se siguen uniendo.

El agua volvió a aparecer y esta vez la nube venía cabreada, llevábamos solo ocho kilómetros en las piernas y aquello parecía el diluvio universal. El agua nos venía de cara y nos hacía muy difícil el caminar. Fueron solo veinte minutos pero lo suficiente para quitarnos de un plumazo las ganas de hacer la ruta. Ese momento es duramente psicológico puesto que a estos fenómenos meteorológicos uno no se acostumbra y se te pasa de todo por la cabeza, no hablas con nadie y solo piensas y rezas para ver el momento que deje de llover....

Y dejó, todos íbamos como sopas y una sensación de frío en el cuerpo que nos espabiló a todos. Quitarnos los chubasqueros, sacudirlos y volver a suplicar que no tuviéramos que volver a sacarlos.
Era el momento de comer algo dulce y ahí hicieron su aparición los famosos higos del amigo Andres y unos riquísimos dátiles "subsaharianos" que llevó el amigo Antonio y que los tuvimos disponibles todo el viaje, vaya un envase grande y apretado que no fuimos capaces de terminar...

La primera cuesta seria estaba próxima y era el momento de aconsejar a los nuevos que no se la tomaran muy en serio y que la subieran a su ritmo, dado que algún que otro año esta cuesta le costó algún que otro susto a varios senderistas que hicieron esta ruta.

Una vez terminada la cuesta pronto nos tocaba el primer avituallamiento, había ganas de ver a nuestros ángeles y ver que todos habíamos preparado bien los equipajes. Aquel coche parecía una furgoneta que monta uno de los puestos en el "jueves".

Algunos le metemos mano al bocata de patatera que ya es un clásico en esta aventura y que tanto ayuda a seguir y pelear con los muchísimos kilómetros que todavía en ese punto nos quedan. Nuestros ángeles nos ponen la mesa y están pendientes de rellenar botellas vacías de agua y en todo momento nos dan ánimos para que sigamos con nuestra travesía. Algún familiar también se da cita en este punto para ver como vamos y animarnos para lo que nos queda.

La noche se nos echa encima y los nublados no nos dejan ver a la preciosa luna que nos acompaña. Seguimos maravillados con la temperatura que tenemos y suspiramos para que la lluvia nos respete.
Una alambrada demasiado tensada nos detiene un rato buscando por donde poder saltarla y lejos de preocuparnos decidimos tomárnoslo a cachondeo y vamos de allá para acá hasta que vemos el mejor sitio para cruzar. Unas veces es por encima y otras por debajo, la ruta esta tiene todo tipo de obstáculos.

Hay que sacar las linternas puesto que la luna no nos alumbra lo suficiente y pronto hay que poner la cabeza en modo noche para ir pendientes de mas cosas que cuando es de día. Yo estoy a punto de darme de frente con una vaca si no es por la amiga Marigel que me avisa justo antes de chocarme con ella, el susto es chico...
Es el momento de caminar por el atajo que nos enseñaron los amigos de Madroñera y que fuimos a conocer un mes antes, por esa zona se anda muy bien y solo hay que estar pendientes de no darte con alguna rama de encina en la cabeza.
En ese punto ya se han unido a nosotros Tomas y Toño, que también fueron compañeros de viaje el año antes aunque gran parte de la ruta no les vimos. Es bueno añadir caras nuevas para entablar nuevas conversaciones y nuestro miedo es que los relámpagos que vemos a lo lejos, no se crucen en nuestro camino.

Otra parada para volver a comer algo y por allí andan padre e hijo pendientes de todos, los botes de "reflex" corren por las manos de los senderistas como la espuma y paracetamoles mas ibuprofenos son repartidos para quienes empiezan a tener algún que otro dolor.

Llevamos mas o menos la mitad y a Juanito, uno de los nuevos, le parece que llevamos andado el doble. Los gemelos al parar le duelen y cuando volvemos a ponernos en marcha los primeros metros parece un desfile de cojos aquello, hasta que calentamos motores.

Los diecisiete kilómetros de carretera que nos quedan hasta llegar a Berzocana son de los mas psicológicos, tienes que estar preparado para caminar por asfalto todo ese rato después de llevar en las piernas tantos kilómetros y hay ratos que cada uno va a su bola. Yo aprovecho para ponerme algo de música y evadirme de todo y una bebida energética que me bebí un rato antes parece que me hace efecto. Me encuentro también que me da miedo, no puede ser que no me duela nada y como seguro que será un espejismo, pues no paro en ningún avituallamiento para quitarme del medio todos los kilómetros que pueda. A mi lado el bueno de Juanín que no quiere parar tampoco porque le cuesta un mundo el arrancar y los dos juntos vamos hablando de nuestras cosas y conociéndonos mejor, a la vez que acortamos los kilómetros que nos quedan hasta Berzocana.

El bueno de Jose que también es nuevo este año, viene un poco pegado y todos nos afanamos por darle ánimos y estar muy cerca de él para que no decaiga en su afán por terminar la ruta.
Marigel siempre a su lado, no se queja en ningún momento y su motivación es tal que sabemos que terminará la ruta si o si a pesar de los dolores que una vez llegamos a Berzocana, todos tenemos.

Llegar a este pueblo es ya un logro porque mas o menos tenemos en las piernas 50 kilómetros que rara vez a lo largo del año, ninguno de los que vamos andando solemos hacer. Pero es verdad que llegar hasta allí cuesta, los dos últimos kilómetros de la gran rampa que hay te ponen a tono y si a eso le unes el cansancio del asfalto deseamos de ver la plaza mayor y saber que allí la parada será un poco mas larga.
Este año se unen otros tres amigos a nosotros allí en Berzocana, pero lo primero que siempre hago al llegar al pueblo, es visitar su famosa fuente para descansar en su agua fresca los pies. Cuando llego ya está allí metido el guía que este año va el doble mejor que el año anterior, donde se tuvo que quedar y no terminar la ruta. Conmigo viene Antonio que me da la razón cuando le pregunto si nota el alivio en los pies. Da pena salirte de la fuente, pero tenemos que ir a la plaza y reunirnos con los demás que por allí andan cenando. Con la muda limpia uno está mejor y ya solo queda meterme entre pecho y espalda un buen boca de Mortadela regada con una litrona fresca que sin duda me tiene que dar ganas y fuerza de terminar los 20 kilómetros que nos quedan.

El personal va un poco tocado, la pellejada de agua de la tarde anterior ha hecho mella en todos los del grupo y el que mas y el que menos tiene algún dolor en el cuerpo.

Por eso lo mejor es ponernos de nuevo a caminar y quitarnos cuanto antes los cinco kilómetros que nos quedan de carretera hasta la rotonda que sin duda para mi los tres años que he ido, han sido los mas largos y aburridos de toda la aventura.

La noche se niega a abandonarnos y los primeros pasos por el camino difícil y sinuoso de Isabel La Católica nos hacen poner tiesas las orejas para no caer. Así y todo hay varias caídas y en una de ellas fallece un móvil...
Este tramo también merma la moral de los nuevos que no hacen nada mas que preguntar si queda mucho que andar por vereas de esa índole.

Ya nos queda poco y cada uno va caminando como puede, Juanín con su peculiar estilo, Jose aceptando todos los ánimos que podamos darle y Antonio no se queja y se limita a caminar al mismo ritmo de los lentos, entre los que me encuentro porque no soy capaz de andar mas deprisa. Lo importante es llegar tarde lo que tarde.

Los últimos tres kilómetros son eternos, desde que divisamos Guadalupe hasta que llegamos parece que andamos mas de diez. Antes de afrontar las ultimas cuestas nos esperamos todos y esa sensación de entrar por debajo del arco sigue siendo igual de emocionante que el primer año que lo hice. Allí hay que hacer foto obligatoria y la siguiente es ya en el atrio del monasterio el cual luce majestuoso como siempre.

Queda para los creyentes, dar las gracias y pedir salud a la Morena para el próximo año y después lo suyo es reponer líquidos y comprar el famoso numero de lotería que todos los años.
Después de saludar a mi amiga Rocio nos montamos en el coche para volver a casa. El camino de vuelta le pasamos entre cabezazos y bostezos y la sensación de haber de nuevo hecho historia.

No se si volveré o no, pero siempre podré decir cuando viva en el asilo, que fui tres años seguidos andando a Guadalupe con unas personas increíbles que merecen mucho la pena.
Ojala y el año que viene se apunte mas gente porque seguro que no se arrepentirán.

Fotografias: Ruben Mateos.






lunes, 24 de septiembre de 2018

Capítulo 924: De la Victoria, a la Morena.


Y un año después de mi primera aventura que finalizaba en Guadalupe tras salir desde Belén, y a pesar de no tener nada claro el querer repetir dicha ruta, me dispongo a contar esta aventura que sin duda es una de las mayores satisfacciones que me puedo llevar desde que hace años comencé a hacer senderismo.

Y como ya os dije la primera vez que realicé esta ruta, su organización comienza la semana antes, aunque la fecha de realizarla se pone bastante antes. El sábado anterior al día señalado los participantes nos damos cita en un precioso lugar donde nos hacen sentirnos como en casa. Allí degustamos lo que los propietarios han adquirido, para al finalizar el evento pagar entre todos los gastos. En dicha cena los nervios se van apoderando de los que tenemos pensado realizar la ruta completa y también supongo que los que se incorporaran por el camino también sentirán cosquilleos en las tripas. Este año nos informan a todos que no contaremos con coche de apoyo y esta noticia la verdad que me acojona un poco, puesto que los mejores recuerdos que tengo de la ruta del año pasado eran los encuentros con dicho coche con Manolo al volante. Es una pena que este año no haya podido acompañarnos y le hemos echado mucho de menos.


Así que sin el coche de apoyo, las mochilas iban a pesar bastante mas este año, a todo eso había que sumar que la temperatura iba a ser alta y por lo tanto el liquido elemento había que llevarle en abundancia. Menos mal que el bueno de Flores nos hizo un favor y nos iba a esperar después de los primeros dieciséis kilómetros para poder reponer las mochilas y beber y comer algo fresco en ese momento.

Pero antes de eso hay que decir que la novedad de este año era que en lugar de salir desde Belén, a nuestro guía se le ocurrió que la salida la podríamos hacer desde el castillo de Trujillo, allí nos dimos cita los cinco "zumbad@s que nos atrevimos a realizar la ruta completa. A las cuatro y media de la tarde con la fresca, decidimos ponernos en marcha aunque por culpa de las señales de trafico y sus cambios de fines de semana, la compañera Merche junto a su marido Julio, llegaron un poco mas tarde, por lo que la marcha comenzó a las cinco menos diez de la tarde. Daba igual, el calor era el mismo y daban ganas de quedarse de invitados en una boda que se celebraba en uno de los jardines contiguos al castillo.

Despidiéndonos de los familiares nos poníamos en marcha con el cosquilleo en el estomago propio de la aventura que teníamos por delante. Cruzamos la plaza mayor donde sin duda que fuimos observados por todos los que colmaban las terrazas refugiándose del sol, que a esa hora se dejaba caer con ganas.

Un rato por la carretera de Madroñera hasta llegar a la calleja que nos alejaba del asfalto, mucho mejor aunque dicha calleja no está muy limpia para andar que digamos. Hay que beber mas de lo habitual puesto que en esa hondonada no corre nada de aire y el calor es insoportable. Deseamos todos salir de dicho lugar lo antes posible y así los cinco aligeramos la marcha para llegar un poco mas alto donde el aire se mueva un poco. Y parece ser que si, que algo se mueve mientras vamos controlando los kilómetros que llevamos y los que nos quedan hasta nuestro encuentro con Flores y Dora, los cuales nos esperan en el kilómetro dieciséis. Antes de llegar a ellos nos espera una de las cuestas mas duras de todo el recorrido y que uno tiene en la mente desde el año pasado. Las orejas se ponen tiesas y cuando coronas el cerro no tienes ganas de hablar. Lo mejor es pensar que nos queda muy poco para el avituallamiento y la voz del compañero Carlos es correspondida al otro lado por nuestro salvador. Al verle me dan ganas de darle un abrazo sabiendo que en una nevera trae un melón y alguna cerveza fresca. Yo tengo hambre y me acuerdo del bocata de patatera que llevo en la mochila y que regado con un par de cervezas me sabe a gloria. Sin duda es el mejor momento de la ruta y así lo hago saber a mis compañeros de viaje los cuales se descojonan cuando al ponernos de nuevo en marcha lo vamos hablando. Reponemos el agua de nuestras mochilas y ya sabemos que desde ese momento y hasta que no lleguemos a Berzocana no volveremos a ver a nadie que nos sirva de "aguaor".

En un principio nos deberíamos de encontrar con dos compañeros que saldrían desde Madroñera, pero por lo visto prefieren en lugar de esperarnos, comenzar ellos la marcha. Los llevamos delante por lo menos una hora y en ningún momento nos llegamos a encontrar, por lo que Carlos, Merche, Andres, Charo y un servidor seguimos caminando y recortando kilómetros a la ruta. El calor desaparece un poco con el atardecer, pero sigue la temperatura alta para la época y la sensación de bochorno es inmensa. Algún que otro tropiezo y una caída son los síntomas de que la luna no es tan intensa como aquella ruta que realizamos por los llanos de Caceres de la cual mis pies todavía no estaban del todo recuperados.

Hay que tirar de luces y al llegar al cruce de la carretera de Garciaz, mis compañeros deciden parar para comerse su primer bocata el cual yo había dado cuenta suya bastante rato antes. Allí me como alguna barrita energética y decido cambiarme de calcetines y tirar de crema refrescante para los pies, este año uno va mas equipado para intentar que los pies no sufran tanto. Allí sentados se está en la gloria y da pereza seguir caminando aunque bien es cierto que debemos de seguir para no hacer esperar mucho rato a los que mas adelante se unirán a la marcha en Berzocana, pero para eso todavía nos queda un rato.

Sobre la una de la noche el cuenta kilómetros marca 35 y es el momento en que los ciervos del lugar comienzan con el espectáculo de la berrea, por lo que es mejor no hablar nada y dejarse llevar por los sonidos de este momento.
El año anterior mi peor recuerdo fue los kilómetros que había que realizar por carretera hasta llegar a Berzocana, por lo que este año iba preparado mentalmente para no agobiarme tanto como el año pasado y la verdad que los pies me responden muy bien, lo peor es que el agua que llevo está congelada y no logro beber mucha cantidad. Seguimos comisqueando algo entre frutas, dulzainas y barritas para seguir caminando. La media que llevamos es buena y vamos pensando sobre la hora en que llegaremos a Berzocana. Los compañeros que se unen llegaran al pueblo sobre las tres y media pasadas y nosotros lo haremos si todo va bien pocos minutos después. Pero antes de plantarnos en Berzocana nos queda otra gran cuesta que subir y las fuerzas van siendo escasas, mi compañero Andrés y yo bromeamos y a la vez nos animamos pensando en el bocata que nos espera regado de nuevo con cerveza fría y eso nos va dando los ánimos que nos son necesarios para coronar. El amigo Carlos nos dice que no va muy bien y que su estómago no responde. No tiene hambre y no quiere beber nada, al coronar la cuesta decide sentarse un rato pues tiene mareos y allí le esperamos Andres y yo, mientras las dos mujeres mas valientes que conozco, siguen hacia delante para no asustar a la comitiva que espera ya en el pueblo.
Un par de minutos de descanso y Carlos se levanta para seguir caminando, habla poco y de aspecto no anda fino, hay que esperar la evolución en el pueblo de Berzocana para ver si continua el camino o se queda allí.

En Berzocana llegamos a la misma hora que entra el otoño, a las tres y cincuenta y seis minutos en el reloj de la farmacia la cual marca veinticinco grados, bastante calor para estar en este pueblo. Los que esperan se ponen contentos de vernos pero no tanto como nos ponemos nosotros. Como el año anterior seguí el mismo ritual de ir hasta el pilón que hay cerca de la plaza y meterme dentro de el. Con el agua helada los pies y las piernas suelen en un principio, para luego después de cinco minutos allí dentro la sensación de alivio es enorme. Mi compañero Carlos sigue mis pasos pero no logra recuperarse con el agua, lejos de ello parece que el agua fría le sienta peor y el color de cara no es el mejor que ha tenido. Va pensando mientras volvemos con el grupo en abandonar y tal decisión me llena de pena puesto que recuerdo el año anterior como otros dos compañeros de ruta tuvieron que hacer lo mismo que él. Pero sin duda la decisión es la mejor que se puede tomar en ese momento, puesto que es ahí el ultimo lugar donde pueden ir a recogerte y como bien dijo el bueno de Carlos, lo mejor para no romper el grupo era quedarse allí. El bocata ya no es prioritario y a pesar de alegrarme por la cerveza fría que allí me espera, no dejo de acordarme de la decisión del compañero. Esta ruta es tan exigente que una vez que llevas cincuenta kilómetros y sabes que los que te quedan son veinte, uno prefiere dejarlo allí mismo, aunque duela la decisión.


Nos recuperamos del mazazo y una vez terminado el bocata seguimos caminando rumbo a la rotonda que hay cuatro kilómetros y medio mas arriba y donde nos esperan otros cuatro compañeros entre los que se encuentran los mas longevos del grupo, Andrés padre con sus 75 años y esas ganas de caminar, ¡que grande!. Con él recorro gran parte de los últimos kilómetros contándonos nuestras cosas y compartiendo inquietudes.

A pesar de que hay muchas bajadas pronunciadas mis pies prefieren las cuestas, eso de ir frenando a estas alturas las rodillas lo sienten demasiado y cuesta bastante completar los últimos kilómetros.


La alegría que uno siente al llegar a Guadalupe solo puede saberse si en tus pies llevas setenta kilómetros y un montón de horas caminando, por mucho que te lo expliquen es indescriptible lo que tu cuerpo y mente sienten.

La visita a la virgen completa el recorrido, aunque son difíciles de subir los últimos escalones puesto que las bojas asoman en las heridas mal curadas de la anterior ruta Cacereña.

Y para celebrarlo compartimos unas cervezas y buscamos a los conductores que nos regresaran a nuestras casas, no sin antes comprar el clásico numero de lotería de navidad que jugaremos los senderistas que nos hemos dado cita este año, bien sea desde el principio o bien uniéndose por el camino.

Orgullo es la palabra que describe mi sentimiento un año más. Gracias a mis compañeros de "locura" con los cuales uno iría caminando al fin del mundo, es un verdadero placer el ser aceptado entre ellos.

¿Volver? hoy seguro digo no, mañana será otro día.








lunes, 25 de septiembre de 2017

Capitulo 858: Ruta Belén- Guadalupe.


Mentiría si dijera que el día que me comunicaron la fecha de la ruta, una sensación de miedo y acojono se apoderó de mí. Si el año pasado dije que no me atrevía a realizarla por falta de entrenamiento, este año me empezaron a tentar los amigos de Belén mucho antes, para que no me valiera la misma excusa del año pasado. Así que cuando se organiza la cena para saber quienes vamos y quienes no, uno ya no se echa para atrás. La verdad que da gusto estar con este grupo de gente enamorada de grandes retos y por supuesto el senderismo.


Unos llevan un poco de esto, otros un poco de lo otro y ya está montada la cena. Allí a los nuevos no se si nos dan mas ánimos o si por el contrario nos quitan las ganas de hacerla, el caso es que te aconsejan que llevar, como hacerla y poco más, luego cada persona es un mundo y tiene que saber hasta el limite que puedes llevar a tu cuerpo.



Una semana de andar después de currar algo mas de la cuenta para preparar esta ruta y ya está. Sin miedo ninguno. Noches pensando en que debía de preparar y bromas por el grupo de wasap de la gente que íbamos a realizarla.
La noche antes duermo poco y el sábado por la mañana toca currar un rato, no mucho que a las cuatro de la tarde nos ponemos en marcha. Cuando te dicen que la distancia son unos 65 kilómetros mas o menos un escalofrío te recorre el cuerpo, pero a la vez me viene a la mente esa fuerza necesaria para saber que yo debo de poder con este reto sea como sea.


Una vez cargadas las neveras y mochilas de apoyo en el coche que será nuestro ángel de la guarda y que conducirá un tal Manolo (jejejeje), comenzamos a caminar justo desde el parque de Belén, donde nos ponemos en marcha 11 senderistas a los cuales se nos unirán 15 kilómetros después, otros tres compañeros más.
La verdad que hace un poco de calor para caminar, pero sabemos que esta temperatura no debe de durar mucho. Pronto nos vamos conociendo un poco mejor todos los caminantes que antes no habíamos salido juntos y vamos recortando distancia hasta la primera parada donde se unen los nuevos compañero@s.


Venimos ya con las orejas tiesas por culpa de una gran cuesta que nos ha tocado subir con bastante calor, por lo que nada mas ver el coche de apoyo, nos tiramos a el en busca de algo fresco. Unos agua, otros zumos y alguno una cerveza bien fría que nos alegra el cuerpo. La gente va comisqueando poco pero a menudo. Barritas energéticas, frutos secos, alguna fruta y chocolate. Aunque alguno mete mano ya a un primer bocata.


Un cuarto de hora después seguimos sumando kilómetros al contador y nos ponemos en marcha, vamos hablando y contando historias de aqui y de allá, con tantas horas por delante la verdad que da tiempo a tocar muchos temas de actualidad que a todos nos inquietan. Los nuevos vamos preguntando por la zona que vamos a recorrer y los veteranos bromean diciéndonos que eso no es nada para lo que nos queda, frase que el compañero Jorge y un servidor hacemos nuestra durante casi toda la ruta.


A buen ritmo seguimos caminando y de vez en cuando voy preguntando al compañero Cesar, nuevo en la ruta también, los kilómetros que va marcando su gps. No le quiero dar mucho la tabarra, pero es que uno se concentra mejor sabiendo lo que lleva andado o mejor dicho, sabiendo lo que nos queda por andar.

Un poco antes de venir la noche y con 22 kilómetros recorridos, volvemos a ver aparecer al coche de apoyo, donde ahora si metemos mano todos o casi todos a los bocatas, que regados con cerveza entran mejor.
La temperatura es espectacular para caminar y después de un trozo de caminar por el asfalto, nos volvemos a meter en caminos por donde un servidor por lo menos camina mejor.
Sobre las once de la noche llevamos unos 30 kilómetros y algunos tiran ya de manga larga ante la bajadas de temperatura. Yo estoy bien con la camiseta y prefiero seguir así.
Sobre la una de la noche fue uno de los peores ratos a la vez que divertidos, el Serpa se despistó ante la noche cerrada y por hacernos mejor la ruta donde no hubiera que saltar alambradas altas, se equivocó de zona y dimos un pequeño rodeo de unos tres kilómetros o así según los gps. Cristian, Jorge y yo, bromeábamos sobre el despiste y la verdad que lejos de agobiarnos fue un rato bueno de risas y chistes. Otros los hacía menos gracia y debatían por donde debíamos de tirar; Xandra y su padre discutían por el agua y al final todos acabamos riéndonos de la situación cuando el serpa se centró y nos volvió a llevar por el buen camino.


Para mi lo peor de la ruta son los dieciocho kilómetros que se hacen por asfalto hasta llegar a Berzocana. El cansancio va haciendo mella y si a ello se une el sueño el caminar se hace mas pesado. Siento las primeras bojas en la planta de los pies, lo cual no me asusta mucho puesto que las he tenido varias veces, lo que me acobarda es que me queda mucha carretera por andar.
El coche de apoyo aparece y uno no sabe que comer ni que beber, un plátano y una barrita que a mi no me solucionan el cansancio, pero como dicen los compañeros hay que meter algo en el cuerpo.


Sigo la estrategia del ciclista Alberto Contador para motivarme y pienso que si yo voy cansado, como irán los demás que llevo al lado.
Jorge da síntomas de no poder mas y Cristian siente dolor en los tobillos. Junto con Adora. la mas longeva del grupo (que valiente es), deciden subir los últimos kilómetros que nos quedan hasta Berzocana en el coche de apoyo. Es una buena decisión cuando vas en grupo no querer hacer mas de lo que tu cuerpo puede, puesto que pones en serios aprietos a los compañeros si algo te pasara.


Cuando llego a Berzocana llevamos cincuenta kilómetros andados y una sensación de cansancio que por momentos parece querer apoderarse de mi mente. Decido ir hasta la fuente del pueblo donde me quito las botas, calcetines y pantalones y me meto dentro del pilón, que tiene el agua entre fresca y fría. La sensación de alivio me viene pronto, pero me da pena al ver allí metidos también a mis compañeros de ruta Jorge y Cristian diciendo que no pueden seguir. Aunque parezca una tontería da mucha rabia e impotencia ver así a las personas y no poder hacer nada por ayudarles.
Un rato allí metidos los tres y Carlos " el de las Huertas", que no hay un tío mas duro que él en toda la comarca, y que si le dijesen que hay que volver andando de nuevo a Belén, estoy seguro que se apuntaba.

Fuera del pilón nos ponemos una muda limpia y caminamos hasta la plaza, donde nos esperan los demás con la mesa puesta de una terraza y la cena servida. Tengo la sensación que no voy a poder comer nada, tengo nauseas y muy poca hambre. Por momentos me viene a la cabeza la decisión de acompañar a mis compañeros y abandonar, pero recuerdo que tengo en la mochila una bebida energética, que junto a un analgésico, me tomo esperando a ver si aquello hace efecto.


Mientras, mis compañeros degustan la cena y Manolo abandona ya el coche de apoyo para comer también algo (lo que traga) y desde allí se une a la ruta. El coche le relevan los dos retirados y Adora decide continuar, a pesar de tener algún que otro dolor. Los mas jóvenes David y Sergio se los ve bien. Juan Andres tira de reflex para un gemelo acalambrado y su mujer Charo es igual de dura que Carlos Relámpago, no los duele nada. A nuestro Serpa Panchito tampoco y Merche con otro poco de reflex lo soluciona todo. Xandra y su padre siguen a vueltas con quien bebe mas agua que el otro...jejejeje

Según los veteranos vamos con una hora y pico de retraso y esa frase me cabrea un poco. Pienso que en los 20 kilómetros que quedan lo querrán recuperar y yo por entonces no estoy para andar muy deprisa.

La mezcla explosiva hace efecto y los gases retenidos salen del cuerpo y a pesar de no creer mucho en esas bebidas, es cierto que el sueño me abandona y el cansancio un poco. Pronto me pruebo un poco andando por allí para ver si puedo continuar y decido que sí. La decisión tiene que ser muy pensada puesto que es el ultimo punto donde un coche puede ir a por ti, bueno, cinco kilómetros mas arriba para ser exacto el coche desaparece. Por lo que desde allí, amaneciendo, cogemos lo necesario para terminar.

Me gusta que lo que queda sea por caminos de tierra aunque es cierto que nos quedan unas bajadas peligrosas y unas subidas un poco duras pero voy bien, mejor dicho, vamos todos bien. Sin prisas pero sin pausas apagamos linternas y recogemos todo los "achiperres" que nos han ayudado durante la noche.

Nos va quedando poco y eso se va notando en el carácter de cada uno. El final de la ruta le vamos viendo cerca y eso que paramos otro par de veces para reponer líquidos y alguna que otra dulzaina que madre e hija llevan en sus mochilas. La verdad que de hambre y sed no mueres en esta ruta con todos ellos.


Los compañeros no dejan de animarme al saber que soy el que peor rato había pasado y también porque no decirlo, al que mas kilos le sobran (cago en to). Si vuelvo lo haré mas delgado, fue la promesa que hice al grupo. Jejejeje

Cuando ves las primeras casas de Guadalupe al fondo, la sensación es indescriptible y ese momento  le guardo para mi. Quedan cuatro kilómetros para los setenta pero ya se que el final le toco con los dedos, aunque con los del pie va a ser difícil, puesto que las cuestas abajo me han producido mas bojas de las que tenía en sitios que jamas antes me habían salido.

Pero me da igual, al frente Guadalupe con su belleza de monasterio esconde todos los dolores que uno pueda llevar y al llegar a la plaza no se si tengo ganas de llorar o de reírme al abrazar a los compañeros de ruta y saber que la hemos completado.

Al ver a Jorge y Cristian me alegro y a su vez me da rabia de que no hayan podido terminarla conmigo, pero no por eso los voy a quitar ningún merito. Ya están hablando de ir a terminar el trozo que no hicieron y todo el grupo ha dicho que les quiere acompañar. A mi me da igual volver, con este grupo humano voy al fin del mundo.

Una experiencia única y muy recomendable para saber el limite que tiene tu cuerpo y como puede llegar a reaccionar ante el dolor.
Una visita a la "Morena" para que los creyentes pidan sus cosas y después alguna cerveza para refrescar y celebrar lo conseguido.

Gracias de nuevo a todos los que me habéis ayudado a superar este reto, sin duda que me ha hecho conocer mi cuerpo mejor.

Al grupo de senderismo la Trocha de Belén deciros que aquí tenéis un amigo para lo que os haga falta.












































Capítulo 1036: Finde en Peniche y Las Islas Berlengas.

  A pesar de que el calendario marcara el mes de julio, saliéndonos de nuestros meses de viaje, nos animamos a ir a tierras portuguesas dond...