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sábado, 19 de octubre de 2024

Capitulo 1020: Cuando damos la vuelta al jamón.

 


Y fue un catorce de marzo, miércoles, a las doce y poco del mediodía cuando vine al mundo, según informaciones maternales, porque los padres de esas cosas no memorizamos nada.

Nací en el seno de una familia obrera, mi padre fontanero después de haber probado sin éxito el paso por la policía municipal, donde a parte de poner pocas multas por aquellos años, había que consultar con los jefes mas altos si a fulanito se le podía denunciar o no y eso para los principios de mi padre fue suficiente para soltar el casco y la porra e irse a Madrid a buscarse el cuscurro que en el pueblo tan difícil era por aquellos años.

A la vuelta de los "madriles" y con un oficio aprendido, tocó currar con los del pueblo, que pronto se rindieron a las manos del "Brujo del Plomo".... A día de hoy todavía encuentro en alguna obra algún trabajo realizado por mi padre cincuenta años después.

Vivir en Huertas de Ánimas ha sido todo un lujo durante los años que llevo vividos. Sin tenerlo todo a nuestro alcance, nunca hemos echado de menos nada. Para mí eso lo es todo en la vida. Aunque es cierto que cada vez que algún amigo o conocido marchaban del pueblo, un dolor fino nos asaltaba el estómago y pronto dejábamos de echarlos de menos puesto que los autóctonos que nos quedábamos, debíamos de seguir viviendo. Cuando volvían por el pueblo, éramos los primeros en recibirlos y escuchar todas las aventuras que tenían preparadas en sus cabezas para contar a los del pueblo, para ver si enganchaban a alguien más y se los llevaban para Madrid.

No fue fácil pasar por alto varias oportunidades que se presentaron, pero el arraigo con el pueblo siempre fue mayor que cualquier cifra mareante que los amigos de fuera te contaban cuando venían. Nosotros nos aferrábamos a nuestros bares y discotecas además de rozar más todavía con la familia, que sin duda fue la parte más importante para todos los que nos quedamos en el pueblo por aquellos años.

Y la vida fue pasando, el paso por el servicio militar me hizo todavía ser más Huerteño, y si antes tenía claro que jamás me movería del pueblo sino era por causa mayor, cuando me licencié, juré que sería un "Huertovi" ( Huerteño de toda la Vida) todo los años que pudiera y estuviera en mi mano.



Los primeros amigos con novia se fueron casando y los primeros niños llegaron a la peña "el Charpazo". Hoy seguimos comprobando como hicimos bien el trabajo de padres y amigos para hacer que entre ellos siempre se lleven bien y se ayuden siempre que le haga falta ayuda a uno de ellos. Me encanta verles juntos y ver fotografías que mandan al grupo de la peña para mostrarnos que han estado junto en cualquier fiesta de los pueblos de alrededor. En eso salen la mayoría a los padres que siempre que podíamos y el bolsillo lo permitía, nos dejábamos ver por cualquier fiesta, eso si, sabiendo que el lunes tocaba volver a currar, porque la peña está llena de trabajadores prematuros y pocos estudiantes y no por eso hemos dejado de ser gente inteligente, a los escritos me remito.

Y vamos viendo crecer a todos a la vez que a nosotros nos crece la chepa, que se va llenando de problemas resueltos y alguno aun por resolver que hace que jamás podamos bajar la guardia.

Los nietos van llegando a la peña y ya toca quedarse con ellos para que los padres puedan disfrutar de ellas lo mismo que hicimos nosotros cuando se los dejábamos a los nuestros. La vida es un rio que lo mejor es que siga su curso sin salirse de el, aunque siempre se presentará algún problema extra que toca resolver.

Ahora, cuando das la vuelta al jamón, por el otro lado está mejor. Cada loncha hay que saborearla porque es el jamón que queda si miras el hueso que se ve por la parte de abajo. Minimizar problemas, pisar el freno y dejar el acelerador a un lado que no hay prisa por seguir viviendo y seguir rozando con la gente que te importa y te quiere y ayudar al prójimo cada vez que te lo pidan. El pueblo es nuestro y solo nosotros podemos conservarle, no debemos conformarnos con lo poco que nos ofrecen y hay que exigir lo que nos pertenece porque el gran enemigo de los pueblos es la despoblación que crece a pasos agigantados y solo nosotros podemos frenarla poniendo algo de nuestra parte mientras saboreamos las ultimas lonchas que nos quedan por partir.




sábado, 3 de marzo de 2018

Capitulo 896: Abuelo, ¿Tu tienes miedo?




No había hecho nada más que dar de comer a su mujer cuando sonó el timbre de la puerta. Era su nieto que como todas las tardes venía a su casa mientras su madre iba a limpiar una oficina cobrando una verdadera miseria y su padre andaba cogiendo fruta; eso ahora, que otras veces andaba a lo que caía y últimamente caían pocos trabajos. Demasiada gente parada para tan poco que hacer en un pueblo que envejecía a pasos agigantados.

El primer beso se lo da siempre a su abuela, aunque esta lleva bastantes meses que no devuelve beso ni caricia alguna, pero a su nieto le da igual. El siguiente beso acompañado de un abrazo va para su abuelo, sin duda que ante la falta de contacto con sus padres, su abuelo era su mayor ejemplo a seguir. Siempre le echaba un cable en las tareas aunque este buen hombre no pudo matricularse nada mas que en la universidad de matar el hambre, esa que tanto costó aprobar el máster.

Antes de hacer otra cosa el abuelo va a la cocina a preparar un buen bocadillo a su nieto. Le gusta verle comer con tanto apetito, todo lo contrario que su mujer, la cual se hace la remolona para masticar y cada vez es mas difícil hacerla comer algo. Esta maldita enfermedad va acabar con los dos por delante, susurra cada vez mas veces a lo largo del día.

Una vez que termina de comer, el niño saca sus deberes y sin que nadie le obligue, comienza a hacerlos. Sabe que su futuro pasa por los estudios y se lo han recordado tantas veces sus padres y abuelo, que tiene la lección bien aprendida. Ademas mientras los hace, enseña a su abuelo las cosas que este no sabe, además de preguntarle por si le puede ayudar en algo.

Abuelo, hoy nos han preguntado en clase que es el miedo y si le sufrimos. Yo he contestado que sí, sobre todo a la oscuridad, pero después de escuchar a todos mis compañeros, nos hemos dado cuenta que tenemos miedo a mas cosas. Unos a los perros, otros a los gatos. Algún amigo ha dicho que le daba miedo ir solo por la calle y otro que le daba miedo montar en bici. La profesora lo iba apuntando en la pizarra y sabes, casi la llenamos de cosas que nos dan miedo.

¿A ti que te da miedo abuelo?

_ ¿Miedo? Cuando era niño como tú me daba miedo que mi padre me mandara solo a la huerta a espantar pájaros, los cuales les gustaba comerse las sandías que mi padre tenía sembradas. Y no era de noche, pero como si lo fuera, porque allí no había nadie.
Me daba miedo llegar el ultimo a la mesa y quedarme sin comer. Tenía miedo a la zapatilla de mi madre cuando liaba alguna por el pueblo y llegaba a sus oídos.

Cuando fui creciendo me daba miedo no rendir en el trabajo que me buscó mi padre y que él se enterara. Me daba miedo que me pillaran fumando a escondidas y me sacudieran por ello. Me daba miedo llegar a casa un poco mareado por culpa de los tres vasos de vino que me había bebido con mis amigos y que se diera cuenta mi madre.

Al cumplir los dieciocho años, tuve pánico al entrar en quinta y que me tocara hacer el servicio militar en África, y como si estuviera escrito en algún lugar, allí acabé. Tuve miedo a no saber vivir lejos de mis padres casi dos años que fue lo que estuve en el ejercito. Me dio miedo el barco y las las que había. Me dio miedo el tren que se caía a pedazos que es el mismo que seguimos teniendo.

Tuve mucho miedo el día que declaré mi amor a tu abuela a que me mandara a freír espárragos y no quisiera ser mi novia. Me dio miedo el día que me presenté en aquella finca a pedir trabajo y que el señorito me dijera que no.
Una vez dentro de ella, comencé a tener miedo todos los fines de semana, justo cuando el dueño venía con sus amigos a cazar y a hacer todo lo que les venía en gana. Me daba miedo no saber aguantar las ganas de meterle un puñetazo a mas de uno de aquellos babosos que le acompañaban.
Me dio miedo no poder llegar a tiempo el día que nació tu padre, pero estábamos con la "pariera" en la finca y no pude ir.
El miedo mas grande por aquellos años era el no llegar a fin de mes, menos mal que tu abuela se licenció en economía y supo llevar las cuentas de la casa magistralmente. Tuve mucho miedo cuando tu tía vino al mundo anticipadamente y el médico nos dijo que poco podía hacer por ella. Pero tu abuela hizo la carrera de medicina en un curso acelerado y la sacó adelante.

Tuvimos miedo el día que el dueño de la finca murió y esta pasó a sus herederos. Cuando te creías que no se podía ser peor persona, te das cuenta de lo mucho que íbamos a echar de menos al viejo.
Tuve miedo de venir al pueblo y que no discutieras con alguien por culpa de los extremos en política.
Tuve miedo de que tu padre y tu tía no estudiaran una carrera y tuvieran un futuro mejor y distinto al mio. Tuvimos tu abuela y yo mucho miedo a no disponer de dinero para pagar dichas carreras, pero es que cobrábamos una miseria y tu padre se dio cuenta de que hacía falta echar una mano en la finca.

El miedo le fui perdiendo según fui cumpliendo años y fuisteis naciendo vosotros. Nos llevamos palos por exigir lo que nos pertenecía. Fuimos capaces de vivir un poco mejor y que se reconociera nuestros trabajo y los años que llevábamos en ellos. Fuimos capaces aunque sin alardes, de llegar a final de mes e incluso ahorrar algo para las bodas de nuestros hijos. Conseguimos que las jubilaciones no fueran una verdadera miseria aunque muchos no tuvieron esa suerte, todo esto a base de salir a las calles y unir nuestras manos, aunque también nos dieron los grises palos.

_ Abuelo, tu solo has llenado la pizarra con tus miedos. Creía que era yo solo el único que tenía.

_ Ahora me están volviendo aquellos miedos al ver la dejadez de la gente. Al ver que han vuelto los abusos de los que siempre estuvieron por encima de nosotros. Al ver que a tu abuela la tengo que cuidar yo por culpa de los recortes en sanidad, esto si que me da miedo.

_ ¿Y como se quita ese miedo abuelo?
_ Saliendo a las calles, exigiendo lo que es nuestro. Quitando privilegios a los que mas tienen y juntando nuestras manos.
_ Pero eso no es difícil de hacer abuelo, ¿por qué no se hace?

_ Porque la gente tiene MIEDO, demasiado miedo...











lunes, 26 de diciembre de 2016

Capitulo 794: La asignatura mas importante.



Y es que la vida va tan deprisa que casi no hay tiempo para estar a solas con tus hijos. Cara a cara con el aire calmado después de una buena helada que ayudará en la cura de la cecina. Escuchar sus preocupaciones y de vez en cuando soltar algún consejo que deberá seguir para ser una buena persona en la vida. Esa asignatura no se estudia ni tampoco se examina, no por ello dejando de ser sin duda, la asignatura mas difícil de todas.


Las demás pasan a un segundo plano, incluso los suspensos de estas otras duelen mucho menos. Si, me ha quedado alguna, pero mis padres me han dicho que he pasado con nota la asignatura de buena persona. Nosotros nos preocupamos demasiado por las notas, puede ser lógico o no, depende de lo que tengamos previsto para ellos. Luego la vida seguirá rotando y pondrá a tus hijos en algún lugar que seguramente no será el que teníamos todos previsto.


Por ello no dejaran de ser tus hijos, ni podrás decir a nadie que no estas orgullosos de ellos. Yo no lo estaré si suspenden la asignatura anteriormente mencionada y en la que nos estamos volcando tanto su madre como yo. También serán necesarios abuelos, tíos y primos en esta asignatura y entre todos seguro que logramos que la aprueben. Las demás las pasaran con mejor o peor notas. Ciencias o matemáticas, tecnología o dibujo. Quien sabe cual sera la que mas falta les hará para posicionarse en la vida tan exigente que les espera.


Sigo diciendo que si apruebas la asignatura de buena persona, las demás no sobran, pero no son tan importantes.
Así que en días de descanso y relax como el de hoy, nada mejor que hacer un repaso por lo que llevamos de curso, contestando sus preguntas y volviendo a explicar las veces que haga falta, las dudas que en esta vida les van surgiendo.


En este colegio no sobra nadie y mucho menos los padres y familiares. Junto a los profesores, entre todos, seremos capaces de poner a nuestros hijos en el lugar que merecen y que todos deseamos. No lo dejéis todo en manos de los maestros, nosotros también formamos parte de esta gran escuela.


viernes, 6 de septiembre de 2013

Capitulo 519: Ley de vida.




Noto oscuridad en mi habitación, además tengo un poco de frio. ¿Dolor?, que va, no siento dolor ninguno, más bien siento pena. Es verdad que sé que esto es el final, pero me da pena irme. Me da pena a la vez que alegría, poder ver y sentir a mis hijos, nietos y biznietos jugar en la calle. Pobre de ellos que no saben nada de muertes. Ojala y no lo sepan hasta que sean bastante mayores.

Se vuelve a nublar en la calle y el frio se apodera de mí. Intento agarrar las manos de mis hijos y les miro entre la oscuridad de la habitación. Que años aquellos, duros como nadie sabe, que trabajo nos costó sacarles adelante. Si no hubiera sido por mis vecinas, me hubiera sido imposible criarlos. Me voy sabiendo que les tengo a todos aquí. Eso para una madre, es lo más grande que le puede pasar.

Tengo ganas de reunirme con mi marido, hace tanto tiempo que no le veo, que le hecho mucho de menos. ¿Seguirá fumando? A lo mejor lo ha dejado, aunque me cuesta trabajo creerme eso. Ahora en cuanto llegue, buscare a mis vecinas y amigas y rezaré con ellas el rosario, cuanto las echo de menos también. Aunque si siguen estos nublados, a lo mejor lo que tendremos que hacer será rezar por las tormentas, como lo hacíamos aquellos años atrás en casa de alguna vecina, que era la excusa que buscábamos para no estar solas en mitad de una tormenta de aquellas.

El frio de momento se está convirtiendo en calor, pero un calor cómodo y soportable. Me siento bien, no me duele nada, soy feliz. En la calle suenan las campanas, seguro que por mi alma. Que alegría me dio ver a Don José en mi cabecera, que gran cura para un gran pueblo, espero que tarde mucho en reunirse con nosotros, hace mucha falta todavía en la tierra, más que nosotros.

Me tengo que ir, lloro y no es de dolor, me da pena quedaros atrás, pero es ley de vida mi marcha. A lo lejos veo a mi marido Agustín, allí esta con el cigarro en la boca, sabía yo que no lo dejaría.
Adiós hijos míos, rezar mucho por mí, yo desde donde vaya, también lo haré por vosotros. Gracias por estar todos aquí despidiéndome, ha sido muy bonito…

Hasta siempre abuela Magdalena, una gran mujer que sin duda deja huella en su familia y en el pueblo.

Descanse en paz

martes, 13 de agosto de 2013

Capitulo 511: Guarros sin patas.



El domingo pasado en una cena familiar, de las cuales nos dimos cuenta de que no solemos hacer muchas últimamente, salieron varias conversaciones que, por lo menos para mí, fueron bastante entretenidas y gratificantes.
Desde que suelo escribir, he cambiado un poco mi forma de ser, aunque ya antes era de los que dejaban hablar a mi oponente y me dedicaba a escuchar. Ahora eso lo hago cada vez más y luego de esas conversaciones, me suele venir la inspiración para rellenar hojas en blanco.

Bien, una de las conversaciones que salió tiene que ver con el título del artículo, que aunque parezca ofensivo, nada más lejos de la realidad. Y como aquí en Extremadura al cochino se le puede llamar de diferentes formas, prefiero llamarles como siempre escuché hacerlo a mis mayores, los guarros.
Según ellos, todos los años criaban varios y era a mi padre y a mis tíos, quien les tocaba sacarlos para que comieran en campo abierto. Era la comida que por aquellos años podían acarrear dichos animales para ser cebados, más aun, cuando en casa de sus dueños dicha comida escaseaba hasta para ellos, contra más para cebar guarros.

Después de estar más de diez meses con ellos por cordeles y callejas, intentando que se hicieran guarros de provecho y poder darse un festín después de sacrificarlos para consumo propio, decían en aquella conversación, que jamás vieron las paletas y jamones de dichos guarros. Daba igual si criabas dos o criabas cuatro, dichas extremidades, lo más exquisito por cierto del animal, en lugar de ir a parar a la mesa de mis abuelos, para que sus hijos en posteriores días vieran de cerca lo que era un jamón o una paletilla, estaban adjudicados a los dueños de tiendas y comercios, los cuales hicieron una labor importantísima en pueblos pequeños, para que sus habitantes no pasaran hambre. Que puede ser que más de uno abusara de aquellas condiciones, seguro que sí. Pero estoy seguro, además dicho por varios de aquellos dueños de tiendas y comercios, que mucha gente se fue de este mundo dejándoles a deber bastante dinero.

El caso de mis abuelos paternos no fue ese, puesto que el convenio que tenían, era ir apuntando a cuenta, hasta que los guarros fueran sacrificados. En ese momento, los jamones y paletillas pasaban a ser del comerciante y la cara de tontos que se les quedaba a mi padre y hermanos era digna de ver, según ellos, al saber que un año más, de aquellos guarros, solo podrían comerse las patateras y algún chorizo en época pastoril. Según mi padre en aquella conversación, los lomos también eran requisados por el dueño de aquella tienda donde ellos, mandados por sus padres, iban día si y día también en busca de lo poco que les hacía falta para ir sobre viviendo. Seguramente que ante tantas cosas apuntadas, las cuatro patas del guarro no eran suficientes para pagar dicha deuda contraída a lo largo del año y por eso los lomos de dichos animales, sumaban para paliar aquel débito.

Pues esta fue una de las conversaciones que mantuvimos en la última cena familiar, en la cual pude contemplar como los más pequeños, asistían igual que yo con la boca abierta a dichas conversaciones, que ellos seguramente, solo han visto en televisión y no piensan que jamás les pudiera pasar a sus abuelos.


Por eso hoy en día, aquellos niños porqueros, se merecen más que nadie un buen jamón, una buena paletilla y un señor lomo. Seguramente que aunque hayan partido a lo largo de sus vidas varios de ellos, no dejan de acordarse de aquellos guarros que ellos criaban a lo largo del año, los cuales perdían las cuatro patas, de la mesa a la artesa, como por arte de magia.

viernes, 21 de septiembre de 2012

Capitulo 360: Cuando escriba esa carta.






Parafraseando el titulo de ayer llega el articulo de hoy, encima es totalmente verídico con lo cual es mas fácil de escribir. No lo he leído en ningún libro, ni lo he visto en ninguna cadena de televisión. Por suerte lo tengo más cercano y como tal y orgulloso de él, le dedico este artículo que en realidad es suyo y nada más que suyo.

Llevaba varios días preguntando cuanto tiempo quedaba para que llegaran los reyes magos, se me hacia muy raro que solamente preguntara eso un día tras otro, hasta ahora no era un niño que se preocupara mucho por los juguetes ni nada por el estilo, él con cualquier cosa se conforma, eso si, como niño que es pues no hace ascos a nada.

Sin apenas prestarle atención quizás en parte por haber cosas mas importantes en la familia que digerir, él seguía a lo suyo. Preguntaba a las abuelas, preguntaba a los compañeros de clase, incluso a su maestra y todos le decían lo mismo, “queda mucho todavía”. A él le molestaban esas respuestas, lo único que no tenia era tiempo, todo esto se lo fabricaba el solo en su cerebro mientras la gente mayor le trataba tan solo como lo que en realidad es, un niño.

Un día le preguntó a su padre de nuevo cuanto quedaba para los reyes, su padre ese día más calmado le prestó más atención y le hizo contar entre los dos, los días exactos que faltaban para tal fecha. Después de acabar aquella eterna cuenta, al niño se le borró la sonrisa de la boca, esa cara que siempre disponía de una sonrisa pegada en ella en ese momento se diluyó. El padre como cosa natural se quedó un poco asustado con la reacción de aquel niño, no entendía las prisas que tenia este año porque llegaran los reyes magos y pensó que preguntándole tranquilamente el motivo, este se lo diría. Nada mas lejos de la realidad, aquel niño no soltó ni prenda por aquella boca, se limito a cruzar los brazos en claro signo de enfado con aquel calendario que contaba muy despacio los días.

En el colegio mientras sus amigos jugaban a los juegos tradicionales, el niño seguía pensando en los días que quedaban. Hacia tiempo que ya había aprendido a leer algo, quizás más de lo que le pertenece a sus años y eso le ayudaba a fijarse en más cosas que los demás niños. Un día descubrió un calendario encima de la mesa de su maestra, a partir de entonces empezó a descontar los días que quedaban hasta aquel día tan señalado por el. Nadie sabia nada, solo él era el único que todos los días al salir al recreo tachaba un día mas en aquel calendario, su cara era toda felicidad al hacerlo, pero aquella sonrisa desaparecía al contar todos los días que le quedaban todavía por tachar.

El otro día al ver venir a su abuelo del médico aquel niño se asustó, no le había visto nunca con ningún signo de estar hospitalizado, una simple venda en una mano le bastó para asustarse. No quería ni siquiera arrimarse a él, no quería verle con eso puesto. Su abuelo le llamaba encarecidamente para que su nieto se acercara, pero este no daba su brazo a torcer.

Al día siguiente acobardado por lo presenciado la tarde antes, se dispuso delante de aquel calendario a tachar todos los días que quedaban, él creía que haciendo eso acortaría el tiempo como el que recorta un papel, veía que el tiempo se le acababa y no se le ocurría nada mejor. Pero al llegar a casa volvió a preguntar los días que quedaban y para su desgracia todavía le dijeron que quedaban muchos días. Ya no aguantó mas las ganas de decirles a sus padres lo que le iba a pedir a los reyes este año, a lo mejor de esa manera, le adelantaban a el solo su regalo. Así que mientras comían todos en casa, aquel niño tomó la palabra y como si de una persona mayor se tratara dijo en voz alta a sus padres:
Papá, este año solo les voy a pedir a los reyes que se ponga bueno mi abuelo. Al acabar aquella frase y mientras sus padres se quedaban sin palabras, el continuó comiendo como si tal cosa.

domingo, 9 de septiembre de 2012

Capitulo 350: Día del abuelo y el nieto.




El sábado 8 de septiembre, haciéndolo coincidir con el día de Extremadura, se celebró un año más en el club del pensionista de Huertas de Animas el día del abuelo y el nieto. A pesar de parecer una fiesta como otra cualquiera, está claro que viendo las caras de los protagonistas esta fiesta tiene algo de especial.

La fiesta empezó temprano con los cabezudos que gentilmente cedieron la peña de los cabezudos de Huertas, a la vez que se repartieron caramelos donados por la empresa “Servisa”. En Huertas sacar los cabezudos a la calle es sinónimo de fiesta y los niños no faltaron a su cita, tanto los nietos de los socios, como otros niños que nada tenían que ver pero que quisieron acompañar a sus amigos.

Una vez recogidos los cabezudos y comidos un puñado de caramelos por parte de cada niño le toco el turno a Richard, de la asociación cultural de tiempo libre que bien se le podía apodar en plan cariñoso, “Richard, el amigo de los niños” puesto que es verle llegar con sus “achiperres” para hacer todo tipo de juego y cambiarles las caras a todos los pequeños, bueno a ellos y a sus abuelos que disfrutaron de lo lindo viendo lo bien que se lo estaban pasando los nietos haciendo todo tipo de juegos.

Todo ello se pudo celebrar en el gran patio que posee el centro y que es un magnifico lugar para celebrar este tipo de actos, a pesar de que por la mañana temprano llovió algo, el día se fue espabilando y el sol hizo su aparición dejándose notar a medida que iba avanzando el día.
La comida fue sin duda lo más entrañable de la fiesta, puesto que era muy emotivo ver sentados en mesas largas preparadas para la ocasión, a los abuelos y nietos todos juntos degustando una comida que según los asistentes estaba deliciosa, aunque bien es verdad que los nietos siempre dirán que las comidas de sus abuelas estarán mejor que las que preparan sus madres.

Ya por la tarde le tocó el turno a “Pepito y sus amiguitos”, las marionetas de nuestro buen amigo Jorge que todos los años deleita a los niños con sus aventuras. Ayer a parte de deleitar a los niños, hubo más de algún abuelo que volvió años atrás en el tiempo sentado junto a su nieto y seguramente que le vinieron a su memoria cuando eran sus hijos los que se sentaban en sus piernas para ver las marionetas, hoy años después son sus nietos los que ocupan esas piernas cansadas de tanto navegar en esta vida.


Durante la actuación de las marionetas, se repartieron a cada niño un cucurucho de chuches que tanto gustan a los niños y que les vino muy bien para aguantar la actuación sin moverse de su asiento.
Para finalizar la tarde y donado por el supermercado E.Lecrerc se repartieron unos cascos para escuchar música a cada nieto de los socios del centro, los cuales recogieron con sumo interés y deseando de llegar a sus casas para probarlos.

Desde aquí quiero agradecer a toda la directiva, la cual se por tenerlo bastante cercano, se han volcado en organizar dicha fiesta, en intentar sacar el más alto número de regalos para dar a sus nietos, que viendo como está la situación, es difícil que ninguna empresa te regale nada. Ellos lo han conseguido un año más, que sus nietos pasaran un gran día de fiesta junto a sus abuelos y que más de uno haya preguntado hoy al levantarse, si queda mucho para el año que viene.



Gracias.

Capítulo 1036: Finde en Peniche y Las Islas Berlengas.

  A pesar de que el calendario marcara el mes de julio, saliéndonos de nuestros meses de viaje, nos animamos a ir a tierras portuguesas dond...