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martes, 30 de julio de 2013

Capitulo 506: El hijo del alcalde.



Nació en una zona de la ciudad de lo más normal que pudiera existir. Por aquellos años su padre era un simple estudiante recién licenciado en electricidad, al cual le colocó en una empresa de la ciudad un buen amigo de su padre.

 A su padre, nunca antes se le había pasado por la cabeza la palabra política. Nada más que para insultar a los dirigentes y mandamases que por entonces gobernaban la ciudad, como a casi todos sus amigos. El día que le ofrecieron formar parte de una lista en unas elecciones se descojonó de risa. ¿Yo? ¿Concejal yo? ¡Vamos anda!

Con el paso de los días se lo fue pensando mejor y al final, y ante la insistencia de un buen amigo de estudios, optó por decir que sí.

 Mientras tanto, aquel niño en pocos años, tuvo que cambiar de amigos al cambiar de colegio. Pasó de uno público, a uno privado. Normal si su padre pertenecía al partido que defendía todo lo privado, no era ético tener al hijo en un colegio público. Además, con el paso de los años también cambiaron de casa y de barrio. La vida parecía que le iba bien, por lo menos al señor electricista, que de rebote, se vio puesto de alcalde. A su hijo por el contrario, no le sonreía la vida como a su padre. Echaba de menos a sus amigos de infancia y aunque de vez en cuando acudía a algún cumpleaños de uno de ellos, no le acogían como lo hacían por entonces.

Con sus nuevos amigos se aburría mucho. No les dejaban jugar al balón en ningún lugar de su nuevo barrio. Se tenía que poner el casco cada vez que montaba en bicicleta, así que pronto sus zonas de juegos se fueron recortando alrededor de su casa, hasta que acabó con una vida totalmente sedentaria. Era el campeón de los video-juegos y solamente abandonaba el hogar para acudir a las clases de música a las cuales le había apuntado su padre.

Cuando alguna que otra vez pasaba en el coche de su padre montado, por donde seguían viviendo sus amigos de infancia, sentía verdadera envidia de ellos. Estos jugaban al fútbol en mitad de una calle, otros montaban en bicicleta sin casco ni nada. Algunos otros disfrutaban del mono-patín sin las protecciones tediosas que le hacían ponerse a él y a sus nuevos amigos. Su padre siempre que pasaban por aquel lugar, se enfadaba al ver como aquellos niños se burlaban de sus normas impuestas, a las que ninguno hacia caso.
Con el paso del tiempo, aquel niño fue creciendo más a lo ancho que a lo alto y las enfermedades hicieron acto de presencia muy pronto. Su padre mientras tanto siguió a lo suyo, inventando normas absurdas que giraban alrededor de los más pequeños de la ciudad, hasta el punto que ningún chaval de la localidad podía ver con buenos ojos al señor alcalde y por consiguiente, tampoco a su vástago.

Aquel electricista se olvidó de que en la política se está solo de paso y una vez que le han destronado de su reino, se ha encontrado más solo que el numero uno. Por el contrario su hijo, ha recuperado la sonrisa y lo primero que ha hecho ha sido volver a su antiguo barrio, donde sus antiguos amigos le han dejado el puesto de portero, en un partido que estaban echando al futbol. Sus kilos de grasa no le permiten de momento ejercer de jugador de campo. A él no le preocupa, sabe que lo importante es integrarse de nuevo en su antigua pandilla, donde casi todos los días sus antiguos amigos, le ponen a prueba.

Hoy ha tocado una bombilla del foco que hay justo encima de su casa, el otro día le tocó dar una vuelta en bici sin casco, justo delante de la policía. Pero el hijo del ex alcalde lo agradece, ahora es más feliz que cuando su padre ejercía. Lo único que teme es que a su padre le vuelvan a engatusar con el tema de la política, aunque viendo en el estado tan demacrado en el que se encuentra su padre, desde que perdió las últimas elecciones, parece imposible que se vuelvan a acordar de él. Además, todo el mundo sabe que le utilizaron de conejillo de indias, para que asumiera la responsabilidad de aplicar leyes absurdas y contraproducentes, que solo sirvieron para echarse el pueblo encima. Una vez que tuvo a todo el mundo en contra, quien le puso en ese cargo, tuvo vía libre para hacer campaña a su favor y en contra de nuestro humilde electricista.

El cambio sin duda que no fue bueno para los dos. El perdió su sillón, pero a su vez recuperó la sonrisa de su hijo, la cual estaba escondida justo detrás de su cargo.


Mirad y observad a vuestros hijos y no antepongáis el trono ni la fama a su felicidad…

sábado, 10 de septiembre de 2011

Capitulo 213: El niño del tirachinas.

Le acababa de poner su padre las gomas nuevas, eran de suero, o así las llamaban y decían en la ciudad que duraban mucho más que las gomas que en el pueblo ponían ellos, que estaban sacadas de las cámaras viejas de las ruedas de las bicicletas, motos o incluso algún coche, la madera solía ser de encina y era fácil de conseguir, puesto que mucha gente por aquel entonces se dedicaba a la corta de leña y al picón y era tan fácil conseguir una buena “horca”, solo decírselo a cualquiera que se dedicara a ello y al día siguiente la tenias en casa.

El tirachinas en el pueblo se llamaba “tirantillo”, bueno a día de hoy algún que otro niño guiado por su padre, lo sigue llamando igual, tirachinas suena como demás de fino para vivir en un pueblo.
El tirantillo se usaba solamente para hacer alguna trastada, puesto que pocas veces habían llegado a “cazar” con él, era demasiado difícil darle a ningún pájaro y quizás el único que había caído en el punto de mira del tirantillo, había sido algún gato despistado.
La verdadera pasión de los niños con tirantillos eran las bombillas del alumbrado público, antes de poner los focos que hay hoy en día, las bombillas eran más difícil de romper, después, cuando las nuevas tecnologías entraron en el pueblo y comenzaron a verse los primero focos de alumbrado público, se empezaron a ver muchas más bombillas rotas, era mucho más fácil el romperlas, puesto que tenias un punto donde fijarte, apuntabas a la carcasa del foco y era muy difícil que no hicieras blanco, luego lo de siempre, salir corriendo antes de que los vecinos de la zona afectada te delataran ante los policías y entonces se te acababa el rollo de tener tirantillos.

Hoy ese niño se aburre con su tirachinas de antaño y ahora se divierte rompiendo espejos de los coches aparcados, pintando con los botes de espray en cualquier pared o monumento público, a sabiendas de que cuesta un ojo de la cara el quitarlo, le da igual, de vez en cuando atentan contra el mobiliario urbano también, por lo visto eso es lo que les divierte ahora; si los cogen los policías y se lo dicen a los padres, esos padres en vez de seguir el ejemplo que a ellos les inculcaron sus padres, del que rompe paga, un par de “ostias” bien dadas y un mes de castigo, solo saben decir a los policías, “¿está usted seguro que ha sido mi hijo?? Pues sí señor, segurísimo, le hemos grabado con las cámaras que hay en la vía pública…. Ni aun así, ese padre se da por vencido, esa grabación se ve fatal, no está claro que ese sea mi hijo, además, a esa hora ya estaba en casa!!!!

En vez de dar la cara y apechugar con los daños causados por su hijo, prefiere gastarse el doble de pasta, contratar un buen abogado y luchar por la falsa inocencia de su hijo, este último, al ver que su padre cree firmemente en él, el siguiente fin de semana en vez de romper tres espejos, coge una navaja y se dedica a rajar ruedas de todos los coches que encuentra en su camino hasta casa, lo vuelven a coger, pero esta vez ha sido el dueño de un coche que harto de tener que arreglar todos los fines de semana algún desperfecto en su coche, ha optado por dormir en el los sábados, así que cuando oye el reventón de la rueda sale del coche, coge al muchacho y lo reduce a ostias limpias, “Lo sabía que eras tú” y luego dice tu padre que te tienen enfilado todo el pueblo, que lo único que tienes es mala fama pero que tú no eres capaz de hacer estas cosas, vamos al cuartel ahora mismo.

Al cabo de un rato se presenta el padre del muchacho en el cuartel, lo primero que hace es poner una denuncia al dueño de la rueda rajada por su hijo, por ponerle la mano encima, lo siguiente que hace es llamar a su abogado que ante el delito tan leve que hay de por medio, saca al muchacho del cuartel en menos de 5 minutos. El dueño de la rueda en un juicio rápido le sale de sentencia que tiene que pagar 250 euros más las dos ruedas nuevas, solamente por hacer lo que en realidad se merecía ese muchacho, pero la justicia esta de esa manera, asi que según se acaba el juicio el padre de la criatura se va hacia el dueño del coche y le susurra al oído, la próxima vez que le pongas la mano encima iras a la cárcel…
Ese hombre no se puede reprimir y antes de que el padre perverso se aleje de su vista le dice, “La próxima vez yo iré a la cárcel, pero tú vas a ir a poner flores los sábados al cementerio”
El muchacho que presencia la escena cerca de su padre, le dedica una sonrisa al dueño del coche, como diciéndole, prepárate pronto que tendrás noticias mías nuevamente.

Por eso yo apuesto por que los chavales de hoy en día vuelvan a coger los tirantillos, rompan dos o tres bombillas, las que sean, las paguen sus padres , los den sus dos o tres ostias correspondientes y le impongan un mes de castigo, por que será más fácil eso que no el llegar a ser el padre de un chaval vandálico y con serios problemas de integración en esta sociedad, quizás por no darle aquellas dos ostias a tiempo, si, esas que ahora nos dicen desde todos los sitios que ni se nos ocurra dar a nuestros hijos, así nos va…..

Capítulo 1036: Finde en Peniche y Las Islas Berlengas.

  A pesar de que el calendario marcara el mes de julio, saliéndonos de nuestros meses de viaje, nos animamos a ir a tierras portuguesas dond...