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sábado, 6 de febrero de 2021

Capitulo 985: Vendrán tiempo mejores.



 Con el teléfono fijo en una mano y el móvil en la otra, no se da abastos a responder tanta llamada. ¿Quién será ahora? se pregunta cuando vuelven a sonar alguno de los dos. Que hubiera sido de ella en esta pandemia sin las redes sociales y las nuevas tecnologías que sus nietos la fueron enseñando poco a poco y día a día para que no se quedara atrás en esta vida. Ahora se alegra enormemente de saber manejar su tablet y poder hacer videollamadas que hace cuatro días solo lo conocía de verlo hacer a sus nietos.


Es un día duro para ella, su cumpleaños nunca fue tan triste como el que le ha tocado vivir este año. Otros años este día siempre fue acompañado de besos y abrazos por parte de toda su familia y en su casa se celebraba por todo lo alto, es más, fue el ultimo que se celebró el año pasado en la familia donde no faltó de nada.

Ahora el miedo se apodera de ella y hay momentos donde dice que la falta el aire para respirar. La televisión no deja de dar malas noticias y es imposible abstraerse de lo que pasa ahí fuera. Cuando lee en redes sociales los contagios de su pueblo el estomago la da un pequeño latigazo que se convierte en un fuerte dolor cuando le dan la noticia de algún nuevo fallecido. En ese momento no puede dejar de pensar en las familias de los que se van y el agobio comienza de nuevo. Cuando la mayoría nos hemos acostumbrado a escuchar cada día el tremendo numero de victimas, ella no consigue hacerse a la idea del drama que estamos viviendo.



Cuando llegan sus nietos a felicitarla echa mucho de menos no poder comérselos a besos y achucharlos con esos abrazos que solo ella sabe dar y que tanta faltan nos hacen a todos. Las mascarillas esconden las caras de felicidad y alegría de ellos y en ningún momento relajan las medidas de seguridad a pesar de estar en casa de sus abuelos.

Y el teléfono no para de sonar, sus sobrinas de Madrid, sus cuñadas, sus sobrinos andaluces y así va pasando el rato y su mente se distrae para no volver a pensar en lo mismo. El año que viene lo celebramos doble, la dicen sus nietos, pero ella va perdiendo la fe en que esto acabe algún día  y cada vez lo ve mas lejos.

Su hijo la recuerda que este año será el segundo cumpleaños que no pueda celebrar él, puesto que justo el día de su cumpleaños nos confinaron a todos. Sin duda que ese hecho no la relaja y no deja de pensar en su hija a la cual lleva mas de seis meses sin poder ver. Menos mal que tengo internet vuelve a pensar cuando en su tablet suena el tono de una nueva videollamada. Las hijas de su sobrino Roteño la alegran la tarde aunque por dentro desearía poder achucharlas hasta hacerlas de rabiar, se conforma con ver lo deprisa que crecen y lo cambiada que están. Y es que esta pandemia nos está haciendo perdernos muchas cosas que nunca antes dimos la importancia que tenían y que ahora añoramos y deseamos que todo vuelva a ser como antes aunque en fondo todos sabemos que eso no volverá a ocurrir.



Cuando la familia decide irse, ella lo primero que hace es ventilar el salón y la ventana se abre para recibir aire nuevo, mientras la despedida de este año cambia con respecto a la de años atrás, cuando simplemente se decía que Dios nos de salud para el año que viene. Hoy hay que añadir la coletilla de que esto termine pronto y al año que viene podamos estar todos juntos y besarnos y abrazarnos como si no hubiera un mañana.

Al cerrarse la puerta un vacío queda en su interior y las ganas de volver a llorar llegan de nuevo, no pasa nada, si el cuerpo pide llorar se llora, que cuando nos pida alegrías debemos de dárselas ...

Cuando en la televisión vuelven a hablar del mismo tema decide apagarla y dar las gracias uno por uno a los amigos de las redes, eso por lo menos la entretiene y distrae mientras Antonio, su marido, termina de quitar la mesa.

Ojala al año que viene estemos todos y podamos recordar lo que nos quitó esta puta pandemia.

Orgulloso de tener la familia que me ha tocado. Un beso para todos.





sábado, 4 de marzo de 2017

Capitulo 814: Cuando salimos de la caverna.



Por hacer un favor, simplemente eso, esta mañana dejé de ejercer mi profesión antes de lo que tenía pensado. Corriendo tuve que realizar alguna de las tareas previstas y a las once y media estaba en la puerta del pabellón polideportivo de Huertas de Ánimas. El cual necesita una reforma urgente, pero eso da para otro capitulo.
Se median el equipo local, Atlético San José, contra el Zurbaran. En el partido de la primera vuelta me comenta mi hijo, que juega en el San José, el resultado fue de 3-3, me cuenta emocionado que empataron en el ultimo segundo.

Por lo visto no había arbitro y el partido estaba condenado a suspenderse. Me fastidia mucho que la gente se desplace tan lejos de sus pueblos para tener que regresar sin jugar. Solo por eso me ofrecí rápidamente para arbitrar el encuentro. La federación por lo visto no podía mandar a ningún arbitro que ejerciera su oficio.

Los niños que se enfrentaban tienen entre nueve y diez años y no es difícil arbitrarles, siempre y cuando los familiares no estén muy cerca de ellos.
Hoy no fue el caso y desde el pueblo de Zurbarán, vinieron con los chavales un buen numero de padres, madres y abuelos.
Después de conversar amigablemente con el entrenador visitante y comentarle que yo no era arbitro profesional, me comentó que mejor jugar con un arbitro voluntario que viajar para no jugar.
Es cierto que ya me ha tocado arbitrar alguna que otra vez mas y que no me disgusta hacerlo, soy un amante del deporte y sobre todo del fútbol sala el cual he practicado muchísimos años, jugando sobre todo de portero.

El partido comenzó muy bonito, de poder a poder y demostrando los dos equipos que saben jugar a este deporte. Pronto me di cuenta que el entrenador visitante era de los típicos entrenadores que últimamente me encuentro en varios pueblos que voy a ver a mi pequeño (pocas veces voy), que vive el fútbol demasiado apasionado, para mi gusto dando demasiadas voces a los niños y no acatando las decisiones arbitrales, cosa que parece ser normal dentro de cualquier deporte. Yo soy el primero que mas de una vez no estoy de acuerdo en algún partido con las decisiones arbitrales e insulto alegremente al colegiado. Intento hacerlo cada vez menos, eso si.
 Después de reprocharme alguna decisión en algún que otro saque de banda, he tenido un roce con él en una decisión de un mal saque de portero de puerta, al hacerlo con el pie sin poder ser así. Me ha dicho que no tenia ni idea del reglamento y se ha quedado tan a gusto.

Al pitar el final del primer tiempo al cual se ha llegado con empate a cero en el marcador, me he ido derecho hacia él para decirle que si seguía con esa aptitud, dejaría de arbitrar, que yo lo único que estaba haciendo era perder tiempo en mi trabajo. Desde la grada alguna madre y padre me han dedicado piropos mientras discutía con el entrenador rival, que seguía sin venirse a razones. De nuevo me reprochaba el saque de puerta y le he vuelto a decir que lo mirara esta semana en el reglamento.
Otros dos adultos acompañaban a este señor en el banquillo, cosa que no se puede hacer y que yo he pasado de reprocharles. Uno de estos dos me daba la razón al comentarle yo, que a los niños no se les podía enseñar estas cosas y que había que animarles a divertirse y punto. Ninguno de ellos sacaran de pobres a sus acalorados padres, ni mucho menos a sus abuelos.

El segundo tiempo ha estado mas fácil de arbitrar, el entrenador no ha vuelto a decirme nada y solo un par de faltas pitadas en contra del equipo visitante, han desatado de nuevo la furia del respetable...Respetable???? juassss, me descojono de la palabra.

Un par de abuelos se han encarado conmigo pidiéndome que pitara el final, cuando todavía quedaban tres minutos, al haber estado detenido el tiempo para atender al portero visitante (porterazo) que se había hecho daño en una magnifica intervención.
No he podido callarme y les he plantado cara, seguro que mal hecho por mi parte, pero es que no es justo que por hacer un favor a estas mismas personas, encima puedan venir a desahogarse y ponerte a caldo tan alegremente, como si uno se ganara la vida arbitrando.

Al pitar el final (1-1), el entrenador visitante me ha saludado y punto. Los abuelos, padres y madres aplauden a sus familiares y como si se hubieran quitado un peso de encima, vuelven caminando a sus coches para volver a su pueblo, con el deber cumplido de haber puesto a caldo al arbitro que en todo momento ha intentado hacer disfrutar a sus nietos e hijos, enseñándoles lo que se puede hacer y lo que no, dialogando siempre e intentando enseñar a disfrutar, que es de lo que se trata a los pequeños.

Ya en el coche mi pequeño me ha preguntado que me había pasado con el entrenador visitante, él sin duda que no ha disfrutado del partido escuchando como cualquier personaje puede poner a parir a su padre, sin conocerle de nada y sabiendo que yo lo único que estaba haciendo, era un favor.

Cuando estos partidos se celebren sin publico, luego, os acordaréis de cuando salíais de vuestras cuevas, a desahogaros de vuestras historias cotidianas....

Firmado: El arbitro de hoy, un orgulloso albañil que no cambia su profesión por esta, ni por todo el oro del mundo.

Fotografías: María Luisa Vega.







jueves, 20 de febrero de 2014

Capitulo 564: Mi madre, tu madre, la de todos.



Jugando al gato y al ratón con la artrosis que intenta invadir sus manos, se van pasando los días. Recién cumplidos los sesenta y cinco años, se ríe cuando la recordamos que ya tiene edad para jubilarse. Un ama de casa no se jubila nunca, esa es la respuesta que ella tiene siempre en su boca, y la verdad que no se equivoca.

Sesenta y cinco años al frente de una familia supone mucho desgaste y la da vértigo mirar hacia atrás para ver todo el camino andado. Mujer de autónomo durante muchos años, la supuso ser la numero uno en las matemáticas, a pesar de avergonzarse cuando la preguntaban mas de una vez, que estudios tenia. La vida no la dejó estar mas tiempo en la escuela, a pesar de ello el poco tiempo que estuvo lo aprovechó al máximo y lo que no la dio tiempo a aprender, fue la vida misma quien se lo fue enseñando poco a poco.

Semanas enteras sin apenas ingresos por parte de su marido no pudieron con ella. Sus increíbles manos decidieron que algo podían aportar a la economía del hogar. Así fue como entre vainicas y deshilados pudo ir sumando ingresos para poder sobre vivir. No es mucho, pero algo ayuda. Otra frase que tengo marcada en mi cabeza desde pequeño.

 Las visitas los jueves al convento en busca de mas costura, eran ya un ritual. Por eso en época vacacional, no nos perdíamos ningún jueves dichas visitas.El ruido de aquel torno girando era impresionante. Dentro del mismo la llave de la habitación donde una de las hermanas nos recibía. Que olores desprendía aquel convento de clausura ademas de las monjas que habitaban en el. Para mi olían de una forma que a día de hoy sigo sin poder describir, ni tampoco puedo olvidar.
 Recuerdo los besos que aquella monja nos daba a mi hermana y a mi. Eramos ya de la familia y la confianza en mi madre era total y absoluta. La entrega de la costura se hacia con total normalidad. Mi madre protestaba algunas veces cuando dicho trabajo era mas difícil de lo que habitualmente solía hacer. Pero la madre la convencía rápidamente. "Rosi, tu tienes buenas manos para hacer eso". Mi madre después de observar la muestra que la daban, ponía en funcionamiento su calculadora mental y regateando con la monja el precio, siempre llegaban a un acuerdo.

No estaba bien pagado aquel trabajo, ni ese ni casi ninguno de los trabajos que cualquier ama de casa, solía hacer fuera de su hogar. Pero era lo que había y si querías generar algún tipo de ingresos extras, tenia que ser de esa manera.
Hoy entras en su casa y desde la puerta, puedes oír el soniquete de los palillos que usa para hacer bolillos. Se le da de miedo cualquier tipo de costura que se la meta entre ceja y ceja. Maestra de un buen numero de alumnas, se empeña en que las mujeres del pueblo no caigan en la dejadez de estar sentadas todas las tardes delante del televisor. Y aunque hay tardes que la da pereza ir, no falta nunca a su compromiso.
Ahora es experta en dar ánimos y consejos, nosotros que solemos ahogarnos en cualquier charco por pequeño que sea, somos correspondidos  siempre con su frase favorita: "de todo se sale". Y parece que no, pero al escuchar dicha frase uno se va mas tranquilo a su casa.

Todavía recuerdo aquel niño que a diferencia de sus compañeros de clase al ser preguntados por el maestro sobre lo que querían ser de mayores, respondió que quería ser como su madre. Sus amigos se reían al no escuchar repuestas como las suyas. Por ejemplo unos querían ser bomberos, otros médicos, algunos otros maestros y este niño seguía empeñado en su respuesta. El maestro le preguntó que porque quería ser como su madre y este niño, muy seriamente contestó al maestro. Mi madre con su saliva lo cura todo y yo de mayor quiero hacer lo mismo.


Hoy en día lucha junto a su marido contra la cruel enfermedad que a él le ha visitado de forma inesperada. Que decir de las parejas que soportan a estos enfermos. Hasta que no te toca no sabes lo que es eso.
 Si, es cierto que la maldita enfermedad la sufren ellos, pero los que están al lado sufren de igual manera y los toca apencar con los cambios de humor, con los dolores ajenos, que sin duda duelen mas que los suyos propios. Ahora que tocaba disfrutar y tenían todo el tiempo del mundo para ellos viene esto. No importa, este contratiempo no podrá con ella. Es demasiado fuerte para decaer. Es la portavoz del enfermo, la que le recuerda la hora de las pastillas, la que sabe el día que hay que volver a visitar al médico, la que cocina, barre y friega ademas de todo eso. Casas antiguas que requieren mas trabajo. Lanchas de cantería que son fregadas a mano como si el tiempo no hubiera pasado por ellas. Paredes "faldegadas" todos los años por culpa de las malditas humedades, que se meten en los huesos poco a poco y van destruyendo los cuerpos.

Estar al frente de una familia no es fácil y ellas son verdaderas profesionales en este asunto, mi madre, tu madre, cualquier madre. Espejos donde poder mirarnos y sentirnos bien.


Te quiero mama aunque sea tan ceporro que casi nunca te lo digo.

Capítulo 1036: Finde en Peniche y Las Islas Berlengas.

  A pesar de que el calendario marcara el mes de julio, saliéndonos de nuestros meses de viaje, nos animamos a ir a tierras portuguesas dond...