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lunes, 20 de mayo de 2013

Capitulo 485: Soledad, mala compañera.




Un día mas se levantó con la pretensión de hacer lo mismo que el día antes, es decir, prácticamente nada. Desde que había perdido casi toda la facultad de ver, su vida era un calvario. Muchas personas le habían aconsejado el irse a una residencia, donde sin duda alguna, estaría mucho mejor que en su casa, donde cada día le era más difícil el sobre vivir.

Hoy ha sido el último día que se ha vuelto a caer. Sus rodillas no están ya para más caídas y la de hoy, le ha dejado marcado para algún tiempo. Además de perder la visión, ha perdido el sentido de la culpabilidad y cada vez que se cae, nunca es culpa suya según él. Siempre achaca sus caídas al primero que acude en su ayuda, aunque dicha persona tan solo pasara por allí por un casual. Muchos que ya le conocen, ante la más que posible bronca al ir en su ayuda, prefieren dejarle en el suelo y esperar a que se levante el solo. Sin duda es la mejor decisión si no quieres llevarte un buen rapa polvo.

Cuando le he visto de rodillas me he acercado a él, a sabiendas de lo que me podía ocurrir. Al escucharme llegar, se ha asustado, no me esperaba. Le he cogido por debajo de los brazos y le he levantado. Sus rodillas no aguantaban su peso y ha estado a punto de volver a caer. Aguantando su peso, le he ayudado a incorporarse muy despacio. Hoy en lugar de la bronca de siempre, no ha dicho nada. Se ha limitado a preguntar por el que había cortado la calle. La calle no está cortada, le he contestado. Se ha metido usted en una huerta, que tenia la puerta abierta. La calle está libre de obstáculos. Le he tendido la mano a la vez que le ordenaba que me agarrara de la misma. Titubeando me ha hecho caso y he logrado sacarle de donde él solo se había metido.

 He sentido lastima por él, pero haciendo de tripas corazón, me he atrevido a reñirle, no es normal que todos los días tenga que pasar por lo mismo. Yo no soy quién para decirle esto, pero, ¿no cree que ya está bien de hacerse la víctima y de no dejarse ayudar nunca?

Esperándome una respuesta con algún insulto, le he soltado el brazo por donde aun le tenía agarrado. En lugar de contestarme, se ha limitado a seguir su camino, que una vez más, no era el que debía de seguir.
Creo que por ahí no es, pero haga usted lo que quiera, al fin y al cabo es lo que hace siempre. Mañana se volverá a caer y alguien le levantará, como he hecho yo hoy, pero esto no son apaños. Piénselo bien y hágame caso, usted necesita ayuda, déjese ayudar y será más feliz.

Dándose la vuelta y andando en dirección a mí, he visto como sus ojos se humedecían. He sentido lástima de nuevo por él, y le he vuelto a susurrar: Déjeme ayudarle.
Apartándome con un brazo de su camino, tan solo ha logrado decirme: La soledad es mala compañera, déjame morir con ella.

Al doblar la esquina, un coche ha estado a punto de atropellarle. Sí, estoy convencido de que se irá a la tumba con su soledad y su mala uva, si es lo que él quiere, no podemos hacer nada mas, tan solo lamentarnos el día que eso ocurra y esperar, que no haga a nadie un desgraciado. 

martes, 14 de mayo de 2013

Capitulo 482: Ogros al volante.





Y una semana más, Trujillo vuelve a salir en prensa por hechos inauditos y que no caben en cabezas humanas. Cuando creíamos que lo habíamos escrito todo, unos jóvenes “valientes” vuelven a hacer que nos pongamos todos, las manos en la cabeza y nos restreguemos los ojos, para creer lo que nos han contado los propios involucrados en la historia.

Ellos, el matrimonio, todavía cinco días después, se siguen preguntando el porqué de esa acción hacia sus personas y piensan que están vivos de puro milagro, gracias sin duda a la actuación de algunos peatones que en ese momento pasaban por allí. Toni, el marido implicado en el asunto, comentaba que hubo un momento en que temió por su vida, lógico y normal, si ves como cuatro o cinco jóvenes, se ensañan contigo a puñetazos y patadas, a pesar de estar en el suelo. Lo más triste fue el saber que les dio igual la edad y el sexo, puesto que a su mujer, también la tupieron de golpes. Este matrimonio de setenta y tres años de edad, es muy conocido en Trujillo y por suerte, son buenos amigos míos también.

Las secuelas que les quedan de la paliza al matrimonio además de dolores físicos, son también dolores psíquicos, y es que es normal que estén acojonados después de lo que les han hecho.
Al hilo del tema y después de hablar con uno de sus hijos el día después de los hechos, me dio por pensar en que dichos hechos son una verdadera temeridad, pero que le pueden pasar a cualquiera, visto que los recortes en educación empiezan a hacer efecto en la sociedad.

Y me explico. Estos días atrás, después de incumplir una señal de tráfico por mí parte, señal que no vi por ningún lado. El conductor del coche contrario se puso conmigo en cinco uñas. Yo acobardado todavía por lo cerca que habíamos andado de tener un accidente, no fui capaz de reaccionar al pronto. Tuvo que pasar más de un minuto para que volviera en sí y me diera cuenta de la cantidad de insultos que estaba recibiendo del conductor. Lejos de venirse a razones y ante mis palabras excusándome y pidiéndole perdón, el siguió a lo suyo. Parecía como si le hubieran quitado un inexistente bozal que llevara y toda la bilis que tenía en su cuerpo, debía de sacarla en dos minutos.

Creo que mi falta de atención hacia dichos insultos, fue lo que me salvó de no verme implicado en algún altercado más grave. Esos insultos en cualquiera otra situación, sin duda que hubieran bastado para que dicha infracción, la hubiéramos arreglado a guantazos limpios los dos allí mismo. Sin duda que, una vez que continuamos nuestros caminos, fui pensando en lo que me había ocurrido y en cómo había actuado. Al principio creo que me sentía orgulloso de mi actuación, pero según fueron pasando las horas y fui contando mi peripecia a familiares y amigos, me fui dando cuenta de que había estado demasiado permisivo con aquel señor. Que dicho por otra parte, no sé qué coño se creía que era, puesto que a simple vista, no tenía más de dos guantazos seguramente, pero el ladraba como si supiera artes marciales (que no me extrañaría tampoco).

Y es que lo que está claro es que al volante, todos o por lo menos una gran mayoría nos volvemos ogros. Personas sin paciencia ninguna y sin ninguna educación, puesto que a la mas mínima, estamos insultando al de delante. Si se cruza un peatón, también le regalamos algún que otro insulto. Si para un coche un momento delante de nosotros y seguramente que sin llevar prisa, nos molesta dicha parada y un: “Que hará el gilipollas este”, sale seguro de nuestra boca. Si el de delante circula a menos velocidad que la nuestra, un: “vaya huevos que usa el tío este” sale de nuestra boca. Si encima es una persona mayor el que va conduciendo, a parte del insulto anterior, le regalamos un: “Como coño no le quitaran el carnet a ese viejo, si no ve tres en un burro” o un: “Como dejaran conducir a gente tan vieja”. Y soltamos dichos insultos como si ese gesto fuera normal o incluso obligatorio a la hora de sacarte el carnet de conducir, cuando lo normal y lógico es que nos enseñaran a comportarnos como verdaderas personas y no como los ogros que somos una amplia mayoría. Porque no me creo que ninguno de los que leáis esto, alguna vez en vuestras vidas, no hayáis dicho por vuestras bocas la tan manida frase de: “Mujer tenía que ser”.

Reconocerlo, delante de un volante no somos personas, somos ogros.

Mucho ánimo al matrimonio Iglesias, desde aquí les deseo una pronta recuperación y que el peso de la ley, caiga sobre los culpables y se haga justicia. Aunque esto será difícil que ocurra, como siempre…

lunes, 4 de febrero de 2013

Capitulo 432: Cuatrocientos veintiseis euros.





Al fin y al cabo, la vida se compone de números y letras. Unos números los recuerdas mejor que otros, sobre todo si esos números los relacionas con el maldito dinero. Las letras, esas son más difíciles de recordar.

 Siempre acabo pensando cuando escribo de algo relacionado con el dinero, en aquella mujer analfabeta que no sabía leer ni escribir, pero que manejaba el dinero que no había Dios que la engañara. Nosotros que lo sabíamos, intentábamos por todos los medios hacerla caer en el engaño, pero nunca fuimos capaces. A la que se veía ella que podía ser engañada, se levantaba cabreada y rompía el trato. A pesar de ser analfabeta, la vida no le fue mal del todo, cuantas mujeres con muchos más estudios se perdieron por el camino, cayendo en vicios que eran más propensos para gente inculta, antes que para gente preparada para la vida.
Una de las cifras de números que más recuerdo y que estoy seguro que me iré de este mundo con ella en la cabeza, fue la letra de mi primer coche que me compré y del que no me ha gustado casi nunca escribir.

Quizás porque a día de hoy todavía siento vergüenza de como acabó dicho coche. O mejor dicho, como acabé yo con el. Eran otros años. Años de juventud divino tesoro. Años de tener menos sesos que un colibrí. Años de bonanza y de trabajo, mucho trabajo que ahora por desgracia no existe.

No recuerdo bien el precio final de dicho coche. Cada mes yo ingresaba en la caja de ahorros, la cifra de treinta y siete mil doscientas treinta y siete pesetas. Así durante cinco años. El que quiera hacer números que multiplique y sabrá el precio final de aquel coche, yo no tengo ganas de acordarme más de el.

Su nombre fue seat Ibiza y su color, azul báltico. Un coche precioso por aquellos años y del que yo estaba orgulloso. Con poco más de veinte años, estrenar coche no le pasaba a cualquiera. Eso sí, después de estar currando desde los catorce, podía embarcarme en aquella aventura de comprarme el coche.

 La mezcla explosiva de juventud, alcohol y coche hizo una noche acto de presencia y en forma de árbol se me cruzó en la avenida, dirección a  Huertas de Ánimas. Allí empezó un verdadero calvario para mí. Por suerte no hubo que lamentar daños personales. El único ocupante era yo y salí por mi propio pie, maldiciéndome a mí mismo por lo que acababa de hacer. Al principio casi no te lo crees, pero con el paso de los meses y luego los años, te das cuenta de aquella cagada que cometí aquel sábado de fiesta. Lo que recuerdo con más dolor, fue la cara de mis padres, puesto que por susabiduría, sabían perfectamente lo que costaba tener algo en esta vida, y yo de un plumazo, había destrozado aquello  por lo que tanto tiempo había luchado.

Los días siguieron pasando, luego los meses y los recibos con aquella cifra de treinta y siete mil doscientas treinta y siete pesetas, también seguían llegando. Lo único que ya no estaba era aquel coche, el cual, solo me dio tiempo a disfrutarle catorce meses.
Aquello me sirvió de escarmiento, y desde aquel día, supe valorar mucho mas todo lo que me iba comprando.

                                                                             *

Hoy en día hay otra cifra que ronda mi cabeza y no se separa de mí. Cuatrocientos veintiséis euros. Eso es lo que tenemos ahora para vivir. Bueno, eso y mis padres y suegros que por suerte están ahí detrás. Esta cifra seguramente que dentro de veinte años, la recordaré lo mismo que aquella letra de aquel coche que tuve en mis manos tan poco tiempo. 


Para no caer en la desgana y conformismo que muchos paisanos han sobre pasado ya. Intento que ese dinero que me dan, le sea rentable al gobierno y en mis paseos diarios, voy recogiendo toda la basura que me voy encontrando. Plásticos, cristales, cartuchos, cuerdas… todo lo que creo que no le sienta bien al campo. De esta manera me siento a gusto conmigo mismo aunque a mucha gente le suene raro y me tache de idiota cuando me ven con la bolsa llena de basura por mitad de cualquier calleja o cordel. Me da igual lo que digan, yo me siento útil de esta manera y por supuesto que no seré uno más de esos conformistas que ya hacen números con esos cuatrocientos y pico de euros, nada más cobrarlos.

Solo espero que dentro de veinte años este acordándome de esta cifra de modo irónico y pasajero y vuelva todo a un cierto orden. Porque nosotros somos gente trabajadora y no sabemos hacer otra cosa que no sea esa. Aunque es verdad que cada día nos ponen alguna trampa nueva y nos hacen caernos. Espero no cansarme nunca de levantarme, aunque haya días que quieras y solo desees tirar la toalla.

martes, 14 de junio de 2011

Capitulo 149 : Desde el planeta Valfer, V.




Escribo otro día mas desde Valfer, quizás notéis hoy que mi ánimo no es el mismo que el de otros días, puede ser porque esto cada día me gusta menos, me han comunicado hoy que todo el mundo que viene, lo pasa mal los primeros días, pero que luego te acostumbras a estar allí y a sus gentes, tanto, que el día que te tienes que ir, te da una pena enorme, yo creo que a mí no me va a pasar eso, por muchas historias que me cuenten los “Valfermeños”, si, ya los he bautizado.

Hoy vi de lejos al maestro  carpintero y cuando me fui hacia donde estaba el para hablar, desapareció de momento, como si de un truco de magia se tratara, cada día estoy más mosqueado, puesto que yo con ellos no puedo tener secretos y ellos conmigo los tienen todos los días, encima siempre diría que el maestro carpintero era “Tío Juan, El Pulga”, si no fuera porque me dijeron que era de Burgos, diría que era él, aunque con todo lo que me mienten, sigo estando con la duda de si era él o no. Espero poder volver a emparejar con él, esta vez sí puede ser, sin truco de magia y verle más de cerca y poder comprobar si es tío Juan o no.

Por lo demás, decir que hoy me regalaron un coche, bueno, regalado no, a cambio del trabajo que estoy haciendo. Me han explicado su funcionamiento y es cojonudo, todo el coche es una placa solar, como aquí siempre es de día, pues lo tienen a huevos para la historia de la energía solar, según ellos, no la copiaron, al contrario, dicen que viendo lo que despilfarran en nuestro planeta, mandaron a sus gentes de aquí, para que la enseñaran a usar por allí, y por eso llegó la energía solar hasta nosotros, me dicen que no se explican como todavía podemos permitir las centrales nucleares en nuestro planeta, sabiendo que son bombas y que en cualquier momento pueden explotar, también se cabrean al ver de qué manera tenemos agujereado el planeta con los pozos de sondeo y que no lo regule nadie, cualquiera puede hacer un pozo de esos donde quiera, sin que nadie te controle, sabiendo que eso no le hace ningún bien a nuestro planeta, la verdad que están ellos más preocupados por nuestro planeta, sin tener nada que ver con él, que nosotros mismos, que al fin y al cabo somos los que vamos a sufrir las consecuencias.

Pues aquí ando con mi coche, sin tener que echarle gasolina ni gasoil, que aquí no existe el barril de Brent, no tienes que preocuparte si esta caro o barato, aquí tu coche siempre está cargado a tope, lo único que no me gusta es que no pasan de 60 ningún coche, aunque no es necesario, aquí las prisas no existen, por lo tanto no te hace falta ir a más velocidad, aunque yo lo eche de menos, y más aquí con las avenidas que hay tan largas, por cierto, hoy vi un policía por aquí, creía que tampoco existían, según mis operarios, solo están para regular el tráfico los días que no se trabaja, que eso no la sabíais tampoco, bueno ni yo, estamos seis días seguidos currando y luego tres de fin de semana, aunque ellos lo llaman  “afechal”, a esos tres días.

Ahh el infiltrado de hoy se me olvidaba de decirle, pues antes cuando vi el policía me dijeron que había sido enseñado por Ángel Recio, el cual está a punto de cumplir su cometido en nuestro planeta y pronto volverá a Valfer.

Capítulo 1036: Finde en Peniche y Las Islas Berlengas.

  A pesar de que el calendario marcara el mes de julio, saliéndonos de nuestros meses de viaje, nos animamos a ir a tierras portuguesas dond...