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martes, 20 de agosto de 2019
Capitulo 951: Un día de agosto. (Parafraseando a Goro)
Un día de agosto como otro cualquiera
te puede cambiar la vida entera.
Un golpe de suerte o un golpe contra una piedra
esto ultimo parece más fácil
siendo el marido de una porquera.
Quiso vender las "pelaillas" a precio de oro
y al final se las tuvo que comer el marido
junto a otros pocos.
La avaricia rompe el saco
si es que tiene ya varios "bujeros"
pero es que sacar "palante" a tanto animalito
cuesta el precio que algunos se gastan en sombreros.
Antes de meterlas mano
hicieron unas migas
y se apuntó to dios a comerlas
hasta el "perolo"se llenó de hormigas.
La guarra vieja la quedaron para chorizos
pero el que no tenga dientes chupará más que el día de su bautizo
El verraco dicen los entendidos que su carne "sabrá" mucho
y los que mas putas las pasan económicamente en el pueblo
Van todos con el serrucho.
Se le cuece un poco mas de rato
y su carne se la come hasta el "Tato"
Como venga su hijo y la mujer,
se pondrán ciego los tres.
Dicen los entendidos que en agosto no es buen mes de matanzas
será para quienes tienen hasta arriba sus panzas.
Cuando el hambre aprieta decía el dicho
que ni los culos de los muertos se respetan
aunque estén dentro de sus nichos.
Y como en un día de agosto
la vida te puede cambiar
esperaremos lo que resta para obrar el milagro
mientras caminamos y se va cociendo el "magro".
Mírale por allí viene el pregonero
si viene en taxi de nuevo
nos costará un ojo de la cara
o lo que valen tres sombreros.
Que vicio de traer gente forastera
que a Trujillo conocen por lo que les cuentan fuera
con lo bien que estaría hablando cualquier trujillano
que teniendo mas de sesenta tiene mas historias vividas
que las teclas que tiene un piano.
Barato, sencillo y ameno
y no los tostones que todos sabemos.
Se rumorea que hacer eso sería caer muy bajo
y a la mayoría de trujillanos eso les importa un carajo.
Fíjate lo que son las cosas amigo Goro
que empecé hablando de matanzas, migas y sombreros
y acabé escribiendo la historia del pregonero.
jueves, 21 de noviembre de 2013
Capitulo 538: Con los primeros hielos.
Matías se levantó sabiendo que la helada estaba asegurada. La
noche anterior el cielo brillaba como hacia tiempo que no pasaba y eso era sinónimo,
de que el hielo haría acto de presencia. La primera tarea del día, después de
un poco de café negro, era la de cambiar el agua a las aceitunas. Las primeras
que había cogido ya las tenia guisadas, y eran reservadas para el día de la
matanza. Estas otras, serian mas tarde guisadas y degustadas en fechas
posteriores. En fechas navideñas, no estaba de más un buen plato de aceitunas
con un mendrugo de pan. Muchas noches era su cena preferida.
El hielo cubría las aceitunas, no era una capa muy gruesa,
pero si le fue difícil de romper. Esto es bueno para dicho manjar, pensaba
mientras rompía el hielo y con agua del pozo, volvía a rellenar los cubos de
aceitunas.
La siguiente tarea era ir al corral de las gallinas, donde
estas esperaban ansiosas a que tío Matías les quitara la “alcotana” para poder
salir. En estas fechas no ponen las muy jodías, lo mejor será ir desviejando y
uno de los gallos, caerá para el arroz del día de la matanza. Las liebres están
caras de conseguir, por eso lo mejor será cambiar el menú y comer ese día un
buen arroz con gallo de corral.
Tía Juana ya estaba levantada cuando Matías entró por la
puerta de casa. Se le veía nervioso, aunque su mujer sabia que todos los años
le pasaba igual en vísperas de la citada matanza. Son muchas cosas las que hay
que preparar y uno tiene siempre miedo de olvidarse algo para ese día. Pero su
salvo conducto mejor para que eso no ocurriera, era sin duda su mujer.
Tía Juana ya tenia
todo comprado, las artesas lavadas, la maquina de llenar estaba deseando de ser
usada. El caldero de las migas, esperaba al pie de la chimenea a entrar en acción.
Que ricas me quedaron las migas del año pasado, pensaba tía Juana en voz baja. Son
trabajosas, pero al ver comer a la gente con ese apetito, una piensa que merece
la pena dicho esfuerzo. El arroz del mediodía le preparará su hermana Catalina,
tiene mucha mejor mano que Juana para darle el toque justo. Tanta cantidad es difícil
de preparar y quedarle bueno.
Tío Matías se acerca al comercio de Eloy, donde este último
apura las ventas matanceras. Tiene de todo para dicho oficio. Desde las tripas,
pasando por las pimientas dulces y picantes, hasta la arroba de vino importada
desde Cañamero y que Matías cargada con ella al hombro, se lleva hasta su casa.
A punto de entrar de nuevo en casa se acuerda de que no ha comprado el hilo
para atar. Algo queda del año pasado pero es mejor que sobre, que no tener que
andar el sábado buscando hilo por las casas de las vecinas.
Al volver al comercio, recuerda que no estaría de más
llevarse también una botella de anís, dado que la coñac no se acaba en su casa.
El anís es mas para las mujeres. Mientras atan y no, entre cogujón y cogujón,
una copita las alegra el día y seguro que como viene siendo habitual años atrás,
acabaran cantando aquella canción interminable que decía en su estribillo: “Que
toma las tres borrachas, que toma las otras tres…” Catalina será la encargada
de comenzar el concierto. Es una mujer muy juerguista a la cual el cante en días
de matanza, la gusta más si cabe. Tía Magdalena con su risa contagiosa, pedirá
que la echen otro poquito de anís, mientras tía Encarna, a la cual el cante no
la gusta demasiado, protestará por lo poco que calienta el brasero que tío Matías,
las ha colocado justo debajo de la mesa en la que las patateras y chorizos, son
embasados.
Antonio, baja escaleras abajo con un tubo preparado para
poner los embutidos en el y luego poder transportarlos con mayor comodidad. Él
es el encargado de colgar en la “enramà”. Que bonita está quedando la habitación
de la cecina. Con los tocinos ya encima de las camas echas de escobas, que con
anterioridad arrancó Matías para la ocasión, casi no coge nada mas en dicho
lugar. Los jamones este año son muy grandes, sin duda que a tío Matías le queda
mucho trabajo por delante, hasta que dentro de un par de años, la familia les
meta el cuchillo, allá para cuando la
Virgen del Rosario, aparezca por la plaza del pueblo.
Cuando la matanza toca a su fin y las mujeres casi han
terminado de llenar, queda lo mejor del día que no es otra cosa que sentarse
todos alrededor de la lumbre, donde tía Petra empezará a contar esos chistes
verdes de la época, que hoy en día los cuentan hasta los niños de seis años y
que por entonces, estaban casi prohibidos.
Entre risas y algún que otro susto por algún “añurgo”
involuntario, el día toca a su fin. Los más pequeños, llenos de patatera hasta
los pelos, son requeridos por sus madres para el posterior baño, los invitados
y ayudantes van saliendo con algún trozo del guarro y algo mas de alcohol en
las venas que cualquier día normal.
Tía Juana y Tío Matías marchan para su casa, cansados y con
la satisfacción del deber cumplido, a pesar de que la matanza para los dueños
no acaba ese día ni mucho menos…
Abuelos, como se os echa de menos...
martes, 13 de agosto de 2013
Capitulo 511: Guarros sin patas.
El domingo pasado en una cena familiar, de las cuales nos
dimos cuenta de que no solemos hacer muchas últimamente, salieron varias
conversaciones que, por lo menos para mí, fueron bastante entretenidas y
gratificantes.
Desde que suelo escribir, he cambiado un poco mi forma de
ser, aunque ya antes era de los que dejaban hablar a mi oponente y me dedicaba
a escuchar. Ahora eso lo hago cada vez más y luego de esas conversaciones, me
suele venir la inspiración para rellenar hojas en blanco.
Bien, una de las conversaciones que salió tiene que ver con
el título del artículo, que aunque parezca ofensivo, nada más lejos de la
realidad. Y como aquí en Extremadura al cochino se le puede llamar de diferentes
formas, prefiero llamarles como siempre escuché hacerlo a mis mayores, los
guarros.
Según ellos, todos los años criaban varios y era a mi padre
y a mis tíos, quien les tocaba sacarlos para que comieran en campo abierto. Era
la comida que por aquellos años podían acarrear dichos animales para ser
cebados, más aun, cuando en casa de sus dueños dicha comida escaseaba hasta
para ellos, contra más para cebar guarros.
Después de estar más de diez meses con ellos por cordeles y
callejas, intentando que se hicieran guarros de provecho y poder darse un festín
después de sacrificarlos para consumo propio, decían en aquella conversación,
que jamás vieron las paletas y jamones de dichos guarros. Daba igual si criabas
dos o criabas cuatro, dichas extremidades, lo más exquisito por cierto del
animal, en lugar de ir a parar a la mesa de mis abuelos, para que sus hijos en
posteriores días vieran de cerca lo que era un jamón o una paletilla, estaban
adjudicados a los dueños de tiendas y comercios, los cuales hicieron una labor importantísima
en pueblos pequeños, para que sus habitantes no pasaran hambre. Que puede ser
que más de uno abusara de aquellas condiciones, seguro que sí. Pero estoy
seguro, además dicho por varios de aquellos dueños de tiendas y comercios, que
mucha gente se fue de este mundo dejándoles a deber bastante dinero.
El caso de mis abuelos paternos no fue ese, puesto que el
convenio que tenían, era ir apuntando a cuenta, hasta que los guarros fueran
sacrificados. En ese momento, los jamones y paletillas pasaban a ser del
comerciante y la cara de tontos que se les quedaba a mi padre y hermanos era
digna de ver, según ellos, al saber que un año más, de aquellos guarros, solo podrían
comerse las patateras y algún chorizo en época pastoril. Según mi padre en
aquella conversación, los lomos también eran requisados por el dueño de aquella
tienda donde ellos, mandados por sus padres, iban día si y día también en busca
de lo poco que les hacía falta para ir sobre viviendo. Seguramente que ante
tantas cosas apuntadas, las cuatro patas del guarro no eran suficientes para
pagar dicha deuda contraída a lo largo del año y por eso los lomos de dichos
animales, sumaban para paliar aquel débito.
Pues esta fue una de las conversaciones que mantuvimos en la
última cena familiar, en la cual pude contemplar como los más pequeños, asistían
igual que yo con la boca abierta a dichas conversaciones, que ellos
seguramente, solo han visto en televisión y no piensan que jamás les pudiera
pasar a sus abuelos.
Por eso hoy en día, aquellos niños porqueros, se merecen más
que nadie un buen jamón, una buena paletilla y un señor lomo. Seguramente que
aunque hayan partido a lo largo de sus vidas varios de ellos, no dejan de
acordarse de aquellos guarros que ellos criaban a lo largo del año, los cuales perdían
las cuatro patas, de la mesa a la artesa, como por arte de magia.
jueves, 26 de mayo de 2011
Capitulo 132: Arriba en el "doblao"
También llamado "desván", pero yo creo que por nuestro pueblo, es mas fácil entenderte con alguien si lo llamas "doblao".
En el "doblao" de la casa de mis padres se guardaba todo, allí siempre te mandaban cuando buscabas algo por casa y no lo encontrabas, siempre te decían, "estará arriba en el doblao" y la verdad que casi siempre estaba allí lo que buscabas.
Muchos de los que leáis el blog, seguramente os vendrán recuerdos de los desvanes de vuestras casas antiguas o la de vuestros abuelos o padres, yo voy a escribir lo que recuerdo del de mis padres y de lo que por allí había guardado.
En primer lugar recuerdo como siempre había algún cubo de lata puesto debajo de alguna gotera, puesto que los "Doblaos" eran de teja vana, desde ellos se veían las tejas y por algún sitio podías ver hasta el cielo.
También recuerdo las artesas de la matanza por allí colgadas de alguna pared, junto con algún baño de esos grandes que se usaban para lavar las tripas de los cochinos sin olvidar como no, la mesa para matar el guarro. En definitiva, los trastes de la matanza, esos estaban casi todos allí guardados.
Y qué decir de las "enramadas" en las cuales se colgaban todas las matanzas, los chorizos, las patateras, las camas hechas con escobas para tender los tocinos y los jamones, allí los salaban encima de las escobas, que olor más agradable según abrías la puerta de la habitación de la "cecina".
Estabas deseando de que se acabaran las patateras para poder meter mano a los chorizos, por que los jamones estaba prohibido ni mirarlos hasta las fiestas del Rosario, esa era la fecha señalada para partirle y comerle.
Recuerdo como en la época de coger las patatas, era allí su lugar de curado final, recuerdo como mas de una vez ayudaba a mi abuelo cuando el las estaba arrancando, las metíamos en un cubo y las subíamos arriba, "Esparrámalas bien, que no se toquen unas con otras me decía", porque así duraban mas, había años muy buenos de patatas, te tirabas luego comiendo patatas siete días seguidos, que si con arroz, con “arromazas”, con huesos y alguna vez, patatas con carne, jejejejej. También recuerdo como hacían el “trueque”, te doy 7 kilos de patatas por 7 de cebollas, qué tiempos aquellos, no volveremos pronto a ellos ¿?
Allí era el sitio de poner los ajos también arrancados del huerto, si cierro los ojos, aun recuerdo el olor que desprendían solo al abrir la puerta y subir al desván, allí estaba mi abuelo sentado en una silla enristrándolos para después colgarlos para que se acabaran de secar, recuerdo un día como le cogí fumando, se lo tenían prohibido por que sufría de bronquios, por lo tanto el tabaco era una bomba para él, pero ya sabemos todos lo que es ese puto vicio, te estás muriendo y todavía sigues fumando, pues aquel día cuando me vio aparecer, se quito el cigarro de la boca y lo apretó en la mano para que yo no lo viera, segurísimo que aquel día se quemo bien quemado, pero para que no le viera con el y se lo dijera a mi abuela, aguanto hasta que me despedí y le dije que luego subía otra vez, me daba pena que se estuviera quemando por mi culpa.
Allí arriba también estaba el "cacharro" de la manteca, los jabones que se hacían con ella también andaban por allí, también era el almacén de mi padre cuando era fontanero, allí arriba tenia de todo lo que en fontanería te pudiera hacer falta, yo recuerdo alguna vez que otra como me ponía a enredar con las piezas, como si fuera un fontanero profesional y siempre se daba cuenta cuando había tocado algo, luego me lo decía, "ya has estado enredando con mi herramienta?? Yo siempre se lo negaba, aunque él no se lo creía.
También recuerdo algún poster o calendario, allí pegado de alguna mujer, por entonces con mucha ropa, no enseñaban prácticamente nada, de lo contrario seguro que mi madre no le hubiera dejado a mi padre ponerlos allí. jejejejej
Allí había alguna cama vieja con algún colchón de esos antiguos de lana, en los cuales me gustaba tumbarme, puesto que era una agradable sensación el hundirte en ellos y casi asfixiarte, no sé si todavía estará allí la cama, creo que si, no se para que se guardaban esas cosas, si eran totalmente inútiles, a quien ibas a subir allí arriba si por no haber, no había ni luz en la mayoría de los doblaos y si en alguno la había, las instalaciones eran más antiguas que la casa, esos interruptores que casi siempre estaban comunicados y te soltaban unos calambrazos que te quitaban las tonterías, un estilo pasaba con las "peras" de los dormitorios, esas daban unos calambrazos que te cagabas en todo lo que se meneaba cuando ibas a encender o apagar.
También teníamos aquellos cofres o baúles, que parecían sacados de películas de piratas, y que estaban todos llenos de ropa de sabe Dios cuando.
El típico nido de golondrinas no podía faltar, con todo casi cerrado por todos sitios y seguían entrando, y una vez hecho el nido, ya estaba prohibido tocarle, como eran las que le quitaron las espinas al señor cuando estaba en la cruz, tenían el cielo ganado y podían anidar donde quisieran !!!!
Pues no sé, seguro que se me olvidan muchas más cosas, pero ahora mismo no me acuerdo de mas, si vosotros recordáis alguna cosa más, no os importe escribirlas por aquí abajo, a mi me encanta leer vuestros comentarios, aunque es verdad que pocas veces os respondo.
Un saludo por cierto a todos los lectores desde el "doblao"
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