lunes, 26 de septiembre de 2016

Capitulo 764: Monumentos del Pueblo. (libro de las fiestas)


Es cierto que en el pueblo de Huertas los monumentos brillan por su ausencia, quitando los más conocidos como pueden ser sus fuentes y el cancho del resbaladero, poco mas podemos destacar como tales.
 Pero yo si creo que existen pequeñas construcciones no muy antiguas que se pueden catalogar como monumentos. No por su belleza, pero si por los cientos y cientos de historias que hay a su alrededor.

Uno de estos monumentos a los que me refiero es una piedra saliente que en muchas de las casas antiguas que hay en Huertas solían colocarse para sentarse la gente. Los llamados poyos servían además de para sentarse, para quedar con los amigos antes de salir a liar alguna. Así nosotros en los barrios de arriba siempre quedábamos en el poyo de Isabel, el cual a día de hoy por suerte sigue existiendo. Este monumento suelo observarle muchas veces desde la puerta de casa de mi madre y no hay un solo día que no me vengan imágenes del pasado.

Puedo ver sentada en el a tía Juliana. Anda moliendo con esa boca sin ningún solo diente, un trozo de pan de hace un par de días. Toda vestida de negro parece que los años no pasan por ella. Seguirá hay sentada hasta que su hijo Antonio venga con la lechera llena y cogido del brazo, se la lleve a su casa.

Tío Juan Cascarilla en tiempo de verano ha regado un poco la puerta y sentado en este poyo, parece estar merendando un trozo de pan con un buen “cacho” de patatera encima del mismo. Con la navaja va partiendo rodajas de este manjar bien curado y a nosotros allí sentados cerca de él, nos entra apetito.
Tía Isabel sale a la puerta y en una silla de juncos toma asiento. Pronto saldrán más vecinas a tomar el fresco.
Quini viene cansado de trabajar y con las botas llenas de estiércol. El pollo le sirve para sentarse y quitarse las botas de trabajar, para no manchar en casa.

Allí esperando a que vengan los amigos me entretengo cogiendo las semillas de los pericos que allí hay sembrados, justo al lado de nuestro monumento. El olor característico de esas flores jamás podré olvidarlo por muchos años que pasen.
Tía Petra viene con una especie de caja cerrada, es la virgen que se va pasando de casa en casa cada semana o quince días. Tía Isabel la dice que a ella no la toca y que se la lleve a Tía Juana, mi abuela, que anda friendo algo en su casa y que el olor nos llega a nosotros hasta el poyo.

Tío Juan Colorín viene con muletas, ha tendido un accidente de coche y anda escayolado. El poyo le viene de lujo para descansar un rato antes de enfilar los pocos metros que le quedan hasta su casa.
A tío Lorenzo se le ha hecho tarde tomándose los vinos y nada mejor que descansar un rato encima de este poyo y esperar a que el mareo se pase un poco, para poder llegar a casa.
Tía Magdalena acude repartiendo la hoja de la iglesia, y el poyo viene de lujo para sentados encima de el, echar un vistazo a las misas que habrá a lo largo del mes.
Tío Luis viene de las gallinas y antes de que yo pueda esconderme, me manda hasta el estanco a por un paquete de celtas largos, es una obligación a la que no podemos negarnos ninguno de los niños que andamos por el barrio. Encima casi nunca nos convida…
Hoy el poyo esta manchado de negro y dicen los mayores del lugar que alguno de los pocos conductores que existen en el barrio, se le han llevado por delante. Como nadie lo ha visto, todos especulan con quien puede haber sido y allí salen los nombres de todos los propietarios de coches que existen en el barrio.

Es tarde y los vecinos se afanan en llegar a sus casas, todos vienen de echar de comer a los guarros y gallinas y pronto estarán cenando, antes de que en la tele empiece el parte. Pero suelen hacer una parada en el poyo y fumarse un cigarro antes de meterse en sus casas.

Se hace de noche y todos los vecinos nos sentamos alrededor de la puerta de Isabel. Los mas pequeños nos dedicamos a jugar con todas las “Mochuelas” que nos hacen ir hasta las traseras del pueblo, allí al lado de la cerca “partija”, donde alguna de ellas anda escondida tapada con una sabana que han sido capaz de quitar a Josefa sin que se de cuenta. Justo donde termina la última bombilla que hay en el barrio el miedo se apodera de nosotros y los gritos de unos y otros nos hacen correr como pollos sin cabezas de aquí para allá. Justo al llegar al poyo el miedo se nos pasa al ver a nuestros padres allí sentados.

Y así vamos pasando los meses de verano, entre juegos y calor, deseando que llegue pronto septiembre, no para ir a la escuela, si no para que llegue octubre y nuestras fiestas, que sin duda es cuando el poyo de Tío Juan y Tía Isabel, estará mas descansado.

Felices fiestas.

Fonta.

sábado, 24 de septiembre de 2016

Capitulo 763: Cuando las ganas pueden a las adversidades.


Y que pocas ganas tenia hoy de hacer nada, las reuniones nocturnas con cenas incluidas para ultimar las compras de las fiestas, hacen que uno se acueste mas tarde de lo habitual y algo mas contento de la cuenta. Por eso madrugar al día siguiente está prohibido. Pero lo mejor para pasar pronto el mal trago resacoso, es comenzar a sudar. Y hoy el día acompañaba, puesto que el verano no nos acaba de dejar, a pesar de haber cambiado estación.

Un café en el Cuando y un poco de conversación con los allí presentes, me recuerdan que tengo la piedra con el nombre del Espino desde hace mas de un mes en el coche, y antes de que se rompa o estravie, lo mejor es ir a colocarla.

El sitio para ella lo elegimos mi amigo Miguel y yo el domingo pasado, una vez limpia la entrada al lugar. Hoy cuando comencé la obra me acordé de él, no podíamos haber elegido una piedra mas dura en toda la dehesilla... Pero mis ganas de colocarla han podido a todas las adversidades. Calor, mal cuerpo y dureza en el trabajo.

Llevar la herramienta al lugar del trabajo cuesta, pero sin ella hoy hubiera sido imposible terminar.

Machar y machar, tragar polvo y sudor. Sin agua ni nada para aliviar la sed uno desea terminar pronto...Y podía haberlo mandado todo a la mierda e irme en busca de sombra. Pero un regalo es un regalo y su sitio era este. Ha costado, mucho, pero una vez colocada he disfrutado haciendo fotos al lugar.

Solo faltan las cortinillas para taparla antes de que l alcalde de Huertas, venga a inaugurar el lugar.

Seguimosssss!!!!

viernes, 23 de septiembre de 2016

Capitulo 762: Ciclistas a la fuerza.



Me dice tío Mané que se ríe él de la vuelta ciclista, el Giro y el Tour de Francia juntos. Que los grandes ciclistas existían hace muchos años y no se dedicaban a ello profesionalmente. Lo hacían una vez cada quince días y con el avituallamiento encima para toda la quincena. Unos en alforjas y otros en aquellos porta-equipajes de las vetustas bicicletas de veinte kilos de peso, las cuales pinchaban bastantes menos veces que las de hoy en día. Se descojona cuando ahora ve bicicletas de montaña, de carretera y de lo que uno pida. Aquellas bicicletas de barra eran todo terreno. El asfalto no le veían, pero caminos y veredas eran todas suyas.

El día de la partida hasta el campo donde estaba la obra era duro. Se juntaba el madrugar con el cargamento que llevaban y también les acompañaba una incomoda resaca de la noche anterior, que era la despedida del pueblo hasta los siguientes quince días, donde volverían a acudir de nuevo.
Estos obreros de aquellos años seguramente que cada uno de ellos tiene un libro para escribir; la pena es que después de tantos años solo han quedado en sus memorias los momentos mas duros y especiales. Como alguna caída de la bicicleta en aquellos caminos. Algún río que cruzar con fuerte caudal. Aquellas "pellejadas" de agua a la vez que pedaleaban sin descanso.

En la ida había que parar por el camino, llevar la damajuana en el portaequipaje tantos kilómetros sin meterla mano estaba prohibido. Un trozo de tocino añejo y un trago de vino, ¿existía mejor manjar que ese por aquellos años? hoy te lo cuentan y no te lo crees.Con la cantidad de comida que tiramos al cabo del mes parece imposible que nuestros ancestros pudieran tirar hacia adelante con tan poco y apenas sin quejarse.

Algunas quincenas el vino no llegaba hasta el ultimo día, que difícil era condurarle hasta el final decía tío Mané. Por eso cuando llegaba el décimo tercer día de andar por aquellos campos perdidos de la mano de Dios, deseaban regresar a casa para ver a sus mujeres e hijos, faltaría mas; pero también echaban de menos las muchas tabernas que existían en el pueblo por aquellos años y que hoy tampoco nos lo podemos creer que vivieran todos de la venta de alcohol.

Sin duda la vuelta donde mas pedales daban, era la ultima quincena de septiembre. En la obra se quedaba todo recogido y bien tapado pues hasta que no terminaran las fiestas del Rosario, no volvía ni Dios a ellas. Ni encargados ni jefes, ni oficiales ni peones. Comida para varios días en los comederos de los animales y como si fuera una procesión, el pelotón de albañiles y pastores enfilaban el cordel que les llevaba hasta Huertas. Tío Mane tiró los primeros kilómetros del grupo. Sin avituallamiento ninguno rezaban para por lo menos no pinchar y tener que parar por narices. Un peón que se había incorporado esa quincena a la cuadrilla se escapó en el kilómetro cuatro. !No tenia ganas de volver al pueblo y echar un baile en "el Capaor" con alguna de las amigas! que por lo visto, dejaba que se arrimaran a ella un poco mas que las otras. La escapada duró poco, la voz de su oficial mandandole parar pronto llegó a sus oídos y un poco acojonado dejó que el pelotón le engullera.

Al venir al pueblo no había metas volantes ni premios de la montaña. La meta estaba justo al llegar al resbaladero. Allí sin levantar los brazos en son de victoria y si, para despedirse unos de los otros hasta dentro de muy poco rato, donde se verían en alguna taberna, enfilaban cada uno hacia sus casas.
El pueblo estaba irreconocible y con los bolsillos algo recuperados con la paga de la obra, hacían maravillas para disfrutar toda la semana de las fiestas, donde olvidaban por completo que dentro de muy pocos días, la vuelta ciclista volvería a reclutarlos para disputar otra larga etapa.
Pero para eso quedaban varios días y decenas de litros de vino por beber....

Disfrutad todos, lo que nuestros padres y abuelos nos enseñaron, que la vida es como la vuelta ciclista, etapa tras etapa, entre pinchazos y caídas, uno obtiene tarde o temprano el malliot de la regularidad, ese por el que todos andamos luchando.













domingo, 18 de septiembre de 2016

Capitulo 761: Cuando nos ponemos los guantes.



A pesar de ser domingo y poder aprovechar nuestro día de descanso para hacer sufrir a nuestra cama, preferimos levantarnos a la misma hora de siempre y aprovechar el día para seguir haciendo algo de provecho por nuestro pueblo. Uno se pone los guantes sea la fecha que sea, no nos dejamos influir por la época del año ni por los acontecimientos, que le vamos a hacer, somos así....

Mi amigo Miguel que lleva dándome la paliza desde hace bastantes días, me comenta el día de ayer que cuando vuelvo a trabajar en el Espino. Yo, que por culpa del trabajo no encuentro fecha para volver, le cito el domingo a las ocho de la mañana, creyendo que no cumplirá su palabra de acercarse a ayudar. Me duermo y no me levanto a la hora que hemos quedado, que placer quedarse un rato mas en la cama cuando se puede...

Nervioso por quedar mal con las ayudas, me tomo un café a prisa y corriendo, monto a mi perro en el coche y pongo rumbo hasta el famoso y sufrido lavadero. Allí no hay nadie, pero ya tengo puesto el chip del trabajo y pronto me pongo a buscar la herramienta que por allí dejo de una vez para otra, para ponerme a hacer algo. El legón si está, pero la tijera que uso para cortar los zarzales ha desaparecido por arte de magia. En un principio no le doy importancia y pienso que habré sido yo el que la ha escondido tanto, que ni yo mismo logro encontrarla. Que va, después de buscarla por todo el recinto esta herramienta no aparece. El que si lo hace es mi amigo Miguel, que se queda perplejo al escuchar la historia que le cuento de mis herramientas. !Pero quien se va a llevar eso! encima de venir a trabajar por amor al arte, te quitan la herramienta, manda huevos. Dudo en un primer momento en mandarlo todo a la mierda y volver caminando hasta el coche, con la cabeza agachada y cagándome en todos los santos del cielo, como si ellos fueran los culpables de que un buen "hijo" nos haya hecho esta broma. Mi amigo Miguel me quita de inmediato la idea y se une al trabajo que con solo el legón, he comenzado a realizar. La idea, limpiar la entrada para buscar el sitio de poner nuestro regalo de la piedra que da nombre al lugar.

El curro sin la tijera será mas duro, pero una tenaza que tengo en el coche hará las veces de tijera podadora, aunque haya que agacharse mas y arrimar mas los dedos a los zarzales.
Miguel intenta bromear ante la situación y yo no entro al trapo, la historia me ha derrumbado y creo que hay gente tan mala que no merece la pena lo que uno hace sin ningún tipo de interés; hasta esta historia parece molestar a mis enemigos.

Poco a poco y ante el resultado de nuestro trabajo, parece que me voy recuperando, que remedio te queda una vez que estamos allí en mitad de la dehesilla. O trabajas, o te cabreas, te montas en el coche y te das por vencido... Si no lo he hecho hoy, ha sido gracias a mi amigo Miguel, que me ha dado las fuerzas necesarias para reírme de todo el asunto. Si son ocho euros lo que se han llevado y seguro que si lo han hecho, es porque les hace falta... Viéndolo así, lo acepto...

Y entre broma y chiste nos vamos dejando la piel en nuestro trabajo. Estos zarzales están cabreados y cuesta un huevo el quitarlos. Nos ponemos como meta el limpiar el lugar donde colocaremos la piedra, aunque sabemos que a lo mejor la tarea se nos quedará demasiado larga. Aunque uno que es previsor, he preferido llevar un muerdino de pan junto a un trago de buen vino. Y no sabemos el momento que pararemos a dar cuenta de ello, nos encontramos tan implicados en nuestro trabajo (será por lo que cobraremos) que no tenemos ni apetito. Aunque pasadas las once de la mañana, optamos por parar en el lugar que ya tenemos limpio y dar cuenta de las viandas.

Que rico está todo en el campo y que bien entra un trago de vino, si encima le compartes con alguien ya ni te cuento...

Y volvemos al curro como si alguien nos fuera a reñir por parar tanto rato, ¿Diez minutos?,,.ni habrá llegado. Da igual, nuestra pasión por el trabajo puede mas que el descanso que nos hayamos merecido.
Otra rama, y otro pinchazo de los putos zarzales que ademas de tener pocas moras este año, se tiran a morder.

Pronto nos dan mas de las doce en el reloj, hora que habíamos puesto de tope para abandonar la obra, pero decidimos por consenso quedarnos hasta terminar la faena. Alrededor de la una estábamos recogiendo los "achiperres", para evitar otro robo. (manda huevos el asunto)...

Y probando como quedará la piedra en el lugar elegido, nos vamos yendo pal coche cansados pero contentos, de ver el adelanto que le hemos pegado hoy a la obra y pensando que si se uniera alguien mas al proyecto, pronto lo tendríamos finiquitado.

Me quedo con los ánimos que me ha infundido mi amigo Miguel, sin el que hoy, probablemente hubiera abandonado la obra. Se que por lo menos se ha ido a su casa contento por haber ayudado en esta locura que algún día se me ocurrió comenzar y que gracias a algunas personas, seguimos hacia adelante. Aunque varias veces le escuché maldecir lo poco que la gente ayuda a lo largo de la mañana de hoy, estoy seguro que no será el único que acabará ayudando, incluso seguramente que él volverá otro día.

 El que prueba la magia de hacer un bien sin mirar a quien, vuelve...

Gracias tron...













martes, 13 de septiembre de 2016

Capitulo 760: Y volvió a llover.


Dicen que cien días después unos, otros que algunos días menos, el caso es que desde bien temprano esta mañana se respiraba otro ambiente. Las nubes ganaban la batalla a los claros y pronto se empezaron a adueñar de la inmensidad del cielo.

Los pájaros se les notaba alborotados, sus trinos se oían mas fuerte, como si esperaran a la lluvia entre estrofa y estrofa. Tres buitres negros posaban como buenos modelos encima de una peña, ni me molesté en fotografiarlos, era todo tan extraño que preferí formar parte del paisaje y ser uno mas de los que, cantando, esperábamos a la lluvia.

Una pequeña coguta parecía decirle a otra el baño que se iba a dar en el primer charco que el agua caída formara. La compañera parecía querer contestarla riéndose, justo antes de que las primeras gotas de agua, hicieran acto de aparición.
Y a pesar de estar esperando el momento, corro a recoger el cemento para que no se moje y fragüe antes de tiempo. La temperatura desciende de forma fulminante y uno que no baja del coche la ropa de manga larga de un invierno para otro, busca algo que ponerse por encima. Lo encuentro y busco refugio. Desde una ventana aprovecho el instante donde mas agua cae, para desconectar de todo y ver llover. Que sensación mas indescriptible, que placer ver caer el agua canales abajo. Ni un solo pájaro vuela por el cielo en ese momento, todos esperan en sus refugios que el agua cese de caer.

Las ultimas gotas dan paso a un ruidoso y molesto aire que se lleva consigo la gran nube. Uno desearía que se quedara el tiempo justo que tardaran en llenarse todas las charcas y norias de todos los campos y fincas, pero no es así y de la misma manera que vino, el agua se fue.

Nos queda aprovechar el magnifico olor a pasto mojado, quizás el olor que mas me gusta oler cuando estoy en el campo. Esperemos que la madre naturaleza se apiade de nosotros y no nos tenga otros cien días sin ver llover en nuestra tierra....

Por lo menos comenzaremos a dormir bien por las noches, que falta nos hacía.

jueves, 8 de septiembre de 2016

Capitulo 759: Reencuentro de viejos amigos.



Justo antes de verte ya se que estas ahí. Nos vemos poco pero ese olor nunca se me olvida. Jamas perdimos nuestra amistad a pesar de la distancia.
Hoy al tenerte en frente quise hacer memoria y recordar los años que llevamos de amistad, pero no fui capaz de recordarlo, el día que nos presentaron yo era demasiado pequeño.

Me viene a la memoria lo bien que lo pasábamos de pequeños. Tu, unos días alborotados y otros con una calma pasmosa, que nos hacías ir a buscarte demasiado lejos. Siempre nos regalabas algo. Una piedra bonita, una concha rara, que se yo, todo me venia bien para cuando volvía a mi pueblo, poder vacilar a mis amigos y enseñarles los regalos que tu me hacías. Ellos no imaginaban como alguien podía regalar tanto sin apenas conocernos. No les gustaba que yo intentara explicarles como eras tu. Sus preguntas siempre iban encaminadas en intentar comparar tu extensión con la de algún charco cercano. Yo me reía y ellos se enfadaban cuando yo, les explicaba que tu eras cien veces mas grande que la charca de Casillas. Mil veces mas grande que el Arroyo Caballo y infinitamente mas grande que la pesquera del Marrinejo, donde nos íbamos todos a bañar de pequeños.

Eso es imposible, eran sus respuestas. No hay tanta agua junta en ningún sitio. Tu nos quieres mentir decían todos mis amigos. Fui un afortunado al ser el primero en conocerte de todos ellos y rezaba para que cada año mis padres pudieran volver a traerme hasta tu regazo. Luego conseguí traerte a mi novia para presentártela. Ya se que te gustó, la trataste también que decidimos volver varios años juntos los dos. Disfrutábamos los tres como verdaderos amigos y los días a tu lado se nos pasaban volando. Las despedidas eran demasiado tristes, eran ratos de verdadera angustia al saber que tardaríamos mas de un año en volver a vernos en el mejor de los casos. Un ultimo baño, una ultima piedra sobre tus lomos, un ultimo regalo por tu parte, un ultimo paseo por tu entrañable arena. Entre lagrimas me volvía para darte un ultimo adiós...

Hace algunos años decidí traerte a mis hijos para que los conocieras. Yo sabia de sobra que te iban a caer bien, son una copia de sus padres y si a nosotros tu nos encantas, a ellos no ibas a ser menos.
Hoy delante tuya los cuatro, hemos vuelto a emocionarnos, hemos vuelto a recordar vivencias pasadas y aunque estaremos pocos días a tu vera, serán los necesarios para apagar la morriña que acumulamos durante todo el año.

Que bonito es volver a encontrarte con un buen y viejo amigo...El mar, la mar.







martes, 6 de septiembre de 2016

Capitulo 758: Desde mi andamio.



Y uno tiene la suerte de trabajar en lo que me gusta, aunque en este tiempo tan caluroso, tantos días seguidos, mas de una vez maldecimos la suerte que nos ha tocado vivir. Pero sabemos que hay gente en peores situaciones y pronto se nos pasa.

Cuando toca montar el andamio en un lugar conocido la obra pasa a ser mucho mas amena. Si la obra es en tu barrio de siempre, prefiero dejar mi vieja radio en el coche y escuchar los sonidos que tantos años he podido escuchar, desde que vine al mundo. Los primeros en dar los buenos días son los cientos de vencejos y golondrinas que pronto emigraran. Sus cantos me hacen recordar muchas mañanas que estando de fiesta se nos hacia de día, era cuando mas nos fijábamos en estos preciosos pájaros y también mas nos molestaban para poder conciliar el sueño después de tanta fiesta.

Los primeros vecinos empiezan a dejarse ver, algunos aprovechan el poco fresco de la mañana para ir andando hasta los corrales donde el que mas y el que menos tiene alguna gallina la cual le proporciona los huevos para el posterior consumo. Aunque todo el mundo se queja que con estas calores los huevos escasean. Otros salen a pasear un rato aunque sea poco, puesto que saben que les es necesario el hacer ejercicio para sus pertrechados y cansados huesos.

Es el caso de tío Joaquin y tío Ignacio, vecinos desde hace ni se sabe y que todas las mañanas comienzan con el mismo ritual. Se dan los buenos días justo cuando Ignacio abre la verja del bar que tantos años regentó y que ahora lleva su hijo. Al mismo tiempo tío Joaquin entre algún que otro lamento, comienza a dar su paseo de todas las mañanas, el cual según él, cada día que pasa le cuesta mas hacer. Me da los buenos días al pasar junto al andamio y me aconseja que aproveche la sombra, antes de que el sol me empiece a calentar. Voy a la tarea diaria, antes de que la calor me quite las pocas ganas que tengo de andar. Que pena me da hacerme mayor y no poder caminar lo que antes, no hace tanto tiempo, hacia a diario.

Por la otra calle de al lado pasea Ignacio, que ya no logra separarse de su bastón, a paso mas lento que su vecino comienza el mismo ritual del paseo. De aquí para allá hasta que al pasar por el andamio, me da los buenos días. Su afán es el mismo que el de tío Joaquin, date prisa que hoy viene el sol bueno otra vez. Y así, esta buena gente, logra andar el máximo que pueden antes de sentarse a tomar el poco fresco de la mañana. Su próxima misión, será salir a la furgoneta del pan, la cual conduce Ángel y suele dar un buen bocinazo para que todos se enteren. Creo que al verme en el andamio el pitido es aun mas fuerte...

Las vecinas salen a la compra del pan y alguna aprovecha para acercarse hasta el comercio de Ismael, y comprar lo que les hace falta para pasar el día. Ismael otro aventurero autónomo con ganas de comerse el mundo, ojala y tenga suerte y le vaya bien. Somos varios los que aprovechando el precio de las cervecitas, de vez en cuando nos pasamos a por alguna.

La alegría en el barrio la pone tía Petra, ella a pesar de los años no pierde el humor y aunque tiene muchos achaques a causa de los años, siempre tiene una palabra graciosa acompañada de su contagiosa sonrisa. Tía Josefa la "Mochuela" pasa a hacer la compra y me saluda como siempre, me he criado entre ellos y eso no se olvida. "Soli"la "Cascarilla" vine de dar alguna peonada, en este mundo hay que ganarse la vida como buenamente se pueda. Sigue igual de graciosa que siempre y es raro que no nos riamos juntos de algún cotilleo o alguna historia de la que nos hayamos enterados los dos. Mari, la madre de Isma pasa también de las primeras y se acerca a preguntar a sus padres, para ver que tal han pasado la noche, justo cuando su hermana Juli viene a echar una mano con la limpieza.

Mi vecina Fermina pasa antes de que yo me suba al andamio y nos damos los buenos días las veces que haga falta. Bromeamos sobre ello y decimos los dos que es gratis el dar los buenos días o decir un adiós y cada vez la gente joven, los da menos. Me enfada cuando alguna de estas jóvenes pasa y me ignora, como si no me conociera y estoy a punto de decirla a voces que es una estúpida, pero a ultima hora me arrepiento y no la digo nada, rezo por dentro...

Y así vamos trabajando con alegría y muchos recuerdos, alegría que es doble cuando uno de los pocos niños del barrio, Guillermo, sale a la calle. Se nota que a nuestros mayores les hace falta ver mas niños por el barrio, puesto que al verlos se les quitan a todos los dolores y las penas. Por eso Guille es el mas mimado de todos los vecinos, todos tienen que ver con el y siempre les alegra el alma emparejar cuando el vecino mas joven les dice algo. Se sabe el nombre de todos y algunas veces los hace de rabiar al no quererles dar el beso que todos le piden.

Tío Manolo pasa andando con paso lento, tiene a su muer enferma y todas las mañanas al pasar me lo recuerda. La pena le rompe el alma y tan solo acierta a levantar su garrote para saludar a tío Joaquin y tío Ignacio, que están a punto de recogerse dentro de casa, al llegar el sol hasta sus sillas...

Desde mi andamio me encanta trabajar en mi barrio y volver a recordar a todos mis vecinos, aunque cada vez van faltando mas. Ley de vida.




Capítulo 1036: Finde en Peniche y Las Islas Berlengas.

  A pesar de que el calendario marcara el mes de julio, saliéndonos de nuestros meses de viaje, nos animamos a ir a tierras portuguesas dond...