sábado, 23 de septiembre de 2023

Capítulo 1009: El Águila de Ruanes (Artículo publicado en el libro de las fiestas 2023)

                                               - EL ÁGUILA DE RUANES -



Cuando Juan llegó a Huertas daba más miedo a los niños que la bruja de Peneque el Valiente. Un "peazo" de hombre con unas manos que daban pánico cuando las veías de cerca y su cara que no podía decirse que fuera un "Adonis" precisamente.

Pero lo que Juan nos fue demostrando poco a poco a todos los huerteños fue su gran corazón, que no le cabía dentro del pecho y mira que había pecho...

Cuentan algunos lugareños que a los pocos días de estar en el pueblo se le pudo ver caminando por la avenida con un saco de cemento bajo el brazo que había subido a comprar a Trujillo, como el que trae el periódico, así venía Juan desde el almacén de la ciudad con un saco de cincuenta kilos.

Se buscó la vida con los albañiles del pueblo y pasó por varias empresas, incluso también formó parte de la cuadrilla que estuvo currando en el museo etnológico y fue de los voluntarios que arrimó el hombro para construir la ermita. Así era Juan, un tío con un corazón enorme que no era capaz de decir que no, a nada ni a nadie.

Las fiestas del Rosario para Juan eran sagradas y un mes antes cuando estábamos en las capeas de Trujillo, ya nos decía los días que faltaban para las nuestras, donde a celebraciones no le ganaba nadie.

Pero donde de verdad le conocimos los de mi generación fue en la puerta de la discoteca de "Viñeros". Allí sin duda fue donde aprovechó su envergadura para hacer el trabajo de portero de discoteca y más de uno probó sus guantazos con la mano abierta cuando le sacaban de sus casillas, que ya era difícil, pero siempre hubo el tonto que se hacía el gracioso o el que se había pasado con la bebida que venían a tocarle la fibra y a más de uno puso firme solo con una mano, mientras con la otra aguantaba su "ducados".

 Con los del pueblo era raro que se metiera, siempre y cuando tú le respetaras. Yo sin duda que estaba salvado, éramos seguidores del Athletic y eso me daba un plus para entablar conversaciones con él, que si Ezquerro se iba al Barsa o que si Alkiza era un fenómeno mientras me dejaba entrar o salir con algún que otro vaso de cristal.

La afición de Juan con el futbol le venía de su Leganés Natal, donde llegó a jugar en segunda división defendiendo la portería pepinera. Su "Lega" era intocable y siempre anduvo pendiente cada domingo de cómo había quedado su equipo, pero donde nunca fallaba era delante del televisor cuando televisaban al Athletic y cuando no era televisado, le podías ver con sus inseparable aparato de radio puesto en la oreja que alguna que otra vez salió volando por la ventana del bar cuando le marcaban gol a su Athletic.

Nosotros tuvimos la suerte de verle bajo palos y a día de hoy aun recordamos los amigos, una parada que hizo en un partido de aquellos que la peña el "Charpazo" y la peña del Betis, mas arrimados, celebrábamos el viernes Santo, el partido de futbol, las cervezas y un frite para guardar cuaresma y de portero "El Águila de Ruanes", cómo él mismo se bautizó al llegar a despejar aquel balón que fue justo a la escuadra y que Juan con una estirada increíble fue capaz de mandar a córner. La caída a tierra fue peor y aquel día estuvo renqueante durante todo el frite, pero a nosotros nos regaló una de las mejores paradas que hemos visto en directo en el campo de las nieves.

Juan se fue echando a la mala vida por culpa del alcohol, que tantos y tantos vecinos se ha llevado por delante en nuestro pueblo. La muerte de su mujer fue la puntilla que le acabó de joder la vida. Te le podías encontrar en Trujillo a cualquier hora y en cualquier bar en estado de embriaguez, seguro que cada uno de nosotros pudo hacer algo más de lo que hicimos por ayudarle, pero ya sabemos que muchas veces estos enfermos no se dejan ayudar.

El desenlace de su muerte fue un poco oscuro, sin duda alguna que si Juan hubiera tenido familia en el pueblo hubiera pedido investigar las condiciones y el motivo por el que la policía municipal le llevó a su casa en lugar de llevarle al centro de salud, que con la borrachera que tenía hubiera sido lo más lógico y normal, en lugar de llevarle a su casa y dejarle allí dentro donde según cayó, jamás volvió a levantarse. Fueron los vecinos los que algún día después le echaron en falta y encontraron su cuerpo yaciendo en el suelo.

Sin duda una manera de morir que nadie merece y mucho menos Juan, que siempre fue un buen hombre que quiso a Huertas como a su pueblo y que nos dejó aparte de sus demostraciones de fuerza, una de las mejores paradas que se han podido ver en Huertas.

Vaya mi homenaje desde aquí a Juan y Medio, como era conocido en el pueblo. “El águila de Ruanes" para nosotros.

"Fonta."


Fotografía de la pagina web de Huertas de Ánimas.



 


sábado, 24 de junio de 2023

Capítulo 1008: Fin de semana en San Juan de Gaztelugatxe y Bilbao.

 


Una vez más nos volvimos a poner en carretera tres meses después del anterior viaje que hicimos a Burgos. La ruta escogida esta vez era una de las más deseadas por parte mía y por alguno más del grupo habitual que no fallamos nunca a ninguna de las rutas organizadas.

San Juan es uno de los lugares más bonitos que he tenido la suerte de visitar y creo que el resto de viajeros puede decir lo mismo una vez terminada la excursión.



Pero antes de llegar a nuestro destino tenemos por delante un montón de horas de viaje que si lo piensas y no te has montado nunca en nuestro autobús, se te pueden hacer eternas, pero a los ya habituales se nos pasan volando, puesto que el fin de semana comienza siempre esperando al autobús en la "rotondina".






Allí lo primero que se comenta es lo rápido que se nos han pasado los tres meses mas o menos que transcurren entre una excursión y otra. Luego las preguntas por la salud a los compañeros y por ultimo se hace un repaso rápido a los equipajes por si se nos queda algo atrás.






Esta vez la hora de salida era mas temprano, el destino estaba un poco más lejos y al saber también que teníamos hora de entrada a la ruta, pues mejor andar sobrados que no llegar tarde. Menos mal....

El primer contratiempo fue un manguito del Bús, que a la altura de Guijuelo quiso acarrear para si todo su protagonismo y dejarnos tirado una hora mas o menos en la cuneta, en manos de nuestros conductores que tuvieron que enfrentarse a su arreglo con pocas herramientas y en un lugar complicado.

Una vez "arreglado" continuamos la marcha aunque con las orejas tiesas, uno no se fía ya de nada ni de nadie.






La noche sigue su curso y los afortunados que son capaz de dormir algo lo hacen., otros sin embargo entre canción y canción van diciendo lo que les viene a la cabeza o recordando viejas batallas o anteriores viajes que ya son unos cuantos los que llevamos en las nalgas.







Un par de horas antes de llegar decidimos parar para desayunar antes de llegar a nuestro destino y la verdad que el lugar no es de los mejores que te puedes encontrar en la carretera. Pero es lo que hay después de la pandemia se han reducido muchísimo los lugares donde parar y los que hay cuentan con poco personal y muchas veces son novatos, por lo que si les entran cincuenta personas de golpe pues hora larga te toca esperar hasta que te atiendan...






Cuando amanece el viaje cambia de un plumazo, el paisaje te hace emocionarte y ya vamos estando inquietos en los asientos deseando de que el bús pare en nuestro destino.

La temperatura es inmejorable y las ganas de caminar aumentan a pesar de que sabemos que hay varios cientos de escaleras que subir y bajar, además de una gran cuesta que a primera hora bajamos alegremente.

Todos juntos y en la hora concretada entramos dentro del recinto de la ruta, el paisaje es espectacular y el olor a mar pronto nos embadurna a todos.

Las primeras vistas son espectaculares y uno se "jarta" de hacer fotografías desde cualquier lugar de la ruta. La subida de las famosas escaleras no se hace mal, cada uno a su paso y descansando las veces que sean necesarias vamos descontando peldaños hasta llegar a la ermita.

Allí la gente va de un lado al otro haciendo fotos y guardando recuerdos para la eternidad. Mejor lugar que ese para abrir las mochilas y sacar los productos extremeños no hay en toda la ruta. Un par de tragos de la famosa bota de Roberto que es fiel compañera nuestra de viajes y un cacho de chorizo y queso además de jamón y lomo nos calman el hambre y nos da fuerzas para la vuelta.

Y si, las escaleras uno las baja rápido, pero al llegar a la cuesta uno suda todo lo ingerido un poco antes. Hay que parar varias veces y nos da tiempo a bromear con los visitantes que van en dirección contraria y con caras alegres, nada que ver con la cara que se te pone a la vuelta.


Una cervecita fresca en el primer restaurante hace que uno deje de sudar, el bochorno se apodera del clima y lo que antes era una temperatura ideal para caminar, ahora le sobra algún grado.

Camino del autobús nos reunimos en el restaurante que hay nada mas llegar al lugar y allí comentamos la ruta entre cerveza y cerveza. Nos ponemos en camino de Bilbao para llegar al hotel donde tenemos las habitaciones.

El olvidar la cartera en el bús me hace andar otros pocos de kilómetros hasta llegar al mismo y en el camino nos sorprende el famoso chirimiri que la verdad se agradece para dejar de sudar un rato. La gente opta por irse de pichos y así comer algo antes de irnos a las habitaciones para una ducha relajante y echar un piconcino antes de recorrer la ciudad que tan buenos recuerdos me trae siempre que vuelvo.



El primer recuerdo que me viene es del primer viaje que hice en compañía de otros cuatro amigos que montados en una "renault express" nos plantamos en Bilbao para conocer por primera vez "la Catedral" este recuerdo hace que me olvide de todos los que tengo alrededor en ese momento y solo voy caminando y recordando detalles de aquel fin de semana inolvidable que siempre vendrá conmigo a pesar de que la tristeza me envuelve a recordar a mi amigo Carlos, uno de los acompañantes de aquel primer viaje que hicimos al Botxo.




La ciudad está preciosa y aquel Bilbao que conocí treinta años atrás a este, casi no tiene nada que ver. El museo es una pasada, los alrededores y por su puesto sus gentes que siempre me han querido y acogido en sus brazos como si fuera uno mas de aquella hermosa ciudad.

Recorrer la calle Pozas hasta San Mames me vuelve a traer recuerdos y los pelos se me ponen siempre de punta cuando me acerco al campo. Demasiados recuerdos se agolpan en mi mente y me da miedo recordarlos todos a la vez, puesto que me vuelvo a quedar aislado en mi mundo sin atender a nadie de los que vamos caminando.

En una excursión tan corta es muy difícil atender a todo lo que te hubiese gustado, pero así y todo pude tomarme unos tragos con viejos amigos que siempre es un placer volver a ver y abrazar, además de volver a recordar alguna de las batallitas vividas juntos alrededor de nuestro querido Athletic que tanto me ha dado en esta vida.



El cansancio se apodera de nosotros y lo mejor es volver al hotel, con el chirimiri en pleno apogeo uno camina de manera alegre a pesar de tener los pies doloridos debido a la tupa de andar que llevo encima.

El domingo toca desayunar consistente para volver a recorrer la ciudad y acercarnos al casco viejo para tomar unos tragos y enseñar esta parte de la ciudad a los nuevos turistas que es la primera vez que se dejan caer por Bilbao.

Y la vuelta la tenemos a las cuatro, por lo que en el mercado nos comemos unos pinchos y vamos lentamente acercándonos hasta el hotel, donde nos espera el bús y la maleta. A eso de las tres asistimos al diluvio universal y una tormenta de granizos y agua nos hace tener que buscar refugio antes de llegar al sitio acordado. Muchos llegan igual que sopas y no les queda mas remedio que abrir maletas y cambiarse de ropa antes de montarnos de nuevo en el autobús y poner rumbo a casa.

La pena siempre me invade cuando dejo Bilbao pero una sonrisa asoma pronto al pensar que si todo va bien, volveremos pronto a disfrutar o sufrir con nuestro querido Athletic.



La vuelta como siempre es un cachondeo recordando el intenso finde y todas las anécdotas que hemos vivido en tan pocas horas, incluyendo el ya habitual "Baile de los pajaritos" con música en directo...

Una parada para evacuar y tomar algún refresco y volver a nuestros asientos que nos queda otro rato de carretera para llegar al pueblo donde justo el bús dijo que ya no andaba más, teniendo que volver algunos en sus coches hasta sus casas. Una suerte y otra anécdota mas para nuestro curriculun de viajeros el cual le tenemos lleno de miles de kilómetros desde que embarcamos la primera vez camino de Málaga y que unos cuantos años después seguimos paseando la maleta con este grupo de gente cojonuda el cual es un verdadero placer compartir tantas horas de autobús, siempre comandados por nuestra Paqui que está empeñada en que no se nos escape ninguna provincia española sin patear.

Próxima estación: Cuenca.

Nos vemos por los caminos.









miércoles, 29 de marzo de 2023

Capítulo 1007: Fin de semana en Burgos.

 


Unos dicen que estamos tontos, otros que si no nos da pereza, otros cuantos que es una paliza y nosotros ya estamos pensando en la siguiente.























Y ya llevamos unas cuantas en los riñones, noches de bohemia y de mucho cachondeo, donde los habituales nos damos cita y alguno que otro suele debutar en cada viaje y cuando llegamos los domingos por la noche, creo ver en sus caras la ilusión y el descojono que se han pasado al lado nuestro.

Porque desde que esperamos al autobús ya empezamos nuestro fin de semana de risas y buen rollo, que, la verdad, tal y como están las cosas son muy necesarios.

Así que la madrugada del sábado, cuando dieron las doce y media nos acoplamos en nuestros asientos para emprender una nueva aventura por tierras burgalesas, las cuales aun no habíamos pateado.

Dentro del autobús, una vez saludado a todos nuestros acompañantes habituales, con los cuales hemos hecho mas kilómetros juntos que el baúl de la Piqué, emprendemos la marcha.

El que no haya venido nunca creerá que desde que montamos hasta que nos bajamos vamos dormidos ( ojalá), pero no, con nuestro equipo de música vamos poniendo canciones habituales de otros viajes y entre canción y canción, alguna que otra anécdota y muchas risas, esto ultimo es lo mas sano para que sigamos asistiendo a estos viajes todos juntos.


Cuando la jefa (Paqui) decide, paramos a tomar un café el que quiera y otros, a esas horas prefieren algún refresco guisado o alguna cerveza, son horas en las cuales si estás despierto sería para estar de fiesta....

Y cuando apenas amanece llegamos a Santo Domingo de Silos, donde debemos esperar un rato para poder desayunar en alguno de los bares antes de emprender la ruta, la cual nos llevará hasta el cementerio donde se rodó la ultima escena de la película; " El Bueno, el feo y el malo".

Esa la ruta más larga, otros deciden esperar en el pueblo para cuando al volver y después de conocer el monasterio, continuemos andando hasta el desfiladero del Yecla, para concluir la ruta.

La primera parte de la ruta no nos gustó mucho. Aparte de ser cuesta arriba todo el camino, un incendio de años atrás había arrasado con todos los arboles del lugar y la escena era penosa, la verdad que podían volver a rodar otra película del oeste dado el paisaje.


Algunos decidieron darse la vuelta puesto que había que volver por el mismo sitio y otros decidimos acompañar a nuestro amigo José Fernando para que disfrutara del lugar donde se rodó su película favorita. Nos costó llegar, pero llegamos y desde lo alto del cerro ya se divisó el cementerio al cual bajaron los mas valientes y otros esperaron arriba comiéndose el muerdino.


La vuelta hasta el pueblo la hicimos a buena velocidad, puesto que es lo que tiene hacer estas cosas en tan poco tiempo, debes programar todo muy bien para que de tiempo.

El monasterio nos le enseñaron todo lo rápido que pudo el guía y luego en la calle, todos juntos nos encaminamos al desfiladero, lo mas bonito sin duda de la ruta.

Un lugar famoso y concurrido por muchas personas que ante la corta distancia que tiene, se animan a recorrer sus pasarelas para ver lo que ha ido destruyendo el agua en las rocas.

Al terminar la ruta nos esperaba el bus para llevarnos hasta Burgos donde teníamos el hotel. Por el camino vamos contándonos lo vivido hasta el momento y nuestras impresiones. Compartimos fotos y algún que otro trago.


Dejar la maleta en el hotel y salir a buscar donde comer, no es mala hora pero no te puedes atontar si no quieres hacer ayuno voluntario, por lo que el que mas y el que menos bichea algún sitio en condiciones para comer. La verdad que nosotros acertamos y nos dimos un buen banquete en uno de los restaurantes cercanos a la catedral.


La visita a la catedral la dejamos para el domingo, por lo que el sábado la gente aprovecha para conocer el resto de la ciudad, otros se tumban un rato hasta la hora de la cena para después de esta salir a conocer la noche de Burgos.


El domingo amanecemos y toca desayunar fuerte para aguantar otros pocos de kilómetros andando, que con lo del día anterior las piernas se van cargando demasiado.

Dejamos las maletas en la consigna del hotel y a las cuatro quedamos para volver. Tenemos tiempo de conocer la ciudad y sobre todo, conocer LA CATEDRAL. Y lo pongo en mayúsculas porque sin duda de todas las que conozco hasta la fecha, es la que mas me ha impresionado. El arte que hay metido allí dentro no lo ves en unas pocas de horas y uno se va sorprendiendo aun mas si cabe a medida que vas conociendo otra estancia nueva. El hierro, la madera y la piedra allí empleada es una locura y los miles de detalles que no te da tiempo a memorizar. Nosotros estuvimos dos horas allí metidos pero si hubiéramos querido, nos pegamos otras dos tranquilamente.

Unas cervezas nos esperan acompañadas de alguna que otra ración para comisquear algo antes de volver al autobús, donde nos esperan otros cuantos de kilómetros y de aventuras, porque para nosotros el bus es una gran aventura donde entre algún que otro cante y procesión, se nos pasa el rato volando, gracias a la "Cofradía del Niño Glorioso" por enseñarnos su paso y procesión.


Y poco más que añadir, que si no conocéis esta maravilla os invito a que no dejéis de ir a verla porque no os defraudará.

A los compañeros de viaje muchas gracias por hacerme olvidar las penas que pueda tener uno, estas cosas te llenan para otros cuantos meses y en junio estaremos de nuevo cantando la morita camino de Bilbo, donde nos esperará otra gran aventura sin duda.

Gracias Paqui por seguir empeñada en que conozcamos España entera, Ahh !!Y viva el niño glorioso!!!!

Nos vemos por las callejas.















sábado, 25 de febrero de 2023

Capítulo 1006: En los barrios de abajo.




 Cuando a uno por motivos laborales le toca trabajar por los barrios de abajo de Huertas de Ánimas, no puedo dejar de acordarme del respeto que teníamos los muchachos de los barrios de arriba a dicho territorio. En épocas donde todo se arreglaba a base de guerra de piedras y algún que otro puñetazo entre los muchachos de ambos barrios, uno sabía de sobra que terreno no frecuentar si querías no tener problemas con nadie. Por eso estos lugares uno los conoce menos que donde me he criado.

De los habitantes de dichos barrios van quedando pocas mujeres mayores y muchas de las viviendas están cerradas a cal y canto con el dichoso cartel de "se vende" que adorna medio pueblo. Como hay poca gente joven es difícil que muchas de esas casas se lleguen a vender y el sino de la mayoría de ellas será dar con los tejados en el suelo. Serán un simple recuerdo en las memorias de sus familiares y de los vecinos que logren arraigarse en sus casas sin tener que abandonarlas.

Es cierto que las construcciones de plantas solares alrededor del pueblo ha logrado que algunos de sus trabajadores forasteros hayan podido alquilar algunas de estas casas que incluso dueños o herederos jamás pensarían que podrían sacar redito de ellas. En alguno de los casos ese dinero del arriendo será invertido en las mejoras de dichas viviendas con lo que poder sostenerlas otros cuantos de años mientras esperan que algún alma caritativa se encapriche de ella y logren venderla.

Los hijos de los moradores de estas casas ya echaron raíces donde les tocó emigrar y sus hijos, muchos de ellos ni han conocido el pueblo. Quizás en algún caso poco frecuente se ha visto racear algún nieto en busca de las raíces de sus abuelos o bisabuelos queriendo investigar sobre sus raíces, pero al ver el estado de las herencias y el dineral que hay que invertir en ellas para adecentarlas un poco, desisten pronto.

Mientras en la radio se escuchaba la canción de "norit el borreguito", las vecinas de los barrios de abajo sentadas en sus sillas de madera con el culo de mimbre que "Barrante, el sillero" había reparado una mañana de verano, con sus gafas de culo de botella que pocas veces se limpiaron y que a él no le hacían mucha falta para trenzar aquellos juncos que el mismo recogía en las orillas del rio.

Entre risas y alguna cancioncilla que otra, las vecinas esperaban al consultorio de Elena Francis, donde los guionistas eran verdaderos héroes a la hora de mantener en antena tantos años un programa tan sencillo y a la vez tan escuchado en toda España.



Una tal Juana que escribía a Doña Elena para preguntar si hacía bien al esperar a su marido a la hora de comer con la mesa puesta y su copa de soberano para que "su" hombre entrara en calor, o por lo contrario si debía esperar sin ella puesta y que le ayudara su marido a ponerla y se echara el mismo el "gurguruto" de coñac.

Antes de escuchar la respuesta, las mujeres que andaban zurciendo calcetines y calzones largos se manifestaban a viva voz diciendo "como la va a poner él", ponla tú que te llevas alguna hostia como esté el hule sin poner. Otras decían "que la ponga él" no te jode con el señorito...

Elena, con aquella voz que convencía a todo el mundo empezó diciendo: "Querida amiga Juana: Es de buena esposa querer a tú marido y por supuesto tenerle siempre contento, por lo que además de tener la mesa puesta y su copa llena, deberías de acercarte al estanco a comprar tabaco y tenerle cerca de la botella de "soberano".



Las risas de aquellas mujeres eran escandalosas, pues sabían que ningún marido andaba cerca para mandarlas callar al oír aquella respuesta, que por otro lado, todas cumplían al pie de la letra, incluso más de una aparte de todo eso, iban al comercio con el casco vacío de la botella de vino del día anterior y se llevaban otra para que a su marido no le faltase el vino comiendo aquellos garbanzos que eran el menú de lunes a domingo y que unas veces estaban mas duros que las piedras que sus maridos colocaban en los cientos de paredes que les tocó arreglar.



Hoy Tía Pepa, la única mujer que queda con vida de aquella generación, anda de su casa al corral mas de treinta veces al día, a pesar de que la calle es la misma que existía en los años treinta. El ultimo porrazo le ha dejado la cara como un cristo pero a pesar de ello, no pierde su sonrisa y las ganas de canturrear, aunque cuando la preguntas por la canción que canta, ella te dice que no está cantando....








Capítulo 1036: Finde en Peniche y Las Islas Berlengas.

  A pesar de que el calendario marcara el mes de julio, saliéndonos de nuestros meses de viaje, nos animamos a ir a tierras portuguesas dond...