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miércoles, 17 de octubre de 2012

Capitulo 370: La bien pagà.





Como ya prometí hace tiempo, aquí dejo lo escrito en el libro de las fiestas, gracias a mi amigo Alberto por poder recuperarlo.




Posiblemente desde que empecé a escribir hace ya algunos años, este artículo es con diferencia, el más difícil que he tenido que escribir. Sí, porque describir a personas indescriptibles es sin duda una tarea difícil y a la que solo llegan los buenos y grandes escritores, pero a mí eso no me preocupa, no sé si llegaré al final de este articulo habiendo descrito como se merece esta persona, pero yo, lo voy a intentar.

Al conocer el reciente premio instaurado en Huertas he de reconocer que me vinieron muchas cosas a la cabeza, muchas cosas y mucha gente que para mi serian dignas merecedoras de dicho premio. No por eso voy a menospreciar al que crean oportuno de premiar.

Mi candidato es del pueblo, no tiene más de cincuenta años y todos, absolutamente todos ellos los ha pasado en Huertas y en sus fiestas. Ha colaborado en todo lo que tú puedas imaginarte y algo más. Desde ser “cabezudo”, cuando era más pequeño, a portar con las gigantas algo mas mayor. Desde ir a cargar las vacas hasta descargarlas a altas horas de la noche después de que todo el mundo se lo estaba pasando bien. Desde montar las sillas para las actuaciones, hasta recogerlas por la mañana temprano sin acostarse y algo perjudicado de salud alguna que otra vez.
Desde sacar a la Virgen a primera hora cuando ni los más beatos y fieles que presumen de ello, habían aparecido por la iglesia todavía, hasta recogerla cuando más de uno se hartaba de vinos presumiendo de fe.

Cuando de verdad se curraba en las fiestas que no había máquina ninguna para aliviar los trabajos, allí estaba él, abriendo los agujeros para las vallas, descargando las cancillas y guarda raíles con los cuales se hacía aquella manga tan larguísima y peligrosa, que más de un año las vacas y toros se encargaban de enseñarnos por donde estaba mal montada y se escapaban.
Cuando había que ir a por aquella vetusta plaza que alquilábamos a los de Serradilla, menudas palizas de trabajar y sin cobrar ni un duro, solo para disfrute de sus paisanos, jamás le oí quejarse de que éramos pocos los que trabajábamos, agachaba la cabeza y entre broma y broma, íbamos haciendo la faena.

Esos nervios previos a los días de fiestas solo los tiene él, que a pesar de los años le siguen entrando. Esa sonrisa en su boca se queda fija durante los quince primeros días de octubre a pesar del paso de los años. Antes disfrutaba de ellas bebiendo, muchas veces quizás demás de la cuenta, pero la grandeza de una persona está en disfrutar del mismo modo, bebiendo que sin beber y tu lo conseguiste hace varios años y no por ello te escondiste y pasaste de tus fiestas. Como una gran persona te rehiciste y continuaste en la buena senda de la vida, con tu familia y amigos. Ahora sigues dentro de ellas, los cohetes es tu misión antes de los encierros, sigues siendo el primero en agarrarte al primer hierro que se saque, a la primera silla que se ponga en la plaza y a la última que quede por recoger. Ese eres tú y ese es tu amor por Huertas de Ánimas y por tus fiestas. Seguramente no quede nadie en el pueblo como tú con ese espíritu y lo vamos notando. La juventud lo quiere todo hecho y aunque todavía por suerte queda alguno que quiere seguir tu senda, jamás te llegaran a la suelas de tus zapatos.

Todavía a pesar de que debe de hacer más de veinte años, recuerdo aquel sábado de madrugada después de la verbena, en la que nos quedamos los elegidos en la plaza. Tú querías ofrecer un concierto y todos tomamos asiento. El silencio era sepulcral y del fondo de tu garganta se empezó a escuchar esa canción que todavía a día de hoy te sigue poniendo los pelos de punta cuando la escuchas y que yo te recuerdo el estribillo que decía así:
Bien pagá,
Si tú eres la bien pagá
porque tus besos compré
y a mí te supiste dar
por un puñao de parné.
Bien pagá, bien pagá,
bien pagá fuiste, mujer……

No siempre los reconocimientos se los deben de llevar gente importante por cosas insignificantes, a veces en la vida son más importantes las pequeñas cosas de gente menos importante, eso sí que tiene valor….

1 comentario:

  1. Cojonudo Fonta así se escribe con el corazón en la mano, me ha gustado muchísimo el relato que haces a esta buenísima persona que para mi es digno de admiración y alabanza. Un cordial y afectuoso saludo de K I K O "T A R D I O".

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