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Sufridores del blog.

miércoles, 30 de octubre de 2013

Capitulo 534: Seguir rezando.



Me encaminé hacia la plaza a pesar de que lo mas seguro, era que tuviera que volver sobre mis pasos como casi siempre todas las mañanas ocurría. Los cuatro “señoritos” del pueblo cada vez venían en busca de menos obreros. A los que se llevaban un día, les hacían trabajar por cuatro y cobrar por menos de uno, pero al fin y al cabo era lo que había, nos gustara o no.
Lo mejor que me podía pasar era que nadie me reclamara y volviera a casa a ocuparme del pequeño, que toda la noche había estado con fiebre. Su madre, la pobre, casi no había pegado ojo. Las medicinas necesarias no estaban a nuestro alcance y a todas las madres, de nuestra clase, no les había quedado mas remedio que volver a los métodos tradicionales de cura. La cebolla partida debajo de la cama, el paño de agua caliente en la frente y sobre todo el rezo. De nuevas a primeras aprendimos a rezar. No es que antes algunos no lo hicieran, que seguro que si, pero ahora toda la pobreza que existía, parecía menos pobreza si se rezaba. Por supuesto que los domingos había que ir a misa. Era un punto ganado a la hora de que te reclamara alguno de los terratenientes que pasaban por la plaza, a por los obreros que allí esperábamos muertos de asco.

Los antiguos sermones rápidos que daban los curas, habían quedado en el olvido y de misas de media hora, pasamos a misas eternas. Aunque la verdad, daba igual estar allí metidos que estar metidos en casa.

Cuando ya me iba de la plaza, acudió uno de los cuatro ricachones dueños del pueblo, por lo visto le hacían falta cuatro hombres para varias faenas en una de sus fincas. El trato estaba claro, tú ibas y no sabias cuando volvías ni cuanto dinero traerías. Lo único claro era que el pellejo te le quedabas en aquella finca.
El “señorito” parece que se fijó el domingo en mi en la iglesia y fui el segundo en subir al maletero de su todo terreno. Durante el viaje no se podía hablar nada, lo único que se oía era al conductor, tararear las canciones que la radio del coche emitía. Este señor años atrás, era uno más de nosotros. Pobre hasta la médula y pasándolas canutas como todos. Lo que cambió su vida fue tener una mujer guapa y fácil. Puesto que de todos era sabido en el pueblo su relación con el jefe. Por eso quizás le teníamos todos mas atravesado aun. Porque él, tonto no estaba y si había llegado a ser lo que era, sin duda que había sido por ese motivo.


Al llegar a la finca, con los huesos doloridos de la postura en la que habíamos viajados, el dueño mandó llamar al capataz, otro “vendido” del pueblo. Este no tenía mujer, pero la mala baba que siempre le había acompañado, era lo que el terrateniente iba buscando. Así que era normal que te tratara peor que al último perro mastín que había en todo el cortijo.

Cuando ya no se veía, el capataz mandó llamarnos para regresar a casa. Con hambre y cansados de la faena nos volvimos a montar en el coche, donde nos esperaba el chofer con una sonrisa propia de no haber hecho nada en todo el día, pero también con la cara de cornudo que el solo podía tener en aquel coche. Su frase primera que nos dirigió a todos, mejor no la cuento, porque todavía se me revuelven las tripas al acordarme de ella.

Cuando uno de los que íbamos, preguntó por el dinero que se nos adeudaba, este con una sonora carcajada nos contestó que las reclamaciones al maestro armero. Y lo malo que lo remató con la misma carcajada asquerosa con la que nos había recibido.
Mañana tenéis que volver, nos contestó casi llegando a casa, así que sin prisas para cobrar.

El niño seguía igual de enfermo cuando entré por la puerta, daba lástima solo mirarle y ver su cara. Yo, que tenía pensado gastarme el jornal en medicinas para él, tendremos que seguir rezando hasta que tengan a bien de pagarme. Esta noche volverá a ser larga y fría y con apenas un plato de sopa metido entre pecho y espalda, será mas duro conciliar el sueño.

Recemos, me dice mi mujer al pie de la cama, es lo único gratis que nos queda…

domingo, 27 de octubre de 2013

Capitulo 533: Ruta " A Garciaz a por castañas".




En el día de hoy, el cual iba acompañado de un cambio de hora por si se nos hacia poco, el grupo de amigos de Huertas volvía a los senderos y caminos. Esta vez el lugar elegido es un lugar más que conocido por casi todos los miembros del grupo, pero que no nos importa repetir todos los años dicha visita. Sin duda alguna que, vayas en la estación que vayas, el lugar es precioso y con un encanto espectacular durante todo el año. Si bien es verdad que esta fecha es la mejor que puede haber para encima de andar, poder traerte unas cuantas de castañas.

A las siete y media de la mañana, “de la hora nueva”, quedábamos en el lugar de siempre, la plaza de Huertas. Allí volvíamos a darnos cuenta de que alguno de los miembros que habían confirmado asistencia, no estaban en dicho lugar. Nos sorprendía como era posible que a pesar del cambio de hora, volvían a quedarse rezagados, pero como decimos aquí, “hay gente pa tò”.




Antes de empezar la ruta en Garciaz, esperábamos a uno de los integrantes del grupo, el cual había confundido la hora acordada y se había presentado mas tarde. Una vez que se reunía con todos, catorce integrantes comenzábamos dicha ruta, con la discusión que siempre surge cuando la hacemos, que unos dicen de hacerla por un lugar y otros por el contrario. Al ser circular da igual un sitio que otro, pero quizás es más cómoda realizarla subiendo por el pantano, al final por ese lugar hemos comenzado a subir.
Como ya he escrito las otras dos veces anteriores que hemos realizado dicha ruta, merece mucho la pena ir a realizarla, puesto que goza de unas vistas espectaculares y pasas por unos sitios preciosos. Además de los olores inconfundibles a jara, “almarauje”, orégano y demás especies. Si encimas vas un día como hoy, puedes traerte en tu cesta alguna que otra seta, puesto que en dicho lugar se crían gran variedad de ellas como hemos podido comprobar in situ.







Parando de vez en cuando para coger aire unos y otros haciendo fotos de tal maravilloso día que nos había salido hoy, seguíamos avanzando en la ruta. Esta según mapas consta de unos diecisiete kilómetros, aunque bien es verdad que a nosotros siempre nos salen más en nuestros dispositivos y siempre andamos mas cerca de los veinte que de lo que dicen dichos planos.
Con las bolsas preparadas para ir cogiendo las primeras castañas, a todos los integrantes se nos alegraban las caras al ver las primeras castañas por el suelo. Aunque después de probadas dichas castañas nos dábamos cuenta de que amargaban un poco, así que lo mejor era esperar mas adelante para encontrar alguna que estuviera mejor. Y así ha sido, con muchas risas y buen humor, todos cogíamos las que queríamos sabiendo que luego había que cargar con ellas, mas de la mitad de la ruta que nos quedaba por cubrir.




La verdad que hacia tiempo que no nos lo pasábamos también en una ruta, aunque bien es verdad que nunca nos aburrimos, hoy ha sido uno de esos días en que cuando llegas a casa te duele la mandíbula de reírte.
En el punto geodésico, que mas o menos es la mitad de la ruta, hacíamos la correspondiente parada para nuestro ya consagrado “muerdino de pan”, el cual últimamente cada vez es mas largo y es que todo el mundo lleva comida para parar un tren si hiciera falta.
Una vez acabado de comer y de hacer unas maravillosas fotos en lo mas alto de los alrededores, seguíamos con las castañas en los hombros, acordándonos de lo que pesaban y lo que todavía, nos quedaba que andar. No conformes con las que llevábamos, en la bajada todavía hemos acogido alguna castaña mas, puesto que daba pena pasar por encima de ellas y verlas allí en el suelo.






Y así, entre castañas y setas hemos seguido andando, encontrándonos con mas senderistas que al igual que nosotros, han decidido hoy hacer esta ruta preciosa y llevarse algunas castañas a casa. Así nos hemos encontrado con un grupo de Orellana y un par de amigos de Cáceres, los cuales han venido detrás de nosotros todo el camino, por lo que encima a alguno de nuestros componentes, les ha servido para no dejarse atrás la correa del perro y el palo. Y es que cuando atiendes a una cosa lo demás lo olvidas.





Pasadas las dos del mediodía, alcanzábamos la plaza del pueblo de Garciaz, donde algunas de sus vecinas nos preguntaban de donde éramos y que tal la ruta. En este pueblo sin duda alguna que están orgullosos de su entorno y les encanta que gente como nosotros, vengamos a visitarle.

Un día espectacular en cuanto al tiempo y sobre todo, un magnifico día de convivencia, risas y alboroto, para salir de la rutina del día a día y para hacer piña al lado de buenos amigos. Sin duda alguna que por días así, merece la pena haber formado este grupo, espero que sigamos muchos mas años andando y conociendo nuestra Extremadura.






sábado, 26 de octubre de 2013

Capitulo 532: Trujillo y su apatía.




Anoche en los coloquios de la mirada paciente, se trató el tema de la renta básica. Para ello tuvieron a bien de invitar al líder de izquierda unida en Extremadura, Pedro Escobar.

Escobar después de esperar unos minutos para ver si acudía alguien más, comenzó a explicar en lo que consiste dicha renta, a lo que Extremadura para no variar, ha llegado la última.
Ante unas quince personas como mucho, el líder de izquierda unida se mostró simpático y dicharachero, yo era la primera vez que le veía en directo hablar y me dejó una grata impresión. Después de comentar entre los dos la salida de tono de los regionalistas en el debate de los presupuestos hacia su formación, le vi dolido con estos últimos.

Sobre el debate de la renta básica nos enteramos de muchas cosas que antes o no sabíamos. Por ejemplo a quien va dirigida dicha renta, quien puede optar a ella, la cuantía de la misma. Los problemas que trae el aluvión de peticiones de la misma. Pedro nos explicaba la importancia que había tenido su grupo a la hora de aprobar dicha renta. A pesar de que todos sabemos que dicha renta  no es la que todos desearíamos de tener, menos da una piedra.

Explicándonos los requisitos necesarios, hizo mucho hincapié en la cantidad de papeles que hay que mostrar para poder optar a dicha renta. También hizo mención a los posibles fraudes que dicha ley puede llegar a causar. Puso el ejemplo de Villanueva de la Serena, donde desde el ayuntamiento le habían comunicado como se habían borrado siete u ocho parejas de hecho, las cuales también pueden acceder a dicha renta. Pero si lo hacen por separado, pueden optar las dos personas. Una pena que la picaresca española nos persiga a todos, en todas y cada una de las leyes que se aprueben.

En los pueblos pequeños, comentaba como los posibles beneficiarios de dicha renta, se cortaban a la hora de pedirla tan solo por el famoso “que dirán”. Es una pena que muchas de las personas que puedan optar a ella, no lo hagan tan solo por esta historia y sigan pasándolas putas no para llegar a fin de mes, sino para no pasar hambre.

Esto cada vez está peor y las diferencias sociales cada vez son mayores. El que se queda fuera de dicha línea es marginado por esta dura y cruel sociedad en la que vivimos.

Anoche me esperaba que el salón donde nos juntamos, estuviera a tope de gente y sin embargo Trujillo me volvió a decepcionar, aunque la verdad que ya no me coge de sorpresa la apatía que existe en nuestra ciudad. Estos días atrás en otra reunión con respecto al berrocal, estuvimos otras quince personas como mucho de la ciudad, ni siquiera los representantes del ayuntamiento, ni de muchas asociaciones involucradas en temas en los que rozan de lleno con el berrocal, se dignaron a acercarse a la reunión. Es como si el simple hecho de ir a informarte te obligara a realizar algún trabajo o algo parecido, cuando la realidad es bien distinta. Y no me vale el que me digan que no se han enterado de dicha reunión, cuando hoy en día con la infinidad de medios que existen, se entera hasta el gato de dichas reuniones.

Volviendo al debate de anoche, una vez acabada de exponer su intervención, Escobar estuvo expuesto a todas las dudas que nos pudieran haber quedado. Respondió a todas con mucha amabilidad y además quiso que le preguntáramos sobre más cosas, en relación a su posición política.


Hora y media después salíamos del local de ASPYAM, donde se realizan dichos debates, con la sensación de haber entendido perfectamente lo que es la renta básica y a quien puede ir dirigida, cosa que me parece suficiente por otra parte, pues de esta manera, podemos aconsejar a personas que creamos que pueden optar a ella y aunque muchos estén en contra de dicha ley, tan solo por el fraude que se pueda cometer en ella, me quedo con la frase de Escobar anoche. “Prefiero un culpable andando tranquilamente por la calle, que varios inocentes metidos en chirona”

Fotografia: Leonor Jimenez.

jueves, 24 de octubre de 2013

Capitulo 531: Aferrarse a la vida.



Articulo publicado en el libro de las fiestas del Rosario 2.013.





Nacieron en el mismo barrio, uno de los más conocidos del pueblo de Huertas. Sus familias por aquellos entonces, en lugar de vecinos, eran como todas las del pueblo. Aquellos tipos de vecinos que se han ido perdiendo con el paso del tiempo. Donde lo que había en una casa, era compartido por todas las demás y mira que por aquellos entonces había poco, seguramente que esa era una de las causas por las que los vecinos se trataban como hermanos.

La niñez la compartieron juntos, jugando a los mismos juegos y armando las mismas trastadas que por aquellos años se podían armar. Aunque bien es verdad que si se robaba algo de comer, era sin duda por necesidad. Por ese motivo los robos eran más difíciles de realizar, puesto que los dueños de sandiales y melonares por poner un ejemplo, eran más precavidos de lo que pueden llegar a ser hoy en día, cualquier agricultor de la zona. Incluso muchos de ellos requerían los servicios de nuestros personajes, unas veces para espantar pájaros y otras veces para espantar a sus mismos amigos de aquellos sandiales. Así cualquier muchacho de Huertas, una vez que cumplía los siete años, era fácil verle por estos sembrados, silbando y tirando piedras, sobre aquellos bandos de pájaros hambrientos, que desafiaban los arboles repletos de frutos. Su sueldo consistía en alguna de las sandias o melones que por la noche había salvado la vida, en alguno de los atracos realizados por la cuadrilla.

Si desde aquellas edades, hubieran empezado a contar los años cotizados por estos muchachos, en lugar de jubilarse a los sesenta y cinco años como lo hicieron nuestros personajes, lo hubieran hecho con poco más de cuarenta y cinco años. Porque quien se atreve a negar, que espantar pájaros no era un trabajo difícil y sufrido. En el que más de una vez en lugar de cobrar en especias, solían cobrar el otro tipo de dinero que se llevaba por aquella época, que no era otro que algún que otro guantazo de aquellas manos curtidas por el paso del tiempo, las cuales parecían doler más que las manos de sus madres, que también estaban acostumbrados a probar alguna que otra vez. Y como todas las vecinas se trataban como familia, podía sacudir cualquiera de ellas a cualquier muchacho del barrio, nadie le iba a decir nada. No como ahora que si riñes al niño del vecino, o bien viene el padre, o bien la madre a decirte cuatro cosas, antes de averiguar si su hijo está bien reñido o no.

A día de hoy nuestros protagonistas todavía recuerdan el día de su comunión, mas de sesenta años después no logran olvidar como entre todos los niños que la hicieron, resaltaban ellos dos más que nadie. Y no por ser los que más guapos y mejor vestidos iban, sino todo lo contrario, resaltaban sus caras fruto de la pelea que justo el día antes tuvieron los dos, en la cual se arañaron, tiraron de los pelos y por supuesto que se señalaron de arriba a abajo. Piernas incluidas, dado que al revolcarse por el suelo dando vueltas, uno encima del otro y viendo las “calzonas” que se usaban para invierno y verano por aquellos años, era fácil salir como decían antiguamente, “tienes las rodillas como los burros viejos”.

Nuestros dos amigos además de la paliza que se dieron, tuvieron que aguantar también la que se llevó cada uno en su casa cuando apareció con esas señales de guerra, producto de aquella pelea.
Los años siguieron pasando y uno de los protagonistas, junto a su familia, tuvo que emigrar a la capital. Fue duro dejar atrás a todas las vecinas-hermanas y más duro fue para “el Fonta” dejar atrás a su amigo “Rubinche”. A pesar de que normalmente en las fiestas, no solían faltar. Siempre le guardaron el sitio en la peña a la hora de tirar de la soga. Aquellos jamones ganados a base de fuerza, eran degustados por todos, en la taberna de “tío Bidón”, donde entre trago y trago, solían recordar los años pasados, donde unos y otros jugaron siempre juntos. Tampoco se quedaban sin recordar la famosa paliza que ambos amigos se dieron el día anterior a su comunión.

Hoy los dos amigos están compitiendo tirando de la misma soga, como tantos años lo hicieron juntos. Lo único que cambia es el adversario que tienen en frente, que en lugar de ser los que frecuentaban otras tabernas del pueblo, es una enfermedad por desgracia bastante extendida por todos lados y a la que solo vencen los que se aferran fuertemente a dicha cuerda. Lo bueno es que esta enfermedad no sabe, que se enfrenta a dos buenos tiradores de soga, los cuales entrenaron duro durante muchos años, para llegado el caso, poder tener opciones de vencer y ganar el jamón. Jamón que volverá a ser degustado por los amigos que siguen viniendo a sus fiestas, para ellos sin duda, las mejores fiestas del mundo y en las que nadie se quedara atrás nunca, sin haber intentado ganar dicho trofeo.
¡Si se puede!, y ambos amigos lo saben…


Felices fiestas.
Marcos Pandereta.







martes, 22 de octubre de 2013

Capitulo 530: Pura casualidad.



La vida siempre se compone de casualidades, palabra esta que muchos optan por unirla a otra palabra llamada suerte. Luego existe para muchos la mala suerte y la buena suerte, pero nadie dice buena casualidad o mala casualidad.

El caso es que este domingo pasado un buen amigo mío se topó con una de estas casualidades que hemos dicho que existen en el día a día. El destino quiso que una desgracia muy grande, le ocurriera solamente a él. Cientos de vehículos habían pasado ese día por ese punto de la carretera. Incluso segundos antes del fatal desenlace, un par de vehículos se cruzaron con mi amigo, sin que nada les ocurriera a ellos. La casualidad esperaba agazapada en forma de personas mayores, a que mi colega pasara con su coche, camino de hacer un favor a alguien.
Cientos de preguntas recorren a día de hoy su cabeza. Su mente no estaba en la conversación que hoy hemos mantenido. Lógico y normal por otra parte. Sin querer agobiarle le dejaba que se desahogara contándome lo que desde el domingo por la noche hasta hoy mismo, ha contado mas de mil veces. Y todavía esa pregunta recorre su mente. ¿Por qué a mí?

En sus ojos húmedos, se notaba el dolor de un buen chaval, trabajador y amigo de sus amigos. Un emprendedor de los que en los tiempos que corren casi no existen. Jóvenes autónomos que se tienen que desvivir por sus noveles negocios, los cuales se ven negros para sacar adelante. Vas con buena fe a echar una mano a un cliente y te topas con esto. Y otra vez se volvía a preguntar ¿Por qué a mí? Como si yo tuviera esa respuesta a su pregunta, me miraba como quien mira a cualquier cosa.
Ni te imaginas lo que es eso. Mira que he tenido algún golpe antes con algún que otro coche, nada de importancia, pero esto, sobre pasa todo lo que yo me hubiera podido imaginar. Y es que cierro los ojos y les veo en mi luna delantera. ¿Por qué a mí?
No los vi, ni siquiera me podía imaginar que nadie pudiera cruzar la carretera por ese lugar. Si hubiera sido algún animal, no te hubiera cogido desprevenido, incluso te lo puedes esperar. Pero dos personas, sin nada reflectante y en este lugar, ¿Quién se lo puede esperar?


Otra vez sus ojos se volvían a humedecer y yo no me atrevía a romper el silencio que se había hecho entre los dos. Un trago a mi café y el removía lentamente con la cuchara su manzanilla. Pero su mente no estaba en aquel vaso, estaba claro en lo que seguía pensando. ¡Que casualidad macho! Me volvía a decir. Y si hubiera tardado cinco minutos más en pasar, no me hubiera pasado a mí. Y si hubiera dicho que no a mi cliente, no hubiera pasado por allí. Otra vez se hacia el silencio entre los dos. Es una situación en la que no sabes como actuar, si le agobias mucho dándole ánimos, le estorbas, si no le dices nada, te ignora y llega un momento en el que se cree que esta allí solo, volviendo a menear la manzanilla que en ningún momento ha llegado a probar.

No duermo desde el domingo, ahora voy al medico a ver que me dice. Haces bien, le contesto, cuéntale todo lo que ocurrió y ya veras como te quedas mejor. Lo que necesita es un psicólogo pensaba yo en ese momento, espero que su médico de cabecera sea capaz de animarle un poco.
No me atrevo a dejarle así sin mas, pero debo irme, pienso que en el fondo ni sabe que esta hablando conmigo. De pronto sus ojos húmedos me miran y de sus labios secos salen más palabras de dolor. La mujer esta muy jodida también, le han operado dos veces y tiene mala pinta. Lo mas seguro es… no es capaz de acabar la frase, su voz entre cortada deja de salir de su boca. Las lágrimas vuelven a aflorar en sus ojos. Tu no tienes la culpa amigo, le podía haber pasado a cualquiera, le digo dándole una palmada en la espalda. Si, me contesta el, pero me ha pasado a mi.


Las casualidades están siempre ahí. Luego existe una cosa llamada suerte que se divide en dos partes, la mala y la buena. Pero no dejan de ser casualidades también del destino, que a veces es caprichoso y hace un poco mas dura la vida, a gente humilde y trabajadora que en estos casos, salen también mal parados sin tener culpa ninguna de las imprudencias que mas de una vez en la vida, todos hemos cometido.


Mucha fuerza amigo y que sepas que estoy aquí para lo que te haga falta. Un abrazo.

lunes, 21 de octubre de 2013

Capitulo 529: Dos extraños.




Tarde, esto me llega tarde pensaba Sonia mientras hacia su cama. Esa cama que jamás había recibido hasta la fecha, a ningún extraño. Desde que Martín ha vuelto, ella no tiene ojos para nadie. Un gusanillo le recorre el estomago cada vez que se cruza con el. Ha perdido el apetito y la barra de labios se consume más deprisa que años atrás. Los coloretes también son habituales en su rostro a diario y pasa más rato delante del espejo. La peluquería la frecuenta cada vez mas a menudo y aunque no quiere que nadie se de cuenta de que está enamorada de Martín, son varias las voces que recorren el pueblo pregonando que a Sonia le pasa algo.

Martín enviudó bastante joven y ahora recién jubilado, ha optado por vender lo poco que tenía en la ciudad y venirse al pueblo de donde no le quedó más remedio que salir, cuando apenas había cumplido dieciséis años. Toda una vida lejos de sus raíces no le impidió dejar de acordarse de ella. Nunca renegó de su tierra y fueron varios los enfrentamientos que tuvo, tan solo por defenderla.
Sus hijos nacieron en tierra extraña y allí seguían viviendo. Ellos no echaron raíces en el pueblo y era difícil el verlos por el mismo. Tenían asumido que su padre, volvería algún día a su casa y no pusieron mucho reparo el día que con la maleta ya echa, se lo comunicó. ¡Me marcho! Espero que no se os olvide donde esta el pueblo y vayáis a visitarme alguna que otra vez. Esa fue su ultima frase antes de montarse en el tren que ponía rumbo a donde, hacia sesenta y muchos años, que una mañana fría y lluviosa vio por primera vez la luz.

Sonia intentaba provocar el verse mas a menudo con él, así ella creía que algún día Martín, se fijaría en ella. Todavía recordaba perfectamente aquel beso que el le dio en la mejilla, la noche antes de partir hacia la ciudad. A pesar de sus intentos de convicción, no logró que el se quedara y allí quedó truncado para siempre, aquel amor juvenil.
Ella siempre le siguió esperando, a pesar de los muchos pretendientes que a lo largo de su vida, había tenido. Pero a ninguno hizo el suficiente caso, como para quitarse de la cabeza a su querido Martín.

Martín empezaba a darse cuenta, de que Sonia seguía igual de guapa que años atrás, donde él una tarde en el baile, fue capaz de declararla su amor. Aunque aquello duró poco tiempo por culpa de la emigración.
 ¿Y si la invito a cenar y recordamos viejos tiempos? Pensaba aquel hombre esbelto y corpulento, con no demasiado cabello en la cabeza.
 Comprando el pan se dirigió a ella y con la voz entrecortada, fruto de la vergüenza, logró invitarla a cenar en el único restaurante que existía en el pueblo. Ella sonrojada y extasiada ante aquel ofrecimiento, estuvo a punto de contestar que no. Pero no porque no quisiera, sino que la vergüenza casi logra hablar por medio de ella.


Hoy es el día, y mientras él se arregla poniéndose su mejor camisa y su mejor corbata, ella ha desempolvado uno de los vestidos más bonitos que tiene en su armario. La verdad que está preciosa y ver su sonrisa, contamina al mas serio que pueda pasar a su lado.
Son felices y lo merecen, el tiempo no puede ser un obstáculo en el amor. Ahora les toca vivir mas deprisa si cabe, tienen tanto que contarse que piensan que los días deberían de tener treinta y ocho horas como poco. Y aunque algunos comentan por el pueblo la palabra boda, ellos no piensan si quiera en ello. Siguen viviendo a tope intentando abarcar todo lo que estos años no pudieron.


¿Quién dijo que el amor tiene edad y fecha en el calendario?

domingo, 20 de octubre de 2013

Capitulo 528: Ruta en Robledillo de Trujillo.



Después de un largo tiempo vacacional con respecto a las salidas del grupo, hoy domingo volvimos a retomar nuestra senda y es que la verdad que ya lo echábamos de menos. Han sido varios domingos en los que debido al calor en algunas ocasiones, y otras debido a las fiestas, no hemos podido seguir andando y a la vez conociendo nuestra provincia.

La ruta de hoy la habíamos preparado con la intención de que no fuera muy dura para volver a reinsertarnos como buenos senderistas. También queríamos que no fuera muy lejos para no tener que conducir mucho rato y venir de regreso temprano a casa. Así lo mejor que habíamos encontrado por los alrededores, es una preciosa ruta que existe en el pueblo cercano de Robledillo de Trujillo, donde hoy arrancábamos de nuevo.

Como ya era habitual en el grupo, a las ocho quedábamos en la plaza de Huertas, desde donde partíamos en los coches hasta Robledillo. A pesar de que algunos senderistas habían confirmado asistencia, a la hora de salir solo estábamos siete personas, mas nuestra amiga internacional que nos esperaba allí en el lugar de salida, junto a un amigo que se ha unido a nosotros en la ruta de hoy.
Antes de llegar al comienzo, recibíamos la llamada de dos senderistas rezagados, los cuales intentaban convencer al grupo de que los mejores despertadores son los de toda la vida. Ni móviles ni flautas, donde estén los relojes de campana, que se quite todo.


Todos reunidos en la plaza de Robledillo, comenzábamos a seguir las instrucciones del GPS internacional de nuestra amiga Karin, el cual le solemos echar de menos cuando no viene con nosotros.
La ruta desde el principio transcurre por los restos de una calzada romana, la cual nos conduce hacia la cima de una sierra preciosa, llena de robles y demás árboles, los cuales casi ni conozco, necesitamos en el grupo un encargado de enseñarnos nuestra flore, pues muchas cosas que vemos no tenemos ni idea de lo que es. Y la verdad que da pena.

Con el humor que nos acompaña siempre y con algún senderista nuevo en el grupo, seguíamos andando a buen ritmo, descansando para beber bastante agua fruto de lo dejado que teníamos el andar todos estos domingos. La niebla que nos recibía en el pueblo a primera hora, se empeñaba en acompañarnos durante la ascensión y así ha sido. Al coronar la cima, nos dábamos a un lado de ella con una espesa niebla que nos impedía ver a poco mas de diez metros. Sin embargo como dato curioso, al otro lado de la misma no había resto de ella, por lo que el pueblo de Robledillo además del de Santa Ana, se veían magníficamente desde dicho lugar.

En lo mas alto hemos aprovechado para degustar nuestro habitual bocadillo, el cual sin duda es lo que mas hemos echado de menos todos estos domingos sin andar. El “muerdino de pan” famoso ya en el grupo, ha sido degustado como debe hacerse, con alegría, descanso y apetito. Durante dicho manjar nos contaba nuestro compañero senderista nuevo, que el era vegetariano, cosa que a pesar de los años de su existencia, nos sigue pareciendo raro a los que no lo somos. Él, acostumbrado a que la gente se escandalice cuando lo cuenta, disfrutaba contándonos lo que contienen sus comidas y lo mal que lo sigue pasando en muchos restaurantes a la hora de ir a ellos. Es lo que tienen las minorías en la sociedad en que vivimos.

Una vez recogido todo, emprendíamos el descenso que tanto nos asustaba a alguno y es que es muy raro no dar algún “culetazo” en estas rutas en las que los canchos están mojados. Hoy como novedad he tenido suerte y no me ha tocado, cosa que no pueden decir un par de senderistas que han probado la humedad del suelo en sus carnes.

Disfrutando mucho del paisaje que nos mostraba la ruta de hoy, y sin mi cámara de fotos (por causas de memoria), hemos llegado de nuevo al pueblo. Contentos y alegres y con unos siete kilómetros en nuestras piernas, para irlas desengrasando y poco mas. Con la sensación de que es una ruta preciosa y a la vez poco conocida por muchos senderistas, debemos entre todos los que la conocemos divulgarla entre los grupos de senderismo, los cuales no se arrepentirán de venir a andarla.


Una vez en los coches hemos parado en casa de un gran amigo de la niñez, el cual por causas de la vida se fue a vivir a Robledillo hace algún que otro año. Allí nos ha ofrecido unas cervezas y algo de picar a todo el grupo. Después de echar unas risas y enseñarnos su casa, hemos vuelto a Huertas con buenas sensaciones y con ganas de que vuelva a ser domingo y también como no, esperar a que todos los componentes del grupo se acaben de recuperar de tanta fiesta y se vuelvan a unir a nosotros. Así mismo volvemos a decir que puede venir con nosotros quien lo desee, que solo se necesita ganas de pasarlo bien.


Fotografías: Antolin Lopez.

miércoles, 16 de octubre de 2013

Capitulo 527: Operación: falda de camilla.



Después de unos días de descanso, no se si merecido o no, volvemos a la pluma.

Como ya viene siendo habitual por los hogares de Huertas, una vez acabadas las fiestas, toca la operación armarios y la operación “tarimilla”. Y es que durante la semana de fiestas nadie, o casi nadie se para a buscar por casa el brasero, la falda y la tarimilla. No se si es porque por las noches de las fiestas, nadie lleva frío en el cuerpo, o es por pura pereza.

El caso es que  entre barrer la tierra acumulada por casa, fruto de las visitas a la plaza portátil después de tanto festejo taurino y el tener que voltear los armarios, buscando ya la ropa de otoño-invierno, pasan los paisanos la resaca muy lentamente.

A pesar de tener más o menos controlado el lugar donde sueles guardar los trastes de invierno, hay años que te vuelves loco buscándolos. Y donde te creías que había un brasero, aparece la badila. Y en lugar de encontrar la falda de la camilla, aparece el edredón de la cama.


 Una vez encontrado el brasero eléctrico, te acuerdas al enchufarle, que el año anterior se le fastidió una de las resistencias, normalmente la mas grande y la que mas calienta, con lo que tiemblas al pensar que hay que renovarle, por si habían sido pocos los gastos en las fiestas, ahora se une el maldito brasero.
Aunque bien es cierto que se te pasa por la cabeza lo hablado el invierno anterior, que no era otra cosa que volver al brasero de picon, el más sucio de todos, pero a la vez el más barato. Que con el precio de la luz no es nada extraño el ver a más gente con el brasero en la puerta de casa y el cubo de lata donde depositar las cenizas. Que no seria malo el tener un lugar común donde depositarlas, sin que sean los contenedores de plástico, que más de una vez ya han salido ardiendo victimas de dicha acción.

 Los que tenemos suerte de tener un lugar donde guardar los sacos de picon, nos es mas fácil volver a dicha forma de calentarnos. Muchas de aquellas cuadras destinadas al almacenaje de los sacos de picon, se vieron hundidas o vendidas por sus dueños, al cambiar dicha forma de calentamiento.
Yo este año me paso al picon, aunque se que mas de un día me acordaré de la comodidad del brasero eléctrico, sobre todo cuando el frío arrecie. Espero contrastar dicho momento con el de leer la ilegible factura de la luz, la cual ni el mismo presidente de Iberdrola, sabe explicar.
Pa Habernos matao!!!


Con todo esto, lo mejor es ir hacer picon para consumo propio y rezar para no quedarte sin lumbre y tener que salir en busca del soplete o con un poco de suerte, tener que salir a pedir a las vecinas un poco de lumbre de sus braseros, como antiguamente nuestros ante pasados hacían.
Lo que nos deja esto claro es que aquella frase famosa de cualquier tiempo pasado fue mejor, no deja de tener razón.


Feliz otoño y cuidado con los “tufos”, como siempre decíamos en casa de mis padres.

miércoles, 2 de octubre de 2013

Capitulo 526: Devuelveme la vida.



Nací en una familia un poco peculiar y poco vista, mi padre, un ágil cazador. Mi madre, acogida en una familia de bien. Tuvo suerte de caer de pie en aquella casa, donde siempre le sobró de todo. Desde cariño, hasta comida, pasando por todos y cada uno de los caprichos que siempre quiso.

Aquella relación todo el mundo la entendió como un verdadero accidente. Jamás las familias de un lado u otro, podían haber imaginado una unión así. Pero mi padre fue buen cazador en todos los aspectos de la vida, y en el de buscar pareja, tampoco se quedó atrás.

De aquel encuentro y posterior relación, nacimos tres hermanos. Ninguno igual al otro. Mis dos hermanos salieron más a mi padre y yo, por lo visto, fui un clon de mi madre. Quizás eso fue lo que me salvó de tener que hacer las maletas y dejar el hogar, cosa que no pudieron evitar hacer mis dos hermanos, a los que desde aquel momento, deje de ver.

Mi madre lloró mucho cuando la separaron de sus dos hijos y la verdad que tardó algún que otro mes, en darse por vencida y concentrarse solo en criarme a mí.

De mi padre solo llegué a saber, que fue víctima en acto de servicio. Un amigo torpe de su dueño le quitó del medio un lluvioso día de caza. Me dio mucha pena el día que me enteré por medio de mi madre, a la cual desde aquella relación que tuvo con mi padre, la prohibieron totalmente que volviera a tener relaciones con el sexo masculino, castrándola químicamente. Quizás por eso también lloró mucho la perdida de mi padre.
Cuando me fui haciendo adulto, me buscaron un nuevo hogar. Yo creo que esperaban de mí, que hubiera sido igual que mi madre, sin tener en cuenta que con los pocos meses de vida que poseía, lo que yo quería era ser un adolescente normal y corriente, con sus pros y sus contras. Pero ellos no lo entendieron así y me buscaron una familia conocida de ellos.

El día que me despedí de mi madre, sabía que lo más probable era que no la volviera a ver. Ella se hacía mayor y el palo de nuestra separación, seria duro para que ella pudiera recuperarse de nuevo.
La relación con mi nueva familia empezó bastante bien. Me sobraba el cariño y la comida, al igual que las exageradas vacunas, que raro mes no traspasaban mi piel. En mi casa tenia de todo y era amplia. No supe jamás lo que era una cadena y rara vez me la ponían para salir.

Creo que el cambio lo generó el día que dando un paseo, mi instinto cazador heredado de mi padre, me hizo salir corriendo tras aquel joven conejo, que anduvo astuto y me logró dar calabazas. Desde aquel día mi dueño que no fue nunca cazador, me llevaba de paseo por zonas  donde los conejos abundaban. Yo, he de decir que era feliz en aquellos terrenos y disfrutaba mucho. Un día fui capaz de atrapar un conejo y mi dueño se puso muy contento, tanto, que a los pocos días me llevó a dar un paseo junto a los perros de sus amigos cazadores. Allí no fui bien recibido, quizás la envidia de verme más aseado que ellos y por supuesto con más lustre, para ellos era como un insulto y recibí varios intentos de agresión. Para contentar a mi dueño delante de sus amigos, ese día trabajé más que ninguno de mis acompañantes y logré capturar mas piezas que ellos.
Mi dueña dejó de mirarme como lo hacía anteriormente y noté en ella falta de cariño hacia mi persona. 
Quizás podía ser porque se estaba poniendo gorda y se encontraba un poco a disgusto.

De la noche a la mañana trajeron a la casa un carro con alguien dentro que solo sabía llorar. Ese mismo día vi a mi dueño con una cadena en la mano, con la que posteriormente me ató en uno de los árboles que había en el jardín. No volví a entrar dentro de la casa y tan solo una vez pude asomarme a ver qué era lo que había dentro de ese carro que tanto había hecho cambiar a mis dueños. Según me asomé, sentí un dolor en la espalada. Había sido mi dueño quien con la cadena, me había dado. Yo pensé que había sido sin querer, pero comprobé más tarde que no, cuando hice el amago de volverme a asomar de nuevo y casi me vuelvo a llevar lo mismo que antes.

Hace poco tiempo que tuve que hacer la maleta y mudarme de casa. Esta vez el cambio fue para peor. Nada más llegar una cadena me estaba esperando y pronto conocí a los canes que había a mí alrededor. Eran los que aquel día me acompañaron a correr detrás de los conejos. En aquel nuevo hogar la comida no estaba nunca de sobra. Incluso más de un día hacíamos régimen, para guardar la línea y estar en forma para seguir corriendo tras los conejos.

Aquel maldito día de caza casi me matan. Fueron varios los perdigones que me alcanzaron que casi me cuesta la vida. Mi dueño creyó que estaba herido de muerte y me dejó allí tirado.  Cuando me pude levantar, intenté volver a mi casa, pero veía poco, uno de los perdigones me alcanzó en un ojo y me era muy difícil el ver por donde andaba.

Cuando agonizaba tuve la suerte de que una pareja se topara conmigo. Ellos muy amables me estuvieron observando y decidieron montarme en un coche y llevarme a un nuevo hogar.


Ahora vivo aquí, con más perros lisiados como yo. Unos cojos, otros tuertos, algunos otros sin ningún dolor, esperando a que alguien nos vuelva a ofrecer un hogar digno donde poder vivir, el resto de nuestras vidas. Estamos bien, pero sabemos que esto es pasajero. Quien sabe, con un poco de suerte algún día, volvemos a algún hogar donde no nos cambien por carros con “cosas” que lloran dentro de él y nos devuelvan tan solo un poco del cariño, que nosotros les damos a ellos.