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Sufridores del blog.

jueves, 28 de febrero de 2013

Capitulo 443: Los niños no huelen a calle.




Esta frase que tanto nos decían nuestras madres a nosotros, hace tiempo que no la escucho en boca de ninguna madre. Y es que con las costumbres que actualmente tienen los niños, es difícil de verlos andar de aquí para allá todo el día, como hacíamos nosotros.

A pesar de tener que doblar la jornada escolar, no recuerdo nunca tener que hacer tareas al venir del colegio. No sé si es que no teníamos o es que no las hacíamos. El caso es que al llegar por la tarde, soltabas lo poco que te traías, le pedías a tu madre la merienda y salías pitando de casa. Aquella merienda consistía en medio metro de pan y un par de pastillas de chocolate. Aquel chocolate autentico, de gran grosor y de un sabor que ninguno de los actuales tienen. Colocabas el chocolate en el centro del pan y empezabas a mordisquear en redondo, hasta que llegabas al chocolate. Si primero te comías el chocolate, el pan acababa en la boca de alguno de los perros, que por entonces vagabundeaban por el pueblo. Ahora le tiras un trozo de pan a un perro y según te mira parece que te está insultando. Como diciendo: “Eso te lo comes tu”.

Cuando acabábamos de merendar, empezábamos a jugar a cualquiera de aquellos cientos de juegos que nos sabíamos. Dependiendo de la temporada se jugaba a los “bolindres” o canicas. El clavo, la peonza, a los hoyos, juego que sin duda era el que más me gustaba. A pesar de ser uno de los más duros que existía, dado que si perdías y te tocaba que te hicieran el “martirio” cerca de la pared donde tenías que ponerte de espaldas, te llevabas buenos pelotazos de aquellas pelotas antiguas de tenis, que apenas conservaban el color verde que en su estreno tenían. En aquellas calles antiguas enrolladas unas y otras en tierra, se jugaba estupendamente. A día de hoy aunque parezca mentira, existen calles en el pueblo donde podrías jugar a aquel juego tranquilamente.

La hora de regresar a casa era cuando las bombillas de la calle se encendían. Eso sí, la que no había sido víctima de algún certero lanzamiento con el “tirantillo”, juego que también entraba en nuestro repertorio. Si te retrasabas aunque solo fueran cinco minutos, te asegurabas el castigo para el día siguiente. Dicho castigo consistía en quedarte sin salir de casa. ¡Como dolía aquello!, saber que tus amigos estaban jugando y corriendo por todo el pueblo y tú en casa sentado, sin saber a qué jugar y sin tener cuarenta canales en la televisión para elegir algo que te gustara. Por eso traía más cuenta salir corriendo como una bala hacia tu casa, cuando veías encenderse aquellas bombillas, que con el paso de los años, se convirtieron en focos, los cuales, eran más fácil de quedarles viudos de luz con nuestros estupendos “tirantillos”.

Si el tiempo era lluvioso, buscábamos los túneles que existían y existen en el pueblo, y allí continuábamos jugando. Era digno de ver la cantidad de muchachos que allí nos juntábamos y rara vez no había alguna trifulca entre los mayores y los pequeños, a los cuales nos acababan echando de dicho túnel. Por lo que tenías que buscarte la vida para no llegar mojado a casa, cosa que si ocurría, podía acabar con otro castigo.
Si el tiempo era de tormentas, entonces debías de irte a casa, era increíble el miedo que nuestros padres las tenían. Recuerdo como no podías arrimarte a ninguna ventana que diera a la calle. No podías estar descalzo y si la tormenta era larga y se iba la luz, cosa que sucedía casi siempre, acabábamos en casa de cualquier vecina todo el mundo rezando el Rosario y unas cuantas de Ave María. En dicha reunión vecinal siempre acabábamos con algún guantazo encima, puesto que no se si por la marea que existía o por escuchar a todas las personas mayores rezando, los niños presentes solo con mirarnos se nos escapaban las risas flojas y aquello por lo visto no era para reírse.

Así eran aquellos años, ningún niño padecía obesidad infantil, eran más frecuentes los esguinces o huesos rotos, que ver a ningún niño entrado en kilos.
Hoy no he vuelto apreciar en ningún niño aquel olor a calle que nuestras madres nos echaban en cara, cada vez que llegábamos a casa cuando las luces de las calles, se encendían. A día de hoy todavía no he logrado oler ningún desodorante que se parezca ni siquiera un poquito, a aquella fragancia que se podía llamar tranquilamente “Eau de la rue” y que hubiera tenido mucho más éxito, que cualquier perfume que hoy en día existe.

miércoles, 27 de febrero de 2013

Capitulo 442: El gran desahucio (concurso)





Ayer enredando con el mando de la televisión, (deporte muy español) me topé con una nueva edición de “gran hermano”. Por lo visto es la número catorce que se realiza y mentiría si dijera que nunca lo he seguido. El primero que se hizo fui un poco reacio a seguirle, pero es que no había otro tema de conversación ni en el trabajo, ni en los bares, ni en la calle. Así que al final no me quedó más remedio que seguirlo.

Mucha gente coincide que como aquel primer año, no ha vuelto a ver ninguno igual. Quizás por que las siguientes ediciones que ha habido, ya sabían lo que se encontraban, a pesar de que, año tras año cambian un montón de cosas, la esencia del concurso es la misma. Llegar a ser el último concursante que se queda en la casa.

Está claro que todos los concursantes son elegidos con gran consenso entre los realizadores de dicho concurso, y todos los años son “friquis”, niños de papá, pijos, tías buenas y tíos cachas. Eso no suele cambiar, si acaso meten alguna tía un poco más rellenita o un poco más fea, o alguna enana, como creo recordar haber visto algún año.

En lo que estamos de acuerdo es que si con esta edición son ya catorce las realizadas, es porque la gente lo ve, incluso anuncian revistas de venta en quioscos, donde te informan sobre el concurso.

De la presentadora no pienso opinar, creo que la vino la Virgen a ver cuándo la propusieron para presentar este programa y ella, hábilmente, se agarró a este clavo ardiendo y se afianzó en dicho concurso. A pesar de tener que cambiar totalmente su forma de ser y de presentar a la que nos tenía anteriormente acostumbrados. Ahora la puedes ver por todos los programas de “zaping”, o bien enseñando una teta o cualquier otra cosa, el caso es que hablen de ella por lo visto.

Yo daría una vuelta total al concurso y lo llamaría “Gran desahucio”. En dicho programa metería a doce desahuciados o a punto de serlo y el premio final sería salvarse de dicha acción, es decir, el que ganara el concurso se le pagaba su hipoteca y por lo tanto, la casa pasaría a ser suya.

Seguramente que en dicha casa veríamos muchos más dramas de los que ahora se ven, porque estos niñatos han vivido muy poco y por tanto, no tienen todavía muchos problemas en sus vidas. Cada semana los concursantes, ganarían un jornal, para que pudieran dar de comer a sus familias y el que tuviera la mala suerte de ir saliendo de la casa, pues a lo mejor algún espectador y seguidor del programa, se apiadaba de él y le solucionaba su papeleta, quien sabe, hay gente para todo.

Con esta variante en dicho concurso, yo sería seguidor del mismo, puesto que a más espectadores, mas publicidad y mas ingresos a la cadena propietaria del concurso. Dependiendo de los tele espectadores que tuviera, se podrían dar mas cuantiosos los premios. Así de esa forma, podríamos ayudar todos involuntariamente y gratuitamente, cosa importante en los tiempos que corren.

Pues nada, esperando que alguna productora me copie la idea y me pueda beneficiar yo también en el concurso, seguiremos esperando mientras, viendo a la Mercedes Milá haciendo la imbécil. A niñatos y niñatas concursantes, cuando no jodiendo a diestro y siniestro, llorando como magdalenas. Protestando por todo o incluso poniéndose a parir. Al fin y al cabo es lo que gusta a la gente inculta y poco civilizada, en los que alguno de los años, me he incluido yo.

martes, 26 de febrero de 2013

Capitulo 441: Trigesimo aniversario del Estatuto de Autonomia.







 Ayer se celebró el trigésimo aniversario del Estatuto de Extremadura en la escuela. Tuvo lugar en las llamadas escuelinas de Huertas de Animas, donde su grupo infantil de coros y danzas, Virgen del Rosario, bailaron jotas típicas para todos los alumnos del colegio publico Las américas.

Allí estuvimos ayer mañana sacando unas pocas de fotos que aquí pongo a continuación.
El acto ha concluido degustando uno de los manjares mas típicos de Extremadura, como es la patatera. Producto que los niños y mayores han degustado gustosamente. Para mi es un gran acierto inculcar a nuestros pequeños, las costumbres de su tierra. Ya sean folclóricas o gastronómicas. Un pueblo siempre sera rico, si no reniega de sus costumbres.