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Sufridores del blog.

domingo, 21 de mayo de 2017

Capitulo 833: XIII Ruta de los ingleses.



Otra de las rutas que aun teníamos pendientes por hacer era la ya famosa ruta de los Ingleses, la cual trascurre entre los municipios de Romangordo y Casas de Miravete. Ayer sábado se celebró su decimotercera edición y la verdad que cuando terminamos la ruta y veníamos de vuelta comentábamos que si tenemos salud, volveremos el año que viene. Con este pensamiento está todo dicho, si una ruta te gusta vuelves.

A las siete de la mañana nos dábamos cita en la plaza de Huertas donde nos juntamos con nuestros amigos de Belen para desplazarnos hasta la localidad de Romangordo, donde aparcamos los coches y nos encaminamos hasta el lugar donde los autobuses recogían a los senderistas para llevarlos a Casas de Miravete, donde una vez que recogimos acreditaciones y una bonita camiseta, nos dieron un riquísimo café con dulces.



Este año han ampliado el limite de senderistas que en años anteriores no podían pasar de los quinientos. Con doscientas plazas mas la ruta estaba mas colorida y había gente de toda Extremadura e incluso de fuera de ella.
Terminar el desayuno y nos volvimos a los autobuses para que nos llevaran hasta el inicio de la ruta justo al lado de la famosa ventilla del camionero.

Allí nos ofrecieron la primera representación de la ruta unos actores muy profesionales y bien metidos en su papel. La calor parecía que nos iba a acompañar todo el día y si no llega a ser por el poco de aire que se movía, nos hubiéramos tostado bien. Ya había ganas de comenzar a caminar y estirar las piernas y los primeros kilómetros cuesta arriba nos hicieron sudar.




El primer avituallamiento nos dieron agua fresca la cual se agradecía según iba subiendo la temperatura. Nosotros teníamos pesado comernos nuestro muerdino y un merendero bien situado estratégicamente, nos invitó a ocuparlo. Fuimos la envidia de todos los senderistas que mientras nosotros degustábamos nuestras viandas, ellos se conformaban con desearnos buen provecho.

Y una vez recogido el campamento seguimos caminando hasta la plaza mayor de Romangordo envidiando la limpieza que hay tanto en este pueblo, como en el de Casas de Miravete.
En la plaza otra representación mientras nos refrescábamos con otro avituallamiento y comíamos algunos frutos secos.
Llevábamos unos diez kilómetros andados y nos quedaba subir hasta el fuerte para presenciar la batalla final. Allí el calor apretaba mas y ese trozo de ruta fue el mas duro, pero con buena compañía y el buen rollo que había entre los participantes, fue mas fácil la ascensión.




Nos quedaba la comida en un bonito y coqueto merendero situado a las afueras de Romangordo, donde nos llevaron los autobuses, los cuales siempre estaban atentos a las ordenes que los organizadores les daban. Un lujo la organización en este aspecto.







Llegados al merendero nos esperaban tres ricas paellas las cuales acababan de ser apartadas del fuego. Una fila bien organizada y otros buscamos algún trozo de sombra bajo arboles pequeños aún. Sin duda que cuando crezcan allí se estará de lujo.
Un buen plato de paella que alguno pudo repetir. Gazpacho fresco y rico, pan, refresco, vino o cerveza y de postre un helado. Creo que nunca hemos estado en una ruta que por doce euros de inscripción, nos ofrezcan tanto.


Y una vez que reposamos un rato la comida decidimos volver a por el coche andando, dado que la distancia no era larga. El que quiso pudo ir en autobús a Romangordo y los que dejaron los coches en Miravete les llevaron de nuevo hasta ellos.

En definitiva una ruta preciosa por lugares con encanto. Actuaciones curradas y organización de diez. Cuando ves a los propios alcaldes de los municipios al pie del cañón trabajando como los demás, la historia tiene que funcionar.

Volveremos, siempre y cuando estemos atentos a las inscripciones las cuales vuelan todos los años en muy pocos días, y es que una vez que hemos realizado la ruta, no nos extraña que esto pase.

La batalla
Gracias a la organización por hacerlo todo tan fácil y ameno.

Nos vemos por las callejas aun estando llenas de ingleses y franceses.

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