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domingo, 21 de junio de 2015

Capitulo 659: Ruta en Guijo de Santa Bàrbara.



Hay veces en esta vida en la que el ser humano se supera así mismo y a la vez, enseña a los que tiene alrededor la manera de afrontar en algunas ocasiones la vida y hoy me iré a la cama con una nueva lección aprendida y esta me la ha dado hoy mi amigo Javi, el cual seguramente que sea el tío mas valiente de los que yo pueda llegar a conocer por los senderos de nuestra Extremadura.

Por eso esta mañana a las siete de la mañana, hora habitual de empezar las rutas domingueras, nos montábamos en el coche Javi, mi perro y yo, y poníamos rumbo hasta la localidad Verata de Guijo de Santa Barbara, donde estaba planeada hacer la ruta de hoy.
Esta localidad cuenta con una población no muy superior a cuatrocientos habitantes, aunque seguramente en esta época estival, triplique su población.
Con los restos aun de pancartas y señales de la prueba celebrada ayer en el municipio conocida como los "catorce dos miles", lográbamos aparcar en la misma plaza mayor. Colgadas las mochilas poníamos rumbo hasta el inicio de la ruta del Trabuquete, aunque teníamos planeado realizarla al revés y así acabar en este charco para poder refrescarnos.

Con alguna que otra duda al respecto entablábamos conversación con algún que otro habitante del pueblo los cuales nos ponían en conocimiento por donde ir. Poco después de las ocho y media estábamos caminando. La mañana se presentaba calurosa y confiábamos en hacer la ascensión hasta el refugio de las nieves pronto, para no pasar mucha calor.
Aunque dicen que la ruta esta bien señalizada no es del todo cierto y a poco que te despistes en alguna que otra señal, ya estas fuera de la ruta y eso nos ha pasado un par de veces en la ascensión. Menos mal que no dejábamos de encontrarnos con gente y lugareños los cuales amablemente, nos volvían a poner en el camino.


Andando llegábamos a una gran explanada donde había varios coches aparcados, en ese momento llegaba otro vehículo con una madre y un hijo los cuales también iban a subir al refugio de las nieves. Así que entre los cuatros, hemos dado con el camino que transcurría por una cerca privada, donde sus dueños se afanaban en amontonar varios paquetes de heno el cual andaban segando. Una pequeña conversación con ellos y las ultimas explicaciones precisas para llegar al camino que poco después de una hora, nos dejaba en aquel espectacular sitio que todavía recuerdo en mi memoria de manera especial por las vistas que desde allí, hemos podido disfrutar.

Mejor sitio que este para el muerdino no había, así que en un cómodo merendero, hemos aprovechado para degustar nuestras viandas, donde nuestros compañeros de ruta no han querido sentarse con nosotros al tener algo de prisa y querían volver sobre sus pasos contra antes mejor.
Nosotros el momento este no lo tomamos con tranquilidad, sabiendo que nos quedaba la mitad de la ruta y que la calor empezaba a ser importante, aunque a esa altura, el aire era algo fresco. Una espectacular fuente nos dejaba llenar las cantimploras de un agua helada y riquísima.

Recogiendo el campamento poníamos rumbo hasta el Trabuquete, sabiendo que el descenso desde el refugio era bastante empinado y sinuoso.
Si la subida estaba poco marcada, el descenso ha sido muy complicado y entre veredas de cabras montesas las cuales hemos podido ver, hemos alcanzado el primer pontón y un poco mas adelante, el segundo que posee varias chozas antiguas de pastoreo las cuales estaban ocupadas por un puñado de jóvenes que habían hecho noche allí.


Allí ha empezado nuestro particular calvario al encontrarnos la vereda marcada llena de escobas y ramas de robles y chaparros de encina los cuales hacían imposible el paso por allí. Desviándonos por un lado unas veces y otras veces por otro, hemos hecho lo justo para perdernos y pasar un mal rato allí entre medias de aquella selva. En ese momento mi amigo Javi el cual sufre un problema de visibilidad bastante agudo se ha empezado ha agobiar y con un principio de ataque de ansiedad ha pasado un mal momento.
Lejos de no saber controlar la situación ha optado porque nos sentáramos un rato, respirar varias veces de forma seguida y beber algo de agua. Refrescarse la nuca y pensar en la manera de salir de aquel lugar, de forma indemne.

Gateando un poco hacia arriba, hemos dado con una vereda algo mas marcada por donde hemos coronado el cerro. En frente podíamos ver la vereda que nos llevaría hasta el Trabuquete. En ese momento mi amigo ha empezado a volver a ser persona y ante la gran noticia de que estábamos de nuevo en ruta, hemos vuelto a parar otro rato para acabar de recuperar el aliento y poder afrontar el duro descenso que nos quedaba hasta la garganta.


Beber agua pura y fresca, mojarnos la cara, la cabeza y reírnos del mal rato pasado con anterioridad. Camino abajo nos quedaba la recompensa del baño en el famoso charco el cual estaba algo concurrido de gente que aprovecha la jornada dominical para disfrutar del lugar. Otros senderistas como nosotros aprovechaban la gran recompensa que te da sus aguas "termales"y calmar nuestras altas temperaturas corporales. Y media hora después con mas pena que gloria poníamos rumbo hasta el pueblo del Guijo, donde antes de montarnos en el coche no hemos podido resistir la tentación de bebernos una cerveza bien fría y entablar alguna que otra conversación con los habitantes del pueblo que había en ese momento en el bar.


De vuelta a casa venia pensando en mi amigo y en su valor, y este capitulo y la ruta de hoy va dedicada tan solo a él y a los huevos que tiene. Muy grande Javi, muy grande.

Nos vemos por las callejas.


La ruta









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