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Sufridores del blog.

domingo, 14 de junio de 2015

Capitulo 657: Andar por andar.





En esta vida se dice que cuando un plan no funciona, se debe de tener un plan "b" para poder salir del paso. Esta mañana tuve que hacer frente al día inmerso de lleno en mi segunda opción.

Despertarte con las primeras claras del día entrando por la ventana era un poco mosqueante, puesto que la hora de levantarme los domingos es noche cerrada en la calle. El despertador hizo huelga y se tomó el domingo libre y entre eso y que la marea que existe por estas lluvias y tormentas se aliaron para hacer que hoy no acudiera a la hora pactada con mis compañeros de ruta.

Lejos de amilanarme mi cuerpo pedía senderismo y caminos por andar, por eso con algo de prisa, he logrado preparar algo para el muerdino y me he vestido rápido, un café para despejarme y salir al patio en busca de mi fiel escudero, el cual siempre está preparado para acompañarme. Que suerte tengo de poder tener mascota, la compañía que me hace a lo largo de los kilometros que andamos juntos no lo sabe nadie.


Sin saber muy bien por donde hacer la ruta, he dejado a mi subconsciente que eligiera camino y así he comenzado a caminar cuando en el reloj las agujas pasaban unos minutos de las ocho.
Resbaladero arriba he llegado hasta la casa de los vaqueros y desde allí hasta el caño. Todavía corre un poco la fuente por lo que he optado por hacer el ritual de siempre que paso por allí y beber.
Seguir caminando hasta el pozo de San Anton era la siguiente meta y allí he emparejado con los primeros humanos que he visto hoy. Chema con sus galgos me daba los buenos días y los dos comentábamos que las nubes que venían, podían mojarnos hoy.

Un poco mas adelante me encontraba con Alejandro y Maribel, que aprovechaban la buena temperatura para salir a caminar por los alrededores de su cerca. Alguna que otra gota suelta comenzaba a caer cuando he llegado al puente del Merlinejo. La sorpresa ha sido mayúscula al comprobar que ha sido recientemente restaurado. Parece ser que la insistencia y el empeño que hemos puesto muchos ciudadanos en ello ha tenido su fruto. Me alegro enormemente de este hecho y orgulloso de ello he permanecido en el lugar haciendo un puñado de fotos para enseñarlas en el pueblo.


Río abajo he llegado hasta la finca de Torre aguda donde los nublados se apoderaban totalmente del cielo. Un mastín bastante grande me daba la bienvenida y a paso ligero he cruzado por delante del cortijo justo cuando comenzaba a llover. Menos mal que uno es previsor y llevaba el traje de agua conmigo. Así he aprovechado una gran encina para debajo de sus ramas parar y vestirme para la ocasión. Un trago de agua y continuo andando.

El gps marcaba algo mas de once kilometros cuando he acabado de cruzar la finca. Ahora tenia el dilema de no saber donde continuar andando. Dudaba entre cruzar la costera y llegarme hasta Casillas o seguir un rato por la carretera hasta la calleja que llega al cordel de la Aldea del Obispo. Lo malo de esta opción era que la ruta podía ser algo larga.
En ese momento y gracias a las nuevas tecnologías he contactado con mis dos compañeros de otras rutas que hoy hartos de esperarme han optado por ir al parque de Monfrague.
Les comento mi situación y les digo que sigo caminando hasta la Aldea del Obispo, para desde allí seguir hasta el puente de las Lavanderas y luego caminar río Tozo arriba hasta la carretera de Plasencia, la cual cogen ellos para venir del parque.

En eso quedamos y sigo la ruta andando por el asfalto casi un kilómetro y la lluvia desaparece poco a poco. Una vez dentro de la calleja y viendo la hora que era, me he quitado la mochila y he buscado en ella el muerdino y un trago de buen vino.
La temperatura era fresca y el olor a pasto mojado era intenso. Estaba a gusto con el traje de agua puesto y he decidido seguir otro rato con el, aunque ya no lloviese. Un cuarto de hora después y con casi trece kilometros en las piernas he levantado el campamento. Cuando uno camina solo lo hace mas ligero y hoy la media era de casi seis kilometros a la hora, por lo que una vez que me he puesto de nuevo en marcha, los primeros dolores en las piernas empezaban a asomar.

Con el buen ritmo que llevaba y sabiendo que la ruta de mis compañeros era mas corta, imaginaba que nos encontraríamos en el punto pactado casi a la vez, eso si, yo no podía descuidar ni bajar el ritmo para no hacerles esperar mucho.
Cruzar por delante de la Aldea del Obispo y ver que también había obras en el cordel, el cual le andan allanando y haciendo cunetas para la conducción de las aguas caídas. Por allí se andaba bien, aunque algún que otro montón de zahorra cortaba el trafico de vehículos.



Miro el gps y marca dieciocho kilometros y un pequeño dolor me acompaña justo a la altura de la cadera. Sin prestarle mucha atención sigo andando pero bajo un poco el ritmo. Un trago de agua y me quito el traje. El siguiente escollo a salvar son las vacas que hay justo en la finca que hay delante del puente de las Lavanderas, se por experiencia de otras veces que si llevo suelto el perro este las atraerá hacia mi y me harán correr. Por eso le ato y cruzamos tranquilamente la fina hasta toparme con un pastor y un atajo de ovejas. Mi sorpresa ha sido al acercarme a èl y conocerle, por lo que he aprovechado los últimos metros de la ruta por acompañarle hasta el puente, donde tenia mas ovejas.


Ese rato hemos hablado de todo, desde el gobierno hasta nuestros campos y nos alegra a los dos ver como el puente de las lavanderas fue restaurado en su momento y ahora el del Merlinejo ha corrido la misma suerte. Me comenta el pastor que ellos han hecho mucho hincapié en este tema cuando se juntan el día que se celebra la Trashumancia. No todo es cruzar Madrid con las ovejas, hay que estar encima de nuestros cordeles y cañadas reales para que no caigan en saco roto.

Despidiéndome de él he continuado río arriba hasta el puente de la carretera donde me esperaban mis dos amigos que acababan de llegar. Allí hemos echado un trago comentando el día que hemos pasado justo antes de que de nuevo comenzara a llover.
Montarnos en el coche y volver al pueblo con mas de veintidós kilómetros en mis piernas y con el sabor agridulce de haber pasado un domingo anormal.

La ruta


Nos vemos por las callejas si los despertadores no siguen en huelga...





1 comentario:

  1. Uffff, 22 kms. andando ligero, solo y el día de descanso. Cada dos por tres, una nueva sorpresa contigo. Ya te digo yo que eso es de ser un auténtico fenómeno.

    Saludos.

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