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domingo, 15 de septiembre de 2013

Capitulo 523: Ruta en Plasenzuela.




Después de algún tiempo sin salir a realizar ninguna ruta por parte mía, que no del grupo. Hoy volvimos a los senderos de nuestra Extremadura. En esta ocasión nos hemos desplazado hasta la localidad cercana de Plasenzuela, la cual no habíamos llegado a visitar todavía en ninguna ruta.


A las siete y media de la mañana, de noche todavía por todo el mundo, siete miembros del  grupo nos juntábamos en el lugar de siempre, para emprender la marcha establecida. A pesar de que algún miembro más había confirmado asistencia, por unos motivos u otros no han podido acompañarnos.

La ruta elegida hoy, había sido diseñada por nuestra compañera de grupo Karin, la cual nos esperaba en el pueblo de Plasenzuela para empezar la marcha desde la plaza del pueblo.

Plasenzuela estaba despertándose cuando nosotros atravesábamos sus calles. Un pueblo limpio y muy adornado con estatuas y parques muy bien preparados. Parece mentira que siempre que vamos a los sitios, echamos en falta algo parecido en nuestro pueblo.

La ruta de hoy discurría por callejas bastante anchas, por las cuales se andaba muy bien a primera hora, donde un aire fresco nos acompañaba. Con el paso de las horas el sol iba apretando y en los senderistas iba haciendo mella. Por eso antes de que apretara más el sol y en lugar único como es una cantera, hemos aprovechado para comernos el tentempié de hoy. Se echaba en falta el andar, pero también la hora del bocata, la cual es sagrada para todos.




Después de visitar la cantera hemos seguido la marcha hasta unas antiguas minas abandonadas, las cuales se conservan como buenamente pueden, sin que nadie haga nada por su conservación. Otros monumentos patrimoniales que podían ser dignos de visitas y que cuando quieran reparar en ellos, será demasiado tarde como pasa siempre.




Una vez visitadas un par de ellas, hemos decidido ante el sol que nos castigaba, regresar hasta el pueblo acortando algo la ruta. A ninguno del grupo le ha importado mucho dicho recorte de ruta y mucho menos a nuestros perros, los cuales rezaban para encontrar alguna charca llena de agua por el camino, cosa que han sido capaz de hacer.





Sobre unos trece kilómetros después alcanzábamos el pueblo de Plasenzuela, donde hemos aprovechado para tomarnos unos refrescos en el hotel rural, donde amablemente nos han dejado un lugar para poder entrar con nuestros perros.



Allí nos hemos despedido de nuestra amiga Karin antes de montarnos en los coches para regresar a nuestro pueblo, con la sensación de que íbamos más cansados que otras rutas a pesar de haber andado bastante menos. La falta de costumbre se ha notado mucho, esperemos no volver a enfriarnos y volver a los senderos cuanto antes mejor y si puede ser con el tiempo más fresco, mucho mejor para todos.

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