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Sufridores del blog.

viernes, 6 de septiembre de 2013

Capitulo 519: Ley de vida.




Noto oscuridad en mi habitación, además tengo un poco de frio. ¿Dolor?, que va, no siento dolor ninguno, más bien siento pena. Es verdad que sé que esto es el final, pero me da pena irme. Me da pena a la vez que alegría, poder ver y sentir a mis hijos, nietos y biznietos jugar en la calle. Pobre de ellos que no saben nada de muertes. Ojala y no lo sepan hasta que sean bastante mayores.

Se vuelve a nublar en la calle y el frio se apodera de mí. Intento agarrar las manos de mis hijos y les miro entre la oscuridad de la habitación. Que años aquellos, duros como nadie sabe, que trabajo nos costó sacarles adelante. Si no hubiera sido por mis vecinas, me hubiera sido imposible criarlos. Me voy sabiendo que les tengo a todos aquí. Eso para una madre, es lo más grande que le puede pasar.

Tengo ganas de reunirme con mi marido, hace tanto tiempo que no le veo, que le hecho mucho de menos. ¿Seguirá fumando? A lo mejor lo ha dejado, aunque me cuesta trabajo creerme eso. Ahora en cuanto llegue, buscare a mis vecinas y amigas y rezaré con ellas el rosario, cuanto las echo de menos también. Aunque si siguen estos nublados, a lo mejor lo que tendremos que hacer será rezar por las tormentas, como lo hacíamos aquellos años atrás en casa de alguna vecina, que era la excusa que buscábamos para no estar solas en mitad de una tormenta de aquellas.

El frio de momento se está convirtiendo en calor, pero un calor cómodo y soportable. Me siento bien, no me duele nada, soy feliz. En la calle suenan las campanas, seguro que por mi alma. Que alegría me dio ver a Don José en mi cabecera, que gran cura para un gran pueblo, espero que tarde mucho en reunirse con nosotros, hace mucha falta todavía en la tierra, más que nosotros.

Me tengo que ir, lloro y no es de dolor, me da pena quedaros atrás, pero es ley de vida mi marcha. A lo lejos veo a mi marido Agustín, allí esta con el cigarro en la boca, sabía yo que no lo dejaría.
Adiós hijos míos, rezar mucho por mí, yo desde donde vaya, también lo haré por vosotros. Gracias por estar todos aquí despidiéndome, ha sido muy bonito…

Hasta siempre abuela Magdalena, una gran mujer que sin duda deja huella en su familia y en el pueblo.

Descanse en paz

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