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Sufridores del blog.

lunes, 23 de noviembre de 2015

Capitulo 698: Ruta en Cabezuela del Valle.



Esos locos senderistas a los cuales tengo el gusto de pertenecer, que dejamos la cama con algo de pereza, mas aún cuando asomas la cabeza a la calle y ves la helada que existe en las lunas de los coches. Da igual, la ruta preparada para el día de ayer prometía grandes aventuras como así fue. Seguimos comentando en momentos como los que pasamos ayer los cinco amigos que fuimos, que sin estas rutas de los domingos no hubiéramos conocido ni la cuarta parte de los muchos pueblos que hoy en día, tenemos el gusto de conocer. Ademas de sus gentes que en muchas de las rutas, nos vemos obligados a entablar mas de una conversación y hasta el momento, nadie nos ha tratado mal en ninguno de los muchos parajes extremeños que tenemos recorrido y que si por bien es, seguiremos recorriendo domingo a domingo, cuando unos pierden el tiempo debajo de las sabanas y otros llegan a esas horas en busca de ellas...

El caso es que a las siete de la mañana y con temperatura bastante mas fría que en días anteriores, nos hemos dado cita los tres machos y las dos sùper hembras que nos atrevimos a desafiar la monotonía del domingo. Sin esperar mucho rato nos hemos puesto en camino y la siguiente parada ya la sabéis todos los que leéis la crónica de las rutas. La panadería del motor, donde nos espera el pan calentito y crujiente, que algunas horas mas tarde, nos servirá de acompañante, junto a las viandas de la tierra. Ayer no podía estar mas caliente el pan, tanto que tuvimos que esperar cinco minutos para que lo sacaran del horno, así que podéis imaginar el ambientador que llevamos todo el camino, hasta la localidad de Cabezuela del Valle, la cual no habíamos andado aun.


Este pueblo esta habitado por mas de dos mil cuatrocientos habitantes, por lo que viene a ser mas o menos como Huertas de Ánimas. A sus habitantes se les conoce como "cabezoleños" y fueron muchos los que se cruzaron con nosotros durante la ruta. Ahora toca curar a los cerezos y ademas podarlos, puesto que la mayoria ya a mudado sus hojas y ahora pueblan los suelos. Da gusto andar pisando hojas a pesar de que, mas de una vez, te puedas llevar algún susto por culpa de algún resbalón o algún desnivel del terreno, tapado por dichas hojas.

Una hora y cuarto después de haber montado en el coche, llegábamos a nuestro destino. La ruta la teníamos descargada previamente pero estábamos casi seguros, que acabaríamos haciéndola como a nosotros nos pareciera, cosa que nos pasa cada domingo.
El lugar hasta donde queríamos llegar es conocido en el pueblo de Cabezuela como el "Canchal Banderín" y se puede ver dicho conjunto de piedras, desde el mismo pueblo, por lo que ya sabíamos de ante mano que nos esperaba una cuesta. Aunque la verdad que no demasiado pronunciada, puesto que el camino va haciendo rodeos para que se pueda subir bien.

El frío que hacia allí era poco mas o menos que el que habíamos dejado en nuestro pueblo, por lo que una vez colgadas las mochilas y bien abrigados, nos pusimos a caminar buscando la primera y única cuesta, que llega hasta el mismo cancho.
Los primeros arboles que nos encontramos son cientos de cerezos que abundan como casi todo el Valle del Jerte, se nota mucho que sus dueños viven de ellos puesto que los miman y cuidan muy bien, Por eso puedes contemplar unos bancales bien construidos y los cerezos simétricamente podados, para que la posterior recolección de la cereza, les sea todo lo mas sencillo posible.

Y seguimos ascendiendo pisando ahora hojas de castaños que existen en dicha ruta. Las ultimas castañas que quedan por el suelo nos llaman la atención y me guardo algunas en los bolsillos para ir entretenido comiéndolas mientras seguimos andando. Las vistas según nos vamos volteando son espectaculares y el pueblo le vamos dejando paulatinamente a inferior nivel del que nosotros vamos obteniendo. Empezar la ruta a quinientos metros y acabarla a mil doscientos y algo, puede daros una idea de lo que hemos ido ascendiendo poco a poco, sin prisa pero sin pausa, riendo, hablando y disfrutando de las vistas que solo el Valle del Jerte te puede dar en esta época del año.



Una vez en el "Banderín" hemos buscado un poco de refugio del aire que allí soplaba con mas intensidad para comernos el muerdino, eso si, después de hacer decenas de fotos desde lo mas alto de la ruta. Que bueno está todo lo que llevamos y que pena da saber que hasta el próximo domingo no volvemos a probarlo...


Una vez recogido todo el campamento y algo mas de suciedad que nos hemos encontrado, hemos comenzado el descenso, el cual le hemos hecho bastante bien, a pesar de que la vereda no se veía al estar llena de hojas. Los robles dan un color impresionante y el frío de momento nos abandona. Nos mosquea que temple la orilla, mas aun viendo las nubes que teníamos encima. Y de repente y bajo nuestro asombro, los copos de nieve hacen su aparición y aunque han sido pocos, para una apuesta hemos visto nevar un veintidós de noviembre en en Valle.




Entre mas risas y cachondeo hemos ido acortando los metros que nos quedaban hasta el coche. Un poco cabreados por la suciedad que hemos visto al comienzo de la ruta muy cerca de la garganta que baña el pueblo. Deberían de tomar nota las autoridades o quien le corresponda, pero da mal ejemplo ver tanta basura derramada por las cunetas y encima de zarzas y matorrales. Es cierto que es la primera vez que veo en todo el Valle algo así, por eso quiero denunciarlo públicamente antes de que se unan mas cerdos al que ya hay en el pueblo.



Y justo a la una del mediodía, estábamos montando las mochilas en el coche y después de comernos las ultimas frutas y saborear el ultimo trozo de chocolate, hemos emprendido el camino de regreso el cual le hemos hecho por el Parque Nacional de Monfrague, para poder disfrutar de sus vistas.

Nos vemos por las callejas.

La ruta












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