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jueves, 9 de enero de 2014

Capitulo 552: El cuarto rey mago.




Cuenta una leyenda de la cual poco se ha oído hablar casi nunca, que los reyes de Oriente nunca fueron tres, si no que aquellos reyes magos, en realidad fueron cuatro hombres.

Este año, cuando otra vez juntos volvieron a iniciar el viaje buscando al rey redentor, el cual debía de estar metido en un triste pesebre, dentro de un misero portal, los cuatro reyes magos se volvieron a despistar.Igual que les pasó el año pasado, cuando viniendo por la autovía de Madrid, se dispusieron a entrar en Trujillo y creyeron que dichos habitantes, en lugar de estar celebrando el nacimiento y adoración del Mesías, se habían adelantado a otra fiesta que normalmente se celebra cuarenta días después. Es decir, los carnavales.

Los cuatro reyes se separaron para intentar entre todos, encontrar al niño y su portal.
 El cuarto rey mago cogió un atajo que giraba a la derecha y justo allí, se topó con varios pastores que andaban mudando ovejas de sitio. Como este rey vio que eran pocos los pastores que había para tal trabajo, no dudó en bajar de su camello y echarles una mano a los pobres pastorcitos. Estos muy sorprendidos al ver aquella escena, le estuvieron muy agradecidos a dicho señor, que a simple vista, no parecía un rey mago ni mucho menos.
El cuarto rey aprovechó para preguntar a los pastores por el niño recién nacido y por su portal, a lo que aquellos pastores, le indicaron justo el lugar donde exactamente se encontraba el recién nacido.
Aquel rey se despidió de los pastores y se puso en marcha para encontrar a sus tres compañeros, los cuales andaban todavía por Trujillo, preguntando a unos y otros por el tan ansiado portal.

Ninguno de los habitantes fue capaz de indicarles el lugar exacto. Unos les indicaban para un lado, otros les mandaban para otro, y entre carrozas, caballos y demás parafernalia, por fin llegaron a una hermosa plaza, donde en un chalet , se encontraban una madre y su esposo, ademas de un chiquillo dormido en una especie de cuna. Los reyes sospecharon de que aquel niño podía ser el que ellos andaban buscando, aunque bien es verdad que aquel chalet, no era lo que a ellos les habían hablado.
 Antes de dirigirse hasta el portal, unos señores con gorra y una especie de uniforme, les invitaron a abandonar dicha plaza. Parecían soldados romanos los cuales custodiaban dicho chalet. Los tres reyes asustados ante tal ofensa, recularon un poco hacia atrás, donde se toparon con un señor con gafas el cual, les reconoció al instante. !Majestades, quiero pedirles este año que me traigan trabajo y salud!, fueron las primeras palabras que este señor, (el cual no había llegado a identificarse), les dijo.

Melchor, que era un buen mago, le reconoció en seguida y le contestó al señor con gafas y coronilla, mas bien despoblada de pelos. !Señor, usted no puede pedir trabajo, lo que debe de hacer usted es generar dicho trabajo, que para eso le pusieron a usted en el cargo que ostenta!. Nosotros le podemos traer salud para que usted, pueda arreglar esta situación. No se exponga usted a peticiones inauditas, que ya es mayorcito para seguir creyendo en nosotros y cumpla lo que usted prometió dos años atrás y déjese de dar limosnas por la calle. Eso no arregla el problema si no todo lo contrario, esta usted enfrentando a los vecinos entre si.
Este señor, muy triste, agachó la cabeza y volvió a perderse dentro del descomunal desfile, no sin antes decirle a los soldados romanos que dejaran pasar a aquellas tres personas, vestidas con grandes capas para ahuyentar el frío. Los cuales, se limitaron a dejar al pie de aquel chalet, el oro, el incienso y la mirra, sin apenas saber, si aquellas ofrendas llegarían a las manos que debieran de llegar y no a la de los recaudadores de la ciudad, los cuales no dejaban pasar ni una sola oportunidad, para generar mas riquezas.

Mientras tanto, el cuarto rey mago, harto de buscar a sus colegas. Prefirió optar por seguir las indicaciones de aquellos buenos pastores y se dirigió hacia donde le habían dicho, algunos minutos antes.
Allí, se encontró con un triste portal, hecho de escobas verdes del campo, las cuales hacían todo lo posible para cobijar al recién nacido. Otros pocos de pastores se reunían alrededor de una buena lumbre, donde comentaban como les había ido el día con sus ovejas, ademas de hablar también de la calidad de sus quesos, los cuales, habían traído para dar al niño.
Unas cuantas mujeres aprovechaban los últimos rayos de sol, para acabar de hacer la colada al lado de un río. Otros pastores en otra hoguera, hacían un buen caldero de migas, para que todos los allí presentes, las pudieran degustar y así entrar todos en calor.
Aquel rey mago quedó extasiado al ver todo aquello y enseguida comprendió, que aquel sin duda, era el lugar que ellos andaban buscando.
Sin apenas tiempo que perder, se dispuso a adorar al niño el cual dejó escapar una sonrisa al ver a nuestro mago.
Lo siento, dijo el cuarto rey. Me he perdido de mis compañeros y solo puedo dejaros unos colgaderos de cecina y unos ricos quesos, los cuales, traemos de tierras lejanas para ofrecérselos al mesías.
No se preocupe usted, contestó Maria, con esto es suficiente.

Todos los niños de los pastores que había en aquella plaza, aprovecharon para pedirle cosas al mago. Unos algunos juguetes, otros salud y buen tiempo para que sus padres, no sufrieran penurias por aquellos campos perdidos. El mago, viendo la humildad de aquellas gentes, hizo todo lo posible por atender a todos y cada uno de los allí presentes y un buen rato después, abandonaba el lugar sabiendo que había cumplido la misión encomendada, ya solo le quedaba encontrar a sus tres colegas, a los que algunas horas después, encontró leyendo la biblia para ver si lo que habían visto este año, estaba escrito dentro de ella o si por el contrario el pueblo que habían visitado lo había inventado.

Queridos colegas, les dijo el cuarto rey mago, el lugar que buscábamos está algunos kilómetros mas allá de donde vosotros habéis estado. Allí si estaba el triste portal, con el humilde pesebre que nosotros, andábamos buscando....

Fotografías: Jose Manuel Andrade Bravo.







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