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Sufridores del blog.

viernes, 4 de enero de 2013

Capitulo 412: Mi curriculum vitae.





Poniéndole al día estos días atrás -son muchos los que llevo entregados sin suerte hasta el momento- me fijé en los años de experiencia en mi oficio y me di cuenta que llevaba veintiún años. Entonces pensé que como tenía que ir a la oficia de empleo a solicitar la prorroga, esa millonada que nos dan para que practiquemos todos el milagro que años atrás hizo un hombre al cual pintaban con barbas y pelo largo –cosa que ya me queda menos que tener-. Que no consistió en otra cosa, que en hacer que el sueldo que tenía le llegara a fin de mes, aunque otros escribieron que los panes y las sardinas se multiplicaron por cien.

 Algunos otros comparten el anuncio de Campofrío por las redes sociales, los mismos a los cuales dicha empresa, les recorta y les quita derechos mes tras mes, qué más da. Es poco bonito el anuncio que han hecho con nuestro dinero, como para no estar orgulloso de él. Aunque me recorten mi sueldo….

Una vez en la oficina de empleo, sentado delante de una funcionaria castigada por el mismo gobierno sin paga y con su sueldo congelado desde años atrás, a la cual exigen que ponga buena cara delante del público -cosa difícil en estos tiempos- la expliqué lo que quería demandar.

Mire usted señora, le dije, a lo que ella me respondió: señorita si no le importa, con tal sequedad, que para mis adentros pensé que seguro que durante muchos años la esperaba ese estado civil.
Lo siento señorita. Continué exponiéndole mi caso. Como veo que en mi vida laboral paso de los veinte años de experiencia en mi trabajo. En los cuales jamás me han acusado de que se haya caído nada de lo construido hasta el momento, creo según ley que me pertenece un sueldo vitalicio mucho más que a cualquier ministro de pacotilla que con tan solo un año en su cargo y sin haber dado una a derechas, se le conceden. También -continué diciéndola- creo que me puedo jubilar, dado que llevo en el cuerpo más de veinte años de servicio y según ley puedo elegir lo que hacer. Es decir que vengo a pedirle que me otorgue un sueldo vitalicio como el que tenía antes de causar baja como currante y además, me conceda otro de jubilado por llevar veinte años sirviendo en el oficio de la construcción.

La señorita totalmente anonadada no daba crédito a lo que estaba oyendo.
Me está usted hablando en serio o es una broma de mal gusto, me preguntó con poca paciencia en sus palabras. Porque si es una broma, no tengo el cuerpo hoy para ella, apuntilló. A lo que yo pensé, que ni hoy, ni ningún día debía de tenerle por lo que me atreví a decirla: ¿Usted se cree que yo me atrevería a gastarla a usted una broma?

La funcionaria un tanto despistada optó por levantarse e ir a comentarle lo que le estaba pasando a otro compañero, que he de decir, que hacían buena pareja los dos. Vamos que sé la canción que bailarían agarrados en una supuesta boda si hipotéticamente se produjera entre ambos. Si, esa que ustedes están pensando.

A los pocos segundos de ponerle al corriente de mi petición, volvieron los dos hasta la mesa donde yo me encontraba haciendo tiempo con la misma cara con la que había entrado en la oficina. Mientras, otro funcionario pulsaba el botón de “pase el siguiente” y segundos después, entraba otra persona en la oficina.
Era una mujer rubia de unos cuarenta y cinco años de edad que con voz algo más alta de lo que se suele hacer en ese lugar –no sé a qué tenemos miedo, todos- empezó a exponer su situación y a lo que venía a la oficina en particular.

Mientras los dos funcionarios seguían delante de mí, obligándome a que volviera a exponer lo que con anterioridad había expuesto a la funcionaria hembra. Y eso es todo, acabe diciendo otra vez a aquel hombre y aquella mujer, que se miraban los dos incrédulamente y sin saber qué hacer ni que decir.
Antes de que eligieran que hacer, el otro funcionario que atendía a la mujer rubia venia a su encuentro para que fueran hasta su mesa a escuchar lo que aquella mujer le estaba pidiendo que hiciera. Los dos compañeros se disculparon ante mí y siguieron los pasos de su otro compañero que volvía a tomar asiento delante de aquella rubia mujer. La cual le había expuesto más o menos lo mismo que yo les había expuesto con anterioridad.

Los funcionarios se miraban incrédulos y no sabiendo que hacer, optaron por entrar en la oficina de su superior y le hicieron saber lo que una mujer rubia y un hombre con barbas, pedían en sus mostradores.
El jefe superior salió de su despacho encabezando aquel desfile de funcionarios desconcertados y optó por sentar a la mujer y al hombre en la misma mesa y así, de ese modo, ahorrarse una conversación.
Miren ustedes, empezó el jefe a decir, solo les pertenece una de las dos cosas que piden. Es decir, o la paga de jubilados o el sueldo vitalicio. Las leyes han cambiado y ya solo se puede optar a una de las dos pagas, aunque hacen bien ustedes en pedirlo, hasta hace menos de dos meses, se concedían las dos cosas, así que ustedes dirán a lo que quieren optar.

La mujer rubia se agarraba la cabeza diciendo: ¡cómo es posible que haya desaparecido la “pluripaga”! de que voy a vivir yo ahora con solo un sueldo!

Yo no me alarmé mucho y comparé el sueldo vitalicio y el que me daban en la jubilación. No variaban mucho el uno del otro, así que decidí jubilarme, no me veo yo con casi cuarenta tacos trabajando mucho mas, han sido muchos años duros en las espaldas.

Ahora que trabajen los políticos para pagar las jubilaciones de los obreros, no iba a ser todo color de rosa en esa profesión….

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