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Sufridores del blog.

jueves, 8 de septiembre de 2016

Capitulo 759: Reencuentro de viejos amigos.



Justo antes de verte ya se que estas ahí. Nos vemos poco pero ese olor nunca se me olvida. Jamas perdimos nuestra amistad a pesar de la distancia.
Hoy al tenerte en frente quise hacer memoria y recordar los años que llevamos de amistad, pero no fui capaz de recordarlo, el día que nos presentaron yo era demasiado pequeño.

Me viene a la memoria lo bien que lo pasábamos de pequeños. Tu, unos días alborotados y otros con una calma pasmosa, que nos hacías ir a buscarte demasiado lejos. Siempre nos regalabas algo. Una piedra bonita, una concha rara, que se yo, todo me venia bien para cuando volvía a mi pueblo, poder vacilar a mis amigos y enseñarles los regalos que tu me hacías. Ellos no imaginaban como alguien podía regalar tanto sin apenas conocernos. No les gustaba que yo intentara explicarles como eras tu. Sus preguntas siempre iban encaminadas en intentar comparar tu extensión con la de algún charco cercano. Yo me reía y ellos se enfadaban cuando yo, les explicaba que tu eras cien veces mas grande que la charca de Casillas. Mil veces mas grande que el Arroyo Caballo y infinitamente mas grande que la pesquera del Marrinejo, donde nos íbamos todos a bañar de pequeños.

Eso es imposible, eran sus respuestas. No hay tanta agua junta en ningún sitio. Tu nos quieres mentir decían todos mis amigos. Fui un afortunado al ser el primero en conocerte de todos ellos y rezaba para que cada año mis padres pudieran volver a traerme hasta tu regazo. Luego conseguí traerte a mi novia para presentártela. Ya se que te gustó, la trataste también que decidimos volver varios años juntos los dos. Disfrutábamos los tres como verdaderos amigos y los días a tu lado se nos pasaban volando. Las despedidas eran demasiado tristes, eran ratos de verdadera angustia al saber que tardaríamos mas de un año en volver a vernos en el mejor de los casos. Un ultimo baño, una ultima piedra sobre tus lomos, un ultimo regalo por tu parte, un ultimo paseo por tu entrañable arena. Entre lagrimas me volvía para darte un ultimo adiós...

Hace algunos años decidí traerte a mis hijos para que los conocieras. Yo sabia de sobra que te iban a caer bien, son una copia de sus padres y si a nosotros tu nos encantas, a ellos no ibas a ser menos.
Hoy delante tuya los cuatro, hemos vuelto a emocionarnos, hemos vuelto a recordar vivencias pasadas y aunque estaremos pocos días a tu vera, serán los necesarios para apagar la morriña que acumulamos durante todo el año.

Que bonito es volver a encontrarte con un buen y viejo amigo...El mar, la mar.







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