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Sufridores del blog.

jueves, 12 de mayo de 2016

Capitulo 734: La eterna sonrisa del capitán.



Y aunque seguramente esté ya todo escrito sobre él, no puedo dejar de dedicarle este capitulo al jugador del Athletic Club, Carlos Gurpegui, del cual solo puedo escribir cosas buenas cada vez que hemos coincidido en alguno de los partidos que tuve la suerte de ver, en la Catedral del fútbol.

Aunque parezca cosa normal el trato familiar que un hincha del Athletic pueda tener con los jugadores de su equipo, me sorprendió gratamente aquella pequeña charla que tuve con Carlos después de uno de aquellos partidos. Y es que yo lo único que tenia pensado era hacerme una fotografía con él para tenerla de recuerdo, cosa que al final después de tanto hablar, se me olvidó hacer. Aunque bien es cierto que no me importa, puesto que tengo aquellas palabras que cruzamos, muy frescas en mi memoria como si hubiera sido ayer.

Aquella charla fue después de que el bueno de Carlos hubiera cumplido aquella injusta sanción. Eran días duros para él, puesto que todavía no jugaba mucho. Era normal después del calvario vivido que no estuviera al cien por cien, pero según he podido leer en letras de sus entrenadores, nunca se dio por vencido y cada día que amanecía era un reto para él.
Comenzamos dándonos la mano y comentando el resultado del partido que acababan de jugar. No recuerdo el tanteo final. pero Carlos jugó en la segunda parte y tenia todavía algún punto en su maltrecha nariz, victima de los lances del juego, como Gurpegui me dijo entre risas. Es mejor que no me saques en la foto, pues cuando pasen unos años, no vas a saber quien era este jugador, me dijo entre risas.
Le pregunté que si no le molestaba para jugar y Carlos me contestó con otra pregunta: ¿A ti te molestaría? con lo que rápidamente le dije que no, ademas de rematar la frase diciéndole que yo no podía jugar en el Athletic.

Muy pronto me dijo que por el acento mi casa tenia que estar lejos de San Mames. Cierto, le contesté. Justo a setecientos kilómetros. Que grandes!! fue su respuesta. Al ver que por allí andábamos mas con el acento raro.
¿Todos sois del mismo pueblo?
Claro, tenemos una peña del Athletic en Huertas De Ánimas, al lado de Trujillo.
¿ Y sois muchos?
Bueno, por aquellos años eramos cerca de treinta, ademas de los que se arrimaban a nosotros y venían a pasar un día estupendo por Bilbao.

Al ver a mas de uno bastante animado por no decir que mas bien perjudicado, me dijo que si lo habíamos pasado bien, a lo que yo le contesté que entrando por la puerta de la Catedral, siempre era un placer.
Lo que pasa, le contaba yo a Carlos, que salimos la noche anterior de madrugada, y que casi veinticuatro horas después la gente andaba ya un poco cansada y con algo mas de alcohol en el cuerpo de lo debido.

Entre risas, su enorme carcajada habitual, me dijo que había sido un placer hablar conmigo, todo lo contrario de lo que uno se podía esperar. Pero si era yo el que tenia que pronunciar esas palabras y sin embargo Gurpe se me adelantó.
Cuando le fui a dar la mano para despedirnos se adelantó y me dio un abrazo, a la vez que me decía que disfrutáramos a tope el rato que nos quedaba por Bilbao, antes de emprender el viaje de vuelta.
Yo no se si me estaba soñando o fruto del alcohol en vena, uno estaba delirando. El caso es que según se marchaba se giró para decirme, no tardéis en volver, que sin vosotros, nosotros los jugadores no somos nadie.

Y así acabó aquella charla con el bueno de Carlos, el cual hizo que las lagrimas asomaran en mis ojos al contarlo luego en el autobús a todos mis compañeros. Y aunque yo no tenia duda ninguna de lo buena persona que es, desde aquella conversación me ganó para siempre.

Por eso nunca he dudado en defender a esta bella persona, incluso llevándome demasiados caldeos con personas que hablaban sin saber deque iba el tema, tan solo de oídas e intentando hacer daño. Pero Carlos me enseño aquella noche que la sonrisa lo puede todo y por eso cuando alguien sacaba el tema aquí en mi pueblo, le contestaba de la misma forma que Gurpe, riéndome ante todo.

Gracias capitán, siempre tendrás un trozo de mi corazón y no dudes que cuando sea mayor, a los pequeños le contaré lo buena persona que fuiste y el buen jugador y capitán que has sido en este nuestro querido Club.

Un abrazo, tu amigo Marcos.

P.D: La fotografía de la portada es de mi padre, el cual también vino impresionado al comprobar lo buena gente que eres.









2 comentarios:

  1. Tremendo, Marcos.
    Yo también he tenido el privilegio de saludarle personalmente en alguna ocasión y sí, se le ve algo diferente a la mayoría de sus compañeros.
    Aunque todo tiene su fin, difícil que éste señor sea de los que se pierdan de nuestra memoria por muchos años que pasen.

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