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lunes, 11 de febrero de 2013

Capitulo 434: Tragedia en el salto de Torrejón.




El otoño de 1965 fue lluvioso en Monfragüe, especialmente a mediados de octubre. Faltaban pocos meses para finalizar los trabajos en las presas sobre el Tiétar y el Tajo, y una concatenación de circunstancias provocó el más grave y trágico accidente laboral de la España contemporánea, cuyas causas nunca se conocieron. Una tragedia condenada a un olvido extraño, injusto e interesado, sobre la que cayó un silencio despiadado. Una historia que dejó a sus espaldas una obra rentable y un drama colosal, un drama del que nunca más se supo.



 Así comienza el documental que a través del programa de canal Extremadura televisión, “El lince con botas”, nos muestra una de las mayores tragedias de la España contemporánea, que gracias a la manipulación de los interesados en el suceso, cayó en el olvido.
El veintidós de octubre de mil novecientos sesenta y cinco, por la mañana temprano, sucedió lo que muchos de los trabajadores preveían con anterioridad. El exceso de presión era tan grande, que muchos sabían que la presa no aguantaría. Pero “alguien” ordenó que la presa siguiera llenándose hasta los aliviaderos, para probar si estaba bien hecha.  Ese alguien cuarenta y cinco años después, no tiene nombre todavía.

Una cuadrilla de cincuenta hombres, trabajaba en ese momento dentro del túnel construido. Su misión era desencofrar dicho túnel que acababa de construirse. Otros muchos trabajadores, se afanaban por limpiar el cauce por donde, una vez abrieran las compuertas, correría el agua. Mi abuelo Matías, trabajó en dicha obra, junto a algún Huerteño más. Ese día le tocó limpiar el cauce, que a la postre, fue su salvación. Puesto que le dio tiempo a gatear montaña arriba y ponerse a salvo. Muchos de sus compañeros no corrieron la misma suerte y muchos meses después de la tragedia, mi abuelo era incapaz de pegar ojo.
 Nos contaba mi abuela siempre como se despertaba dando voces, reviviendo dicha tragedia. Contaba que algún compañero se agarró a su pierna, intentando gatear detrás de él, pero no corrió la misma suerte y fue arrastrado por la fuerza del agua, que salía desbocada rio abajo. Por aquellos años no hacía falta psicólogos ni nada, es más, los mismos supervivientes de dicha tragedia, fueron los encargados de buscar a los fallecidos, que meses después en algunos de los casos, fueron apareciendo.
 Podéis imaginaros dichas escenas de compañeros hasta el día antes trabajando juntos, recogiendo los cadáveres y enterrándolos, aquello fue brutal.
Los trabajadores si sabían quién fue el responsable de aquello, pero el miedo a perder el trabajo, que por aquellos años, estaba muy bien pagado comparado con lo que se ganaba en Extremadura. Eso y las compensaciones económicas a los familiares de los fallecidos, ocultaron dicha catástrofe que incluso hasta en los periódicos del país, pasó desapercibido.
Ya por aquellos años las compañías eléctricas, propietarias de dicha obra, untaban al generalísimo, que por lo visto iba a venir a inaugurar la presa y una vez conocida dicha desgracia, dejó plantados a todos los que le esperaban y no se presentó.
Las indemnizaciones fueron ridículas, sin duda se aprovecharon vilmente de la pobreza de las familias. Y con poco más de veinte mil pesetas por desaparecido o fallecido, lo consiguieron apaliar.

Las familias de los trabajadores vivían en un poblado construido justo detrás de donde se estaba haciendo aquella inmensa obra. Casi cinco mil obreros hicieron falta para dicha obra y muchos de ellos, vivieron allí mismo junto a sus familiares, que por suerte, lograron escapar a la tragedia, gracias a la rápida intervención de maestros y mujeres, que desalojaron el poblado en tiempo récord  conduciendo a los más pequeños hasta la montaña para ponerles a salvo. Contaban los supervivientes que fueron horas muy duras.

 Los obreros que lograron salvar la vida, iban llegando hasta donde se encontraban sus mujeres e hijos. Estas aguardaban impacientes la llegada de sus familiares, que en muchos de los casos no se produjeron. Todo el día aguantaron allí sin comida ni bebida. Incluso contaban que estaban mojadas debido al rocío, que tenía la jara que había en el monte. Y que ellas en su huida, habían ido rozando con la poca ropa que les había dado tiempo a ponerse. Muchas contaban que días después, la gente solo se quitaba para dormir los zapatos, previendo que ocurriera otra vez otra desgracia parecida y tuvieran que actuar del mismo modo.

Lo que más me ha dolido es saber que la placa que recordaba a los desaparecidos, ha sido quitada no se sabe por quién, como si aquello en vez de realidad, hubiera sido un mal sueño de todas las personas que lo sufrieron en sus carnes. Una pena que tantos años después, no se sepa exactamente ni el número de víctimas, ni quien fue el culpable de aquella tragedia. Que sin duda se produjo por alguna negligencia humana.
Memoria histórica en todos y cada uno de los casos.

Aquí podéis ver dicho documental, el cual agradezco su realización a Canal Extremadura.

El Lince 3.0: La tragedia del salto de Torrejón (10/02/13) | Canal Extremadura

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