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jueves, 22 de marzo de 2012

Capitulo 268: Un jueves en Cànovas.



Cáceres es la ciudad que más se puede parecer a un pueblo y para muestra de ello, paso a describir lo que puede ser cualquier día de esta ciudad.

 Jueves, tiempo bueno, un poco de fresco a la sombra, pero temperatura estupenda para pasear. Eso hacen bastantes personas mayores, jubilados la mayoría, que mientras van andando se van contando cosas los unos a los otros. Cuando la principal conversación solía ser el tiempo, a falta de lluvias, pasa a segundo plano y habiendo jugado el Madrid el día antes, pues la conversación del día pasa a ser el futbol. La polémica, el árbitro, los jugadores, estas personas entienden de todo, aunque no todos, los hay que en esa conversación, no abren la boca y para no quedarse fuera de la misma, uno de ellos empieza a hablar del “Paquirrin”. Si, ese que viene hoy a Cáceres a no sé que con los jóvenes, no ha trabajado en su vida y fíjate el éxito que tiene. Teniendo esa madre y el padre que tuvo, no le va a hacer falta trabajar nunca, casi igual que nosotros. No te preocupes que ese no llega a nuestra edad, es imposible....

 Pasa una señora mayor con un carrito de bebé, se nota que hay paro, mucho paro, ya las abuelas no tienen que quedarse con los nietos, los padres o madres por desgracia, tienen todo el tiempo del mundo para atenderlos, con lo bien que están los nietos con los abuelos, sacan todo lo que quieren de ellos, ahora lo único que saben decir a sus padres es: El “chorizo” de abuela esta mejor que el tuyo, las lentejas tuyas no me gustan, las de abuela están mejor….

 En el bar de enfrente, hay tres mesas ocupadas en su terraza, los bares tampoco son lo que eran. En una de ellas hay sentadas dos personas, un matrimonio mayor cuyo hombre está en silla de ruedas, por su estado puedo comprobar que tiene Parkinson, maldita enfermedad.
 Su señora con una cara de cariño increíble, le moja al hombre los churros en el café que tiene delante de él y se los da a comer, ¿Quién les iba a decir a ellos treinta años atrás, quizás cuarenta, que se iban a ver así? Allí sentados al sol, desayunado los dos juntos y queriéndose como el primer día que se conocieron. Seguramente el destino nuestro será otro, no tendremos a nuestro cónyuge al lado mojándonos los churros y limpiándonos la cara cuando nos manchemos o si....

 Una señora pasa con su perro, le saca al paseo para que haga sus necesidades, lleva su bolsita para recoger los excrementos del perro, si no lo hicieran así, con todos los perros que pasan por allí al cabo de la mañana, sería imposible poder andar sin pisar ninguna “catalina” de perro. Como echo de menos eso en mi ciudad, que poca gente lo recoge con lo poco que cuesta, mano dura, no queda otra….

 Otro joven viene con su perro, es de raza peligrosa y lo lleva con su correa y su bozal, así da gusto, todos cogen en esta ciudad y todos se respetan, en Trujillo está claro que no….

 Dos policías están denunciando a tres coches mal aparcados, uno de los dueños llega en ese momento, los policías le explican ante sus falsas excusas, el porqué de la denuncia, buenas palabras y buenos gestos, el denunciado deja de insistir en su salvación, le han convencido los agentes del orden. Amablemente, accede a enseñar sus papeles del coche, cuanto mejor así…

 Los mismos policías se quedan mirando más adelante un paso de peatones, han subido mucho los atropellos en las grandes ciudades, normal si te fijas un par de horas en cualquier paso de peatones del centro. Un señor mayor cruza con el semáforo en rojo, los policías le reprende ese gesto con buenas palabras, la charla dura casi cinco minutos, no hay denuncia, pero delante de toda la gente que una y otra vez llegaba a ese paso de peatones, el señor mayor ha tenido que escuchar todos los consejos de los agentes, seguramente que la próxima vez que lo quiera hacer, aparte de mirar si viene algún coche, mirara también si hay algún policía cerca.

 La típica jovencita que se ha levantado tarde es la siguiente que sigue el ejemplo del señor mayor, esta con más suerte, no la han visto los policías, pero ha estado a punto de causar un accidente y todo por llegar treinta segundos antes, que luego los ha gastado hablando con una amiga con la que se ha cruzado, no merece la pena jugarte la vida por una cosa así….

 Tres jóvenes llegan al banco de mi lado y en vez de sentarse como todo el mundo, ellos, se sientan en el respaldo, será la moda pienso, pero recuerdo que de más joven, yo también lo hacía.
 Tres jovencitas les acompañan al rato, dos de ellas con los pantalones caídos o como llaman ellos, “cagados”, que moda más absurda, cuanto mejor esta una mujer con un pantalón o cualquier ropa ajustada, marcando su figura.
 Que con dieciséis o dieciocho años, no volverá a tener, aunque se tire toda la vida haciendo régimen. Ahora prefieren ir así….

 Están quedando para comprar el botellón de esta noche, si, van a ver lo que decía el señor mayor antes, Paquirrin tiene embobada a la juventud cacereña, aunque me cueste creérmelo, es cierto y me da pena. Por lo que puedo apreciar, este año se llevan otra vez las botas altas en las mujeres, me fijo en todas las que pasan y parece un concurso de ver quien las lleva más altas, algunas parece que se acaban de bajar del caballo, miro a mi alrededor por si acaso le han dejado por allí atado a cualquier banco, pero no, es la moda….

 Antes de irme, pasa la típica rumana pidiendo, esa que luego se agarra a la primera máquina tragaperras de cualquier bar y echa todo lo que ha sacado pidiendo. Lo siento, yo no doy nada a nadie, quiero decir dinero, si quieres un bocadillo y te le comes delante de mí, te le compro, pero dinero no doy. Ella, como siempre hacen todos, se enfada, te insulta en su idioma y se retira hacia otro banco donde haya alguno al que pueda engañar…

 Llegando a donde había dejado aparcado el coche, escucho la flauta de un afilador, ¡no puede ser! Pienso, aquí en Cáceres quedan afiladores todavía a pesar de ser una gran ciudad.
 Al montarme y arrancar el coche me digo a mi mismo, me gusta Cáceres, es como un pueblo grande.

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