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domingo, 15 de marzo de 2015

Capitulo 638: Ruta por el río Almonte I.



Si a un loco del senderismo, se le unen otros dos, probablemente dicha mezcla pueda acabar en una ruta impresionante, jamas antes realizada por ninguno de los tres. La cual nació de la "cabezonada" de un servidor, unida a la destreza de otro loco del senderismo y el ahínco y motivación del tercero de los senderistas, que hoy nos hemos dado cita ante tal gesta.



Después de que el día anterior celebrásemos el tercer aniversario del grupo senderista y un servidor lo uniera también al festejo de su cumpleaños, esta mañana a las siete en punto, quedábamos en el lugar de siempre, es decir, la plaza de Huertas, para desde allí, poner rumbo a la panadería para comprar el medio pan habitual que nos haga acompañar las viandas de la tierra. (Si no fuera por esos ratos, yo no iba.) Frase de mi hijo Daniel cuando nos acompaña a las rutas.



La ruta diseñada por el amigo Carlos consistía en ir desde el puente que existe en la carretera de Plasencia, hasta el puente que cruza el río Almonte allí por Jaraicejo. Según teníamos estudiado la distancia podía constar entre unos doce kilómetros ida y otros tantos la vuelta. La cual habíamos pensado hacer por la orilla contraria a la ida, para de esa manera no hacer la ruta nada aburrida.
Sobre las siete y media nos colgábamos las mochilas y comenzábamos a andar. Sabíamos que la ruta se nos podía hacer algo larga y dura, puesto que nos era difícil saber de cierto, con que riberos nos podíamos encontrar.
 Teniendo esto en cuenta, lo mejor era comenzar a caminar rápido, puesto que la noche anterior nos había regalado una impresionante helada la cual hay que decir que nos ha sorprendido de lleno a los tres y no hemos ido muy abrigados para ello. Por eso el comienzo ha sido mas duro si cabe, al llevar las manos frías un buen rato. Menos mal que frente a nosotros, pronto los primeros rayos del sol nos empezaban a calentar un poco.



Las primeras complicaciones en la ruta pronto empezaban a aparecer en forma de alambradas, sin todavía entender como la caja del río no esta delimitada de forma correcta y visible por los dos lados. Cosas de la civilización que nos rodea.
Algún que otro ribero comenzaba a salir a nuestro paso, haciéndonos alejarnos unos metros por encima de "nuestro" río. Y los primeros habitantes del mismo empezaban a dejarse ver. Una ruta por el río Almonte es sinónimo de vida y naturaleza en estado puro. Estamos totalmente a favor del movimiento ecologista que lucha buscando la declaración de reserva ambiental hidrológica para su conservación en estado natural.



Así por encima hoy hemos podido ver, patos, galápagos, colmoranes, garzas reales, una pareja de cigüeñas negras, Los ya habituales buitres que yo creo que son los mismos cada domingo. Una manada de ciervas y lo mejor de todo, una nutria, la cual ha sido mas vergonzosa de lo que nosotros hubiéramos querido.
Con toda esta fauna avistada el terreno se nos hacia mas llevadero y sobre las diez y media de la mañana y con mas de doce kilómetros en los pies, avistábamos el puente mas alto de los tres que existen casi perpendiculares en la antigua carretera de Madrid, en la autovía y el puente romano, la cual es una joya del siglo XV, terminado en el siglo XVII.



Ningún mejor sitio que este último para comernos el muerdino de pan. Un puente con tanta historia es digno de ser estudiado y contemplado un buen rato y la verdad que si lo puedes hacer comiendo al mismo tiempo, es todo un lujo.

Con el estomago lleno solo nos quedaba recoger y seguir camino, ya por la otra orilla del río la cual habíamos ido mirando de reojo en la ida, para ver lo que nos podía esperar en la vuelta. Creo que una vez acabada la ruta, la ida ha sido algo mas cómoda que la vuelta, donde nos hemos tenido que desviar mas rato del río y con ello hemos tenido que saltar varias alambradas, una de ellas bastante alta.
La sensación de quedarnos poco terreno por andar, nos iba animando a seguir caminando, alguna que otra parada para hidratarnos y comer algo azucarado para poder seguir la marcha.
Los ya citados ciervos nos hacían aguzar la vista para disfrutar mas rato de ellos, justo antes de coronar el ultimo ribero antes de contemplar al fondo, el puente de inicio de la ruta.
Con veinticinco kilómetros en las botas, ya iba habiendo ganas de acabar la ruta y así ha sido.



Contentos los tres de haberlo logrado sin tener ningún percance y orgullosos de  haber realizado dicha cabezonada que seguro que se multiplicara por alguna mas dentro del cauce del mismo río, el cual tenemos pensado recorrer etapa a etapa hasta que volvamos a su nacimiento, allí por Navezuelas donde aquel día saltamos dicho río de un solo paso.

El río Almonte, nuestro río y al que hay que mimar y querer. Si podéis, no dudéis en realizar esta ruta la cual merece muchísimo la pena.

Nos vemos por las callejas.

La ruta










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