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miércoles, 25 de diciembre de 2013

Capitulo 546: El botón de parar el tiempo.



Tuvimos en nuestras manos, el botón de parar el tiempo y no lo hicimos.

Nacimos, crecimos y eramos felices y sin embargo, no quisimos hacer uso del botón de parar el tiempo.
Ese fue uno de los momentos en los que debimos de haberlo hecho y sin embargo, optamos por seguir creciendo, como si eso de hacerse mayor fuera algo importante. Cuantos amigos dejamos por el camino, cuantos desengaños, cuanta mala gente escondida detrás de sus caretas y el botón, seguía esperando que alguien lo pulsara y preferimos seguir mirándole de reojo. Deseábamos encontrar a las personas idóneas, aquellas que en todo cuento de hadas, tarde o temprano hacían acto de aparición. Y aparecieron, unas antes y otras después, pero fueron apareciendo y en ese momento en el que debíamos de apretar nuestro botón, decidimos no hacerlo, creyendo que tiempos mejores debían de venir y le volvimos a dejar a un lado.

Y los tiempos mejores que esperábamos, vinieron mezclándose con tiempos peores y en esos momentos estuvimos apunto de apretar el botón, pero decidimos no hacerlo de mutuo acuerdo.Nos dio miedo quedarnos en ese espacio de tiempo para siempre, sin duda que no era la mejor época de las vividas para hacerlo, pero tampoco sabíamos lo que nos esperaba mas adelante.

Los vástagos fueron llegando y nos alegramos de no haber apretado el botón antes de tiempo, de haberlo hecho nos hubiéramos perdido una de las mejores épocas vividas. Sin duda que a tiempo pasado, ese debió de ser el momento de apretarle, pero nos volvieron a surgir las dudas, las malditas dudas de siempre y no nos atrevimos a hacerlo.
Entre crecimiento de los descendientes y desapariciones de sus ancestros, seguimos caminando por la senda de la vida, con el botón casi oxidado, por culpa de no usarlo. Y si, algunos días le miras y piensas en pulsarle y otros sin embargo, ni te acuerdas de el.

¿Como dejarles caminar solos? ni siquiera uno se lo plantea. El árbol pequeño necesita un palo a su alrededor que le guié y le dirija para crecer recto. Es fácil torcerse y muy difícil volver a enderezarse. Por eso ahora tampoco veo el momento oportuno de ir en busca del botón y mucho menos de pulsarle.

Y el dolor llegó y seguirá llegando, casi siempre disfrazado de placer y alegría. Si no disfrazado, si muy bien escondido y nos engañará de forma sibilina, para que no nos entren ganas de girar nuestras cabezas en busca del famoso botón, que el día que nos atrevimos a usarlo, fue demasiado tarde y su mecanismo no funcionó. Y es entonces cuando vuelves la vista atrás y ves todos aquellos momentos vividos en los que sin duda no hubiera estado demás, apretar aquel insignificante botón y habernos quedado en aquella época para siempre, pero no lo hicimos a pesar de haber tenido la posibilidad de hacerlo. Unas veces por miedo, otras veces por inconformistas, otras cuantas por ansiosos, el caso es que lo tuvimos a huevos y no lo hicimos.

Ya solo quedan lamentos y maldiciones en unos casos y en otros solo queda la palabra conformismo, aquella que cuando debimos de usar no nos atrevimos a hacerlo y hoy, cuando ya es tarde, nos acordamos de ella y suspiramos por sus consecuencias.

Con lo fácil que hubiera sido apretar el botón de parar el tiempo y lo difícil que lo vimos siempre....










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