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domingo, 20 de octubre de 2013

Capitulo 528: Ruta en Robledillo de Trujillo.



Después de un largo tiempo vacacional con respecto a las salidas del grupo, hoy domingo volvimos a retomar nuestra senda y es que la verdad que ya lo echábamos de menos. Han sido varios domingos en los que debido al calor en algunas ocasiones, y otras debido a las fiestas, no hemos podido seguir andando y a la vez conociendo nuestra provincia.

La ruta de hoy la habíamos preparado con la intención de que no fuera muy dura para volver a reinsertarnos como buenos senderistas. También queríamos que no fuera muy lejos para no tener que conducir mucho rato y venir de regreso temprano a casa. Así lo mejor que habíamos encontrado por los alrededores, es una preciosa ruta que existe en el pueblo cercano de Robledillo de Trujillo, donde hoy arrancábamos de nuevo.

Como ya era habitual en el grupo, a las ocho quedábamos en la plaza de Huertas, desde donde partíamos en los coches hasta Robledillo. A pesar de que algunos senderistas habían confirmado asistencia, a la hora de salir solo estábamos siete personas, mas nuestra amiga internacional que nos esperaba allí en el lugar de salida, junto a un amigo que se ha unido a nosotros en la ruta de hoy.
Antes de llegar al comienzo, recibíamos la llamada de dos senderistas rezagados, los cuales intentaban convencer al grupo de que los mejores despertadores son los de toda la vida. Ni móviles ni flautas, donde estén los relojes de campana, que se quite todo.


Todos reunidos en la plaza de Robledillo, comenzábamos a seguir las instrucciones del GPS internacional de nuestra amiga Karin, el cual le solemos echar de menos cuando no viene con nosotros.
La ruta desde el principio transcurre por los restos de una calzada romana, la cual nos conduce hacia la cima de una sierra preciosa, llena de robles y demás árboles, los cuales casi ni conozco, necesitamos en el grupo un encargado de enseñarnos nuestra flore, pues muchas cosas que vemos no tenemos ni idea de lo que es. Y la verdad que da pena.

Con el humor que nos acompaña siempre y con algún senderista nuevo en el grupo, seguíamos andando a buen ritmo, descansando para beber bastante agua fruto de lo dejado que teníamos el andar todos estos domingos. La niebla que nos recibía en el pueblo a primera hora, se empeñaba en acompañarnos durante la ascensión y así ha sido. Al coronar la cima, nos dábamos a un lado de ella con una espesa niebla que nos impedía ver a poco mas de diez metros. Sin embargo como dato curioso, al otro lado de la misma no había resto de ella, por lo que el pueblo de Robledillo además del de Santa Ana, se veían magníficamente desde dicho lugar.

En lo mas alto hemos aprovechado para degustar nuestro habitual bocadillo, el cual sin duda es lo que mas hemos echado de menos todos estos domingos sin andar. El “muerdino de pan” famoso ya en el grupo, ha sido degustado como debe hacerse, con alegría, descanso y apetito. Durante dicho manjar nos contaba nuestro compañero senderista nuevo, que el era vegetariano, cosa que a pesar de los años de su existencia, nos sigue pareciendo raro a los que no lo somos. Él, acostumbrado a que la gente se escandalice cuando lo cuenta, disfrutaba contándonos lo que contienen sus comidas y lo mal que lo sigue pasando en muchos restaurantes a la hora de ir a ellos. Es lo que tienen las minorías en la sociedad en que vivimos.

Una vez recogido todo, emprendíamos el descenso que tanto nos asustaba a alguno y es que es muy raro no dar algún “culetazo” en estas rutas en las que los canchos están mojados. Hoy como novedad he tenido suerte y no me ha tocado, cosa que no pueden decir un par de senderistas que han probado la humedad del suelo en sus carnes.

Disfrutando mucho del paisaje que nos mostraba la ruta de hoy, y sin mi cámara de fotos (por causas de memoria), hemos llegado de nuevo al pueblo. Contentos y alegres y con unos siete kilómetros en nuestras piernas, para irlas desengrasando y poco mas. Con la sensación de que es una ruta preciosa y a la vez poco conocida por muchos senderistas, debemos entre todos los que la conocemos divulgarla entre los grupos de senderismo, los cuales no se arrepentirán de venir a andarla.


Una vez en los coches hemos parado en casa de un gran amigo de la niñez, el cual por causas de la vida se fue a vivir a Robledillo hace algún que otro año. Allí nos ha ofrecido unas cervezas y algo de picar a todo el grupo. Después de echar unas risas y enseñarnos su casa, hemos vuelto a Huertas con buenas sensaciones y con ganas de que vuelva a ser domingo y también como no, esperar a que todos los componentes del grupo se acaben de recuperar de tanta fiesta y se vuelvan a unir a nosotros. Así mismo volvemos a decir que puede venir con nosotros quien lo desee, que solo se necesita ganas de pasarlo bien.


Fotografías: Antolin Lopez.

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