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Sufridores del blog.

miércoles, 20 de abril de 2016

Capitulo 730: Papà, lo dejo.




Hacia varios días que su conducta no era la misma en casa. Empezaba con su mal humor cada vez mas temprano y ni si quiera el oír hablar de su deporte favorito, el fútbol, le alegraba la cara.
Estaba apuntado desde hace algunos años al equipo de fútbol sala de su pueblo, donde estaban también sus compañeros de colegio. A simple vista, parecía que disfrutaban con este deporte y deseaban que llegara el miércoles para ir a entrenar. Si a sus padres se le olvidaba el entrenamiento, ya estaba él para recordarlo un par de horas antes. También sin que nadie le mandara, hacia los deberes mas rápido que los demás días.

Pero los últimos miércoles le daba igual ir a su entrenamiento. Dejaba los deberes para un rato antes de la hora de entrenar, para ver si sus padres le castigaban sin dejarle ir. No era normal esta situación y su padre comenzó a sospechar de que algo no iba bien. Por eso decidió acercarse un día a verles jugar, para comprobar si durante el partido, algo no funcionaba bien.
 Pronto se dio cuenta de lo que le pasaba a su hijo. En un equipo con once o doce jugadores, dos de ellos no fueron cambiados en todo lo que duro el choque y a consecuencia de ello, los demás jugadores y amigos, pues intervinieron tres o cuatro minutos cada uno.

Sè que es un marrón hacerse cargo de un equipo, no lo voy a criticar. Pero en un grupo de niños de los que ninguno va a ser un profesional de este deporte, hay que tratar de eso, hacer equipo y que todos se diviertan. Seguramente que se ganaran menos partidos jugando todos el mismo tiempo, pero si ganan tan solo un partido se perfectamente que les sabrá a todos como si hubieran ganando un mundial.

Y uno que ha jugado al fútbol desde que tiene uso de razón, sabe perfectamente lo que escribe, pues fui de aquellos niños suplentes que se aburría sentado siempre en el banquillo y no por jugar mal, sino porque siempre los había mejores. Hasta que se nos cruzò un buen entrenador por el camino y cambiò la competitividad por el divertimiento. Y claro, dejamos de ganar partidos, pero todos los que íbamos a jugar cada fin de semana jugábamos por igual. No había titulares ni suplentes, ninguna mala cara y todos deseábamos que llegara el día de entrenar para hacer grupo y estar todos los amigos juntos.

Podéis imaginaros la alegría de todos el día que ganamos nuestro primer partido, íbamos tan anchos por la calle andando que cualquiera que sin preguntarnos nos saludaba, nuestra respuesta era la misma, hemos ganado.

No había ninguna estrella dentro del grupo y no porque no hubieran podido brillar, sino que eligieron jugar menos para que sus amigos pudieran jugar igual.
Y así fuimos haciéndonos mayores y el que mas y el que menos fue dejando el deporte, pero los que optamos por seguir, una de las veces tuvimos la ocasión de demostrar que no eramos tan malos y eso se vio reflejado el día que jugando de portero, fui campeón de liga en Trujillo. Jamas olvidare aquel partido el cual ganamos en la tanda de penaltis, siendo uno el protagonista al parar dos  de ellos.
Enseguida me vinieron a la cabeza todos aquellos años de fútbol con mis amigos, en los que elegimos ganar menos, para divertirnos mas.

No obliguéis a los chavales a hacer un deporte que a lo mejor no les gusta y si van a jugar, los entrenadores deben de intentar hacer piña y un buen grupo donde no existan titulares ni suplentes y solo haya amigos y diversión. Que con estas edades solo puedes aspirar a esto. Y de esta manera los miércoles y los día de partido nuestros pequeños serán los mas felices sobre la faz de la tierra y sus padres verán reflejados en sus rostros, la alegría de sus hijos.











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