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Sufridores del blog.

domingo, 14 de diciembre de 2014

Capitulo 618: Ruta a las cataratas, 2.014.



Hoy desafiando entre otras cosas, al tiempo previsto y también al poco interés que había despertado en el grupo esta ruta, quedábamos de nuevo en la plaza de Huertas para desde ahí ponernos en camino, rumbo hasta el río Almonte, donde existe una de las maravillas naturales que podemos visitar dentro de la comarca de Trujillo.


 Sé de mucha gente autóctona que todavía a día de hoy, ni siquiera sabe donde está este lugar. Da un poco de pena que los habitantes de la ciudad no sepamos vender nuestro patrimonio a la gente que nos visita. A nosotros sin embargo, es una de las cosas que mas nos gusta hacer, visitar estos recónditos lugares y si encima podemos enseñarlos por la red, pues nos sentimos mucho mas útiles para esta sociedad que entre todos hemos creado.



A las siete y media de esta mañana y con síntomas de hacer poco rato que había estado lloviendo, nos citábamos en el lugar de siempre. Allí me estaba esperando fiel a nuestra cita de los domingos, nuestro amigo Javi, el cual está deseando que llegue el domingo para salir un poco de la monotonía que la vida le ha mandado. Sus primeras palabras son para comentarme que a lo mejor la mañana nos moja un poco, pero que tiene previsto y a mano su traje para combatir el agua. Después de charlar un rato llega nuestro otro compañero de ruta Darta, el cual ha pasado por la panadería para comprar el pan de nuestros muerdinos dominicales.



Una vez colgadas las mochilas con todos los "aperos" dentro de las mismas, hemos puesto rumbo hasta el  conocido lugar huerteño del "charco de Tía Rentera. La noche seguía cerrada y los nublados no ayudaban a que amaneciera. Menos mal que Javi, previsor, se ha acordado de llevar una pequeña linterna para alumbrar un poco el mojado y resbaladizo terreno. Esquivando algunos charcos y metiendo los pies en otros, hemos alcanzado la dehesilla, donde las primeras luces del alba nos daban la bienvenida.
El agua corría por todos los lugares donde hace tiempo que no se apreciaban dichos regatos y el día parecía que se iba desperezando poco a poco. La amenaza de lluvia seguía presente y las primeras gotas nos caían encima cerca del cancho de la gaita.



No era este agua ni mucho menos peligrosa para tener que ponernos los trajes, por eso hemos seguido caminando esperando para ver que hacía el día. Al pasar por una cerca de un vecino del pueblo, nos hemos llevado uno de los primeros sustos matutinos. Una vaca a priori totalmente mansa, se ha declarado en rebeldía y la verdad que nos ha hecho correr despavoridos en busca de refugio. Menos mal que a ultima hora el animal se ha resbalado y ha cambiado de opinión.




Todavía con el susto en el cuerpo nos reíamos recordando la escena varios kilómetros después, y es que acordándonos de la escena vivida no era para menos.
Cruzando la carretera de Plasencia buscábamos de nuevo el cordel que transcurre por allí cerca. El lugar que otras veces estaba igual que un bosque, nos sorprendía ver que estaba mas limpio que años atrás.Una buena noticia para los senderistas y amantes de la naturaleza sin duda.
El ruido de las grullas nos sacaba de nuestra monótona ruta.Sin duda que es otro de los alicientes que tiene la misma, poder fotografiar y contemplar un buen numero de ejemplares, los cuales pastan debajo de las inmensas encinas que existen en dicho lugar.


Diez kilómetros andados en dos horas nos advertían de que llevábamos un buen ritmo. Sin duda que el ir pocos andando ayuda a ello. Pero también sabíamos que nos quedaba mucho camino por recorrer.
Dejando a un lado el pueblo de la Aldea del Obispo, nos topábamos con un rebaño de ovejas el cual presidía un enorme carnero que nos ha hecho ponernos en guardia al verle como nos miraba. Todavía con el susto de la vaca en el cuerpo, no le hemos quitado ojo hasta que no le hemos rebasado.

Pues diecisiete kilómetros después, alcanzábamos el puente de las lavanderas, lugar donde siempre optamos por comernos el muerdino de pan. Después de observar la cantidad de agua que llevaba el río Tozo, hemos seguido camino hasta la cuerda Jarrin, para desde allí,, poner rumbo hasta las cataratas del río Almonte.




Con las piernas un poco cargadas observábamos el móvil el cual nos indicaba que habíamos alcanzado los veinticinco kilómetros andados y todavía no habíamos llegado a las cataratas, las cuales se oían a lo lejos.

Allí estaban ellas, majestuosas y bastante visibles al llevar el río menos cantidad de agua que otros años. El lugar te invita a quedarte allí sentado un largo rato, fotografiando el lugar y dejándote llevar por el ruido del agua y el olor que esta desprende. Los tres senderistas nos mirábamos orgullosos de nuestra hazaña justo al llegar al puente de la carretera, lugar donde acabábamos la ruta.




Veintiocho kilómetros y medio después y siete horas andando nos avisaban de que nuestras piernas necesitaban un buen descanso, el cual hemos podido realizar en el coche que nos ha ido a recoger amablemente.







Y a estas horas, un poco cansado aun, escribo esto y se lo dedico a mis dos compañeros Darta y Javi, los cuales se han portado como campeones en la ruta de hoy, la cual no está al alcance de muchos senderistas.

Nos vemos por las callejas, porque los domingos siempre serán dedicados a este fin, caminar y pasar el día en la mejor compañía posible.

La ruta.










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