Una vez repasado mi blog me doy cuenta que nunca he escrito del ultimo día de las fiestas. Y si lo he hecho, no lo recuerdo a estas alturas, donde la memoria se va alejando cada vez más deprisa....
Llega el último día de fiestas y desde que te levantas el cuerpo ya lo sabe. Y son muchas las muestras que te hace para que recuerdes que esto se acaba. El estomago es uno de los fieles avisadores, demasiado alcohol y comidas copiosas fuera de toda dieta alimenticia que cada uno ha gestionado lo mejor posible. Otro fiel avisador es el bolsillo, uno se registra buscando los últimos "doblones" para terminar las fiestas y a pesar de tener varios bolsillos, no existe remanente en ninguno de ellos, pronto comenzará de nuevo la rutina de meter las monedas de dos euros en una hucha, para intentar que los gastos de estos diez días sean menores y mas llevaderos. "Si por lo menos tenemos para pagar las comidas", se oye en los corrillos...
La cara de los vecinos también te avisan que hemos pasado de los rostros sonrientes a las caras un poco mas largas, con sonrisas casi obligadas y miradas perdidas en el infinito donde las mentes empiezan a opositar de vuelta a la rutina. Un golpe en la espalda, un simple empujón o una voz entrecortada que por culpa de los hielos y de hablar a todas horas no sale del cuerpo como debiera.
Es el último desayuno juntos y en el se recuerdan algunos de los mejores momentos, algunas de las mejores anécdotas y entre muerdo y trago aparece la palabra trabajo y las preguntas de donde iras a currar mañana, de como seremos capaces de ir poco a poco volviendo a la rutina y los mas afortunados repetirán varias veces que les quedan más días de vacaciones, aunque lo que es en Huertas estar de vacaciones después de las fiestas es sinónimo de que te tocará currar desmontando trastes y volviendo a dejar el pueblo decente, que falta le hace después de pasar por el una marabunta de gente todos estos días, y nosotros bien contentos y orgullosos de ello.
Las ultimas cervezas de mediodía en las que ya se habla más de cuando marcha la gente de fuera que del programa de fiestas, dan paso a la última comida de peña, en la que se vuelve a recordar los mejores momentos y alguna que otra historia de años pasados que a pesar del tiempo no se borran de nuestras memorias. No entra dicha comida demasiado alegre en los estómagos y el omeprazol sigue en los bolsillos de la gente, además de alguna que otra pastilla más que se va sumando a la rutina a la vez que vas cumpliendo años.
Las mas previsoras se van a coger sitio a las capeas, los demás disfrutamos de los últimos calambucos y preparamos los carros con la "piltraca" que nos hará que las capeas sean mas llevaderas, puesto que uno está un poco "tupío" de tanta vaca.
La última subida, la última vez que las damas y reinas ocupan sus lugares en la plaza y las últimas carreras con los habituales sustos dan paso al festejo donde las caras siguen igual de largas y la mente está puesta en el canto de la salve que dará por finalizada las fiestas. Aunque antes de todo eso hay que repartir trofeos a los ganadores de las competiciones de peñas y ver como alguno de ellos acaban dentro del pilar y otros se escabullen de ello.
Las bengalas se empiezan a repartir por toda la plaza, la gente se empieza a poner nerviosa y las últimas vacas a penas se las presta atención. Las mentes empiezan a trabajar deprisa pensando en que ojala el próximo año estemos todos y todas, que tengamos salud y podamos disfrutar de nuevo de ellas.
El cura coge el micrófono y con la ya consagrada frase que va unida a Huertas "Que la volvamos a ver" da paso al canto salve, donde ateos y creyentes, taurinos y antitaurinos, rojos y azules, verdes y morados, todos bengalas en mano, brazos en alto cantamos todos la misma canción. Lo siguiente es entre cohete y petardos abrazar limpiándote las lagrimas a tus amigos y desear salud para que volvamos a estar todos juntos, con nuestras virtudes y nuestros defectos, pero al fin y al cabo juntos de nuevo porque el ser humano está concebido para socializar con otros seres y si no es así, la vida puede ser demasiado aburrida, por eso una vez al año como poco, hay que volver al pueblo, saludar a tus vecinos y familiares, divertirte con tus amigos y ver como lo hacen tus hijos y o sobrinos que han cogido el relevo de cuando nosotros tuvimos su edad y éramos los que llorábamos a moco tendido cuando nos separábamos de los que tenían que marchar.
Nos quedan muchos días para volver a la rutina poco a poco, adecentar todas las casas, lavar y colocar camisetas en sus lugares donde esperaran todo un año para volver a ver las calles pero todo eso será más fácil viendo fotos y videos y recordando cada uno de los momentos que hemos tenido el placer de compartir en nuestro pueblo, con nuestra gente y rodeados de todos los que han querido venir a disfrutar de las fiestas de Huertas, donde hemos vuelto a demostrar que un pueblo unido puede aspirar a organizar lo que se le antoje, sin alardes y sin fardar de nada.
Y como dice el titulo de este capitulo, simplemente volver.
A descansar y pensar ya en las siguientes. Orgulloso de ser un Huerteño más.






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