Esa tarea Juan y Puri, siempre la hacían con alguno de los nietos que hoy ya piensan en otras cosas que no son precisamente el montar con sus abuelos el portal de Belén.
La vaca y el buey junto a los pastores van en otra caja distinta, ésta en su día fue el refugio de latas de conserva, ahora es el hogar del otro medio portal. Todas las cajas juntas son acompañadas a su sitio por Juan, aunque Puri le sigue de cerca para asegurarse que los coloca en su sitio, no se fía mucho de su marido que con tal de acabar la tarea es capaz de colocar las cajas en mitad de la bohardilla.
Enero se despereza y todo va volviendo a su sitio, los niños y jóvenes a sus colegios y universidades, los currantes que tuvieron la suerte de pillar vacaciones vuelven en busca de las herramientas las cuales hay algunas oxidadas por culpa del tiempo. La maldita rutina para algunos es un calvario, sobre todo las personas que viven solas y que estos días han visto sus casas llenas de gente y cariño. Es duro volver a la realidad de estar parte del día hablando solo o cargando contra quien sale en la televisión. Y es que ni siquiera el haber conocido la era digital llega a entretenerles, sobre todo porque aun no entienden como desde un aparato tan pequeño, pueden estar viendo y hablando con sus familiares al otro lado del charco.
Los vecinos van y vienen a sus corrales donde les esperan las gallinas y el mas valiente posee algún cochino que apura sus últimos días de vida antes de que sirva de alimento a su dueño y familia, aunque saben de sobra que los médicos le tienen prohibido la mitad de los alimentos que el cerdo le va a dar. "Toda la vida se ha comido esto y no existían la mitad de las enfermedades que dicen que tenemos ahora", murmura por lo bajo tío Vicente, mientras maldice al colesterol, los triglicéridos y el azúcar, todo lo tengo alto menos la pensión, que sigo cobrando lo justo para no morirme de hambre.
En el comercio del pueblo todo son quejas por los precios y el temido enero por su famosa cuesta y por ser el mes donde todos los precios suben, siguen acojonando a las personas mayores que no terminan de entender como puede haber subido tanto la cesta de la compra y terminan echando pestes contra el gobierno de turno, no sin antes asegurase bien de quien está a su lado en la tienda, no vaya a ser que ande por allí algún o alguna defensora del gobierno y tengamos montada ya la guerra entre partidarios y opositores, que siempre zanja alguien que se mantiene al margen diciendo la manida frase de "son todos iguales", con la que parece ser que todo vuelve al orden de momento, hasta que por la puerta entre algún paisano o paisana volviendo a quejarse de lo mismo. La cajera que como todo el mundo tiene sus ideales se mantiene callada, está harta de escuchar todos los días lo mismo y su indiferencia hace que algunas clientas la tachen de estúpida cuando lo que no saben es que lleva ocho horas escuchando la misma frase durante toda la semana una y otra vez, " Que caro está todo, no sé donde vamos a llegar".
Mientras tanto María, José y el niño descansan en su aposento hasta el año que viene, donde no saben aun quien los sacará de nuevo a la luz, ni si quiera quien faltará en la familia, lo que si tienen claro es que hasta entonces, seguirán cogiendo polvo envueltos en aquel papel de periódico que un día de mil novecientos ochenta y ocho anunciara el comienzo de las olimpiadas en Seúl y que ahora sirve para cobijar a San José, la Virgen y el niño....
